Mucha expectación ante la llegada de ZZ Top para llevar a
cabo una minigira por estos lares. Después de mucho tiempo, esta iba a ser la
segunda vez que veía al trío tejano. He de reconocer que me hacía mucha ilusión
volver a reencontrarme con ellos, pues siempre he sido un gran seguidor suyo.
La cuestión es que me vi delante de una banda que poco tenía que ver con el
recuerdo que tenía de ella. Y lo digo por un cúmulo de cosas que se juntaron el
pasado veinte de julio como parte del cartel de Las Noches del Botánico madrileño.
Con cierto adelanto, sobre un cuarto de hora, sobre la hora
prevista de inicio, saltaron al escenario Billy Gibbons acompañado del bajista Elwood
Francis, sustituto del fallecido Dusty Hill, y, oh, sorpresa, el batería Dan
Mitchell, sustituyendo a un Frank Beard lesionado. Con un comienzo de lujo
interpretando Got Me Under Pressure todo hacía prever que íbamos a vivir
un gran concierto. Gibbons, portando una guitarra con una pequeña bandera de
España, saludó, nos dio la enhorabuena por el resultado de la final y
engancharon con I Thank You. Y aquí ya me empecé a dar cuenta de que
algo no iba del todo bien. Sí que el sonido seguía siendo perfecto con Waitin'
for the Bus y Jesus Just Left Chicago, pero la voz del
guitarra-cantante no se apreciaba casi nada. Pero, bueno, para corregir eso
está tener en tu haber temazos como Gimme All Your Lovin'; para que, si
tú no cantas como antaño, normal con la edad, por otra parte, cante por ti el
público.
Mucho colorido en el escenario, cambios continuos de guitarra
y bajo y movimientos típicos del grupo para interpretar Pearl Necklace o
I'm Bad, I'm Nationwide. Después de esto, las revoluciones vuelven a
subir como la espuma con I Gotsta Get Paid, todo un blusazo, y My
Head's in Mississippi, tremendo este instante. Y, oh, segunda sorpresa,
resulta que llega el momento de interpretar el último y reciente single en
solitario de Billy, lanzado con la colaboración del guitarra Keith Urban, Brown
Paper Bag. Y entre echar de menos la gran pegada de Beard, sin quitarle
ningún mérito a Mitchell, que lo hizo de puta madre, y que la voz seguía sin
escucharse del todo dentro del muro sónico que estaba montando el grupo,
enchufaron la directa con Cheap Sunglasses y la potente Just Got Paid.
El final se acercaba o, al menos, la primera parte del
concierto, y qué mejor manera de hacerlo que con la archiconocida Sharp
Dressed Man, uno de los mejores momentos del show, sin duda, enganchada con
Legs, que interpretaron con las famosas guitarra y bajo peludos. Después
de los típicos cantos pidiendo que volviera la banda, esta lo hizo con Brown
Sugar seguida de Tube Snake Boogie. Y, como era de esperar, dieron
carpetazo a un concierto
corto y repleto de altibajos con otros dos de sus cortes más conocidos, Thunderbird
y la esperadísima La Grange.
No es que los tejanos dieran un mal concierto, para nada,
pero, para mí, lo vivido en Madrid ha sido un show de Gibbons y acompañantes
interpretando canciones de su banda mate. Evidentemente, tiene todo el derecho
del mundo a hacerlo, pero ¿os imagináis un show de Maiden solo con Harris y
acompañantes o de Metallica con Helfield y aledaños? Pues a eso me refiero. Tampoco
es que me queje a rabiar de que no tocaran temas tan esperados como TV
Dinners o Tush, sino que me dio la sensación de que fue un show de
esos de llego, toco y me voy. De hecho, fue un recital bastante corto. Y vale
que lo pasamos en grande porque son quienes son, al menos Gibbons, y que
siempre merece la pena asistir a ver bandas míticas por lo que representa su
legado y demás, pero, en este caso, me quedé con cierto sabor amargo después de
verlos. En fin, cada cual, vive las cosas a su manera, como debe ser, siempre
que sea con respeto, y yo viví mi último concierto de ZZ Top tal y como os lo
he contado. Esto no me impide decir que, si tenéis la posibilidad de ir a
alguno de sus shows, no dudéis en hacerlo. El buen rollo y la calidad musical
está más que asegurada.
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