miércoles, 8 de mayo de 2019

El Mandril En Extremúsika 2019








Un año más el Extremúsika aterrizó en Cáceres. En esta edición tuvimos algunas innovaciones, empezando por ser cuatro días y acabando con la incursión de sonidos nuevos que han tenido mejor o peor aceptación. El precio del abono sigue siendo asequible, así como el de la bebida que, si ser abusivo, es similar al de otros festivales del estilo. La organización ha sido buena, con una seguridad que no se metía demasiado con la peña y, sobre todo, un sonido excelente en la mayoría de los conciertos. Pasemos a contaros mi experiencia en este 2019 que, como he dicho en otras ocasiones, reflejará lo que yo he vivido. Esto significa que puede que no coincida con vuestras opiniones, para eso están los comentarios posteriores a la lectura, además de que echaréis en falta algún que otro grupo.






Cuatro jornadas de festival es, a mi entender, demasiado. De hecho, la del miércoles puede que fuera de las más numerosas en cuanto a público porque otras, como iremos viendo, fueron un verdadero fracaso. Puede que no tuvieran más remedio que estirar el chicle si querían traer a un grupo como Marea. Lo del 1 de Mayo fue eso, un concierto de Marea con tres teloneros. No es de extrañar que las tres bandas que pasaron por el escenario antes que ellos pertenezcan a “Dromedario Records”. Hicimos nuestra primera aparición por el Recinto Hípico cacereño cuando estaban sobre las tablas Vuelo 505. Con un público no muy numeroso, los riojanos conectaron con aquella parte de los presentes que los conocía mientras los demás nos dedicábamos a saludar a peña allegada y enterarnos un poco de la ubicación de las barras, servicios y demás. No dejaron en el tintero temas como “Tierra Quemada” o su último sencillo, “Me Asustan Las Despedidas”. Aprovechamos parte del show de Bocanada para cenar algo rápido y volvimos cuando los navarros estaban en pleno auge. Todos los kilómetros que Martín hace por el escenario son inversamente proporcionales a los que su hermano lleva a cabo. A pesar de que su voz se parece a la de Kutxi, se ve que tienen unos seguidores que se saben y corean sus canciones con ahínco. Buen concierto donde hicieron un repaso a su discografía con temas como “Huele A Muerto” o “Más Animal”, entre otros.






Con casi un cuarto de hora de retraso, saltaron a las tablas los de Berriozar para comenzar la gira de su último trabajo, “El Azogue”, que los llevará por distintos puntos del Estado. Una multitud les esperaba ansiosamente después de tantos años de demora. Dieron el pistoletazo de salida con “En Las Encías” que engancharon con “El Temblor” y “La Majada” antes de que Kutxi se dirigiera al público por primera vez. Continuaron con “Viernes Santo” y “Mierda Y Cuchara” para acabar de demostrar que esa era su noche. Llevan una producción, unas luces y un equipo del copón; nada que envidiar a muchos de los grupos guiris, algo que siempre se agradece. Para cuando llegó la mitad del show con “Un Hierro Sin Domar”, “Pecadores” y “Trasegando”, no había un alma que no tuviera los ojos puestos en ellos. Un Kutxi no demasiado comunicativo, fumando un cigarro tras otro, no dejó de echarle ganas, a pesar de dejar al Piñas como frontman para tomarse un descansito de un par de temas o tres. Kolibrí sigue siendo un hacha de las seis cuerdas, algo que demostró de sobra para cuando “Ocho Mares”, “La Tuerca” o “Barniz” llenaban nuestros oídos. César tiene esa labor poco reconocida de guitarra rítmica que, como bien dijo su cantante, le convierte en el Malcolm Young de la banda. En cuanto a Alén, poco tiene que demostrar a estas alturas. Ya tuvo la ocasión de hacerlo mientras el concierto avanzaba hasta llegar a “Copla Del Precipicio”. Un momento de relax y vuelta para cerrar con dos de sus clásicos como son “El Perro Verde” y, por supuesto, “Marea”. He de reconocer que no soy un gran fan de ellos, pero dieron un concierto de mucho nivel consiguiendo reunir al mayor número de público del festival. Enhorabuena y suerte con la gira. Os lo merecéis con creces.






Después de esperar ni se sabe antes de pillar el bus de regreso la noche del miércoles, volvimos a casa con la sensación de que este año el festival podía ser todo lo exitoso, sobre todo en cuanto a público se refiere, que fue en ediciones anteriores. La jornada del jueves nos hizo poner los pies en el suelo siendo, en muchos momentos, un poco desoladora. Hicimos acto de presencia durante la actuación de los cordobeses Aslándticos. Con todo el respeto que hay que tener a cualquiera que se suba a un escenario, he de decir que no me gustaron demasiado. Su Rock con tintes Pop de estribillo fácil no es lo mío. Temas como “La Receta”, “Infinito” o “Primer Día” dejan claro de qué van, además de ser un anticipo de lo que ocurriría durante la mayor parte de la noche. Esperaba mucho más de Vanila Von Bismark, sobre todo por las cosas queme habían hablado de ella. La cuestión es que su apuesta por las versiones, tanto en castellano como en inglés, no acabaron de llenarme. Machín, Lola Flores o la mítica “La Llorona” fueron lo más destacable del repertorio de la granadina que nos fue desplazando hacia el otro escenario para pillar sitio para ver a Angelus Apatrida.







En ese momento no sé si llegaríamos a las mil almas, siendo positivo, l@s que nos colocamos delante de los albaceteños. Estos currantes del Thrash son de esas bandas que no fallan nunca. Con esta era la quinta vez que los veo en directo y, también sea dicho, no ha sido de las mejores. Y no lo fue no por ellos, sino por la poca entrega del público que estaba más pendiente de lo que vendría justo después que de lo que tenía delante. Sea como fuera, a mí me gustan una barbaridad y sigo pensando que si fueran de yankilandia ya estarían en la cima del género, pero, bueno, ese es otro y el mismo cantar de siempre. Con Guillermo haciendo una y otra vez referencias a la penosa situación política, por no llamarlo de otra manera, que nos han dejado las elecciones generales, repartieron cera con clásicos como “Blast Off”, otras como “Farewell”, hasta concluir con su archiconocido “You Are Next”. Pocos pogos y nada de Wall Of Death; esto os puede dar una idea de lo que fue su show en cuanto a asistencia.







La Pegatina han sido uno de los grandes triunfadores del Extremúsika. Y, por mi parte, hasta aquí. No voy a entrar en el tema de Eurovisión y demás, pero esa apuesta más cercana a banda de charanga que al Ska me parece cansina y pachanguera. Opinión contraria a l@s que se tragaron su concierto saltando y cantando sin parar. Expectación es poco para definir lo que se esperaba de un rockero con tanta solera como Ramoncín. A ver, compañero Ramón, que quede claro que este que escribe estos párrafos tenía, sigue teniendo, muchas ganas de volver a verte en directo, pero eso de que las letras se te vayan de vez en cuando… prefiero pensar que fue por despiste. Llevas una banda, Los Eléctricos Del Diablo, para quitarse el sombrero; con unos guitarras, Óscar y Manuel, que se salen, un violinista que ya lo quisieran mucho en sus filas, una base rítmica, David y Miguel, que son como un reloj y a eso le añades las teclas de Jesús y ya cierras un círculo casi perfecto. Y luego vas tú y te encasquillas con algunas de las letras de tus temas. Bueno, pues ya está, habrá que perdonártelo como buen fan tuyo que soy y los buenos recuerdos que me trajeron “Sal De Naja”, “Litros De Alcohol”, “Déjame” o la incombustible “Al Límite”. Otra cosita, eso de largarte un cuarto de hora antes a qué vino. No creo que fuera por los gilipollas de turno, con los que tú y nosotr@s ya contábamos. Lo malo es que echamos en falta clásicos tuyos como “La Chica De La puerta 16” o “Barriobajero”. Tómate esto como una crítica constructiva, es más, tu nuevo disco es de un gran nivel y en directo temas como “En El Infierno” son un cañón. Tengo muchas ganas de ver un concierto tuyo fuera de festivales, espero resarcirme un poco de lo de este Extremúsika. Da por hecho que nos vamos a volver a ver. Siguiendo al nombre de la siguiente banda que, ante la huida de Ramoncín se quedó descolocada, La Desbandada, tomamos en camino de vuelta. Esta vez los que tuvieron que esperar para llenarse fueron los taxis pues había casi más que clientes.







La jornada del viernes era la más atractiva para el que escribe esto. Llegamos cuando Desakato ponía a todo dios a saltar y desgañitarse con trallazos de la altura de “Octubres Rotos”, “Cada Vez” o “La Cura”. Se formaron los primeros pogos y el primer, y único que yo recuerde, Wall Of Death de la jornada dando paso a nubes de polvo que inundaron la mayoría del recinto. Esta sí que es una de las cosas más criticables hacia la organización, ¿no podían haber regado un poco el Hípico antes de empezar las actuaciones para evitar que tragásemos lo que no está escrito? Pues nada, en ese sentido, nos volvieron a tratar como si de un rebaño de borreg@s en movimiento se tratara. Muy grandes los Desakato, consiguiendo mucho de lo que los demás hubieran pretendido obtener.







Lo del tío este, el tal C. Tangana, del que no había oído hablar en mi vida y del que no quiero volver a escuchar en lo que me resta de la misma, fue como la gota de aceite en el vaso de agua del festival. Sigo sin entender qué pintaba en el cartel, aunque l@s asistentes a su espectáculo digan lo contrario. Mira que he estado en festivales con carteles para dar y tirar, pero en uno que presume de Rock, en todas su vertientes, Rap y Mestizaje como es el Extremúsika, no le vi sentido alguno a este nuevo ídolo de masas. Espero que sus fans lo disfrutaran, yo me fui a cenar y pasé a otra cosa. No volví hasta que Toteking salió a escena. Con el sevillano y su hermano, además de un Dj, sobre el escenario todo volvió a su cauce. Venía presentando su último álbum, “Héroe”, del cayeron unos cuantos temas. Actitud, esa es la puñetera palabra que le hizo falta a muchas de las bandas y solistas que pasaron por el festival y que el de la Macarena tuvo para repartir a montones. Rimas comprometidas se unieron a peña cantando y moviéndose al son de “Veneno”, “Gente Tóxica”, con Rozalén de fondo, o “Bartleby &Co.”. Mi mayor enhorabuena, una vez más.







Si hasta este momento el sonido del Extremúsika había sido excelente, El Último Ke Zierre se encargó de romper la racha. Era una de las bandas que más ganas tenía de ver, y eso que ya los he visto ni se sabe de veces, la última hace menos de un año, pero nunca llegaron a conectar del todo con l@s presentes; a mi entender por esa razón y manía que tiene el Feo de meterse medio micro en la boca consiguiendo que no se le entienda la mitad de lo que dice. Bueno, cada uno tiene su forma de afrontar su concierto, aunque en recintos grandes, como es el caso, esto no les vino bien. Siguen siendo uno de mis grupos de cabecera, pero lo vivido en el Recinto Hípico no ha sido de lo mejor que he visto de ellos. Tuvimos el típico concierto que subía y bajaba como si de una montaña rusa se tratara. Clásicos como “A Cara De Perro”, “A Dónde Vas” o “Camino De Rosas” hicieron que pequeñas nubes de polvo inundaran el ambiente. Un show que finalizó con uno de mis temas favoritos, “La Lluvia Y El Sol”, de su último trabajo, de manera brusca y sorpresiva. Otra vez será, que seguro que habrá muchas y mejores. Salú!!






Hacía tiempo que no veía a La Fuga en directo, años, vamos. De hecho, nunca los había visto con sus nuevos componentes, Álex y Pedro. Por tener familia en Reinosa, los conocí mucho antes de dar su salto a la primera fila del Rock estatal, algo de lo que me alegro con creces. No es que me vuelen la cabeza, pero sentirlos en tan buena forma, saber que han superado todo lo que se les ha puesto por delante y comprobar que siguen teniendo un público fiel que corea sus temas y disfruta de su concierto es algo admirable. Con ellos el sonido volvió a los cauces propios de los cuatro días y “Por verte Sonreír”, “Humo Y Cristales”, con el vídeo proyectado a sus espaldas, o “Lunes De Olvido”, entre otras muchas, junto a esa pedazo de versión de Los Calis que es “Heroína”, nos dejaron mucho más que un buen sabor de boca y, en este caso, oídos.







Supongo que para much@s la vuelta de Marea ha sido lo mejor que os ha pasado en la última semana, pues bien, es lo mismo que me ha ocurrido a mí con la de sus paisanos Koma. Esto sí que fue caña, fuerza, buen rollo y entrega de la buena. Desde ya me comprometo a verlos en un concierto propio porque después de lo del Extremúsika debe ser la rehostia. Ahí sigue Brigi bramando como si no hubiera pasado nada, Rafa y Juan Carlos van al milímetro dentro de la velocidad que muchos de sus temas tienen y a Natxo deberían de reconocerle como uno de los mejores guitarras del Rock del Estado. Mis colegas se marcharon al poco de empezar su concierto, por cansancio o porque les dio la real gana, que cada un@ se pira a su casa cuando quiere, y yo me lo pasé como un crío rodeado de peña con la que no tuve el más mínimo problema a la hora de conectar. Eso fue lo que Koma consiguió con su público, conectar desde el minuto uno. No faltaron clásicos como “Imagínatelos Cagando”, “El Marqués De Txorrapelada” o “Aquí Huele Como Que Han Fumao” a las que añadieron otros como “La Almohada Cervical” o “El Sonajero” que terminaron de conforman un espectáculo con el que acabé tremendamente a gusto. Para mí, de lo mejor del festival este año.







Cerrando el viernes estaban mi queridos Lujuria con mi colega Óscar siempre al frente. Al igual que en ocasiones anteriores, nos quedamos l@s más fanátic@s de los segovianos. La verdad es que tenía una deuda con ellos después de marcharme sin verlos en el último Leyendas al que asistí, pero, como dije en su momento, el o la que conduce manda y esta vez mi medio de transporte era el bus así que no podía fallarles al igual que ellos no nos fallaron. Se portaron como si estuvieran ante miles de fans y eso les hace más grandes de lo que ya de por sí son. No faltaron las charlas de Óscar cortando cabezas mientras la banda clavaba “Estrella Del Porno”, “Dejad Que Los Niños Se Acerquen A Mí” o “Joda A Quien Joda”. Gracias por seguir ahí, por saber que vais a seguir, por vuestra cercanía, amistad y, sobre todo, por vuestra sinceridad con todo lo que hacéis. Se os quiere y eso no les pasa a muchas bandas. Eso sí, a ver si dejáis ya la costumbre de cerrar festivales que podamos veros un poco más relajadit@s y menos pedo. Espero que nos volvamos a encontrar pronto. Así cerré el viernes. Poco más y me dan las llaves del Hípico para que lo chapara. Tanto que me monté solo en el bus no si preguntarle al conductor si aquello salía, no fuera que me tuviera que pillar un taxi y mis bolsillos andaban en las últimas. Al final no llegamos a la decena de viajer@s, pero se notaba que íbamos content@s, a pesar del cansancio. “Cosas de festivales”, como dice un buen amigo cacereño.







Después de tute del viernes os podéis imaginar cómo estaba este cuerpo serrano. Me jodió mucho no poder ver a Hora Zulú, siempre me han molado un montón y su último trabajo está que se sale, pero presentarme allí a las 16,30 con toda la calorina hubiera sido síntoma de no sé qué, de que me diera alguna chunga seguro. Espero poder verlos en algún concierto suyo, por gansa que no quede. La verdad es que de la jornada del sábado lo que más me atraía era Kaótiko y Celtas Cortos. Llegamos cuando los de Salvatierra ya estaban repartiendo de lo lindo. No defraudaron en ningún momento, menos con trallazos como “Quién Manda Aquí” u “Otra Noche”. El tiempo les sigue dando la razón y su manera de afrontar los conciertos más aún.






Que cambiaran el horario de Celtas Cortos, adelantándolo, resultó ser lo mejor que me pudo pasar el sábado. Su show fue de esos que se agrandaron con el paso de las canciones. La peña estaba un poco fría cuando arrancaron con “Haz Turismo”, pero nos fuimos calentando mientras ellos dejaban caer clásico tras clásico. No faltaron ni “20 De Abril”, ni “La Senda Del Tiempo”, “Cuéntame Un Cuento” o “No Nos Podrán Parar” a las que añadieron algún corte de su último disco, “Energía Positiva”. Total, que al final estaba todo el mundo bailando, dando saltos y desgañitándose a más no poder. Escuché más de un comentario positivo a su favor, incluso de gente que tenía al lado y no conocía de nada. Y este fue mi cierre del Extremúsika 2019. Nos volvimos para Cáceres después de cenar, nos tomamos unas birras en el Dio donde estuvimos hablando de indios, Metallica y próximos conciertos y pa casa… que te han visto.







Espero que la apuesta de la organización por los cuatro días les haya salido, al menos, como ell@s esperaban. Sigo diciendo que, a mí, me ha parecido excesivo. En cuanto al cartel, pues, como suele pasar, todo es mejorable. Ya estamos deseando que llegué la próxima edición donde volveremos a estar dándolo todo. Nos vemos en otros festivales o conciertos, el verano no ha hecho nada más que empezar.




martes, 30 de abril de 2019

Ryan McGarvey Pasó Por Cáceres







Si te apasiona la música nunca dejarás de descubrir cosas nuevas que harán que este sentimiento se engrandezca. Leyendo la Popular 1, una de las mejores revistas musicales a nivel estatal y mundial, me enteré de que un tal Ryan McGarvey iba a pasar por Cáceres. Llamé a mi colega Dani y quedamos para asistir al concierto del guitarrista norteamericano en El Corral De Las Cigüeñas. Este sitio es uno de los mejores de la ciudad para este tipo de eventos.  Esa enredadera que cubre el fondo del escenario y su ubicación en la parte antigua hacen de él algo excepcional. Si a esto le sumas que el concierto fue gratis tienes todos los alicientes posibles para no negarte a asistir. A pesar de ser la primera vez que pisa tierras extremeñas, esta es su segunda gira por estos lares, después de la que llevó a cabo en el 2016.






Con unas tremendas referencias entre las que se encuentran el haber recibido en varias ocasiones el primer premio como guitarrista en los European Blues Award, el haber sido invitado a compartir escenario por el mismísimo Eric Clapton o el alzarse con el mayor galardón de la revista especializada Guitar Player Magazine, Ryan McGarvey venía presentando su último trabajo titulado: “Heavy Hearted”. A esto hay que sumar las buenas referencias que hace de él Joe Bonamassa y sus comparaciones con el mismísimo Gary Moore.






El concierto empezó con una inusitada puntualidad a eso de las 21,00h. Acompañado por el batería Logan Miles Nix, un monstruo de las baquetas, y un bajista que, pido disculpas por no conocer su nombre, nos dejó con la boca abierta en más de una ocasión. De esta forma, lograron encandilar al público nada más subirse al escenario. Durante la escasa hora y media que tocaron, quizás esa sea la parte menos positiva de todo este asunto, el de Alburquerque hizo un repaso a su discografía con momentos eléctricos y acústicos a partes iguales, además de lucirse de lo lindo con distintos solos o de quedarse en solitario en escena, sobre todo en la parte desenchufada o semidesenchufada, como lo queráis ver. Todo comenzó con “Prelude”, de su actual trabajo. En el setlist no faltaron temas antiguos como “Mystic Dream”, “So Close To Heaven”, la fabulosa “Memphis” y algunos, evidentemente, de este último disco como “Ain´t Enough Whiskey” o “Break My Heart”, entre otras, hasta llegar a “Conclusion” para luego hacer un más que merecido bis.






Como he dicho, toda una sorpresa tanto el concierto como el sonido, hacía tiempo que no escuchaba un show tan limpio, o la atención prestada por parte del público. Digo esto porque en esta ciudad la peña es muy dada a ponerse a hablar durante la actuación pasando totalmente de lo que tienen delante de sus narices, si encima, como era el caso, esta es gratis ya ni te cuento. Cien por cien recomendable este Ryan McGarvey, no solo si te mola el Blues ya que se nota que ha mamado mucho Hard Rock cuando se pone a tocar. No dudéis en verlo si pasa cerca de vuestro lugar de residencia, no os arrepentiréis. Como le dije al despedirme de él cuando salía del Corral: “A great show, good luck!”.







jueves, 25 de abril de 2019

Víctor M. Jiménez Andrada: "Morirme Para Esto"







Últimamente este blog se está llenando de artículos relacionados con autores/as extremeñ@s o que tienen un vínculo especial con esta tierra. Algún@s enfocan su obra más a las viñetas y otr@s se dedican a la novela o a los relatos cortos. Todo esto es algo que me llena de satisfacción. Ahora bien, aprovecho esta oportunidad para deciros que hay por ahí cierto periodista de un rotativo de Zamora que ejerce su actividad dedicándose a hacer un corta – pega de alguno de estos artículos y difundiéndolos como si él mismo los hubiera escrito. Toda una lección de profesionalidad, sin duda, porque si hace esto con este blog dad por hecho que lo hace con otros más. Así que no me queda otra que felicitarle por estar chupando del bote colgándose medallitas. Muchos de los artículos del blog que estáis leyendo en estos instantes aparecen en otras webs y publicaciones. Es algo que nunca me ha importado, es más, jamás me he negado a ello. Otra cosa es que utilicen dichas publicaciones para decir que son suyas sin ni siquiera haberte avisado, no digo ya pedirte permiso. Pues nada, que sepas que te hemos pillado; que sí, que de esto no se va a enterar nadie, o sí. Esta gentuza son las que tiran por los suelos una profesión tan apasionante, necesaria y peligrosa como es el periodismo. Una vez que me he desahogado, paso a hablaros del libro de mi amigo, editor y compañero de fatigas literarias Víctor M. Jiménez Andrada titulado: “Morirme Para Esto”.




Víctor es un escritor cacereño con una extensa lista de publicaciones en revistas y antologías literarias. Después de que viera la luz su libro de cuentos “Comidas Para Llevar” se adentra en la aventura de crear la Asociación Cultural Letras Cascabeleras dedicándose a coordinar la edición de obras por parte de esta. Con “Versos Del Insomnio” accede a una beca de la Creación Literaria de la Junta de Extremadura. A esto le sigue el poemario “Circo” con el que gana el XVI Premio de Poesía “García de la Huerta”. Más adelante, ya con Letras Cascabeleras, ve la luz “Encélado” y el poemario “El Último Diente De Leche”. Continúa publicando “El Opúsculo Del Caminante” y “Vaya Mierda”. Si queréis saber algo más sobre él, solo tenéis que daros una vuelta por su blog www.papirowebxia.com. Os aseguro un rato de lo más divertido.



Este libro está prologado por otro gran compañero de andanzas literarias, el escritor Vicente Rodríguez Lázaro. Sus palabras os adentrarán en todo lo que os vais a encontrar en los relatos de Víctor. Una introducción necesaria y brillante, como todo lo que hace Vicente. “Morirme Para Esto” es un compendio de pasajes que ocurren durante la Semana Santa celebrada en un lugar imaginario, Novaquercus, que se asemeja perfectamente a cualquiera en el que resida l@s lectores/as de la obra. El autor utiliza como hilo conductor los días que conforma dicha semana de celebración. Cada uno de esos días están protagonizados por un variopinto y exclusivo elenco de personajes que te recordarán, de alguna forma, a alguien conocido o por conocer.



Como toda Semana Santa que se precie, partimos del Viernes de Dolores. Aquí nos encontramos con el choque de intereses por parte de un hijo y su padre ante una tradición familiar. El primero ha llegado a una edad en la que empieza a ser consciente de que debe tomar sus propias decisiones asumiendo el resultado de las mismas. El segundo tiene por objetivo alcanzar un estatus dentro de la cofradía que lleva persiguiendo desde ni se sabe. El chaval accederá a los deseos de su progenitor; no sin ir dándole vueltas a su decisión. Todo acabará en un final caótico para algunos y liberador para el otro.



Durante el Sábado de Pasión salen a relucir la hipocresía y el cinismo de un grupo de cofrades que dedican más dinero y apoyo a sus imágenes, comilonas y encuentros “fraternales” que a las necesidades de las personas. Tod@s ell@s rechazarán la petición de limosna de una vieja gitana; algo que terminará con el cumplimiento del presagio de la anciana.



La semana llega a uno de sus puntos clave con el Domingo de Ramos. Durante la celebración de una de las procesiones más festivas de Norvaquercus, uno de sus ciudadanos más aclamado y rechazado, a partes iguales, consigue desfilar cumpliendo su sueño de formar parte de la banda de música del acto religioso. Por circunstancias que vosotr@s debéis descubrir, el muchacho echará por tierra su codiciada aspiración siendo expulsado de por vida de dicha banda. Para mí ha sido inevitable ver en este texto reflejado a un cacereño que murió hace unos años que siempre que me veía me saludaba y me decía: “A ver cuándo me consigues un concierto”; añadiendo después su peculiar sonrisa unida a los chasquidos que solía hacer con su boca. Era de esas personas que, al igual que el protagonista de este Domingo de Ramos, no hacía daño a nadie y su amor por la música, siempre visto desde su perspectiva, era algo de admirar.



El Lunes Santo es el pistoletazo de salida de una semana donde las procesiones se suceden mañana, tarde y noche. En una de ellas hay un toca huevos que, como su nombre indica, anda jodiendo la marrana porque todo, según él, está mal hecho, peor pensado y fatalmente llevado a cabo. A nadie le apetece escucharle, mucho menos hacerle caso, pero, como buena mosca cojonera que es, no les queda otra que aguantarle por formar parte de ese entresijo que es cualquiera de las cofradías que existen. Por supuesto, las invitaciones para que abandone dicha hermandad le entran por un oído y le salen por el otro. ¿Qué es lo que realmente oculta este cofrade cascarrabias? No dudéis en averiguarlo, merece la pena.



El Martes Santo es el día que aprovecha la cofradía de turno para solicitar la libertad de un reo. Práctica que, verdadera o no, se lleva a cabo en muchas ciudades del Estado. Como pasa en alguno de estos casos, el preso en cuestión no la ha visto más gorda en su vida. Sin tenerlas todas consigo sobre si lo que le han prometido amarrará en buen puerto, él se adelanta a los acontecimientos y busca su propio fin. Otra cosa es si este final es una recompensa real o una fugaz aventura.



Llega el Miércoles Santo con el espectáculo del “Cristo De Las Greñas”. El nombre es de lo mejorcito que he escuchado, y mira que he oído unos cuantos. El recogimiento y la expectación que precisa cierto momento de la procesión contrasta con el desenfado de un grupo de mujeres y su local de alterne. Como podéis imaginar, el choque entre beat@s, meretrices y la madame está asegurado. Claro que no hay nada que no se pueda solucionar con un buen desembolso a la cofradía y una promesa al Cristo de las melenas al viento.



Jueves Santo es uno de los días claves de la Semana Santa. Una jornada de meditación y dolor para l@s creyentes. El mismo que siente un enfermo terminal en su fría habitación de hospital. Las reflexiones de este paciente, plasmada con una inusitada crudeza por parte de Víctor, son el eje principal de este capítulo de la obra. Personalmente ha sido de los que más me ha impactado, dentro de la conmoción que todos me han provocado.



Con el Viernes Santo entramos en la recta final de las celebraciones. En estas no podían faltar los pensamientos de la imagen encargada de pasearse por las calles de Norvaquecus. Siguiendo la línea del día anterior, el autor se adentra en un mar de sensaciones por parte de la escultura de madera que pasan de lo ridículo a lo serio y profundo de manera natural y sincera. Una gran idea darle voz a uno de los verdaderos protagonistas de esta semana religiosa. Como no podía faltar, a la estrella de la noche se le une la interpretación de uno de los borrachos del lugar que, siguiendo el dicho popular, suelta alguna que otra vedad por su ebria boca hasta que es acallado por la autoridad correspondiente. Uno de los pasajes, a mi entender, más dinámicos del libro.



El Sábado de Gloria llegan a ese estado de felicidad una supuesta paloma milagrosa y un exboxeador drogadicto. Lo primera sobrevolará la procesión hasta dar por finalizado su viaje aéreo no si ciertas señales propias de cualquier ser vivo. El deportista será el centro de atención por su buen hacer con las saetas, canciones que no podían faltar en estos días, todo aliñado por la curiosidad morbosa de los asistentes por saber cómo ha podido salir del infierno de las adicciones; algo que no pasa por ser un milagro con sus propias teorías al respecto.



La celebración del Domingo de Resurrección es el momento que una mujer aprovecha para deshacerse de su amante mentiroso y manipulador como si de una mantis se tratara. También festejan el día dos amantes cuyo romance está basado en el engaño y la falsedad vividos de cara al público, aunque no pueden ocultar sus sentimientos en privado. En ambos casos la víctima es una mujer, una por ejecutora, la otra por confiada.



Con el Lunes de Pascua llegan las romerías, el desenfreno, el jolgorio y las anécdotas que todo esto crea. Eso es lo que evoca Víctor para cerrar su libro, una pequeña recopilación de vivencias propias de una jornada que sirve para decir adiós a una larga semana de actos religiosos que, gusten o no, tienen una personalidad y celebración tan única como singular.



Ya le di mi enhorabuena al autor por teléfono, ahora lo hago a través de estos párrafos. No soy creyente y, evidentemente, hace mil que no voy a una procesión; otra cosa es que me las tenga que tragar por vivir en la zona de la ciudad en la que vivo. Una vez aclarado esto, aconsejaría a cualquiera que leyera este “Morirme Para Esto”. En él Víctor aúna cada uno de los personajes, fieles o no a la realidad, que pululan estos días por las celebraciones de nuestro pueblos y ciudades. Todo, eso es lo más destacable, con un lenguaje cercano o sofisticado y una actitud respetuosa o atrevida según exija el momento.