Los madrileños Whisky Caravan pasaron por primera vez por
Cáceres, y su parada fue en la sala Boogaloo Café de la ciudad. Venían
presentando Invisibles, su reciente y buenísimo trabajo, todo sea dicho.
A pesar de otros eventos que se celebraron en la misma fecha, la entrada fue
más que considerable. Muchas camisetas de la banda entre el público y una
entrega por parte del mismo desde el minuto uno.
Con no demasiado retraso, echaron a rodar su show con el
mismo tema que abre su último redondo, La rendición (St. Sinners Row), y
ya dejaron claro que la noche prometía y mucho. Siguiendo el orden del disco,
continuaron con Murciélagos y golondrinas, uno de los cortes que más me
gusta de su actual disco, para que la peña comenzara a ejercer de lo que fue un
coro durante todo el concierto. Con un Danny, cantante y guitarra acústica, que
empezó a interactuar con l@s presentes, siguieron con Larga carretera,
de su anterior trabajo Imaginaciones. Y para cuando llegó el turno de Ahora
ya no queda nadie, aquello ya se podía considerar una gran fiesta. Cuatro
temas le bastaron para meterse a todo dios en el bolsillo.
Con un sonido que rozó la perfección, teniendo en cuenta el
espacio en el que se desarrolló el evento, echaron la vista atrás para dejar
caer La guerra contra el resto, otro temazo de principio a fin.
Engancharon con Imaginaciones y vuelta al disco actual con otra de sus
grandes canciones, El predicador. Algo curioso de su concierto, y lo
digo porque en este Cáceres forma parte casi siempre del espectáculo, es que no
se oía a l@s típic@s que están constantemente hablando o charlando en la barra
sin prestar atención al escenario. Y no se les escuchaba porque, como debe ser,
para eso estaban sobre el mismo cinco musicazos interpretando cortes como Elvis.
Esquivando las comparaciones con cierto cantante maño y
aclarando que ellos son una banda de Rock&Roll, Danny demuestra ser uno de
los frontman con mayor carisma del panorama estatal. Claro que el estar
acompañado por dos hachas de las seis cuerdas como son Víctor Fraile y el solista
Alberto Martínez hace que cosas como Esa sombra y yo o A salvo en el
dolor suenen con una grandísima potencia. No debemos olvidarnos de otro
miembro esencial en el combo de la capital del Estado, el batería Marcos
Martínez, que, junto a Raúl Díaz, la nueva incorporación a las cuatro cuerdas,
y con el deseo de que les dure, dan forma a una base rítmica que dejó clara su
valía en Avenidas o Una y otra vez, otros dos tremendos temas del
último disco.
Quiero fue la elegida previa al descanso antes de encarar la traca final.
Momento que echó a rodar con No estás muerta, seguida de Aquí y ahora
y Naufragio, para recordarnos el recorrido que los ha llevado a estar
donde se encuentran dentro del panorama rockero de estos lares. Se volvieron a
largar, pero, ante la insistencia del público, retornaron para cerrar
definitivamente. Lo hicieron con Danny y los dos guitarras comenzando Hacia
ningún lugar antes de que se unieran los miembros restantes del grupo y,
esta vez sí, dar por finalizado un más que gran concierto.
Ha sido todo un lujo poder disfrutar de Whisky Caravan en una
sala como Boogaloo. Por la cercanía y el buen rollo entre público y banda, por
la conexión entre ambas partes, por el sonido y por un concierto de esos que te
hacen sentir que podía haber durado dos horas más. Espero que no tarden en
volver por aquí y les deseo toda la suerte del mundo en esta gira. Se lo
merecen con creces.