lunes, 27 de julio de 2026

Biffy Clyro En Las Noches Del Botánico

 



Biffy Clyro ha sido el tercer show que he visto dentro de un fin de semana largo de eventos varios por Madrid, nada que ver con el fútbol. Reconozco que era el concierto que más expectación me creaba, y no me defraudó en absoluto. Para aquell@s, dentro y fuera del Rock, que andan siempre con la retahíla de que no hay cambio generacional, les diría que se acercasen a ver a l@s escoceses/as. Bueno, a ell@s y a alguna banda más, pero como andan enfrascados en que si esto es o no Metal y en discursos puristas parecidos, pues no hay quien les saque de ahí. En fin, que hacía tiempo que no me veía rodeado de tanta peña con edad no superior a cuarenta, y me quedo corto. Como parte, digamos, menos positiva, ya me pasó con ZZ Top, tenemos a la banda Cotorra. Sí, compañer@s, ya sea en sala o al aire libre, te puedes encontrar con esta peña que se pasa todo el santo concierto charlando y radiándote las canciones, cuando no la historia de la banda o lo que comió hace tres meses. Nunca entenderé a esta gente, pero se trata de la mosca cojonera conciertil, sin lugar a dudas.





El trío de Kilmarnock, aunque en escena dejaron de tener esta formación hace tiempo, se presentó sin su bajista original, James Johnston, por estar en rehabilitación. En su lugar lleva a las cuatro cuerdas a Naomi Macleod. Además, incorpora a un segundo guitarra, Mike Vennart, un teclista, Richard Ingram, y dos violinistas, Gillian y Annemarie, que dan bastante color a la actuación en los momentos en que pisan las tablas. Pero, desde luego, el gran protagonista es el guitarra y cantante Simon Neil, enfundado en unos pantalones cortos rojos, luciendo su cuerpo bien tatuado, sin más. Comenzaron con uno de sus temas con solera, The Captain, y desde ese mismo instante, todo fue entrega, canciones coreadas a grito pelao y algún que otro pogo, que también lo hubo, aunque parezca mentira. Continuaron con otro corte de esa misma época, That Golden Rule. Simon nos felicitó por el mundial ganado antes de dar un salto al pasado dentro de su discografía con Who's Got a Match? Aquí me di cuenta de que las pantallas que el día anterior estuvieron encendidas, ahora permanecían en negro. Cosas de privilegio según qué banda, supongo. Biblical nos acercó en el tiempo y, dentro de la locura colectiva que estaba siendo el show, este momento fue uno de los más intensos del concierto.




Con un Neil que no paraba de moverse por todo el escenario, dejando solo espacio a las violinistas cuando era necesario, llegó la interpretación de A Little Love, primero de los temas de su último trabajo discográfico, que fue recibida como si se tratara de todo un clásico del grupo. Ya que la intención era tocar todos los hits singles posibles en la hora y media que tenían, tiempo ajustado por la organización de Las Noches Del Botánico, no se podían olvidar de Instant History, con su estribillo tan coreable y ese toque de las teclas tan característico. Vuelta a la actualidad con Goodbye que, aparte de darnos un respiro, sirvió como entrada a la grandiosa Living Is a Problem Because Everything Dies, que nos devolvió a la intensidad reinante. Con Hunting Season dejaron claro que su reciente disco está repleto de cortes cañeros, siempre con ese toque tan característico de la banda.




Space nos dio otro de esos momentos tranquilos y más visuales de la noche, con Simon al fondo del escenario y las dos violinistas tomando el frontal. La larga y los cambiante ritmos de Cop Syrup nos hizo regresar de golpe a la fuerza y entrega del concierto. Sin tener que mirar el reloj, el sentimiento de que nos acercábamos al final de, al menos, la primera parte del show llegó con Different People. Qué bien que no se olvidaran de A Hunger in Your Haunt, que fue otro de los momentos locos de la noche. Con su inconfundible comienzo, “Trip, trip, trip”, nos azotaron con Black Chandelier, antes de que Mountains sirviera como despedida previa a los reclamados bises.





Iniciaron el regreso con la tranquila Machines, donde el batería Ben Johnston abandonó las baquetas para, junto con las dos violinistas, tomar la parte delantera del escenario. Terminado ese tema, con Johnston agradeciendo mano en pecho a l@s presentes su entrega durante el mismo, llegó uno de los instantes más esperados, Wolves of Winter, que, por lo coreado que fue, se debió de escuchar hasta donde se estaba celebrando la victoria mundialista. Sin ser la canción más cañera de la banda, Bubbles consiguió que parte de la peña formara un circle pit antes de que dieran carpetazo con Many of Horror. Mientras sonaba Can't Take My Eyes Off You, de Muse, Simon nos recordaba que, después de casi tres décadas, ell@s siguen siendo los Biffy Fuckin’ Clyro! Cierre final a un concierto que, al menos yo, se va a recordar en tiempo.




El concierto de Biffy Clyro me hizo viajar en el tiempo. Y no por el estilo musical, que podía haber sido con el de ZZ Top, sino porque lo viví con esa intensidad contagiosa que el propio público te pega cuando la banda irradia fuerza desde el escenario. Me recordó a esos conciertos donde, como es el caso, desde el minuto uno todo era saltar, cantar y desgañitarse sin apenas respiro. Y sí, puede que esto no sea Metal, pero también me acordé de cuando a muchas bandas que aparecieron en su tiempo las pusieron a caer del burro por la música que hacían. Si aquello era lo que más nos molaba a l@s rocker@s del momento, esto es lo que les mola a l@s de ahora, junto a bandas como Sleep Token, My Chemical Romance o Yungblud, por nombrar algunas. Y si a ti no te molan, si te quedaste, con todo mi respeto, en los Judas, Deep Purple o Megadeth, te estás perdiendo algo que ya llevaron a cabo grupos como estos tiempo ha, la evolución continua y siempre agradecida de la música que más nos mola. El puto Rock.



 


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