Ralf König, uno de mis autores preferidos de cómics, vuelve a
la carga con una nueva aventura protagonizada por su pareja más famosa, Konrad
y Paul. A estas alturas, y después de varias apariciones en este humilde blog,
no sé si debería explicar quién es König. Pero, como estoy seguro de que aún
habrá peña que desconozca la identidad de este gran guionista y dibujante,
pasaré a contar algunas cosas de su biografía. Nacido en Soest, realizó sus
estudios de carpintero en
Westfalia, a la vez que salía del armario. Más tarde, ingresó en la Academia de
Bellas Artes de Düsseldorf, donde se especializó en dibujo libre. En 1987 sale
a la luz su primer cómic, El hombre deseado. Otras obras suyas son El
condón asesino, Huevos de toro, Lisístrata, Como conejos
o Roy & Al, por nombrar algunas de su ya extensa bibliografía. Tiene
en su haber premios como el Max Und Muritz, del Salón Internacional de Erlangen
al mejor dibujante alemán o el de la Mejor Obra Extranjera del Salón del Cómic
de Barcelona, ambos en 1992. Y podría seguir, porque está considerado uno de
los mejores humoristas de Europa, pero, como ya he señalado, si queréis saber
más de él, solo tenéis que acceder a otras entradas que encontraréis por este
blog.
El anuncio de la salida de un nuevo disco de la banda sueca
Abba, después de 40 años, se convierte en el punto de partida de esta obra.
Paul expresa su admiración, sobre todo sexual, por Benny, al tiempo que nos da
su propia versión acerca de la disolución del grupo. Tanto él como su grupo de
amigos más cercanos andan desesperados por escuchar este nuevo trabajo. Con el
redondo ya en el mercado, quedan unos cuantos para escucharlo desde el primer
surco hasta el último. Pasado el trámite de la escucha, con distintas opiniones
y recuerdos por parte de los oyentes, hacen su aparición en estas páginas la
hermana de Paul, una negacionista que pagará cara sus convicciones, y
Arrumacoso-Colonia, un italiano que da arrumacos a cambio de una compensación
económica bien fijada. Estos dos personajes van a ser imprescindibles en el
desarrollo de la trama. Otro asunto importante es la relación de Paul con su
padre. Este reside desde hace unos años en un asilo y tiene mucha más claridad
mental que algun@s personajes de los que invaden estas viñetas. Ya veréis a qué
me refiero.
Como era de esperar, Paul cae rendido ante los encantos del
peludo y moreno italiano. Ahora bien, resulta que la atracción es mutua, con lo
cual las sesiones de arrumacos le salen gratis. Esto, y algún detalle más, será
razón suficiente para levantar envidias y despechos en su círculo de amistades.
Eso sí, para que los servicios de Romano, nombre real del transalpino, le
salgan by the face tendrá que acceder a ciertas propuestas hasta llegar a
convertirse en, podríamos decir, la mascota del mismo.
Transcurre el tiempo y nos metemos de lleno en Navidad, con
el COVID de por medio. Unas Navidades que la pareja va a vivir en la intimidad,
debido a las restricciones, y que les servirán para afianzar su relación.
Pasadas estas fechas, Paul vuelve a verse con Romano con el siempre deseo de
comerle todo lo que haga falta y más. Pero las condiciones están claras: solo
arrumacos y, para sorpresa de nuestro protagonista, chupar el pulgar gordo y
peludo del italiano. Entretanto, uno de sus mejores amigos se pasa por el forro
lo de las restricciones y, para celebrar su 50 cumpleaños, llama a todo el
mundo habido y por haber con la intención de montar la mayor fiesta de los
últimos meses. Entre temores por el contagio y desesperación por salir del
confinamiento, allí se presenta la mitad del colectivo LGTBIQ+ de Colonia. No
falta de nada, actuaciones de travestis, una gran tarta, marihuana, alcohol y,
como regalo especial, un escort, que no es otro que Arrumacoso, claro. Después
de bailar con el anfitrión, Paul y Romano se largarán de la fiesta para acabar
la velada de forma más íntima. Lo malo es que el alcohol le va a jugar una mala
pasada a nuestro bajito y velludo personaje.
Tras una vuelta a casa no poco accidentada por las calles de
Colonia, Konrad le confiesa que tiene una aventura con uno de sus alumnos.
Declaración que consigue que la pareja entre en crisis, sobre todo porque Paul
no se lo espera, ya que se supone que solo él puede tener este tipo de
aventuras; las de Konrad, hasta ahora, habían sido no tan serias como esta. Con
el marrón encima, se pone sobre la mesa la posibilidad de separarse, algo que
hace temblar a los dos. Para solucionarlo, piden ayuda a una amiga hetero. Y
hasta aquí puedo leer, que decían en aquel famoso concurso. Con esto, seguro
que estáis deseando descubrir todo lo demás que ocurre en estas viñetas, que no
es poco, dadlo por hecho.
Sumado a todo lo dicho, y lo que no he dicho, Kónig no se
deja en el tintero temas como el SIDA o la actualidad sociopolítica del momento
en el que se desarrolla esta obra. Como siempre, hay que darle un sobresaliente
en las conversaciones telefónicas de los personajes o en las vivencias del día
a día de una pareja tan dispar y ya no tan joven, rondan los 60, como son
Konrad y Paul. Me gustaría resaltar el trabajo de traducción y adaptación de
los diálogos de Marta Amengol Royo, muy acertada en todo momento. Además, para
entender muchas de las situaciones que pasan en estas páginas, es importante
leer con detenimiento el epílogo del propio autor. Entonces sabréis a qué viene
lo del pulgar, por ejemplo.
Ralf König vuelve para, como es común en él, no defraudar.
Seguiré siendo un gran fan suyo, pues obras como esta hacen que me reafirme en
ello. Seguro que con la lectura de este cómic acabaréis cantando, gritando o, simplemente,
diciendo eso de: «¡¡Mamma Mía!!»