Hacer y asistir a un concierto la misma tarde que la final
del mundial de fútbol tiene sus riesgos, sobre todo por la posibilidad de que
baje la audiencia. Esa fue la sensación que tuve cuando el domingo, 19 de
julio, accedí a la sala But de Madrid para ver a Ciclonautas y Wolfmother. Sí
que es verdad que con los teloneros no había mucha peña, pero, llegado el
momento de los australianos, se puede decir que la sala tuvo más de dos
terceras partes de concurrencia.
Me sorprendieron los Ciclonautas. Con el asunto del fútbol de
por medio, salieron a su hora y desde el primer momento comenzaron a repartir
caña casi sin freno. El trío, formado por el vocalista y guitarra argentino
“Mai” Medina y la sección rítmica navarra a cargo de Alén Ayerdi a las baquetas
y Javier “Txo” Pintor, aprovechó bien la escasa hora que tuvieron a base de
bombazos como Banderas negras, Eterno aprendiz o El animal.
Consiguieron que la peña que iba llegando les prestara toda la atención del
mundo; interactuaron con el público lo justo y necesario; tuvieron el tiempo,
también justo y necesario, para hacer unos pequeños solos y demostraron una
gran profesionalidad y entrega en momentos como En mi espacio sideral, ¿Qué
tal? o Bienvenidos los muertos, esta fue una de las que más me moló
de su repertorio. Una banda a la que no le había prestado demasiada atención
hasta ahora, algo que corregiré de inmediato. Es lo que tiene ver también a los
teloneros que, para bien o para mal, siempre te puedes llevar una sorpresa. En
este caso fue para bien.
Con el tiempo siempre pegado al culo, saltó al escenario el
trío Wolfmother, capitaneado por el guitarra y cantante Andrew Stockdale y su
voz inconfundible. Venían celebrando el veinte aniversario de su gran disco
debut. Para ello tuvieron todo un arranque con tres cortes de dicho redondo
como son Dimension, White Unicorn y Woman. Pasado este
brutal inicio, continuaron con la conmemoración con otro tema de su trabajo
homónimo, Apple Tree, para luego dar un salto en el tiempo con Midnight
Train. Llegados a este punto, la sala se había convertido en una gran
fiesta donde la conexión entre l@s presentes y la banda fue en aumento con la
interpretación de otros dos temas de sus inicios, Pyramid y Mind's
Eye.
New Moon Rising fue uno de los momentos álgidos del show. Entre trago y
trago de cerveza, Stockdale anunció que era su cincuenta cumpleaños. Como
regalo, alguien le lanzó una camiseta de la selección española y, sin dudarlo,
se quitó la que llevaba y se la enfundó hasta el final del concierto. Con su
eterna sonrisa y dicha indumentaria, avanzaron con California Queen,
otro corte de su segundo disco. Atacaron con una canción de su último redondo, Feelin
Love, para luego volver a los orígenes con Where Eagles Have Been.
Todo dentro de un buen rollo y alguna que otra paparruchada del guitarrista,
que se le notaba totalmente agradecido con el regalo de cumpleaños que le
estaba haciendo el público de la sala. Traca final con tres trallazos como Vagabond,
Colossal y Joker & The Thief para dejar bien claro de qué va
esta gira antes de despedirse por primera vez.
El momento del comienzo del partido se acercaba cada vez más
y Andrew y los suyos volvieron para tocar otro de los temas de su debut, Love
Train, antes de que la locura de versiones se apoderara del escenario. La
cosa empezó con Paranoid, de mis queridísimos Black Sabbath y continuó
con Communication Breakdown y Rock&Roll, de mis también
queridísimos Led Zeppelin. El guitarra le pidió a su batería, Hamish Rosser,
que se hiciera un solo. No contento con eso, él mismo dejó las seis cuerdas y
se sentó en el taburete para demostrar ciertas dotes de percusión. Volvió a
colgarse la guitarra al tiempo que el bajista, no sé si ya cansado de tanto
trajín, entregó su instrumento a Alberto Marín, guitarra de Def Con Dos, para
que se adaptara a los deseos de Stockdale a la hora de interpretar una versión
muy personal de Lucy in the Sky With Diamonds, de mis también admirados
The Beatles. Y ya con casi la hora del inicio de la final encima de nuestros
cogotes, se marcó, como guinda del pastel, una versión de Champagne
Supernova, de Oasis. Total, que aquello fue un cierre de fiesta por todo lo
alto, como debe ser en estos casos.
Me gustaron mucho ambas bandas. La sala But me sigue
pareciendo un buen lugar para disfrutar de la música en vivo. Eso sí, podría
estar un pelín más iluminada, que casi me la meto al entrar a la pista por no
estar señalizados los escalones. Otra cosa, a la hora de abandonar el sitio,
fui de los primer@s en acercarme al baño. Cuando salí, me di cuenta de la gran
cola que había, tanto de tíos como de tías. Y según me dijeron, esto se debía a
que el servicio de las chicas estaba cerrado. No puedo contrastar esta
información, pero, de ser veraz, le quita muchos puntos al recinto. En fin,
como siempre, ellas son las que suelen salir perdiendo en estos casos. Una vez
fuera, corre que te corre para llegar al pub donde había quedado para ver la
final. Ya sabemos tod@s cuál fue el resultado. De manera que fue una noche de
buen R&R y mucha alegría. ¡Qué más se puede pedir!
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