Nuevo paso por el Rock Imperium de Cartagena, tercera vez, y
espero que no sea la última. Antes de entrar en detalles, para aquell@s que
tengan las ganas de leer este humilde artículo, he de decir que esta no es una
crónica del festival completo. Aquí, como en otras ocasiones, reflejaré mis
vivencias durante los tres días que he pasado por el recinto. Con lo cual, no
esperéis un examen exhaustivo de todo lo ocurrido con cada una de las bandas.
El hecho es que no las vi a todas, algunas tan solo a ratos y otras ni siquiera
eso. Y por qué las vi a ratos, pues porque una de las cosas de esta edición ha
sido el solapamiento de horarios entre el escenario principal y el de arriba.
Algo para hacerse mirar en las siguientes ediciones. Como parte positiva, diré
que sigue siendo el festival con mayor limpieza en los servicios de todos los
que he asistido, y llevo unos cuantos a mis espaldas. Otras cosas a resaltar son
la buena y rápida atención en las barras, el buen hacer de los responsables
para subir y bajar las famosas escaleras, el buenísimo sonido con el que
disfrutaron todas las bandas en ambos escenarios, la nueva distribución de la
barra y el escenario en la parte superior y la separación del mismo de la zona
de comidas y puestos. Una vez dicho esto, pasamos a hablar de las bandas que me
hicieron vivir otra edición inolvidable de este encuentro de hermandad y buen
rollo metalero.
VIERNES
Este quinto aniversario del Rock Imperium comenzó para mí con
la actuación de los deseados Crimson Glory. Puede que salir a las cinco de la
tarde, con toda la solatera, desluciera un poco su show, pero era uno de los
grupos más esperado del cartel y aprovecharon bien los tres cuartos de hora que
tuvieron. Con esa mezcla de formación actual que parte de miembros, digamos,
nuevos, como el vocalista Travis Wills, el guitarrista Mark Borgmeyer y el
batería Stiam Kristoffersen, con los clásicos Ben Jackson y Jeff Lords, echaron
a andar con Lady of Winter. Engancharon con Valhalla, Dragon
Lady y Where Dragons Rule hasta llegar a la mitad de un show donde
l@s atrevid@s a ponerse en frente, entre los que no me incluyo, pues los vi
desde la sombra de los olivos laterales, recibieron refrescantes manguerazos de
agua. Después de saludar y agradecer varias veces, cayeron Masque of the Red
Death, Pearls of Dust y Azrael. El final de un concierto que
debería haber durado más o, al menos, haber tenido otro horario, vino a cargo
de la velocísima Red Sharks. Lo dicho, aun habiendo disfrutado con
ellos, espero volver a verlos en mejores condiciones. Una banda de este calibre
se lo merece.
Mi primera incursión en el escenario de arriba fue para ver a
Heleven. Con los granadinos comenzó el sinvivir de subir y bajar escaleras para
disfrutar de conciertos a ratos y a cachos, aunque algunos de este escenario
los vi por completo. El caso es que el tiempo que los vi me gustaron bastante.
Con una puesta en escena sobria, repartieron leña a base de trallazos como Wild
From The Ashes, New Horizons o Into The Oceans. Fue tal, que
me quedé hasta ver el final con Hope antes de dirigirme a comer algo en
la zona pensada para ello. Espero que sigan subiendo porque, visto lo visto, me
parece uno de los grupos a tener en cuenta dentro del panorama actual, por su
buen hacer, su juventud y su entrega.
Después del avituallamiento, vi la parte final de The
Gatering. Los neerlandeses se han vuelto a unir para celebrar el treinta
aniversario de su álbum Mandylion. Cuando me puse delante de ell@s,
siempre con la voz de Anneke van Giersbergen al frente, estaban interpretando Leaves.
Con un público entregado, disfruté de los dos temas siguientes, Sand and
Mercury y Strange Machines, antes de volver al otro escenario para
ver a Avulsed.
No es que yo sea el mayor seguidor del Death Metal, es más,
no suelo estar al tanto de esta escena, pero lo de Avulsed es de otro planeta.
Está claro que tener como frontman a alguien como Dave Rotten influye mucho en
esto. La cuestión es que vi y me lo pasé en grande en su concierto. Con unos
pogos por ambos lados del espacio reservado al público, este estaba dividido
por una valla central; la peña se volvió loca desde el minuto uno con cortes
como Stabwound Orgasm o Phoenix Cryptobiosis. Rotten no paró
entre canción y canción de interactuar con los presentes. Pidió que, vista la
situación, se hicieran dos Walls of Death en distintos momentos del show,
embadurnó la cara de los músicos con una especie de sangre, hizo lo mismo con
la cara de algun@s de l@s presentes, se echó el líquido por encima, lo vomitó
en plan Gene Simmons y dijo todo lo que quiso y más, poniendo patas arriba a la
peña. Un concierto que se me pasó en un plis hasta cerrar con su mítico tema Exorcismo
Vaginal. Sencillamente brutal; era lo que se esperaba de ellos y lo
cumplieron con creces.
Para much@s, incluid@s l@s colegas con los que fui al
festival, los Mastodon han sido uno de los grandes triunfadores de este año.
Para mí, esta es la tercera vez que veía a los de Atlanta, el tiempo que los
vi, he de reconocer que me gustaron bastante más que las dos anteriores. Como
ya he indicado, con ellos me pasó algo parecido que con The Gathering. Entre
salir y llegar del anterior concierto, ya iban por Black Tongue. Con una
técnica y unas tablas bien trilladas después de tantos años, y siempre en la
memoria del fallecido Brent Hinds, no faltaron temazos como More Than I
Could Chew, Mother Puncher o Steambreather mientras lucían
camisetas de bandas míticas y nos hacían flipar con proyecciones muy curradas.
Dieron carpetazo con Blood and Thunder a un show que dejó a más de un@
boquiabierto y con ganas de mucho más. Grandes los norteamericanos, sin duda.
Y venga otra vez para arriba para ver al trío sueco Grand
Magus. La verdad es que tenía mucha curiosidad por verlos y no me defraudaron
nada. Sí que es verdad que puede que no sonaran todo lo bien que otros grupos,
unido a ciertos problemas con el set de batería de Ludwig “Ludde” Witt, pero
las ganas que le pusieron en momentos como Ravens Guide Our Way, esta me gustó mucho, Sunraven o la cañera Like
the Oar Strikes the Water dejaron ver que siguen siendo una grandísima
banda. Cerraron un gran show de Heavy de toda la vida con Hammer of the
North, un título muy apropiado viniendo de dónde vienen. Muy buenos en
todos los sentidos.
Y llegó el momento de ver al primer cabeza de cartel de esta
edición, Within Temptation. Con el gran sonido del que ha hecho alarde todo el
festival y un escenario adornado con unas columnas clásicas sobre unas luces
rojas, Sharon den Adel y los suyos comenzaron con temas de su último trabajo en
estudio, We Go to War y el homónimo Bleed Out. Todo un despliegue
de potencia que continuó con Faster y The Howling hasta alcanzar
el primero de sus clásicos, Stand My Ground. La mezcla perfecta de caña
por parte de los músicos, donde las guitarras son filos cortantes por delante
de una base rítmica atronadora, con el poder vocal de Sharon dejaron grandes
momentos con In the Middle of the Night, Don't Pray for Me y Supernova.
Siempre con una puesta en escena de lujo y un juego de luces bestial, llegó el
momento de The Heart of Everything más Our Solemn Hour con tod@s
l@s asistentes boquiabiert@s. Se nota que es un grupo bastante querido por
estos lares y así se les hizo saber en la recta final con tres de sus mejores
temas, What Have You Done, con el añadido de Keith Caputo de Life of
Agony desde la pantalla, Ice Queen y la esperada Mother Earth. Me
gustaron mucho l@s neerlandes@s y, es más, me parece que tienen todo el derecho
del mundo a pertenecer a esas bandas que deben coger el relevo de los clásicos
que siempre acaban siendo los que están por encima en el cartel.
La primera jornada de este festival la cerraron l@s italian@s
Lacuna Coil. Siempre con ese toma y daca vocal entre Cristina Scabbia y Andrea
Ferro, soltaron cera de la buena nada más empezar con Layers of Time y Reckless.
De este modo, con la contundencia de unos músicos como son el bajista Marco
Coti Zelati, el guitarrista Diego Cavallotti y el batería Richard Meiz, no
dejaron atrás Trip The Darkness ni las tétricas Hosting the Shadow,
Blood, Tears, Dust o Scarecrow. Se notaron los años de
experiencia sobre un escenario cuando hicieron saltar a todo dios con la
imprescindible Our Truth que dio paso, sin tregua, a Enjoy the
Silence, su versión de este tema de Despeche Mode, que les queda que ni
pintao. Sin querer vivir de las rentas, iniciaron la cuenta atrás con I Wish
You Were Dead y Oxygen hasta despedirse definitivamente con Never
Dawn. Buen cierre para una jornada que nos ofreció más de una sorpresa, y
todas para bien.
SÁBADO
Una de las bandas que más me apetecía ver de este festival
era Blue Pills. El hecho de que l@s colocaran a primera hora de la tarde con un
solazo del copón hizo que desluciera un poco su concierto. Pero allí estábamos
desde el minuto uno cuando la voz portentosa de Elin Larsson, siempre apoyada por
la guitarra de Zack Anderson, entonó los primeros acordes de uno de sus
clásicos, High Class Woman. Con una base rítmica femenina, Elín, sin
parar de moverse y conectar con el público, pudimos disfrutar de Proud Woman,
Black Smoke y Lady In Gold. Cuando llegó el turno de Birthday
me acordé de parte de la organización por haber puesto a este combo en la parte
del cartel que les asignaron. Pero no se achicaron y continuaron con su potente
show con Bye Bye Birdy hasta dar carpetazo con Devil Man. Me he
quedado con más ganas de estas píldoras azules, visto lo visto en Cartagena.
Los suecos H.E.A.T. eran, sin duda, uno de los grupos más
atrayentes del festival. Siendo esta la primera vez que los veo desde la vuelta
de su primer cantante, Kenny Leckremo, que no sé cómo no se coció con la
indumentaria que sacó de principio, venían presentando su nuevo disco Welcome
to the Future. De esta forma, apretaron el botón de salida con Disater
para pasar sin tregua a Dangerous Ground. Con estos dos cortes ya tenían
a todo el público comiendo en sus manos. No es para menos, pues la labor del guitarra
Dave Dalone y del teclista Jona Tee, siempre arropados por la contundente base
rítmica formada por Jimmy Jay al bajo y Don Crash a las baquetas, dio un resultado
más que de sobra en momentos como los vividos con Hollywood, coreada a
gritos por la audiencia. Echaron la vista a los comienzos con Cry y Beg
Beg Beg, siempre con un Kenny que no paró de moverse y de contactar con el
público en ningún momento, aunque soltara alguna que otra frase que nos hizo
reír, cosas de guiris. Tampoco se olvidaron de Back to the Rhythm para
que después el vocalista se encargara de la balada Running to You. Así
es como se acercaron al final con dos de sus temas más reconocidos, Living
on the Run y One by One. Para mí, teniendo en cuenta que solo
tuvieron 45 minutos de actuación, han sido uno de los triunfadores de esta
edición.
Tenía mucho interés en ver a 4 Bajo Zero después de
habérmelos perdido a su paso por la sede de la Asociación Titanium hace poco
más de un año. Siendo una de las bandas que más me mola del panorama metalero
estatal, con tanto correr y tanta escalera, me perdí el comienzo de su
concierto, pero aguanté hasta el final, a pesar de que luego venía Anthrax. Me
presenté en el escenario de arriba cuando sonaba la cañera, bueno, cuál no es
cañera, Abominable. Con una portentosa Rebeca Monton siempre al frente,
disfruté, lo hice durante todo el show, con Miente y Estrella mortal.
Nos recordaron a Ángeles del Infierno con la intro de Maldito sea tu nombre
para luego arremeter con Siempre caemos de pie. El guitarra Gonzalo
Lorente, apoyado por dos grandes como Tomás Martínez al bajo y Paco Muñoz a la
batería, exhibió sus dotes a las seis cuerdas en todo momento. Cuando llegó el
turno de Dame una respuesta, es cuando mejor me lo estaba pasando, sin
pensar que aquello estaba a punto de acabar. Algo que sucedió con Paradise
ante un público totalmente entregado y con ganas de mucho más. Mi más sincera
enhorabuena y todos los mejores deseos para est@s valencian@s.
Camino del escenario “pequeño” al principal fui cantante todo
el rato Among the Living, tremendo comienzo de Anthrax. Los neoyorkinos
son de esas bandas que nunca fallan en directo, y mira que he perdido ya la
cuenta de las veces que los he visto desde aquel famoso Monster of Rock de 1988
en Madrid. Pues bien, cuando llegó el momento de Got the Time ya me
encontraba sobre el césped del Parque del Batel. Parece mentira que sigan
estando tan en forma como están. Belladona canta como nunca, demostrándolo en Madhouse,
qué decir de este tema, y en Caught in a Mosh. Con un Darby Todd
sustituyendo temporalmente a Charlie Benante, el guitarrista Scott Ian y el
bajista Frank Bello, sin olvidarnos del ya consolidado en el combo Jon Donais,
siguen siendo todo un espectáculo de ver. Medusa sigue siendo uno de mis
temas preferidos de su repertorio. La fiesta continuó con Keep It in the
Family para que después Ian nos presentara It's for the Kids, tema
de su próximo disco. Cierre a todo gas con Antisocial y la siempre
bienvenida Indians. Belladona se despidió haciéndonos cantar el Long
Live Rock & Roll, de Rainbow, dejándonos con ganas de que vuelvan
pronto por aquí. Algo que seguro van a hacer. Muy grandes, Anthrax.
Gente, mucha gente, peña y más peña amontonándose para ver a
toda una institución del Heavy Metal y de la música en general, Iron Maiden.
Tuve la suerte de compartir este concierto, como otros del festival, con amig@s
extremeñ@s de toda la vida. Algo que influye mucho más a la hora de vivir estos
momentos, sin duda. Gargantas cantando el Doctor, Doctor, de UFO, antes
de que aparecieran las primeras proyecciones y sonara el primer tema de los
ingleses, The Ides of March. Y… bbuuummm, todo saltó por los aires con Murders
in the Rue Morgue que engancharon sin tregua con Wrathchild y Killers,
mientras Eddie salía por primera vez a escena. Es verdad que el hecho de
comenzar su show con las últimas horas del día desluce un poco el principio del
mismo, pero también sirve para que la oscuridad se vaya apoderando del lugar
mientras echamos el tiempo atrás con Phantom of the Opera. Luego
llegaría el turno de la siempre esperada The Number of the Beast seguida
de Infinite Dreams. El momento de Powerslave fue, a mi entender,
uno de los mejores, pero todo subió de temperatura con 2 Minutes to Midnight,
como era de esperar. Dickinson hizo una breve introducción antes de la grandiosa
Rime of the Ancient Mariner con unas proyecciones totalmente acordes con
el tema. Y si no habíamos saltado y cantado con todas nuestras fuerzas, ahí va Run
to the Hills antes de avanzar con otro de sus clásicos, bueno, la historia
iba de eso, como es Seventh Son of the Seventh Son. Eddie volvió a hacer
acto de presencia con The Trooper al tiempo que Bruce ondeaba la Union
Jack, que cambió por un momento por la española. Si ya tenía las pulsaciones a
doscientos, Hallowed Be Thy Name, mi canción favorita de Maiden, me las
puso a dos mil. El supuesto final con Iron Maiden fue como dejar una
fiesta de la que no te quieres ir. Y es que eso es siempre un concierto de Iron
Maiden, una gran fiesta donde no falta el espectáculo, tanto por parte de unos
grandísimos músicos como por las luces, las proyecciones de distinta índole y
tecnología y la entrega de tod@s l@s presentes. Y no, la fiesta no terminó
aquí, aún quedaban trallazos como Aces High y su batalla aérea. Y
también faltaba por vivir otro de los momentos culmen de cualquier concierto
suyo, Fear of the Dark, con todo dios y más coreando todo lo habido y
por haber. Aún me emociono con solo recordarlo, aunque, para nuestra
desilusión, el telón se cerró con Wasted Years para que la siempre
alegre sintonía de Always Look on the Bright Side of Life, de Monty
Phyton nos diera el adiós definitivo. Maiden juega en otra liga. No sé si
propia o es que las demás bandas se quedan un poco rezagadas. Sí que es verdad
que su fórmula de tocar cuando no es temas de sus discos hasta la marcha de
Dickinson, como es en este Run for Your Lives World Tour, de sus cuatro
primeros discos, rememorando la gira del Seventh Son o la de la
grabación del Live after Death, les funciona de maravilla, y eso siempre
me crea alguna que otra duda. Ahora bien, ver el poder de convocatoria que
tienen, el estado vocal de Bruce, la energía de Steve Harris y Janick Gers, la
siempre gran presencia de Adrian Smith y Dave Murray y el buen hacer de Simon
Dawson sustituyendo a Nicko McBrain deja claro que son uno de los grupos más
grandes de toda la historia del Rock. No sé cuánto más les quedará, prefiero
pensar que mucho, pero sea el tiempo que sea, su simple nombre son palabras
mayores. Y si no, que se lo digan a la organización de este Rock Imperium, que
ni con Judas ni Kiss ni con bandas de este calibre han conseguido meter a tanta
peña. Up the Irons!!
DOMINGO
Última jornada de un Rock Imperium que va a ser recordado por
mucho tiempo. El día comenzó para mí con la actuación de Dogma. Banda
íntegramente formada por chicas que, luciendo camisetas de la selección
española, habían despertado cierta expectación, sobre todo por ese atuendo
inspirado en monjas. Y he de decir que ahí quedó todo porque no me llegaron a
convencer en ningún momento. Sí que es verdad que empezaron fuerte con My
First Peak seguida de Made Her Mine. Prometía, pero, de aquí en
adelante, me pareció una banda como prefabricada, del montón, vamos. Puede que
la versión que hicieron de Like a Prayer, de Madonna, fuera lo más
reseñable. Sin más.
La pequeña decepción de las monjas se pasó de inmediato
cuando Queensrÿche pisó el escenario. Parece mentira que esta haya sido la
primera vez que los veo, pero así es. Desde un gran respeto, la voz de Todd La
Torre hace que te olvides de Geoff Tate desde el momento uno con Queen of
the Reich. Arropado continuamente con las magistrales guitarras de Michael
Wilton y Mike Stone, junto a ese sonido tan reconocible del bajo de Eddie
Jackson más la aportación del gran batería Casey Grillo, la cosa comenzó a
subir con la interpretación magistral Operation: Mindcrime y de Walk
in the Shadows. Volvieron a su trabajo más famoso con Speak para
luego mirar atrás con Warning y NM 156. Llegados a este punto, un
servidor estaba como en una nube de la que no quiere bajar, sobre todo si te
estrellas de frente con descargas como Neue Regel y Behind the Walls.
Siempre con la proyección de su logo en pantalla, además de otras imágenes,
avanzaron con Take Hold of the Flame seguida de Screaming in Digital.
Fue escuchar la grabación de I Remember Now y ya acabar de flipar,
sabiendo lo que venía por delante. Y así fue, porque para el tramo final
engancharon Anarchy-X, Revolution Calling y Empire, que
terminó por volarme la cabeza. De este modo fue como los de Seatlle cerraron un
gran show con Eyes of a Stranger. Lo dicho, lo flipé. Puede que, si
hubieran actuado a otra hora, lo habría flipado más aún. Por cierto, para tod@s
aquell@s que aún siguen pensando que la música, en este caso el Rock, Metal o
como narices queráis llamarlo, no se debe mezclar con la política, que le echen
un vistazo a la trasera de la camiseta que lució Todd durante toda su
actuación. A ver si de una vez por todas se enteran de qué va el asunto.
Mis colegas con l@s que asistí al festival me habían hablado
muy bien de los suecos Crazy Lixx, y tenían razón en todo lo que me contaron.
Como en otras ocasiones, nos perdimos el comienzo de su concierto entre subir
las escaleras y llegar al escenario de arriba. Ahora bien, una vez allí, nos
dimos cuenta del poder de convocatoria que tienen. Recordando los grandes
tiempos del Hard Rock ochentero, disfrutamos de Girls of the 80's
seguida de Silent Thunder. Su vocalista, Danny Rexon, no paró de
contactar con un público entregado que abarrotaba la carpa con Hunt for
Danger o XIII. La recta final vino a cargo de Blame It on Love
y la cantada a gritos Who Said Rock 'n' Roll Is Dead. Mucha actitud,
buen sonido, mejor rollo y unos temas del mejor Hard Rock hicieron de su
concierto uno de los mejores que pisaron el escenario que les tocó en esta
edición. Espero que sigan creciendo y que nos volvamos a encontrar pronto.
Entre pararme a comer, dar una vuelta por los pocos puestos
que había, quizás esta sea una de las cosas menos positivas del festival y
charlar con un@s y otr@s, me jodió perderme casi entero el concierto de
Trivium. Con lo cual, no entraré en detalles, solo diré que, lo poco que vi, me
pareció de una intensidad y fuerza brutales. Gran fallo por mi parte, lo
reconozco, pero esto también forma parte de lo que es vivir un festival,
relacionarse con l@s demás, echarse unas risas, contar batallitas y aventuras y
hacer nuevos colegas.
No entraba en mis planes tragarme el concierto de Sabaton
entero, pero así fue. Y ni me arrepiento ni me alegro de ello. Tercera vez que
los veo y si por algo realmente me sentí bien es por la cantidad de público,
sobre todo joven, que arrastran. Por algo eran cabeza de cartel de esta
jornada. Sonaron brutales desde el principio con Ghost Division, Yamato
y The Red Baron. Sabiendo de qué palo van, igual proyectaban imágenes de
batallas vikingas que de la Primera Guerra Mundial o del mismísimo Napoleón,
siempre en consonancia con el tema a ejecutar, como Stormtroopers, Soldier
of Heaven, I, Emperor o The Attack of the Dead Men. Tampoco
se olvidaron de ciertas hordas y órdenes guerreras con Hordes of Khan o Templars.
Y he de reconocer que, será por haberla escuchado en los garitos hasta la
saciedad, con Primo Victoria me animé un poco más que en otros momentos.
Recta final con Swedish Pagans, Coat of Arms y To Hell and
Back para cerrar un show que, seguro, que sus incondicionales lo vivieron
con toda la intensidad del mundo. Así se percibió en todo el Parque de la
Cuesta del Batel.
Vuelta al escenario de arriba para ver un rato a los vascos
Latzen. Después de reunirse el pasado año, demostraron una gran potencia,
siempre cantando en euskera, en temas como Memento Mori o Mezua Hil
Aurretik. Tampoco faltaron los pogos con Itsutu y Bat Gehiago.
La base rítmica, formada por el bajista Joxe Mari y el atronador batería a toda
velocidad, Gorka, arropó en todo momento a la guitarra de Iker y Aitor, este
también encargado de las partes vocales. La instrumental Indarra fue la
antecesora de Dogma como preludio del final a cargo de Laztana y Ze
Ingo Xu. Me gustó bastante su propuesta, con ese Thrash de la vieja escuela
que parece más cañero aún cantado en su idioma. Espero que el regreso sea por
tiempo y que nos volvamos a encontrar más pronto que tarde.
Qué decir a estas alturas de Testament, con todo el
merecimiento del mundo, aunque se merecen más aún de lo que tienen, siguen
siendo uno de los combos grandes del Thrash Metal. Con los incombustibles Chuck
Billy, Alex Skolnick y Eric Peterson al frente, y después de sonar la intro (You
Gotta) Fight for Your Right (to Party!), de Beastie Boys, comenzaron su
descarga con Into the Pit, seguida de For the Love of Pain y la
gran Practice What You Preach. Menudo comienzo, pero, evidentemente, eso
no quedó ahí. Con una puesta en escena donde la batería de Chris Dovas se vio
en todo momento envuelta por un hinchable monstruosamente coronado junto a
proyecciones increíbles, fueron dejando caer uno tras otro cañonazos como Infanticide
A.I., Shadow People o More Than Meets the Eye. Con una
sonrisa constante y la garganta reventada, no paré con Sins of Omission
o Electric Crown. A Nature of the Beast le siguió un solo de
batería antes de arremeter el tramo final con First Strike Is Deadly y Low.
Y como cierre definitivo, la potentísima Over the Wall. La poca
adrenalina que me quedaba después de tres días de festival la consumí con
Testament.
Otro año más, Rock Imperium ha estado muy por encima de mis
expectativas. Se puede decir que se está convirtiendo, si no lo es ya, en uno
de los festivales referentes de estos lares. Yo me lo he vuelto a pasar en
grande, aunque siempre hay algún tonto que te toca las narices, como el pasao
de rosca que tuve que soportar durante casi todo el concierto de Maiden. Aparte
de eso, he disfrutado de la mejor compañía, he rememorado viejos tiempos con
bandas como Anthrax o Testament, me he sorprendido con otras como Heleven, he
visto a un montón de peña joven dándolo todo con Avulsed o Sabaton, me he
alegrado del estado de grupos como 4 Bajo Zero o Latzen y, sobre todo, han sido
tres días de hermandad y buen rollo. Y eso, en los tiempos que vivimos, es
mucho más de lo que algun@s pueden vivir. Espero que nos volvamos a ver el año
que viene. Mi más sincera enhorabuena a la organización y a su equipo de
limpieza por conseguir que siga siendo el festival más limpio de todos los que
he asistido, que no son pocos.