jueves, 25 de abril de 2019

Víctor M. Jiménez Andrada: "Morirme Para Esto"







Últimamente este blog se está llenando de artículos relacionados con autores/as extremeñ@s o que tienen un vínculo especial con esta tierra. Algún@s enfocan su obra más a las viñetas y otr@s se dedican a la novela o a los relatos cortos. Todo esto es algo que me llena de satisfacción. Ahora bien, aprovecho esta oportunidad para deciros que hay por ahí cierto periodista de un rotativo de Zamora que ejerce su actividad dedicándose a hacer un corta – pega de alguno de estos artículos y difundiéndolos como si él mismo los hubiera escrito. Toda una lección de profesionalidad, sin duda, porque si hace esto con este blog dad por hecho que lo hace con otros más. Así que no me queda otra que felicitarle por estar chupando del bote colgándose medallitas. Muchos de los artículos del blog que estáis leyendo en estos instantes aparecen en otras webs y publicaciones. Es algo que nunca me ha importado, es más, jamás me he negado a ello. Otra cosa es que utilicen dichas publicaciones para decir que son suyas sin ni siquiera haberte avisado, no digo ya pedirte permiso. Pues nada, que sepas que te hemos pillado; que sí, que de esto no se va a enterar nadie, o sí. Esta gentuza son las que tiran por los suelos una profesión tan apasionante, necesaria y peligrosa como es el periodismo. Una vez que me he desahogado, paso a hablaros del libro de mi amigo, editor y compañero de fatigas literarias Víctor M. Jiménez Andrada titulado: “Morirme Para Esto”.




Víctor es un escritor cacereño con una extensa lista de publicaciones en revistas y antologías literarias. Después de que viera la luz su libro de cuentos “Comidas Para Llevar” se adentra en la aventura de crear la Asociación Cultural Letras Cascabeleras dedicándose a coordinar la edición de obras por parte de esta. Con “Versos Del Insomnio” accede a una beca de la Creación Literaria de la Junta de Extremadura. A esto le sigue el poemario “Circo” con el que gana el XVI Premio de Poesía “García de la Huerta”. Más adelante, ya con Letras Cascabeleras, ve la luz “Encélado” y el poemario “El Último Diente De Leche”. Continúa publicando “El Opúsculo Del Caminante” y “Vaya Mierda”. Si queréis saber algo más sobre él, solo tenéis que daros una vuelta por su blog www.papirowebxia.com. Os aseguro un rato de lo más divertido.



Este libro está prologado por otro gran compañero de andanzas literarias, el escritor Vicente Rodríguez Lázaro. Sus palabras os adentrarán en todo lo que os vais a encontrar en los relatos de Víctor. Una introducción necesaria y brillante, como todo lo que hace Vicente. “Morirme Para Esto” es un compendio de pasajes que ocurren durante la Semana Santa celebrada en un lugar imaginario, Novaquercus, que se asemeja perfectamente a cualquiera en el que resida l@s lectores/as de la obra. El autor utiliza como hilo conductor los días que conforma dicha semana de celebración. Cada uno de esos días están protagonizados por un variopinto y exclusivo elenco de personajes que te recordarán, de alguna forma, a alguien conocido o por conocer.



Como toda Semana Santa que se precie, partimos del Viernes de Dolores. Aquí nos encontramos con el choque de intereses por parte de un hijo y su padre ante una tradición familiar. El primero ha llegado a una edad en la que empieza a ser consciente de que debe tomar sus propias decisiones asumiendo el resultado de las mismas. El segundo tiene por objetivo alcanzar un estatus dentro de la cofradía que lleva persiguiendo desde ni se sabe. El chaval accederá a los deseos de su progenitor; no sin ir dándole vueltas a su decisión. Todo acabará en un final caótico para algunos y liberador para el otro.



Durante el Sábado de Pasión salen a relucir la hipocresía y el cinismo de un grupo de cofrades que dedican más dinero y apoyo a sus imágenes, comilonas y encuentros “fraternales” que a las necesidades de las personas. Tod@s ell@s rechazarán la petición de limosna de una vieja gitana; algo que terminará con el cumplimiento del presagio de la anciana.



La semana llega a uno de sus puntos clave con el Domingo de Ramos. Durante la celebración de una de las procesiones más festivas de Norvaquercus, uno de sus ciudadanos más aclamado y rechazado, a partes iguales, consigue desfilar cumpliendo su sueño de formar parte de la banda de música del acto religioso. Por circunstancias que vosotr@s debéis descubrir, el muchacho echará por tierra su codiciada aspiración siendo expulsado de por vida de dicha banda. Para mí ha sido inevitable ver en este texto reflejado a un cacereño que murió hace unos años que siempre que me veía me saludaba y me decía: “A ver cuándo me consigues un concierto”; añadiendo después su peculiar sonrisa unida a los chasquidos que solía hacer con su boca. Era de esas personas que, al igual que el protagonista de este Domingo de Ramos, no hacía daño a nadie y su amor por la música, siempre visto desde su perspectiva, era algo de admirar.



El Lunes Santo es el pistoletazo de salida de una semana donde las procesiones se suceden mañana, tarde y noche. En una de ellas hay un toca huevos que, como su nombre indica, anda jodiendo la marrana porque todo, según él, está mal hecho, peor pensado y fatalmente llevado a cabo. A nadie le apetece escucharle, mucho menos hacerle caso, pero, como buena mosca cojonera que es, no les queda otra que aguantarle por formar parte de ese entresijo que es cualquiera de las cofradías que existen. Por supuesto, las invitaciones para que abandone dicha hermandad le entran por un oído y le salen por el otro. ¿Qué es lo que realmente oculta este cofrade cascarrabias? No dudéis en averiguarlo, merece la pena.



El Martes Santo es el día que aprovecha la cofradía de turno para solicitar la libertad de un reo. Práctica que, verdadera o no, se lleva a cabo en muchas ciudades del Estado. Como pasa en alguno de estos casos, el preso en cuestión no la ha visto más gorda en su vida. Sin tenerlas todas consigo sobre si lo que le han prometido amarrará en buen puerto, él se adelanta a los acontecimientos y busca su propio fin. Otra cosa es si este final es una recompensa real o una fugaz aventura.



Llega el Miércoles Santo con el espectáculo del “Cristo De Las Greñas”. El nombre es de lo mejorcito que he escuchado, y mira que he oído unos cuantos. El recogimiento y la expectación que precisa cierto momento de la procesión contrasta con el desenfado de un grupo de mujeres y su local de alterne. Como podéis imaginar, el choque entre beat@s, meretrices y la madame está asegurado. Claro que no hay nada que no se pueda solucionar con un buen desembolso a la cofradía y una promesa al Cristo de las melenas al viento.



Jueves Santo es uno de los días claves de la Semana Santa. Una jornada de meditación y dolor para l@s creyentes. El mismo que siente un enfermo terminal en su fría habitación de hospital. Las reflexiones de este paciente, plasmada con una inusitada crudeza por parte de Víctor, son el eje principal de este capítulo de la obra. Personalmente ha sido de los que más me ha impactado, dentro de la conmoción que todos me han provocado.



Con el Viernes Santo entramos en la recta final de las celebraciones. En estas no podían faltar los pensamientos de la imagen encargada de pasearse por las calles de Norvaquecus. Siguiendo la línea del día anterior, el autor se adentra en un mar de sensaciones por parte de la escultura de madera que pasan de lo ridículo a lo serio y profundo de manera natural y sincera. Una gran idea darle voz a uno de los verdaderos protagonistas de esta semana religiosa. Como no podía faltar, a la estrella de la noche se le une la interpretación de uno de los borrachos del lugar que, siguiendo el dicho popular, suelta alguna que otra vedad por su ebria boca hasta que es acallado por la autoridad correspondiente. Uno de los pasajes, a mi entender, más dinámicos del libro.



El Sábado de Gloria llegan a ese estado de felicidad una supuesta paloma milagrosa y un exboxeador drogadicto. Lo primera sobrevolará la procesión hasta dar por finalizado su viaje aéreo no si ciertas señales propias de cualquier ser vivo. El deportista será el centro de atención por su buen hacer con las saetas, canciones que no podían faltar en estos días, todo aliñado por la curiosidad morbosa de los asistentes por saber cómo ha podido salir del infierno de las adicciones; algo que no pasa por ser un milagro con sus propias teorías al respecto.



La celebración del Domingo de Resurrección es el momento que una mujer aprovecha para deshacerse de su amante mentiroso y manipulador como si de una mantis se tratara. También festejan el día dos amantes cuyo romance está basado en el engaño y la falsedad vividos de cara al público, aunque no pueden ocultar sus sentimientos en privado. En ambos casos la víctima es una mujer, una por ejecutora, la otra por confiada.



Con el Lunes de Pascua llegan las romerías, el desenfreno, el jolgorio y las anécdotas que todo esto crea. Eso es lo que evoca Víctor para cerrar su libro, una pequeña recopilación de vivencias propias de una jornada que sirve para decir adiós a una larga semana de actos religiosos que, gusten o no, tienen una personalidad y celebración tan única como singular.



Ya le di mi enhorabuena al autor por teléfono, ahora lo hago a través de estos párrafos. No soy creyente y, evidentemente, hace mil que no voy a una procesión; otra cosa es que me las tenga que tragar por vivir en la zona de la ciudad en la que vivo. Una vez aclarado esto, aconsejaría a cualquiera que leyera este “Morirme Para Esto”. En él Víctor aúna cada uno de los personajes, fieles o no a la realidad, que pululan estos días por las celebraciones de nuestro pueblos y ciudades. Todo, eso es lo más destacable, con un lenguaje cercano o sofisticado y una actitud respetuosa o atrevida según exija el momento.   





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