martes, 27 de enero de 2026

Iñaki Domínguez - Marina Cochet: "Macarras Interseculares"

 




Antes que cómic, Macarras interseculares fue un ensayo que se curró Iñaki Domínguez. Y como bien dice en el prólogo, se supone que era una obra destinada al fracaso, pero, para desgracia de sus detractores, terminó siendo exitosa. Éxito que dio pie a plasmar parte de lo contenido en dicho ensayo en viñetas. Pues se ha suprimido parte del libro inicial y se han añadido otras partes que se adaptaban mejor al cómic.



Iñaki Domínguez es un antropólogo, escritor y periodista que se ha dedicado a investigar el mundo macarra y delincuencial madrileño y estatal. Ha pasado por medios como Radio 3, Vozpópulli o Subterfuge. Publica un artículo semanal en El Mundo dentro de la serie La ley de la calle, dedicada al macarrismo. Otras obras suyas son Sociología del moderneo, La verdadera historia de la panda del moco o Macarras ibéricos, una historia de España a través de sus leyendas urbanas.



En cuanto a Marina Cochet, es una ilustradora y dibujante de cómics licenciada en Bellas Artes que trabaja tanto para clientes nacionales como internacionales. Junto a Juan Sepúlveda y Antonio Mercero tiene publicado El Violeta, recomendado 100% y del que tenéis también una entrada en este humilde blog; junto a Rafael Jiménez Sánchez publicó El ángel rojo, biografía del anarquista Melchor Rodríguez y, tras colaborar en Joaquín Sabina, pasión y vida, actualmente se encuentra un cómic titulado Proyecto Oslo como autora completa. Su trabajo en esta obra que nos concierne es de una calidad suprema. Unas viñetas que reflejan la crueldad y agresividad necesarias para tratar un tema como el que nos toca siempre con esos fondos y exteriores propios de la época. Así como la vida cotidiana y nocturna dentro de unos espacios bien definidos de cada momento.



Antes de avanzar, me atrevo a decir que cualquier capítulo de este cómic daría para hacer uno entero. Es más, hay algunos que se me han hecho demasiado cortos. Que me he quedado con la miel en los labios, vamos. Por lo demás, se hace necesario prestar atención al mapa de la capital del reino antes de comenzar a disfrutar de estas páginas para situarnos tanto en contexto como en espacio. Echamos a nadar con un capítulo donde Iñaki nos explica un poco el origen de esta obra o la razón de su título, el significado del término macarra, muy interesante.



Entramos en materia con Costa Fleming. Todo un reflejo del Madrid de los sesenta donde, dentro de esa amalgama de personajes y gentes, resaltaban los yankis de la base de Torrejón. Para ellos se crearon una serie de locales y espectáculos que poco tenían que ver con los habituales de la capital. Algunos empresarios empezaron a abrir locales donde se podía acudir después de que cerraran los pensados para esos americanos. Y es aquí donde entran bandas como Los ojos negros. Estos se encargaban de la seguridad y el buen funcionamiento de dichos locales, no sin coacción y sin imponer ciertos criterios que los propietarios debían aceptar. Todo un comienzo.



En Historias de Lavapiés, después de un repaso histórico acerca del origen de este famoso barrio madrileño, nos adentramos en sus calles de los setenta y ochenta de la mano de Domi, un heavy de pura cepa nacido en estos lares. Nos vamos a enterar de cómo llegó a formar parte de una pandilla callejera con resultados no muy positivos para su persona, como suele suceder, aunque con un final bastante inesperado.



La pandilla del callejón rulaba por la estación de autobuses La Continental, en Cuatro Caminos, a principios de los ochenta. Un lugar de paso para gente que llegaba a Madrid a buscarse la vida, donde se mezclaba prostitución con tráfico de estupefacientes y demás asuntos turbios. Se resalta la vida de los taxistas, sus negocios y sus timbas, a la vez que la vida de este grupo dedicado a vender de todo en el callejón que le servía de sede. Todo aliñado con su relación con la policía, que conocía bien a cada integrante de esta cuadrilla.



De cómo llegó La droga iraní a las calles de la capital y de cómo dio pie a las trifulcas entre los rockers de Malasaña y este grupo persa trata el capítulo más extenso de este cómic. Al que se añaden las aventuras del Juanma, el terrible, y las de Charlie contra los iraníes, aunque estas últimas desde dos puntos de vista bien distintos. Todo debido al paso del tiempo y la memoria selectiva de quien las cuenta.



Las Barranquillas siempre ha sido un lugar famoso por sus propias leyes, los personajes que las inundan y los negocios que se traen en sus casas y calles. Aquí las vamos a ver desde dentro mediante la experiencia de dos chavales que van a pillar cocaína con un resultado poco agradable.



La prehistoria del Hip Hop en Madrid es todo un repaso a esta cultura que se adentró en las calles del Foro desde primeros de los ochenta a través, de nuevo, de lo que entraba por la base de Torrejón de Ardoz. Grafitis, Djs, fiestas multitudinarias y canciones que alcanzaron un éxito inesperado mezcladas con pijos de postal y muertes que no eran tales. Buen repaso a una cultura que no ha parado de crecer desde que aterrizó en este Estado.



Lo de La Panda del Moco me ha hecho sonreír. Lo digo porque por aquí teníamos una coletilla que seguro, o tal vez no, no les iba a hacer mucha gracia. Pijos que vestían de marca y frecuentaban locales donde imponían sus deseos eran los integrantes de este grupo que igual prendían fuego a edificios antiguos que tiraban por barrancos los coches que robaban.



Como ya hemos dicho anteriormente, en el mapa inicial de este cómic aparecen discotecas y garitos frecuentados por cada tribu o pandilla. Vemos reflejados desde La Canciller hasta el Rock-Ola, la Pachá o la Macumba. Pero también existían lugares en medio de la nada con su propio público y ambiente, a veces bastante espeso. Y uno de ellos era la discoteca Attica, a la que se dedica todo un capítulo en estas páginas.



Marina usa un trasfondo verde para dar forma a las viñetas que forman el capítulo titulado Donde viven los monstruos. Y lo hace porque aquí se habla de otros lugares frecuentados por pandillas y macarras, los parques y los billares. Los segundos puede que hayan desaparecido del panorama urbanístico de nuestras ciudades, pero los primeros siguen siendo punto de reunión de este tipo de gentes. En su momento, sembrados de jeringuillas, Kiko es uno de esos camellos que inducían a usarlas de manera premeditada, con dosis gratis hasta que te enganchas. Después la historia cambia y mucho.



Los raperos de la zona este se centra a principios de los noventa. Entonces había varias pandillas de raperos por Madrid. Aquí se nombran los MTR y los FMC, de donde surgieron los Madrid Vandals. Sembrando el pánico, se dejaban ver por Malasaña, donde entraron en conflicto con los rockers, pero sus verdaderos enemigos, debido a que eran unas bandas interraciales, eran los skinheads que plagaban las calles de Madrid.

El Lolo de Saconia, barrio con sambenito de cultureta, dio lugar a una panda de chavales que se volvieron unos cabrones a base de recibir hostias. Y, como podéis imaginar, uno de esos chicos era el Lolo. Un chaval que igual levantaba la droga a los moros, que se iban a montarla por los pueblos cercanos o a festivales como el Espárrago Rock.



Sí, diréis que va todo muy deprisa y que todo es muy breve y escueto en este artículo, pero así es como es en el propio cómic porque, como ya he referido, cualquiera de sus capítulos daría para mucho más. Pero este es un gran repaso al macarrismo capitalino. Un gran trabajo por el que felicito a l@s responsables del mismo. Si queréis saber algo más del asunto, podéis haceros con el ensayo. Seguro que, al igual que este tebeo, no os defraudará lo más mínimo.

 

 


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