jueves, 20 de agosto de 2026

Tom King, Peter Gross Y Tamra Bonvillain: "Rebelión Animal"

 





Como cualquier obra que se tercie, antes de entrar de lleno en ella es importante leer el prólogo de la misma. En este caso yo diría que es hasta imprescindible hacerlo, ya que en sus párrafos el guionista Tom King nos explica, con razones de sobra, esta nueva adaptación de Rebelión en la granja, de George Orwell, a los tiempos que nos ha tocado vivir hasta convertirse en Rebelión animal.





El ya nombrado Tom King es un escritor residente de Washington D.C. que, antes de ser guionista, fue agente de contraterrorismo de la CIA. En su haber tiene premios como el Eisner, Ringo y Harvey. Y ha dejado su impronta en Mister Miracle, Blanco humano o El sheriff de Babilonia, entre otras obras. En cuanto a Peter Gross, además de ser el creador de la serie The Unwritten y cocreador de American Jesus: El elegido, junto a Mark Millar; sus dibujos aparecen en series como Lucifer y Los libros de la magia. En las páginas que nos conciernen, el color viene a cargo de Tamra Bonvillain. Una colorista que ha publicado para la mayoría de las grandes editoriales en personajes tan conocidos como Batman, Superman, Wonder Woman o Moon Girl.  Entre tod@s nos ofrecen un cómic donde el guion, los dibujos, la repartición de las viñetas, que igual acaparan una página entera que tienen una distribución irregular dentro de la propia página, y el color dan como resultado una obra excepcional, con un formato y una presentación que, sin duda, contribuyen bastante a ello.




Dividida en cinco capítulos, esta Rebelión animal parte, como cualquier revolución, presentándonos a su ideólogo y las razones que aduce para llevarla a buen puerto. Este no es otro que un perro llamado Suertudo. Seguidamente, nos encontramos con aquell@s que lo arriesgan todo, con mayor o menor implicación, para que su revolución triunfe. De esta forma conoceremos a la gata Lili, al dóberman Titán y al bulldog inglés Cerdito que, con el apoyo de l@s demás perr@s y gat@s, además de l@s conej@s, pues la trama se desarrolla en un refugio de animales, consiguen que sus propósitos tengan éxito. Una vez alcanzado su objetivo, también dispondrán de un logo y un grito de guerra, cómo no.





El siguiente capítulo echa a andar con ciertas dificultades para l@s lagomorf@s. Ante el descontrol inicial, y los graves sucesos sufridos por l@s conej@s, se hace necesario poner en pie una serie de reglas para mantener el orden; no sin que antes pasen por unos filtros hasta ser aceptadas por las tres especies. De este modo es como llegamos a unas primeras elecciones donde sale victorioso Titán.





En la tercera parte, los animales del refugio tendrán que apañárselas para financiarse de alguna manera. Esta empresa será desempeñada por Cerdito con la inestimable ayuda de l@s gatit@s, que conseguirán el dinero suficiente para que su lugar de residencia les aporte todo lo necesario para sobrevivir. Pero, al igual que otras revoluciones, aparecen problemas por doquier. L@s gatit@s terminan poniéndose en huelga; los líderes, caninos y felinos, se suceden con distintos resultados durante su mandato y el refugio termina por ceder el poder casi total al propio Cerdito.




Llegados al cuarto capítulo, nos encontramos al bulldog dirigiendo a su antojo el refugio rodeado de sus secuaces e imponiendo unas nuevas reglas que, como es de esperar, favorecen, sobre todo, a los perros. La tensión entre especies sube como la espuma y, ante tal panorama, Fifi pide ayuda a Titán, pero el resultado no es el esperado por nuestra gata protagonista.





En el capítulo final, l@s perr@s, con Cerdito al frente, implantan sus normas y no dudan en imponerlas valiéndose de su fuerza para oprimir y aniquilar a parte de los demás animales. Un nuevo reglamento con un nuevo slogan y la caída en desuso del antiguo grito de guerra que, como era de esperar, conducen al desastre al tiempo que el bulldog centra todo su tiempo en las finanzas. Las necesidades físicas, sobre todo el hambre, hacen que los hombres, enemigos acérrimos de la rebelión, vuelvan a tener acceso al refugio. Con ellos en el control, regresan las jaulas, los sacrificios y los malos tratos. Y la revolución se desvanece entre la bruma de la rutina que tanto sufrían los animales antes de llevarla a cabo.











Como dije al principio de este artículo, Rebelión animal es una gran obra donde el significado de la de Orwell se hace actual, aunque el desenlace siga siendo el mismo. La palabra y el concepto de revolución es bien amplio. A lo largo de la historia se han apoyado en ella, mediante formas muy dispares, para derrocar a gobiernos y estados de muy distinta índole. Otra cosa es el resultado final de las mismas. A la vista está en las páginas de este refugio, donde gat@s, perr@s y conej@s llegan a deshacerse de sus opresores para caer el sus propias avaricias y abusos de poder. En ese sentido, nada nuevo sobre el horizonte.





domingo, 2 de agosto de 2026

Texto Mandrílico Agosto 2026

 

PANDILLA


Matilde tiene veinticuatro años, de estatura media, cara redonda y pelo castaño recogido en coleta; usa poco maquillaje, solo una raya negra por debajo de sus ojos marrones y las uñas del mismo tono. Viste una cazadora de cuero rojo, mallas a rayas de mil colores, una sudadera de AC/DC y unos botines con una pequeña cadena. Hace meses que se codea hombro con hombro con Julián y Amanda. Julián y ella no pegan demasiado. Él es un niño de trece años con aspecto de pijo; un poco más bajo de lo normal para su edad, barbilampiño, a pesar de que se le empieza a notar una pelusilla amarilla como bigote, ojos azules, pelo muy corto y rubio, siempre sonriente, presumiendo de una dentadura perfecta. Acorde con su condición, lleva una chaqueta de marca cara conjuntada con un polo, unos pantalones de esos chinos grises y unas zapatillas que superan los cien euros. Ambos son de los primeros de esta banda. Se puede decir que fueron los que la montaron. Amanda se presentó como unos dos meses después de la llegada del chico. Es una mujer entrada en la cuarentena, alta, supera el metro ochenta, ojos color miel dentro de una tez morena, nariz achatada, boca grande con falta de alguna pieza dental y pelo negro suelto que sobrepasa sus hombros. Va con un vestido largo azul verdoso oscuro de gran escote que eleva sus pechos enclaustrados en un sujetador negro y unos zapatos de tacón bajo que le sirven para caminar a gusto con su peso. Como parte de esta banda, también están el jubilado Antonio, la vendedora de cupones Carmela, Jacinta, la chica de la frutería, Macario, el del taller de motos, Héctor, el repartidor de comida a domicilio o Rosa, la anciana amante de los gatos, y no podemos olvidar a Juanito, el niño de seis años del uniforme impoluto de su colegio concertado que aspira a ser el hombre más rápido del mundo por las carreras que se echa continuamente con sus compañeros de clase. Entre unos y otras, dan forma a un grupo de treinta individuos de distintas edades, físico, procedencia, ideas políticas y clase social. Todos han pasado por escaparates de tiendas de barrio, farolas, marquesinas de autobuses urbanos, entradas de hospitales y escuelas, grandes almacenes, estaciones de trenes, pizzerías y puestos de kebab o churrerías. Hoy han aceptado a un nuevo miembro en su cuadrilla. Se trata de Emilio, un hombre que roza los sesenta años, regordete, con barba cerrada y blanquecina acorde con las canas que pueblan su cabeza, cejas pobladas y nariz griega. Le gustan las camisas a cuadros un poco desabrochadas por encima de su prominente barriga, las chupas vaqueras en consonancia con los pantalones ajustados del mismo estilo y las botas de montaña. Él ha pasado directamente de la calle al panel de la comisaría. Y, al igual que todos los integrantes de esta pandilla, ahora es una fotocopia en color más pegada en el tablón de desaparecidos.