EL PUSILÁNIME
No recuerdo el momento exacto en el que comenzaron a llamarme
ñoño en el colegio. Al principio creí que tenía algo que ver con mi nombre,
Antonio, pues tengo un primo con el mismo nombre al que todos llaman Mañoño,
pero no, era más bien por mi personalidad, unida a este cuerpo rechoncho que la
naturaleza me ha otorgado.
Como desconocía el significado de mi mote, lo busqué en el
diccionario. La verdad, tampoco es que me convenciera lo que encontré. Puede
que sea un tipo un poco soso e insulso, pero de timorato y de amilanado no
tengo nada. Soy soso e insulso porque nunca he sido muy sociable. Me cansa la
gente que siempre se hace notar, y ya no te digo los que van de simpáticos por
la vida; no puedo con ellos. Ahora bien, el mismo talle que fue la causa de mi
apodo me ha servido para tener confianza en mí mismo. Tanto que nunca me he
cortado en darle un par de sopapos a quien se pasara de la raya con sus
gracias.
No entiendo qué hago yo contándote esto a ti. Un puñetero
desgraciado que ha arruinado su vida y la de su familia por dárselas de algo
que nunca ha sido ni será. Mírate, ahí colgado boca abajo como un jamón,
insultándome y gritando como un cerdo. Y sabes qué, que me la suda tus
plegarias y tus improperios porque te he dado tantas oportunidades de redimirte
que este pusilánime no va a dejarte pasar ni una más. Que no tienes dinero, lo
sé; que tampoco tienes propiedades, qué me vas a contar si son todas mías; que
tu familia no quiere saber nada de ti, pues normal. Si te vieran ahora con la
cara ensangrentada y sin la mitad de los dientes, menos todavía. Reza, si
quieres, porque, a pesar de conocernos desde que éramos unos críos, de esta
nave no vas a salir con vida.
No pienso rezar, mucho menos suplicarte. Vale que aquí acaban
mis días, pero que sepas que fui yo quien te puso lo de Ñoño cuando estábamos
en tercero de básica. Y no fue por nada de eso que dices o te has creído
durante todos estos años. Más bien fue porque nos ponías de los nervios cada
vez que tenías que salir a la pizarra con esa pachorra que siempre te has
gastado, que las tortugas y tú sois primas hermanas. Peor aún, cuando tenías
que contestar en voz alta a algo, menuda castaña. Así que sí, has sido siempre
un puto ñoño y, por mucho que ahora seas el jefe de esta panda de mafiosos
cocainómanos, me voy al otro barrio dejándote en ridículo delante de todos
ellos. ¡Ñoño, más ñoño!
Acabad con este miserable de una puta vez.
No hay comentarios:
Publicar un comentario