miércoles, 15 de julio de 2026

Mi Paso Por El Rock Imperium 2026

 






Nuevo paso por el Rock Imperium de Cartagena, tercera vez, y espero que no sea la última. Antes de entrar en detalles, para aquell@s que tengan las ganas de leer este humilde artículo, he de decir que esta no es una crónica del festival completo. Aquí, como en otras ocasiones, reflejaré mis vivencias durante los tres días que he pasado por el recinto. Con lo cual, no esperéis un examen exhaustivo de todo lo ocurrido con cada una de las bandas. El hecho es que no las vi a todas, algunas tan solo a ratos y otras ni siquiera eso. Y por qué las vi a ratos, pues porque una de las cosas de esta edición ha sido el solapamiento de horarios entre el escenario principal y el de arriba. Algo para hacerse mirar en las siguientes ediciones. Como parte positiva, diré que sigue siendo el festival con mayor limpieza en los servicios de todos los que he asistido, y llevo unos cuantos a mis espaldas. Otras cosas a resaltar son la buena y rápida atención en las barras, el buen hacer de los responsables para subir y bajar las famosas escaleras, el buenísimo sonido con el que disfrutaron todas las bandas en ambos escenarios, la nueva distribución de la barra y el escenario en la parte superior y la separación del mismo de la zona de comidas y puestos. Una vez dicho esto, pasamos a hablar de las bandas que me hicieron vivir otra edición inolvidable de este encuentro de hermandad y buen rollo metalero.





 

VIERNES


Este quinto aniversario del Rock Imperium comenzó para mí con la actuación de los deseados Crimson Glory. Puede que salir a las cinco de la tarde, con toda la solatera, desluciera un poco su show, pero era uno de los grupos más esperado del cartel y aprovecharon bien los tres cuartos de hora que tuvieron. Con esa mezcla de formación actual que parte de miembros, digamos, nuevos, como el vocalista Travis Wills, el guitarrista Mark Borgmeyer y el batería Stiam Kristoffersen, con los clásicos Ben Jackson y Jeff Lords, echaron a andar con Lady of Winter. Engancharon con Valhalla, Dragon Lady y Where Dragons Rule hasta llegar a la mitad de un show donde l@s atrevid@s a ponerse en frente, entre los que no me incluyo, pues los vi desde la sombra de los olivos laterales, recibieron refrescantes manguerazos de agua. Después de saludar y agradecer varias veces, cayeron Masque of the Red Death, Pearls of Dust y Azrael. El final de un concierto que debería haber durado más o, al menos, haber tenido otro horario, vino a cargo de la velocísima Red Sharks. Lo dicho, aun habiendo disfrutado con ellos, espero volver a verlos en mejores condiciones. Una banda de este calibre se lo merece.





Mi primera incursión en el escenario de arriba fue para ver a Heleven. Con los granadinos comenzó el sinvivir de subir y bajar escaleras para disfrutar de conciertos a ratos y a cachos, aunque algunos de este escenario los vi por completo. El caso es que el tiempo que los vi me gustaron bastante. Con una puesta en escena sobria, repartieron leña a base de trallazos como Wild From The Ashes, New Horizons o Into The Oceans. Fue tal, que me quedé hasta ver el final con Hope antes de dirigirme a comer algo en la zona pensada para ello. Espero que sigan subiendo porque, visto lo visto, me parece uno de los grupos a tener en cuenta dentro del panorama actual, por su buen hacer, su juventud y su entrega.





Después del avituallamiento, vi la parte final de The Gatering. Los neerlandeses se han vuelto a unir para celebrar el treinta aniversario de su álbum Mandylion. Cuando me puse delante de ell@s, siempre con la voz de Anneke van Giersbergen al frente, estaban interpretando Leaves. Con un público entregado, disfruté de los dos temas siguientes, Sand and Mercury y Strange Machines, antes de volver al otro escenario para ver a Avulsed.





No es que yo sea el mayor seguidor del Death Metal, es más, no suelo estar al tanto de esta escena, pero lo de Avulsed es de otro planeta. Está claro que tener como frontman a alguien como Dave Rotten influye mucho en esto. La cuestión es que vi y me lo pasé en grande en su concierto. Con unos pogos por ambos lados del espacio reservado al público, este estaba dividido por una valla central; la peña se volvió loca desde el minuto uno con cortes como Stabwound Orgasm o Phoenix Cryptobiosis. Rotten no paró entre canción y canción de interactuar con los presentes. Pidió que, vista la situación, se hicieran dos Walls of Death en distintos momentos del show, embadurnó la cara de los músicos con una especie de sangre, hizo lo mismo con la cara de algun@s de l@s presentes, se echó el líquido por encima, lo vomitó en plan Gene Simmons y dijo todo lo que quiso y más, poniendo patas arriba a la peña. Un concierto que se me pasó en un plis hasta cerrar con su mítico tema Exorcismo Vaginal. Sencillamente brutal; era lo que se esperaba de ellos y lo cumplieron con creces.





Para much@s, incluid@s l@s colegas con los que fui al festival, los Mastodon han sido uno de los grandes triunfadores de este año. Para mí, esta es la tercera vez que veía a los de Atlanta, el tiempo que los vi, he de reconocer que me gustaron bastante más que las dos anteriores. Como ya he indicado, con ellos me pasó algo parecido que con The Gathering. Entre salir y llegar del anterior concierto, ya iban por Black Tongue. Con una técnica y unas tablas bien trilladas después de tantos años, y siempre en la memoria del fallecido Brent Hinds, no faltaron temazos como More Than I Could Chew, Mother Puncher o Steambreather mientras lucían camisetas de bandas míticas y nos hacían flipar con proyecciones muy curradas. Dieron carpetazo con Blood and Thunder a un show que dejó a más de un@ boquiabierto y con ganas de mucho más. Grandes los norteamericanos, sin duda.





Y venga otra vez para arriba para ver al trío sueco Grand Magus. La verdad es que tenía mucha curiosidad por verlos y no me defraudaron nada. Sí que es verdad que puede que no sonaran todo lo bien que otros grupos, unido a ciertos problemas con el set de batería de Ludwig “Ludde” Witt, pero las ganas que le pusieron en momentos como Ravens Guide Our Way, esta me gustó mucho, Sunraven o la cañera Like the Oar Strikes the Water dejaron ver que siguen siendo una grandísima banda. Cerraron un gran show de Heavy de toda la vida con Hammer of the North, un título muy apropiado viniendo de dónde vienen. Muy buenos en todos los sentidos.





Y llegó el momento de ver al primer cabeza de cartel de esta edición, Within Temptation. Con el gran sonido del que ha hecho alarde todo el festival y un escenario adornado con unas columnas clásicas sobre unas luces rojas, Sharon den Adel y los suyos comenzaron con temas de su último trabajo en estudio, We Go to War y el homónimo Bleed Out. Todo un despliegue de potencia que continuó con Faster y The Howling hasta alcanzar el primero de sus clásicos, Stand My Ground. La mezcla perfecta de caña por parte de los músicos, donde las guitarras son filos cortantes por delante de una base rítmica atronadora, con el poder vocal de Sharon dejaron grandes momentos con In the Middle of the Night, Don't Pray for Me y Supernova. Siempre con una puesta en escena de lujo y un juego de luces bestial, llegó el momento de The Heart of Everything más Our Solemn Hour con tod@s l@s asistentes boquiabiert@s. Se nota que es un grupo bastante querido por estos lares y así se les hizo saber en la recta final con tres de sus mejores temas, What Have You Done, con el añadido de Keith Caputo de Life of Agony desde la pantalla, Ice Queen y la esperada Mother Earth. Me gustaron mucho l@s neerlandes@s y, es más, me parece que tienen todo el derecho del mundo a pertenecer a esas bandas que deben coger el relevo de los clásicos que siempre acaban siendo los que están por encima en el cartel.




La primera jornada de este festival la cerraron l@s italian@s Lacuna Coil. Siempre con ese toma y daca vocal entre Cristina Scabbia y Andrea Ferro, soltaron cera de la buena nada más empezar con Layers of Time y Reckless. De este modo, con la contundencia de unos músicos como son el bajista Marco Coti Zelati, el guitarrista Diego Cavallotti y el batería Richard Meiz, no dejaron atrás Trip The Darkness ni las tétricas Hosting the Shadow, Blood, Tears, Dust o Scarecrow. Se notaron los años de experiencia sobre un escenario cuando hicieron saltar a todo dios con la imprescindible Our Truth que dio paso, sin tregua, a Enjoy the Silence, su versión de este tema de Despeche Mode, que les queda que ni pintao. Sin querer vivir de las rentas, iniciaron la cuenta atrás con I Wish You Were Dead y Oxygen hasta despedirse definitivamente con Never Dawn. Buen cierre para una jornada que nos ofreció más de una sorpresa, y todas para bien.

 


SÁBADO


Una de las bandas que más me apetecía ver de este festival era Blue Pills. El hecho de que l@s colocaran a primera hora de la tarde con un solazo del copón hizo que desluciera un poco su concierto. Pero allí estábamos desde el minuto uno cuando la voz portentosa de Elin Larsson, siempre apoyada por la guitarra de Zack Anderson, entonó los primeros acordes de uno de sus clásicos, High Class Woman. Con una base rítmica femenina, Elín, sin parar de moverse y conectar con el público, pudimos disfrutar de Proud Woman, Black Smoke y Lady In Gold. Cuando llegó el turno de Birthday me acordé de parte de la organización por haber puesto a este combo en la parte del cartel que les asignaron. Pero no se achicaron y continuaron con su potente show con Bye Bye Birdy hasta dar carpetazo con Devil Man. Me he quedado con más ganas de estas píldoras azules, visto lo visto en Cartagena.





Los suecos H.E.A.T. eran, sin duda, uno de los grupos más atrayentes del festival. Siendo esta la primera vez que los veo desde la vuelta de su primer cantante, Kenny Leckremo, que no sé cómo no se coció con la indumentaria que sacó de principio, venían presentando su nuevo disco Welcome to the Future. De esta forma, apretaron el botón de salida con Disater para pasar sin tregua a Dangerous Ground. Con estos dos cortes ya tenían a todo el público comiendo en sus manos. No es para menos, pues la labor del guitarra Dave Dalone y del teclista Jona Tee, siempre arropados por la contundente base rítmica formada por Jimmy Jay al bajo y Don Crash a las baquetas, dio un resultado más que de sobra en momentos como los vividos con Hollywood, coreada a gritos por la audiencia. Echaron la vista a los comienzos con Cry y Beg Beg Beg, siempre con un Kenny que no paró de moverse y de contactar con el público en ningún momento, aunque soltara alguna que otra frase que nos hizo reír, cosas de guiris. Tampoco se olvidaron de Back to the Rhythm para que después el vocalista se encargara de la balada Running to You. Así es como se acercaron al final con dos de sus temas más reconocidos, Living on the Run y One by One. Para mí, teniendo en cuenta que solo tuvieron 45 minutos de actuación, han sido uno de los triunfadores de esta edición.





Tenía mucho interés en ver a 4 Bajo Zero después de habérmelos perdido a su paso por la sede de la Asociación Titanium hace poco más de un año. Siendo una de las bandas que más me mola del panorama metalero estatal, con tanto correr y tanta escalera, me perdí el comienzo de su concierto, pero aguanté hasta el final, a pesar de que luego venía Anthrax. Me presenté en el escenario de arriba cuando sonaba la cañera, bueno, cuál no es cañera, Abominable. Con una portentosa Rebeca Monton siempre al frente, disfruté, lo hice durante todo el show, con Miente y Estrella mortal. Nos recordaron a Ángeles del Infierno con la intro de Maldito sea tu nombre para luego arremeter con Siempre caemos de pie. El guitarra Gonzalo Lorente, apoyado por dos grandes como Tomás Martínez al bajo y Paco Muñoz a la batería, exhibió sus dotes a las seis cuerdas en todo momento. Cuando llegó el turno de Dame una respuesta, es cuando mejor me lo estaba pasando, sin pensar que aquello estaba a punto de acabar. Algo que sucedió con Paradise ante un público totalmente entregado y con ganas de mucho más. Mi más sincera enhorabuena y todos los mejores deseos para est@s valencian@s.





Camino del escenario “pequeño” al principal fui cantante todo el rato Among the Living, tremendo comienzo de Anthrax. Los neoyorkinos son de esas bandas que nunca fallan en directo, y mira que he perdido ya la cuenta de las veces que los he visto desde aquel famoso Monster of Rock de 1988 en Madrid. Pues bien, cuando llegó el momento de Got the Time ya me encontraba sobre el césped del Parque del Batel. Parece mentira que sigan estando tan en forma como están. Belladona canta como nunca, demostrándolo en Madhouse, qué decir de este tema, y en Caught in a Mosh. Con un Darby Todd sustituyendo temporalmente a Charlie Benante, el guitarrista Scott Ian y el bajista Frank Bello, sin olvidarnos del ya consolidado en el combo Jon Donais, siguen siendo todo un espectáculo de ver. Medusa sigue siendo uno de mis temas preferidos de su repertorio. La fiesta continuó con Keep It in the Family para que después Ian nos presentara It's for the Kids, tema de su próximo disco. Cierre a todo gas con Antisocial y la siempre bienvenida Indians. Belladona se despidió haciéndonos cantar el Long Live Rock & Roll, de Rainbow, dejándonos con ganas de que vuelvan pronto por aquí. Algo que seguro van a hacer. Muy grandes, Anthrax.









Gente, mucha gente, peña y más peña amontonándose para ver a toda una institución del Heavy Metal y de la música en general, Iron Maiden. Tuve la suerte de compartir este concierto, como otros del festival, con amig@s extremeñ@s de toda la vida. Algo que influye mucho más a la hora de vivir estos momentos, sin duda. Gargantas cantando el Doctor, Doctor, de UFO, antes de que aparecieran las primeras proyecciones y sonara el primer tema de los ingleses, The Ides of March. Y… bbuuummm, todo saltó por los aires con Murders in the Rue Morgue que engancharon sin tregua con Wrathchild y Killers, mientras Eddie salía por primera vez a escena. Es verdad que el hecho de comenzar su show con las últimas horas del día desluce un poco el principio del mismo, pero también sirve para que la oscuridad se vaya apoderando del lugar mientras echamos el tiempo atrás con Phantom of the Opera. Luego llegaría el turno de la siempre esperada The Number of the Beast seguida de Infinite Dreams. El momento de Powerslave fue, a mi entender, uno de los mejores, pero todo subió de temperatura con 2 Minutes to Midnight, como era de esperar. Dickinson hizo una breve introducción antes de la grandiosa Rime of the Ancient Mariner con unas proyecciones totalmente acordes con el tema. Y si no habíamos saltado y cantado con todas nuestras fuerzas, ahí va Run to the Hills antes de avanzar con otro de sus clásicos, bueno, la historia iba de eso, como es Seventh Son of the Seventh Son. Eddie volvió a hacer acto de presencia con The Trooper al tiempo que Bruce ondeaba la Union Jack, que cambió por un momento por la española. Si ya tenía las pulsaciones a doscientos, Hallowed Be Thy Name, mi canción favorita de Maiden, me las puso a dos mil. El supuesto final con Iron Maiden fue como dejar una fiesta de la que no te quieres ir. Y es que eso es siempre un concierto de Iron Maiden, una gran fiesta donde no falta el espectáculo, tanto por parte de unos grandísimos músicos como por las luces, las proyecciones de distinta índole y tecnología y la entrega de tod@s l@s presentes. Y no, la fiesta no terminó aquí, aún quedaban trallazos como Aces High y su batalla aérea. Y también faltaba por vivir otro de los momentos culmen de cualquier concierto suyo, Fear of the Dark, con todo dios y más coreando todo lo habido y por haber. Aún me emociono con solo recordarlo, aunque, para nuestra desilusión, el telón se cerró con Wasted Years para que la siempre alegre sintonía de Always Look on the Bright Side of Life, de Monty Phyton nos diera el adiós definitivo. Maiden juega en otra liga. No sé si propia o es que las demás bandas se quedan un poco rezagadas. Sí que es verdad que su fórmula de tocar cuando no es temas de sus discos hasta la marcha de Dickinson, como es en este Run for Your Lives World Tour, de sus cuatro primeros discos, rememorando la gira del Seventh Son o la de la grabación del Live after Death, les funciona de maravilla, y eso siempre me crea alguna que otra duda. Ahora bien, ver el poder de convocatoria que tienen, el estado vocal de Bruce, la energía de Steve Harris y Janick Gers, la siempre gran presencia de Adrian Smith y Dave Murray y el buen hacer de Simon Dawson sustituyendo a Nicko McBrain deja claro que son uno de los grupos más grandes de toda la historia del Rock. No sé cuánto más les quedará, prefiero pensar que mucho, pero sea el tiempo que sea, su simple nombre son palabras mayores. Y si no, que se lo digan a la organización de este Rock Imperium, que ni con Judas ni Kiss ni con bandas de este calibre han conseguido meter a tanta peña. Up the Irons!!

 


DOMINGO

 

Última jornada de un Rock Imperium que va a ser recordado por mucho tiempo. El día comenzó para mí con la actuación de Dogma. Banda íntegramente formada por chicas que, luciendo camisetas de la selección española, habían despertado cierta expectación, sobre todo por ese atuendo inspirado en monjas. Y he de decir que ahí quedó todo porque no me llegaron a convencer en ningún momento. Sí que es verdad que empezaron fuerte con My First Peak seguida de Made Her Mine. Prometía, pero, de aquí en adelante, me pareció una banda como prefabricada, del montón, vamos. Puede que la versión que hicieron de Like a Prayer, de Madonna, fuera lo más reseñable. Sin más.




La pequeña decepción de las monjas se pasó de inmediato cuando Queensrÿche pisó el escenario. Parece mentira que esta haya sido la primera vez que los veo, pero así es. Desde un gran respeto, la voz de Todd La Torre hace que te olvides de Geoff Tate desde el momento uno con Queen of the Reich. Arropado continuamente con las magistrales guitarras de Michael Wilton y Mike Stone, junto a ese sonido tan reconocible del bajo de Eddie Jackson más la aportación del gran batería Casey Grillo, la cosa comenzó a subir con la interpretación magistral Operation: Mindcrime y de Walk in the Shadows. Volvieron a su trabajo más famoso con Speak para luego mirar atrás con Warning y NM 156. Llegados a este punto, un servidor estaba como en una nube de la que no quiere bajar, sobre todo si te estrellas de frente con descargas como Neue Regel y Behind the Walls. Siempre con la proyección de su logo en pantalla, además de otras imágenes, avanzaron con Take Hold of the Flame seguida de Screaming in Digital. Fue escuchar la grabación de I Remember Now y ya acabar de flipar, sabiendo lo que venía por delante. Y así fue, porque para el tramo final engancharon Anarchy-X, Revolution Calling y Empire, que terminó por volarme la cabeza. De este modo fue como los de Seatlle cerraron un gran show con Eyes of a Stranger. Lo dicho, lo flipé. Puede que, si hubieran actuado a otra hora, lo habría flipado más aún. Por cierto, para tod@s aquell@s que aún siguen pensando que la música, en este caso el Rock, Metal o como narices queráis llamarlo, no se debe mezclar con la política, que le echen un vistazo a la trasera de la camiseta que lució Todd durante toda su actuación. A ver si de una vez por todas se enteran de qué va el asunto.





Mis colegas con l@s que asistí al festival me habían hablado muy bien de los suecos Crazy Lixx, y tenían razón en todo lo que me contaron. Como en otras ocasiones, nos perdimos el comienzo de su concierto entre subir las escaleras y llegar al escenario de arriba. Ahora bien, una vez allí, nos dimos cuenta del poder de convocatoria que tienen. Recordando los grandes tiempos del Hard Rock ochentero, disfrutamos de Girls of the 80's seguida de Silent Thunder. Su vocalista, Danny Rexon, no paró de contactar con un público entregado que abarrotaba la carpa con Hunt for Danger o XIII. La recta final vino a cargo de Blame It on Love y la cantada a gritos Who Said Rock 'n' Roll Is Dead. Mucha actitud, buen sonido, mejor rollo y unos temas del mejor Hard Rock hicieron de su concierto uno de los mejores que pisaron el escenario que les tocó en esta edición. Espero que sigan creciendo y que nos volvamos a encontrar pronto.





Entre pararme a comer, dar una vuelta por los pocos puestos que había, quizás esta sea una de las cosas menos positivas del festival y charlar con un@s y otr@s, me jodió perderme casi entero el concierto de Trivium. Con lo cual, no entraré en detalles, solo diré que, lo poco que vi, me pareció de una intensidad y fuerza brutales. Gran fallo por mi parte, lo reconozco, pero esto también forma parte de lo que es vivir un festival, relacionarse con l@s demás, echarse unas risas, contar batallitas y aventuras y hacer nuevos colegas.





No entraba en mis planes tragarme el concierto de Sabaton entero, pero así fue. Y ni me arrepiento ni me alegro de ello. Tercera vez que los veo y si por algo realmente me sentí bien es por la cantidad de público, sobre todo joven, que arrastran. Por algo eran cabeza de cartel de esta jornada. Sonaron brutales desde el principio con Ghost Division, Yamato y The Red Baron. Sabiendo de qué palo van, igual proyectaban imágenes de batallas vikingas que de la Primera Guerra Mundial o del mismísimo Napoleón, siempre en consonancia con el tema a ejecutar, como Stormtroopers, Soldier of Heaven, I, Emperor o The Attack of the Dead Men. Tampoco se olvidaron de ciertas hordas y órdenes guerreras con Hordes of Khan o Templars. Y he de reconocer que, será por haberla escuchado en los garitos hasta la saciedad, con Primo Victoria me animé un poco más que en otros momentos. Recta final con Swedish Pagans, Coat of Arms y To Hell and Back para cerrar un show que, seguro, que sus incondicionales lo vivieron con toda la intensidad del mundo. Así se percibió en todo el Parque de la Cuesta del Batel.





Vuelta al escenario de arriba para ver un rato a los vascos Latzen. Después de reunirse el pasado año, demostraron una gran potencia, siempre cantando en euskera, en temas como Memento Mori o Mezua Hil Aurretik. Tampoco faltaron los pogos con Itsutu y Bat Gehiago. La base rítmica, formada por el bajista Joxe Mari y el atronador batería a toda velocidad, Gorka, arropó en todo momento a la guitarra de Iker y Aitor, este también encargado de las partes vocales. La instrumental Indarra fue la antecesora de Dogma como preludio del final a cargo de Laztana y Ze Ingo Xu. Me gustó bastante su propuesta, con ese Thrash de la vieja escuela que parece más cañero aún cantado en su idioma. Espero que el regreso sea por tiempo y que nos volvamos a encontrar más pronto que tarde.





Qué decir a estas alturas de Testament, con todo el merecimiento del mundo, aunque se merecen más aún de lo que tienen, siguen siendo uno de los combos grandes del Thrash Metal. Con los incombustibles Chuck Billy, Alex Skolnick y Eric Peterson al frente, y después de sonar la intro (You Gotta) Fight for Your Right (to Party!), de Beastie Boys, comenzaron su descarga con Into the Pit, seguida de For the Love of Pain y la gran Practice What You Preach. Menudo comienzo, pero, evidentemente, eso no quedó ahí. Con una puesta en escena donde la batería de Chris Dovas se vio en todo momento envuelta por un hinchable monstruosamente coronado junto a proyecciones increíbles, fueron dejando caer uno tras otro cañonazos como Infanticide A.I., Shadow People o More Than Meets the Eye. Con una sonrisa constante y la garganta reventada, no paré con Sins of Omission o Electric Crown. A Nature of the Beast le siguió un solo de batería antes de arremeter el tramo final con First Strike Is Deadly y Low. Y como cierre definitivo, la potentísima Over the Wall. La poca adrenalina que me quedaba después de tres días de festival la consumí con Testament.





Otro año más, Rock Imperium ha estado muy por encima de mis expectativas. Se puede decir que se está convirtiendo, si no lo es ya, en uno de los festivales referentes de estos lares. Yo me lo he vuelto a pasar en grande, aunque siempre hay algún tonto que te toca las narices, como el pasao de rosca que tuve que soportar durante casi todo el concierto de Maiden. Aparte de eso, he disfrutado de la mejor compañía, he rememorado viejos tiempos con bandas como Anthrax o Testament, me he sorprendido con otras como Heleven, he visto a un montón de peña joven dándolo todo con Avulsed o Sabaton, me he alegrado del estado de grupos como 4 Bajo Zero o Latzen y, sobre todo, han sido tres días de hermandad y buen rollo. Y eso, en los tiempos que vivimos, es mucho más de lo que algun@s pueden vivir. Espero que nos volvamos a ver el año que viene. Mi más sincera enhorabuena a la organización y a su equipo de limpieza por conseguir que siga siendo el festival más limpio de todos los que he asistido, que no son pocos.






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