Antes que cómic, Macarras interseculares fue un ensayo
que se curró Iñaki Domínguez. Y como bien dice en el prólogo, se supone que era
una obra destinada al fracaso, pero, para desgracia de sus detractores, terminó
siendo exitosa. Éxito que dio pie a plasmar parte de lo contenido en dicho
ensayo en viñetas. Pues se ha suprimido parte del libro inicial y se han añadido
otras partes que se adaptaban mejor al cómic.
Iñaki Domínguez es un antropólogo, escritor y periodista que
se ha dedicado a investigar el mundo macarra y delincuencial madrileño y
estatal. Ha pasado por medios como Radio 3, Vozpópulli o Subterfuge. Publica
un artículo semanal en El Mundo dentro de la serie La ley de la calle,
dedicada al macarrismo. Otras obras suyas son Sociología del moderneo, La
verdadera historia de la panda del moco o Macarras ibéricos, una
historia de España a través de sus leyendas urbanas.
En cuanto a Marina Cochet, es una ilustradora y dibujante de
cómics licenciada en Bellas Artes que trabaja tanto para clientes nacionales como
internacionales. Junto a Juan Sepúlveda y Antonio Mercero tiene publicado El
Violeta, recomendado 100% y del que tenéis también una entrada en este
humilde blog; junto a Rafael Jiménez Sánchez publicó El ángel rojo,
biografía del anarquista Melchor Rodríguez y, tras colaborar en Joaquín
Sabina, pasión y vida, actualmente se encuentra un cómic titulado Proyecto
Oslo como autora completa. Su trabajo en esta obra que nos concierne es de
una calidad suprema. Unas viñetas que reflejan la crueldad y agresividad
necesarias para tratar un tema como el que nos toca siempre con esos fondos y
exteriores propios de la época. Así como la vida cotidiana y nocturna dentro de
unos espacios bien definidos de cada momento.
Antes de avanzar, me atrevo a decir que cualquier capítulo de
este cómic daría para hacer uno entero. Es más, hay algunos que se me han hecho
demasiado cortos. Que me he quedado con la miel en los labios, vamos. Por lo
demás, se hace necesario prestar atención al mapa de la capital del reino antes
de comenzar a disfrutar de estas páginas para situarnos tanto en contexto como
en espacio. Echamos a nadar con un capítulo donde Iñaki nos explica un poco el
origen de esta obra o la razón de su título, el significado del término
macarra, muy interesante.
Entramos en materia con Costa Fleming. Todo un reflejo
del Madrid de los sesenta donde, dentro de esa amalgama de personajes y gentes,
resaltaban los yankis de la base de Torrejón. Para ellos se crearon una serie
de locales y espectáculos que poco tenían que ver con los habituales de la
capital. Algunos empresarios empezaron a abrir locales donde se podía acudir
después de que cerraran los pensados para esos americanos. Y es aquí donde
entran bandas como Los ojos negros. Estos se encargaban de la seguridad y el
buen funcionamiento de dichos locales, no sin coacción y sin imponer ciertos
criterios que los propietarios debían aceptar. Todo un comienzo.
En Historias de Lavapiés, después de un repaso
histórico acerca del origen de este famoso barrio madrileño, nos adentramos en
sus calles de los setenta y ochenta de la mano de Domi, un heavy de pura cepa
nacido en estos lares. Nos vamos a enterar de cómo llegó a formar parte de una
pandilla callejera con resultados no muy positivos para su persona, como suele
suceder, aunque con un final bastante inesperado.
La pandilla del callejón rulaba por la estación de autobuses La Continental,
en Cuatro Caminos, a principios de los ochenta. Un lugar de paso para gente que
llegaba a Madrid a buscarse la vida, donde se mezclaba prostitución con tráfico
de estupefacientes y demás asuntos turbios. Se resalta la vida de los taxistas,
sus negocios y sus timbas, a la vez que la vida de este grupo dedicado a vender
de todo en el callejón que le servía de sede. Todo aliñado con su relación con
la policía, que conocía bien a cada integrante de esta cuadrilla.
De cómo llegó La droga iraní a las calles de la
capital y de cómo dio pie a las trifulcas entre los rockers de Malasaña y este
grupo persa trata el capítulo más extenso de este cómic. Al que se añaden las
aventuras del Juanma, el terrible, y las de Charlie contra los
iraníes, aunque estas últimas desde dos puntos de vista bien distintos.
Todo debido al paso del tiempo y la memoria selectiva de quien las cuenta.
Las Barranquillas siempre ha sido un lugar famoso por sus
propias leyes, los personajes que las inundan y los negocios que se traen en
sus casas y calles. Aquí las vamos a ver desde dentro mediante la experiencia
de dos chavales que van a pillar cocaína con un resultado poco agradable.
La prehistoria del Hip Hop en Madrid es todo un repaso a esta
cultura que se adentró en las calles del Foro desde primeros de los ochenta a
través, de nuevo, de lo que entraba por la base de Torrejón de Ardoz. Grafitis,
Djs, fiestas multitudinarias y canciones que alcanzaron un éxito inesperado
mezcladas con pijos de postal y muertes que no eran tales. Buen repaso a una
cultura que no ha parado de crecer desde que aterrizó en este Estado.
Lo de La Panda del Moco me ha hecho sonreír. Lo digo
porque por aquí teníamos una coletilla que seguro, o tal vez no, no les iba a
hacer mucha gracia. Pijos que vestían de marca y frecuentaban locales donde
imponían sus deseos eran los integrantes de este grupo que igual prendían fuego
a edificios antiguos que tiraban por barrancos los coches que robaban.
Como ya hemos dicho anteriormente, en el mapa inicial de este
cómic aparecen discotecas y garitos frecuentados por cada tribu o pandilla.
Vemos reflejados desde La Canciller hasta el Rock-Ola, la Pachá o la Macumba.
Pero también existían lugares en medio de la nada con su propio público y
ambiente, a veces bastante espeso. Y uno de ellos era la discoteca Attica, a la
que se dedica todo un capítulo en estas páginas.
Marina usa un trasfondo verde para dar forma a las viñetas
que forman el capítulo titulado Donde viven los monstruos. Y lo hace
porque aquí se habla de otros lugares frecuentados por pandillas y macarras,
los parques y los billares. Los segundos puede que hayan desaparecido del
panorama urbanístico de nuestras ciudades, pero los primeros siguen siendo
punto de reunión de este tipo de gentes. En su momento, sembrados de
jeringuillas, Kiko es uno de esos camellos que inducían a usarlas de manera
premeditada, con dosis gratis hasta que te enganchas. Después la historia
cambia y mucho.
Los raperos de la zona este se centra a principios de los noventa. Entonces había
varias pandillas de raperos por Madrid. Aquí se nombran los MTR y los FMC, de
donde surgieron los Madrid Vandals. Sembrando el pánico, se dejaban ver por Malasaña,
donde entraron en conflicto con los rockers, pero sus verdaderos enemigos,
debido a que eran unas bandas interraciales, eran los skinheads que plagaban
las calles de Madrid.
El Lolo de Saconia, barrio con sambenito de cultureta, dio lugar a una panda de
chavales que se volvieron unos cabrones a base de recibir hostias. Y, como
podéis imaginar, uno de esos chicos era el Lolo. Un chaval que igual levantaba
la droga a los moros, que se iban a montarla por los pueblos cercanos o a
festivales como el Espárrago Rock.
Sí, diréis que va todo muy deprisa y que todo es muy breve y
escueto en este artículo, pero así es como es en el propio cómic porque, como
ya he referido, cualquiera de sus capítulos daría para mucho más. Pero este es
un gran repaso al macarrismo capitalino. Un gran trabajo por el que felicito a
l@s responsables del mismo. Si queréis saber algo más del asunto, podéis
haceros con el ensayo. Seguro que, al igual que este tebeo, no os defraudará lo
más mínimo.
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