miércoles, 6 de julio de 2022

RockFest Barcelona 2022

 







Ir a un festival de tres días después de dos años de pandemia es como un soplo de aire fresco en estos tiempos que vivimos. Si a esto le añades que la peña con la que vas es de los más cercana y agradable, todo sale a pedir de boca. En cuanto al festival en sí, me alegra que tomaran la iniciativa de cobrar un euro más por el primer envase con la intención de que el recinto no acabara hecho un mar de plástico, otra cosa son l@s guarreras que siguen tirando todo lo que llevan en la mano porque van de guay y eso queda super Heavy, pero bueno… En lo relativo a la organización, se notó que el montaje, no de los escenarios, estaría bueno, sino de las otras partes del espacio, fue deprisa y corriendo. Lo digo porque el primer día había barras cerradas y muchas de las atracciones, incluido el famoso Rosendo y su guitarra, no las vimos hasta el último. L@s camarer@s se quedaron la sangre en el congelador de su casa, no sé si por recomendación de sus encargad@s o porque son ell@s así, pero pedir una jarra de cerveza significaba perderte buena parte del grupo que estuvieras viendo. Consecuencia de esto es que l@s que te venden la cerveza metidos entre la gente hicieron su agosto a dos euritos más por pedido. También he escuchado por ahí que el sonido no ha sido del todo bueno, pues no sé qué decir, pero yo he escuchado a las bandas bastante bien, otra cosa es el calor que hacía debajo de esos plásticos en el escenario pequeño. Que sí, que, en ciertos momentos, cualquiera puede sonar mal, hasta el bajo de Ian Hill se pasaba de tono, a veces, y mira que eso ya es raro, pero de ahí al mal sonido del que todo el mundo habla, a mi parecer, va un abismo. Eso sí, las pantallas fallaron desde el minuto tres, siendo los Judas una de las bandas que más sufrieron tal desarreglo, pero, cosa curiosa, llegaron Gene Simmons y los suyos y, después de tres días de fallos técnicos, todo fue como la seda en ese aspecto. Cosas que mosquean y dar qué pensar, pero bueno, ya sabemos cómo se las gasta el señor de la lengüita. Terminaré esta parte especificando que, y esto quiero dejar claro que es algo muy personal, el cartel no tenía tantas bandas que me volaran la cabeza, pero las que he visto, y han sido unas cuantas, me han gustado mucho; unas más que otras, como es normal.








Después del despiste de si l@s que llevábamos la pulsera ya puesta debíamos hacer cola o acceder por otro lado, entramos al festival saludando a l@s primeros colegas que nos encontramos casi en las puertas del mismo. El primer contacto fue con los tunecinos Myrath de los que disfrutamos sus tres primeros temas en el escenario pequeño, “Born To Survive” o “Dance”, sacrificando el resto de su actuación a favor de los suizos Gotthard. La razón no fue otra que haber visto ya en directo a los norteafricanos y nunca a los otros. Nos encontramos con un público entregado a un grupo que ni me gustó ni me disgustó, tampoco es que yo sea un gran fan de la banda, pero, como arranque de los tres días, me pareció bastante apropiado. Cerraron su show con fuerza con temas como “Remember It´s Me”, “Starlight”, “Lift U Up” y la supercoreada “Anytime Anywhere”. Sin ánimo de faltar a los ucranianos Jinjer, sobre todo porque soy de los que piensan que cualquiera que se sube a un escenario merece un mínimo de respeto, he de decir que me parecieron aburridos y lineales durante toda su actuación. Puede que todo esto de la guerra y demás les haya dado impulso y que su acerrím@s me echen a los leones por decir esto, pero así es cómo lo viví yo y, puedo asegurar, parte de l@s que me rodeaban. Que son cañeros y que pusieron toda la carne en el asador, no tiene discusión posible, pero ni cortes como “Pisces”, “Vortex” o “Colossus” consiguieron que tuviésemos conexión. Entiendo que tocar justo antes de Accept tiene su aquel, pero es lo que te puede suceder en este tipo de eventos y es en esos momentos cuando tienes que demostrar que no te amilanas por ello.








Los alemanes salieron a comerse las tablas desde el segundo cero con “Zombie Apocalypse” y “Overnight Sensation”. De aquí en adelante tiraron de clásicos consiguiendo, como era de esperar, que el público comiera en su mano. A “Restless And Wild” sumaron “Midnight Mover”, “Princess Of The Dawn”, “Fast A Shark” o “Metal Heart” hasta llegar a otros temas que ya forman parte indiscutible de su set como son “Teutonic Terror” o “Pandemic”. A estas alturas de su actuación ya te podías percatar de que todo gira alrededor de Wolf Hoffmann y sus seis cuerdas, tampoco es que Mark Tornillo tuviera su mejor tarde, le he visto en otros momentos con mucha más garra y mejor voz, pero un gran seguidor de estos teutones como el que escribe estos párrafos echó en menos la entrega de Peter Baltes, por ejemplo. Cerraron con la tremenda interpretación de “Balls To The Wall” y sorprendieron, al menos a mí, con el broche final a cargo de “I´m A Rebel”. A pesar de lo dicho, me gustaron bastante, pues son de esos grupos que difícilmente fallan en directo. Y en esto que llegaron los bostonianos The Dropkick Murphys para poner a todo el recinto patas arriba con sus canciones, su no parar de correr por parte del cantante Ken Casey, que dejó las cuatro cuerdas para hacer las labores propias de Fred Perry, y su buen rollo. Los primeros acordes de “The Boys Are Back” dejaban claro por dónde iba a ir los tiros de su show, claro que, con ese comienzo, todo va sobre ruedas. A este bombazo le siguieron “The State Of Massachusetts” y “Johnny, I Hardle A New Ya” para tener a tod@s l@s presentes saltando y bailando sin parar. “Queen Of Suffolk County” y “The Bony” dieron alas a un público que quería, precisamente, eso, pasar uno de los ratos más agradables de todo el festival. El hecho de que les pillara la noche les vino de mil maravillas para dejarnos noquead@s con la tremenda “Blood”, seguida de “We Shall Overcome” y “Smash Shit Up”. Hasta ellos mismos agradecieron la entrega de l@s asistentes siendo conscientes de que, tal vez, su música estuviera fuera de lugar en un evento donde los sonidos más duros del Rock son los protagonistas.  La canción que da título a su último trabajo, “Turn Up The Dial”, dio paso a “Good As Gold” y “Two 6´s Upside Down” hasta llegar a otro de sus clásicos como es “Rose Tattoo” y unos de los momentos álgidos de cualquiera de su show, la interpretación de una versión de AC/DC, en este caso de “T.N.T.”. Recta final con “Kiss Me, I´m Shitfaced” y la siempre agradecida de escuchar “I´m Shipping Up To Boston”. Increíbles los norteamericanos de origen irlandés que, a mi entender, han sido uno de los grandes triunfadores de esta edición y doy por hecho que un descubrimiento para much@s del público. Ya estoy deseando verlos de nuevo. Hasta aquí mi paso por el Rockfest el primer día. ¿Que qué pasó con el resto de grupos que quedaban en el cartel? Pues que no son demasiado de mi agrado. Esto, evidentemente, no quiere decir que no sean buenos y de sobrada calidad, de lo contrario no estarían donde están, pero preferí largarme y descansar antes que gastar la energía que me haría falta para las dos jornadas restantes. He de reconocer que si hubieran cerrado Manowar me habría quedado a verlos porque son un grupo que, en su momento, seguí con ganas y, a pesar de ser consciente de sus tonterías y machipiruladas, me hubiera encantado tenerlos delante, otra cosa es que me hubiera gustado o no su show.








Con el tiempo pegado al culo, llegamos el viernes al recinto para ver el comienzo de Orange Goblin y salir disparad@s para los catalanes Crisix. Entiendo que son de ese tipo de grupo que o te molan demasiado o te dejan totalmente indiferente. Yo pertenezco al primer bando, pero algun@s de mis allegad@s son del segundo. Comienzo cañero cachondeo, es de lo que ellos van, con “Macarena Mosh” y “Leech Breeder”. Con “Speak Your Truth” aparecieron los primeros pogos, carreras y empujones que fueron en aumento con “Get Out My Head” y “G.M.M. (The Great Metal Motherfucker)”. En su actuación no faltan la entrega y las sonrisas y así lo demostraron con “Bring´m To The Pit” y la archiconocida “Ultra Thrash”. Lo dicho, me gustan, y me gusta ver que, con el paso del tiempo, han conseguido tener su hueco en la escena más cañera a base de buenos temas y mejor humor. El rollo Folk Metal tampoco podía faltar en Rockfest y, en esta ocasión, llegó a cargo de los escoceses Alestorm. He de reconocer que fue uno de los momentos más divertidos del festival, no solo por ese monumental pato de goma hinchable, sino porque se toman su momento sobre el escenario como algo festivo, eso no implica que no sonaran de puta madre. Desde que arrancaron con “Keelhauled”, “Treasure Chest Party Quest” y “Mexico” se sentía que aquello iba a convertirse en una gran fiesta a la que contribuyeron “Seventh Rum Of A Seventh Rum” y “Drink”. Llegó su momento pirata con “Pirate Metal Drinking Crew”, con uno de la crew haciendo como que bebía de una zapatilla, aunque se veía que tiraba de una lata, y cerraron con “Fucked With An Anchor”, esta me gustó bastante, y “Shit Boat (No Fans)”. Entre ellos y los Crisix, se puede decir que fue el instante más alegre y jocoso del fin de semana, algo que siempre es muy de agradecer.








UFO es de esas bandas míticas que aún no había visto en directo. Puede que algun@s piensen que este no ha sido su mejor show, pero, para mí, lo será por siempre. Lo será porque no creo que tengamos oportunidad de verlos mucho más en directo, aunque esto de las despedidas ya se sabe cómo va, porque me hizo mucha ilusión volver a ver Neil Carter después de tantos años y comprobar lo grande que es y porque son de esos grupos que, de mejor o peor manera, forman parte de la banda sonora de l@s que tenemos ya cierta edad. Sí que es verdad que Phil Mogg está para darle un yuyu en cualquier momento y que su voz no es lo que era, estaría bueno que lo fuera con la traca que se ha metido durante años, pero le vi en buena forma rodeado de una banda donde Vinnie Moore resalta por encima de los demás. “Fighting Man” y “Only You Can Rock Me” fueron el pistoletazo de salida de un concierto al que no se le puede sacar ningún contra. Después de “Cherry”, “Love To Love” y “Too Hot To Handle” tiraron de clasicazos como “Lights Out”, “Rock Bottom”, qué decir de esta, el himno “Doctor, Doctor”, que se lo cuenten a míster Steve Harris, y “Shoot Shoot” para dar carpetazo. Muchos y buenos recuerdos con UFO, de lo más entrañable del festival para el que suscribe estos párrafos.








Poco se puede añadir, a estas alturas, del señor Alice Cooper que no se haya dicho. A pesar de su edad, sigue siendo todo un placer escucharle y verle en directo. Rodeado de una banda de gran calibre, con esos tres guitarras, Ryan Roxie, Tommy Henriksen y la grandísima Nina Strauss, y una base rítmica donde Chuck Garric no deja de aporrear las cuatro cuerdas y Glen Sobel demuestra en todo momento que es un rompe parches, encendió la mecha con “Feed My Frankenstein”, “No More Mr. Nice Guy”, “Bed of Nails” y “Hey Stoopid” para tenernos a tod@s con los ojos como platos pendientes de cualquier cosa que salía o se movía por el escenario. El show avanzaba sobre ruedas con “Go To Hell” o “I´M Eighteen”, entre otras, hasta llegar a la archiconocida “Poison”, con el solo añadido de la guitarrista rubia. Destacar que no faltaron ningún solo por parte de los demás, todo sea dicho. Era de esperar que con “Billion Dollar Babies” saliera el bebé gigante de turno para dar paso a “Roses On White Lace” y “My Stars”. La banda dio un respiro al frontman durante la interpretación de “Devil´s Food” y vuelta al espectáculo con “Black Widow Jam”, aquí le tocó al bajista el solo, y “Steven”. Como se puede ver, mucho de los cortes son de su época, digamos, remota, algo que, en ningún momento desentonó, al revés. No faltó la performance del asesinato del crío y el consecuente paso por la guillotina con “I Love The Dead”, “Dead Babies” y “Escape”. Traca final con “School´s Out” para cerrar un concierto que, sin duda, fue uno de los mejores del festival. Todo un alarde de saber estar y entrega por parte de músico y colaboradores/as sobre el escenario.








Mercyful Fate era, a mi entender, el gran atractivo de esta edición e hizo honor a dicho galardón. Con un escenario donde la producción es mucho menor que la de los shows de King Diamond, se encendieron unas luces rojas donde resaltaban una cruz invertida y un pentagrama con la imagen de un macho cabrío para dar paso a los primeros acordes de la brutal “The Oath”. Ofrecieron el nuevo corte, “The Jackal Of Salzburg, un poco extenso para mi gusto, antes de continuar con la contundencia que los caracteriza en “A Corpse Without Soul” y la potentísima “Black Funeral”. Aquí ya estaba flipando en colores, no solo por los que venían del escenario, sino porque me parecía un sueño lo que me llegaba del mismo. Tener delante a una de las formaciones que más he ansiado ver en directo durante años interpretando “A Dangerous Meeting” y “Melissa”, con esta me dio un verdadero vuelco el corazón, ha sido uno de los grandes placeres del finde por Barcelona. Las guitarras de Shermann y Wead unidas a la tremenda batería de Bjarne T. Holm y la oscuridad del bajo de Joey Vera, sumado a esos agudos del rey diamante, hacen que “Doomed By The Living Dead y “Curse Of The Pharaohs” creen el ambiente que tod@s andábamos buscando. “Evil” fue otros de esos instantes que me parecían increíble el estar viviendo creciendo exponencialmente con “Come To The Sabbath”. Despidieron con “Satan´s Fall” un show que voy a recordar durante mucho, mucho, tiempo. Terminados los daneses, me volví al apartamento viviendo una de las anécdotas más cañeras de todo el viaje. Por respeto al protagonista de la misma, no la voy a contar a aquí, pero prometo escribir un relato sobre la misma porque desperdicio no tiene ninguno, jeje.








Como he dicho antes, el sábado, nada más entrar, nos topamos con el hinchable del muñeco al que mis colegas y yo bautizamos años ha como Rosendo por el parecido con el guitarrista de Carabanchel. La vedad es que no hizo ilusión y nos tiramos unas cuantas fotos delante del mismo antes de salir pitando a ver el concierto de Doro. Al igual que sus compatriotas Accept, la rubia alemana tiró de clásicos de Warlock en un show donde, de once temas que tocaron, ocho fueron de su banda primigenia. De hecho, comenzaron con “I Rule The Ruins” para enganchar con la siempre bienvenida “Burning The Witches” y “Fight For Rock”. La verdad es que parece que no pasan los años por esta mujer, y mira que yo soy de es@s que consiguió verla sobre un escenario antes de que emprendiera su carrera en solitario. “Revenge” y la coreada “Raise Your Fist In The Air” nos acercaron a dicha carrera hasta regresar al grupo que la dio a conocer con “Metal Racer” y la balada “Für immer” que fueron el comienzo de esta segunda parte donde temas tan conocidos como “Hellbound” y, por supuesto, “All We Are” no podían faltar. Añadió un tema más de Warlock, “Earthshaker Rock”, antes de despedir con “All For Metal” un concierto sobresaliente. Encantadísimo de volver a ver a esta gran mujer que, a ciencia cierta, ha creado escuela dentro del Metal. 








Los albaceteños Ángelus Apátrida arrasan por donde pasan, y lo hacen a base de cañonazos como “Bleed The Crown”, “Indoctrinate” o “One Of Us” para dar salida a un show que poco tiene que envidiar, a veces hasta lo supera, a bandas guiris del género. Con una producción bastante buena continuaron repartiendo cera con “Vomitive”, “Of Men And Tyrants” y “Childhood's End” donde dejan bien claro su postura social y política, para aquell@s que dicen y piensan que dichas ideas no deben ir de la mano del Rock. Como era de esperar, aparecieron los pogos, los corros y sus carreras durante la interpretación de “Violent Dawn”, “We Stand Alone” y la memorable “Give 'Em War”. Está claro que Guillermo es de esos frontman que sabe cómo tratar a su público, dirigiéndolo y conectando con él desde el principio y haciéndolo disfrutar con temas como “Sharpen The Guillotine”, con el que se despidieron antes de regresar para cerrar con “You Are Next”. Grandes, muy grandes, estos cuatro que siempre me alegra ver y más me alegra saber de sus éxitos y logros, se los merecen con creces.








Megadeth es otra de esas bandas que no sé ya cuántas veces habré visto en directo, razón por la cual sacrifiqué parte de su actuación a favor de comer algo ante lo que se nos vendría después encima. Una vez pasado este trámite, nos pusimos delante del escenario donde tenían previsto tocar Judas Priest justo cuando terminaba de sonar “Trust”. No puedo hacer alusión del problema que tuvo el guitarrista pelirrojo con los pipas de los Judas porque no lo presencié, pero no es la primera vez que ocurre algo así en este tipo de festivales siendo algo a subsanar por parte de quien le corresponda, pues no es plato de buen gusto que se escuche más una prueba de sonido que un concierto en sí. La cuestión es que pude disfrutar de clásicos del grupo como “Symphony of Destruction”, “Peace Sells” o “Mechanix” hasta cerrar con “Holy Wars... The Punishment Due”. A pesar de las tonterías de Dave Mustaine, Megadeth sigue siendo una de mis bandas de cabecera, otra cosa es que les siga con el mismo afán que antes. Los Judas llegaron, arrasaron, desmantelaron y asolaron el Rockfest. Parece increíble el estado de forma en el que está Rob Harlford; esto, unido al protagonismo que ha adquirido Richie Faulkner, a la contundencia de Andy Sneap y a esa base rítmica, Ian Hill y Scott Travis, que ya quisieran muchas bandas para sí mismas, nos puso delante a un grupo que dio un conciertazo de esos que te dejan con la boca abierta desde el arranque con “One Shot At Glory”, la del último trabajo “Lightning Strike” y la siempre potente “You've Got Another Thing Comin'”. Haciendo caso omiso del puteo de las pantallas, tanto la del fondo como las exteriores, continuaron con la rapidísima “Freewheel Burning” para alcanzar “Turbo” y “Hell Patrol” hasta llegar a “Victim Of Changes” donde el voceras sorprendió a todo el público. La verdad es que Halford no estuvo demasiado comunicativo durante el show, pero no le hizo demasiada falta pues tod@s queríamos más y más, y esto llegó con “The Green Manalishi”, “Diamonds & Rust” y la potentísima “Painkiller”. Después de un descanso, regresaron con “Electric Eyes” y, moto en escena, “Hell Bent For Leather” antes de invitar a Glenn Tipton para interpretar “Metal Gods”, “Breaking The Law” y “Living After Midnight”. Me hizo muchísima ilusión ver sobre las tablas al guitarrista, es más, he de reconocer que me emocioné un poco. Judas están que se salen, si tenéis la oportunidad de verlos en los próximos meses, no dudéis en hacerlo pues, con que solo dieron un concierto la mitad de bueno que el que dieron en Barcelona, os aseguro que quedaréis más que satisfech@s. ¡¡Qué Grandes!!








Y con Kiss todo se solucionó: las pantallas, el sonido, las luces, todo. Cualquiera le dice algo al demonio enmascarado, te monta un pollo que el de Mustaine se queda en pelea de patio de colegio. “Detroit Rock City”, “Shout It Out Loud” y “Deuce” fue el arranque de su show. Show que, como era previsible, es todo un circo del R&R donde “War Machine”, “Heaven´s On Fire” o “I Love It Loud” encajan como mano a un guante. Paul Stanley se pasó toda la noche repitiendo el nombre de la capital catalana hasta aburrir, cosa que no ocurrió con “Say Yeah” o “Cold Gin” que dieron paso al solo de guitarra visualmente espectacular de Tommy Thayer, bueno, qué no es espectacular en un concierto de los neoyorquinos. En “Lick It Up” se escuchaba más a l@s presentes que a Stanley, algo que se subsanó con “Tears Are Falling” y “Psycho Circus” que fue el preludio del vistoso solo de batería de Eric Singer que terminó con “100.000 Years” antes de ceder el protagonismo, si es que alguna vez le falta, a Gene Simmons para que interpretara eso que le gusta tanto, echar sangre por la boca a la vez que atrona al público con su bajo con “God Of Thunder”. Llegó el momento de que Paul se deslizara por encima de las cabezas de los presentes y salió del escenario a la torre de enfrente para cantar “Love Gun” y la bailonga “I Was Made for Lovin' You” antes de regresar al escenario y despedirse con “Black Diamond”. A la vuelta, piano en medio, Eric Singer demostró, por segunda vez, estar en mejor forma vocal que cualquiera de sus compañeros interpretando “Beth” que fue el preludio del final a cargo de “Do You Love Me” y, claro está, “Rock And Roll All Nite” donde nos inundaron, literalmente, con oleadas de papelillos. Reitero en que son el puñetero circo del R&R, de esas bandas que hay que ver una vez, al menos, en la vida porque, te gusten más o menos, no van a dejarte impasible durante las dos horas que los vas a tener delante. Sorpresón cuando vi el logo de Obús en vez del de Medina Azahara antes de dar por finalizado este festival. Con todo el respeto del mundo, si no tenía pensado quedarme a ver a los andaluces, no porque no me molen, que me gustan y mucho, sino porque el cansancio ya hacía mella, mucho menos a Fortu y compañía que nunca me han llenado del todo.










Ya corren rumores acerca de si se va a celebrar o no una nueva edición del Rockfest, rumores como los que han corrido sobre la edición recién finalizada. Espero que se queden en eso, en habladurías, porque es un festival que está a la altura de cualquiera de los del continente y porque trae bandas de primer nivel junto a otras que están en auge y algunas que nos retrotraen a otros tiempos. Sería una gran pérdida para el circuito de festivales estatales, sin duda alguna. Y, por favor, no seamos tan tiquismisquis con todo, que parece que nos tienen que dar la comida en puré porque nos da pereza hasta masticar. Que si se ha notado el cambio de organización, que si el sonido, o esto o lo otro, no digo que no opinéis, sino que deis un voto, o dos o tres, de confianza a la peña porque mejorar siempre se puede, solo falta que haya oportunidades para ello. ¡¡Hasta la próxima!!



miércoles, 22 de junio de 2022

Fito Cáceres 2022

 




Fito y sus Fitipaldis comienzan a entrar en mi lista de bandas que he perdido las veces que he visto en directo. Desde aquella lejana ocasión en la que venía promocionando su primer trabajo como telonero de Extremoduro en Cáceres, he tenido la ocasión de asistir a su directo en lugares tan dispares como Jaraíz de la Vera, Plasencia o Bilbao. Y la cuestión es que es de esas formaciones que nunca fallan encima de un escenario, te podrá gustar más o menos un concierto suyo, pero nunca podrás decir que ha sido malo. Eso es lo que ha pasado en esta gira que lo trajo, de nuevo, al Hípico cacereño, no es que haya sido el mejor concierto suyo que haya visto, pero me lo pasé mucho más que bien. Fue así porque el sonido era espectacular y la producción no tiene nada que envidiar a la de muchas bandas guiris, algo que es muy de agradecer. En contraposición, el precio de las bebidas, la cerveza se acabó o no te la servían cuando al concierto aún le quedaban como tres canciones para finalizar, y la polvareda que se monta siempre en este sitio que, por muchos años que pasan, no aprenden a o no quieren darle un manguerazo antes de que ocho mil personas, esta es la cifra oficial de asistencia, lo pisen.




Tanto en Cáceres como en Valladolid nos quedamos con las ganas de escuchar en directo a Morgan por positivo en Covid de su cantante Nina. He de reconocer que no los conozco de nada, pero tenía bastantes ganas de verlos, sobre todo porque soy de los que les gusta ver a l@s teloner@s en cualquier evento, pues siempre puedes descubrir grupos que, como mínimo, pueden resultar interesantes. Con unos diez minutos de retraso sobre la hora prevista, la pantalla rectangular que ocupaba el fondo del escenario comenzó a ofrecernos unos dibujos animados de la banda y sus peripecias como preludio de lo que se nos venía encima. Pasado este trámite, los acordes de “A Quemarropa”, uno de los cortes que más me molan del su último trabajo, fue el pistoletazo de salida del concierto en sí. Solo con este comienzo el pequeño gran bilbaíno se metió a la peña en el bolsillo. Un público que no dejó de cantar mientras caían “Lo Que Sobra De Mí” y “Por La Boca Vive El Pez”, dos de su ya clásicos. Después de pedir disculpas por el pequeño retraso, pudimos disfrutar de otro trallazo de su discografía como es “Me Equivocaría Otra Vez” para volver a su reciente plástico con “Cielo Hermético”.





A estas alturas del show quedó más que claro que la banda que acompañaba al ex Platero Y Tú es de un nivel altísimo, puede que Carlos Raya a la guitarra sea el más llamativo, pero dónde te quedas la labor del gran Javier Alzola al saxo, pandereta y no sé cuántas cosas más, y a ese pedazo de base rítmica formada por Coki Giménez a la batería y Alejandro “Boli” Climent a las cuatro cuerdas. De esta forma, continuaron con “Whisky Barato”, esta siempre pone a todo dios a saltar, y “Las Palabras Arden” que dio paso a una parte del concierto, digamos, un poco más bluesy con el añadido de “Entre La Espada Y La Pared”, para luego volver al acelere con las imágenes proyectadas en la pantalla del fondo y la velocidad de “En El Barro”, si con esta no te mueves, no te mueves con ninguna.






“A Morir Cantando” fue un tema más de su último disco que pudimos disfrutar antes de que nos hiciera saludar a Nina de Morgan para interpretar otro más de este redondo, “Quiero Gritar”, con ese ritmo tan peculiar y pegadizo y una letra que se sale. “Cada Vez Más Cadáver” sirvió de cierre de cortes del disco homónimo para dar paso a una ristra de canciones de sobra conocidas como son “Tarde O Temprano”, la cantada hasta la saciedad “La Casa Por El Tejado” y “Antes De Que Cuente Diez” con la que se despidieron por primera vez antes de los bises.




Regresaron para interpretar, solo Carlos y Fito, uno de los temas de aquel mítico “Extrechinato Y Tú”, “Abrazado A La Tristeza”, donde se notó el desconocimiento por parte de much@s de l@s presentes. Y llegó el momento que otr@s tant@s esperaban con “Soldadito Marinero” que la alargaron hasta el infinito y más, tanto, que me dio tiempo de ir al servicio y volver y aún estaba todo el mundo cantando el final de la misma. Nueva despedida y nuevo regreso para atacar la recta final del show con la increíble “Entre Dos Mares”, de los nombrados Platero Y Tú, y el broche final con “Acabo De Llegar”. Larga despedida entre aplausos de un público que, por lo que llevo escuchado estos días, se lo pasó, como yo, mejor que bien.




Personalmente, tenía muchas ganas de volver a ver a Fito y Fitipaldis, primero porque su último trabajo me parece de lo mejor de su discografía, segundo porque me sigue pareciendo uno de los artistas más sinceros y entregados dentro del panorama rockero estatal y, por último, porque me siento bien cuando veo un concierto de este calibre donde la peña se entrega desde el minuto cero y canta hasta perder las cuerdas vocales tirando por tierra todos esos comentarios de que si es un vendido, si hace siempre lo mismo y patatín y patatán. Lo de siempre en este Estado donde la envidia y la crítica destructiva vagan a sus anchas, ya que la mayoría están deseando alcanzar el status de bandas como estas y vivir de su música. Lo he escuchado cientos de veces y otras tantas he oído eso de: “Ya no es lo que era”, entre otras lindezas. Pues bien, por mi parte, enhorabuena a Fito y Fitipaldis, seguid a vuestro rollo para, de este modo, ofrecernos shows tan buenos como el vivido el pasado sábado en Cáceres. ¡¡Hasta la próxima!!






 


martes, 14 de junio de 2022

Acerock IV Edición

 









Un año más, y ya van cuatro, hemos vuelto por Mérida para celebrar una nueva edición del Acerock. En primer lugar, quiero felicitar a l@s compañer@s de la Asociación Acero por su labor y su esfuerzo a la hora de traer por estas tierras a bandas del género, tanto emergentes como consolidadas. En esta ocasión, por primera vez, han añadido al cartel un grupo de fuera, los alemanes Freedon Call, de cuyo concierto hablaremos un poco más adelante. Como inconvenientes, y esto quiero que se interprete siempre como una crítica constructiva, las largas colas para sacar tickets de bebida y comida y el calor que se podría evitar si se plantearan celebrar este evento en otras fechas del año. No quiero cerrar esta introducción sin un nuevo tirón de orejas, por no decir de otro sitio, a aquell@s que hacen caso omiso de la presencia de contenedores donde tirar los envases en vez de dejarlos por el suelo de ese incomparable lugar que es el Acueducto de los Milagros de la capital extremeña. Nos arrancamos los pelos con el cambio climático y sus consecuencias, pero no aprendemos a poner nuestro granito de arena para paliar sus consecuencias, y así nos va.






He de reconocer que esta edición no he estado todo lo atento que debería al conjunto de bandas, algunas por el calor que hacía mientras actuaban y otras por pararme a hablar y a saludar a tanta peña como conozco. Sea como fuere, los primeros en subirse al escenario fueron los extremeños Quercus. Ante un pequeño grupo de valientes desgranaron su Heavy clásico después de ser los ganadores de concurso de bandas de este año. Como he dicho, yo me acerqué a tirar unas fotos y volví a la sombra de la barra para disfrutar de temas como “El Bastardo”, “Máxima Velocidad”, “Ecos del Pasado” o “Seguiremos”. Solo por el hecho de “sobrevivir” a esa solatera que les cayó encima merecen mi más sincera admiración. Esta ha sido la primera vez que veía a la banda afincada en Coria, espero que nos volvamos a volver a ver pronto. Doy por hecho que estaré más cerca del escenario en la siguiente actuación que compartamos y les deseo todo lo mejor.





Algo parecido sufrieron los valencianos Sylvania que, al calor, añadieron un sonido no demasiado bueno a lo largo de todo su show. Sí que es verdad que el número de valientes delante escenario fue algo mayor, pero yo volví a acercarme para hacer unas fotos y vuelta a la sombra de la barra, tinto de verano en mano. Durante los cincuenta minutos que estuvieron sobre las tablas, dejaron un muy sabor de boca desgranando temas de su discografía como “Vivo En Tu Memoria” o “Espíritu De Fuego”, como la tarde emeritense, mientras la banda lo daba todo, sobre todo su cantante Alfonso Arróniz que sudó de lo lindo durante toda la actuación. Admito que me gustaron bastante y espero que el proyecto de homenaje de la puesta en el mercado de su primer disco, “Lazos De Sangre – X Aniversario”, sea todo un éxito.





Se puede decir que Omnia Transit jugaban en casa y, unido a ello, les favoreció no solo la entrega del público asistente en esos momentos, sino la caída de la tarde y, por ende, de las temperaturas. Fue con ellos cuando, por primera vez, me acerqué a ver uno de los conciertos del festival pegado a los monitores. Sigo pensando que se merecen mucho más de lo que tienen porque son un grupo que se come el escenario desde el minuto uno. Han pasado ya unos años desde que los vi por última vez en Cáceres y me he reencontrado con una banda bien engrasada que se divierte y sabe hacerse con el público al poco de salir a escena; la labor de Víctor como vocalista y de los guitarras, Jose y Jorge, influye mucho en ello. No quiero dejarme en el tintero a esa pedazo de base rítmica que forman Juanma a la batería y Antonio a las cuatro cuerdas. Con una buena tropa de seguidores/as portando camisetas del grupo, pudimos disfrutar de temazos como “Jugando A Ser Mayor”, “Fusilado” o “Monstruos De Papel”. También hubo tiempo para el desfase con las versiones de “Bella Ciao” o “Puede Ser Mi Gran Noche”. Espero que la gira que están haciendo por todo el Estado les sirva para que se hable mucho más de ellos.





Por lo que sé, Freedom Call sufrieron de lo lindo durante la prueba de sonido, pero eso no se vio reflejado en ningún momento de su actuación. Sí que es verdad que Chris Bay tardó en aprender a pronunciar bien Mérida, algo que nos sirvió para echarnos unas risas con los primeros intentos. Nos encontramos con una banda que se notaba que se lo estaban pasando de puta madre, ya no solo porque el sonido les acompañara durante todo el show, sino porque venían de actuar la noche anterior en una sala delante de un puñado de incondicionales y aquí se encontraron con el doble, como mínimo, de público que lo dio todo y coreó su nombre en más de una ocasión. Después del parón de la pandemia, llegaban para presentar su último trabajo “M.E.T.A.L.”, en el que se centraron a lo largo de la hora y media que estuvieron delante del Acueducto de los Milagros. Nos deleitaron con su “Happy Metal Party” a base de temas como el homónimo del disco ya referido, “111”, “Union Of Strong” o “Metal Is Forever”. Al final escuché opiniones para todos los gustos, como es normal, pero yo me quedo con el buen rato que pasamos y con que, con ellos, el festival ha abierto una puerta por la que, espero, entren más bandas guiris de la calidad y el saber estar de estos alemanes.





Personalmente, Evil Impulse fue lo que más me gusto del festival y reitero que esta es una opinión del que suscribe estos párrafos. Tuvieron que luchar contra la pequeña desbandada que hubo después de los teutones, pero supieron levantar el ánimo a base de buenos trallazos y de no parar de moverse en ningún momento. Puede que la posición en el cartel no les beneficiara, pero los de Ciudad Real se curraron un conciertazo donde pusieron patas arriba a todo dios con temas como “Chained Shadow”, “Who´s Gonna Kill Who? o “Unbroken Ritual”. No quisiera destacar a ninguno de los miembros del grupo porque todos estuvieron a un gran nivel, pero, está claro, que la labor de Antonio como vocalista es la que más conecta con l@s presentes. A eso le añades que Víctor y Jesús son dos guitarras que nada tienen que envidiar a muchos del estilo y que Pedro al bajo y Javier a los parches suenan cañón… y te das de frente con un poderío sónico que era imposible que no te hiciera vibrar con cualquiera de los cortes que ofrecieron en la hora que estuvieron soltando cera de la buena. Lo dicho, todo un descubrimiento por mi parte.





Vhäldemar fueron los encargados de cerrar esta edición del Acerock. Empezaron con ciertos problemas técnicos que el cantante Carlos Escudero intentó solventar con cierto chiste que no sé si hizo gracia a tod@s. Pasado el trámite, “Death To Wizard”, “Metalizer” o “1366”, entre otros temas, sirvieron para que aquello fuera lo que debía ser, una gran fiesta, sin olvidarse de “Fear” o “Howling At The Moon”. Como dije al principio de esta crónica, hubo momentos en los que estuve más pendiente de saludar y charlar con gente que del escenario. Eso fue lo que me pasó una de las veces que me acerqué a la barra donde me encontré con un@s amig@s de Montijo que hacía mil que no veía y me “retuvieron”, entre esto y aquello, durante veinte minutos, por lo menos. Total, que, cuando me quise dar cuenta, Celia y Sergio, de mis queridos Adarel, estaban compartiendo escenario con los miembros de la banda vasca en un final de concierto y festival apoteósico. Su posición como cabezas de cartel estuvo más que merecida.







Hasta aquí esta cuarta edición del Acerock donde, gracias al trabajo de la peña de la Asociación Acero, pasamos una tarde noche de esas que no se van a olvidar en tiempo. Ya estamos deseando volver a vernos las caras en una de estas que, a la larga, tiene miras de convertirse en una de las citas obligadas del rockerío extremeño. Eso sí, por favor, a ver si puede ser en unas fechas donde haga menos calor y, seré un pesado con esto hasta el infinito y más, usad los contenedores para tirar la basura. De este modo, no le daremos pie a l@s de siempre para que nos corten el rollo como suelen hacer. ¡¡Hasta el año que viene!!