martes, 23 de enero de 2024

Tahúres Zurdos Madrid 2024

 





Tahúres Zurdos volvió a pasar por Madrid en una nueva gira que lleva por título «Redención», al igual que uno de los nuevos temas que han sacado o, más bien, recuperado. Antes de empezar esta crónica resaltaré el buen estado de forma de l@s navarr@s. Esto, unido a la siempre conexión que crea Aurora con el público, da lugar a un show tan personal como único. Sí que es verdad que no esperes poder ponerte a saltar y brincar porque, sin llegar a ser íntimo, esto va de otro rollo.






Con poco menos de media hora de retraso, debido a que las puertas se abrieron con el tiempo pegado al culo, salieron los cuatro componentes de la banda ante una sala repleta de un público entregado desde que dieron comienzo con Myss Hyde, que rápidamente engancharon con uno de sus temas estrella, Lujuria. Todo un inicio que consiguió arrancar las primeras sonrisas y los primeros acompañamientos por parte de l@s presentes. Con Él Lo Predijo la cantante y guitarra se dirigió a nosotr@s por primera vez, algo que seguiría ocurriendo para expresar tanto lo bien que se sentía con la vuelta del grupo como con ver la sala en ese estado. Para presentar Mis Hijos Me Espían nos contó de dónde salió la idea de este tema, algo realmente curioso de conocer. Princesa Hada es el nuevo single que han usado de excusa, por decirlo de alguna manera, para esta gira. Un tema muy en la honda de lo que nos tienen acostumbrados al que hay que darle un poco más de recorrido para que nos quedemos bien con él.





Una vez pasado los trámites de este comienzo, fueron cayendo clásicos que consiguieron lo que realmente íbamos a buscar, pasar una gran noche disfrutando de un grupo que se merece mucho más de lo que realmente consiguió en su momento, pero ese es un asunto sobre el que podríamos estar hablando durante horas. Fueron sumando El Manual, Arde Europa, con ese ritmo tan bailongo que tiene, Azul, con la cual, como os podéis imaginar, el escenario se tiño con focos de igual tonalidad, o Nieve Negra, una de mis canciones preferidas de su repertorio y la ya nombrada Redención.








Aurora tuvo su momento acústico con el que ya se hizo definitivamente con el público con Horas o Afiladas Palabras. A la vuelta de los demás componentes del combo navarro, y como era previsible, dieron comienzo a una lista de temas que acabó por caldear totalmente la sala, Las Botas fue la antesala de La Tormenta, que dio paso a Que Entre La luz, dedicada al productor británico Nigel Walker, presente entre el público. El tramo siguiente fue de lo más esperado, pues la triada Chicas Fuertes, La Noche Es y Tocaré no dejan de ser tres de sus temas más conocidos. Así fue como se despidieron por primera vez.






La vuelta arrancó con un pequeño solo de batería de su nuevo fichaje, el joven Daniel Lizarraga, antes de que empezaran a sonar los acordes de La Caza como arranque de lo que sería el tramo final del show. El Chico De La Mirada Asustadiza fue festejada por todo lo alto. Pero si hubo un momento totalmente loco fue con Planeta Ruido, es que hasta se formó un pequeño pogo para sorpresa de tod@s, así estaba la gente de entregada en ese instante. Evidentemente, no podía dejarse en el tintero otro de sus grandes clásicos, Una Noche De Amor. Con Fiesta, versión de Serrat, pusieron el broche final a un concierto del que todo Dios salió comentando lo que había disfrutado y las ganas de volver a ver a Aurora y compañía las veces que haga falta.






Me alegro mucho de comprobar la fuerza y la energía del grupo, de la gran aportación que hace Daniel como sangre nueva a las baquetas y de la sencillez y entrega de Aurora que, a pesar de estar delante de una cantidad considerable de gente, se siente como en casa y así lo demuestra cada vez que agradece esto o aquello, presenta un tema o reivindica todo lo que tenga que reivindicar, que son muchas y variadas cosas. Como bien dijo, parece mentira que ciertas canciones escritas hace décadas sigan de actualidad.

 



martes, 2 de enero de 2024

Texto Mandrílico Enero 2024

 

LA SIRENA

 

Decibelios, sudor, focos, veinte mil personas cantando tus temas, solos de guitarra, contundentes líneas de bajo, pantallas, el Hammond explotando tecla a tecla, cables, la batería machacando tímpanos, tu voz dejando boquiabierto al público, vatios, una rampa dividiendo el estadio en dos, gente coreando el nombre de tu banda entre canción y canción, sold out en festivales, salas y pabellones, un saxo elevando notas hasta la estratosfera, walls of death y moshpit. Retumba la sirena de la fábrica, vuelta al trabajo.


miércoles, 13 de diciembre de 2023

Antonio Altarriba - Sergio García - Lola Moral: "El Cielo En La Cabeza"

 





La producción de cómics en este Estado continúa a un gran nivel. Así lo demuestra El cielo en la cabeza, con guion de Antonio Altarriba, dibujos de Sergio García y color a cargo de Lola Moral. Supongo que para much@s no deja de ser una obra más acerca de la tragedia de la inmigración, razón por la que no le prestará demasiada atención y argumento que me saca de quicio por no hacerlo. La frialdad con la que se normaliza ciertos asuntos, ya sea la memoria histórica, la violencia machista o el plasmado en estas páginas, entre otros, es consecuencia directa de la indiferencia hacia el otro tan asentada en esta sociedad que presume de defender los derechos de tod@s. Unos medios de comunicación que pasan de puntillas por estos temas, cuando no se valen de ellos de manera amarillista o para promover el odio, sirven de caldo de cultivo para dicha manera de actuar. Y como guinda del pastel, ese sentimiento palpable dentro de esa supuesta jerarquía de la pobreza que lleva a pobres a rechazar a otr@s pobres para sentirse engañosamente menos pobres. Tampoco hay que caer en lo facilón de: «To´l mundo es bueno». Este cómic tira dicha teoría por tierra sin ni siquiera pisar Europa, pero los prejuicios convertidos es eslóganes tienen mucho, pero que mucho peligro.




Se me hace un poco raro hablar a estas alturas de alguien como Antonio Altarriba. Lo digo porque este zaragozano, hijo «de un anarquista y una monja», es uno de los guionistas más reconocido dentro del mundo de las viñetas del Estado. Labor que le llevó a recibir el Premio Nacional de Cómic en el 2009 por El arte de volar, junto a Kim. Novelista, ensayista y catedrático de literatura francesa en la Universidad del País Vasco, tiene en su haber obras tan destacadas como Yo, asesino o De vuelta, Desfase y El paso del tiempo, las tres últimas con Luis Royo, por nombrar algunas. En el cómic que nos concierne hace una magnífica labor, pero de eso hablaremos en los párrafos siguientes.




Si el guion de Altarriba es excelente, a mi parecer, lo que realmente destaca en estas páginas son los dibujos y el color de Sergio García y Lola Moral, respectivamente. Una distribución de viñetas que puede resultar caótica por momentos, en otros parecen cabalgar dentro del papel y en algunos las formas estiradas de los personajes piden a gritos salir del mismo, moldean la esencia misma de la trama. Salvando las distancias, sobre todo porque el autor italiano dibujaba casi siempre en blanco y negro, he percibido ese descontrol y desconcierto que tanto reflejaba Sergio Toppi en sus cómics. Páginas con dibujos gigantes rodeados de escenas y personajes a los que les da vida el trabajo de Lola con unos colores y unos fondos verdaderamente exquisitos. Este granadino antiguo colaborador de la revista Viñetas, de la que tengo algunos números por casa, fue premiado en el Festival de Illzach por su obra Utopía, a la que hay que sumar Cómo hacer un cómic, con el guionista francés Lewis Trondheim, Anatomía de una historieta, Historia de una página o Cuerpos del delito, también con Atarriba. En cuanto a Lola Moral, hablamos de una cordobesa que comparte vida y cabeza con Sergio García. Amante de los burros, las plantas y el olor a tierra mojada, estudió Bellas Artes en Granada, especializándose en Restauración de obras de Arte. Entre l@s dos tienen publicados Los 3 caminos, Dexter London y Mono&Lobo, a lo que hay que sumar su labor como guionista y colorista gráfica para las editoriales Toon Books, Dupuis, Actes Sud, Ediciones Santillana y Dibbuks. Repito, y no será la última vez que lo haga a lo largo de este artículo, el trabajo de est@s dos andaluces es algo que me ha cautivado desde el primer minuto.





Todo lo que Altarriba refleja en el guion de este cómic es conocido, en mayor o menor medida, por cualquiera de los residentes en eso que tan engreídamente se da por llamar «primer mundo». Y si no le es conocido es porque hace oídos sordos o vive en ese estado de confort basado en la consigna de la indolencia o ambas cosas. Dicho esto, pasamos a hablar de los entresijos, no de todos, evidentemente, de esta obra. Nivek es uno de l@s cientos de niñ@s que extraen coltán en las minas del Congo. Después de sobrevivir a un derrumbamiento de tierra gracias a su amigo Joseph, asesina a uno de los vigilantes de la mina. Con este acto, que podría haberle acarreado la muerte, termina convirtiéndose en un kadogo, o lo que es lo mismo, un niño soldado. Después de superar el ritual de iniciación, se ve obligado a matar a toda su familia como demostración de ser un buen soldado. Concluido el periodo de entrenamiento, el cual ha compartido con Joseph como cocinero del clan, entra en combate con la idea de expulsar al grupo rival para que el suyo se haga con el control de las minas de este. Después de la visita de los grandes magnates del gobierno, un representante del gobierno chino y alguno de las multinacionales occidentales del sector, los dos niños deciden escapar en busca del doctor «Coseculos». Pero la estancia en las instalaciones de este médico se le hace tediosa y sin ningún tipo de futuro, por lo cual deciden volver a escapar con el objetivo de alcanzar Europa.




El primer escollo que deben afrontar en este periplo consiste en atravesar la selva, donde Joseph pondrá de manifiesto sus conocimientos a la hora de sobrevivir en ella. Aquí conocerán a l@s Baka, que los acogerán a la sombra de su legendaria hospitalidad. En esta parte del cómic hay algunas de las páginas más impresionantes del trabajo de Sergio y Lola. Aprenderán a usar la cerbatana y tendrán que demostrar su valía como guerreros en la caza de un elefante. Antes de continuar su camino mediarán en una disputa amorosa en la que las nociones culinarias de Joseph tendrán mucho que ver con el resultado. El final de su andadura por la selva trae consigo la soledad de Nivek tras la pérdida de su querido amigo.




En estas condiciones, el niño kadogo se adentra en otro de los grandes paisajes africanos, la sabana, donde se topará con un hechicero que lo convertirá en su ayudante antes de su visita a Babungo, con la intención de prestar sus servicios a su rey que se encuentra gravemente enfermo. Conoceremos las costumbres de la gente que habita en este sitio, así como las intrigas palaciegas por conseguir el poder ante la inminente muerte del monarca. Viendo el resultado de tales disputas y el de las atenciones del hechicero, maestro y ayudante se ven obligados a abandonar el lugar. De este modo, caminarán juntos hasta la frontera con el desierto, donde ambos se despedirán para siempre.




A partir de este momento los sucesos transcurren con rapidez, tanto en la vida de Nivek como en las páginas del cómic. Casi a punto de ser tragado por la arena es rescatado gracias a la intervención Aisha, mujer esencial en toda la trama, una integrante de una caravana de inmigrantes cuyo fin es el mismo que el del joven congoleño. El guía de dicha caravana resulta ser un traficante de personas que acabará vendiéndol@s a tod@s a otros traficantes cuyo propósito es ponerles precio en uno de los tantos mercados de esclavos de Libia. Libia, ese país que occidente presumio de haber librado de las garras de un dictador y que, una vez «liberado» se ha convertido en uno de los lugares más caóticos y crueles del planeta, sobre todo para l@s inmigrantes que se ven obligad@s a atravesar su extenso territorio antes de alcanzar, si lo consiguen, las costas del Mediterráneo. Aisha, como suele pasar en estos casos, es vendida a las mafias de la prostitución mientras que Nivek, gracias a su carácter y convencimiento de ser un guerrero, acabará luchando en batallas a vida o muerte con otros inmigrantes entrenados para este tipo de peleas. Después de robar la recaudación de las apuestas, y en compañía de otro luchador, el muchacho corre al encuentro de Aisha. Con ella conocerá el sexo y el amor y tomará como suyo el niño que esta lleva en sus entrañas fruto de cientos de violaciones. L@s dos, junto a alguno de sus antiguos compañeros de fatigas durante el periplo del desierto, alcanzan la ansiada orilla del Mediterráneo, no sin antes verse obligad@s a sufrir el chantaje y las condiciones infrahumanas de aquellos que le han prometido sus servicios para alcanzar el viejo continente.




El Mediterráneo, ese mar que ha visto nacer y morir a tantas y reconocidas civilizaciones, será el encargado de separar los destinos de Aisha y Nivek. Ella entrará a formar parte de ese grupo de almas y cuerpos que reposan en sus profundidades como parte del olvido, y él alcanzará España, con la ayuda de otro inmigrante, después de ser rescatado por un barco. Como era de esperar, nada se desarrolla según lo previsto en los sueños del joven. Una mala adaptación a su nuevo «trabajo» unida a una nueva demostración de su espíritu guerrero le proporcionará un final con el que nunca contó.




Hasta aquí mi artículo sobre El cielo en la cabeza. Un argumento tejido a base de solidaridad, crueldad, desprecio, amor, esclavitud y amistad se fusiona con un gran trabajo de dibujo y color para dar lugar a uno de los cómics que más me ha impresionado y gustado del 2023. Mi más sincera enhorabuena a l@s tres. Obras como estas siguen siendo más que necesarias en un mundo tan poco compasivo como el nuestro.

 


 


martes, 5 de diciembre de 2023

Texto Mandrílico Diciembre 2023

 

EL CASTILLO DE BASURA


Tengo y he tenido un sinfín de objetos que me ha proporcionado la basura, desde juguetes hasta ropa. Hay un par de prendas que sigo usando, aunque he de reconocer que una de ellas solo la utilizo para trabajar, pero la otra forma parte de mi indumentaria como uno de los mayores tesoros que guardo en mi cómoda. De pequeño íbamos por todos los rincones del pueblo en busca de cajas de cerillas con la intención de arrancarle las carátulas, nosotros las llamábamos «santos», para coleccionarlas y jugar con ellas al catre, un juego de bolindres que solo he conocido en mi lugar natal. De paso, nos hacíamos con este bote de no sé qué, con aquella lata que nos serviría de zanco para cruzar el arroyo los días de lluvia, con un trozo de hierro que afilaríamos para jugar a la picota o con el sobresalto que siempre me han dado las ratas al cruzarse conmigo.

Más tarde, los rincones desaparecieron y con ellos esos montones de desperdicios que acabarían en el nuevo basurero creado a las afueras del pueblo, justo en frente del cementerio, algo que siempre me dio qué pensar. La cuestión es que seguimos yendo a rebuscar entre esas montañas de despojos creyendo que íbamos a dar siempre con un nuevo tesoro. Y he de reconocer que no estoy seguro de que fueran tesoros, pero sí que eran cosas que jamás habíamos visto.

Los días que el aburrimiento o la falta de hallazgos interesantes se apoderaba de nuestras búsquedas nos dedicábamos a reunir todo tipo de medicamentos, ya fueran pastillas, jarabes, tarros de esto o cremas para aquello, y lo mezclábamos todo en la lata más grande que nos pudiera ofrecer el entramado de desechos, morralla y desperdicios. Nuestra finalidad era siempre la misma, que aquello echase humo como el que veíamos salir de los laboratorios en las películas de médicos locos o, mejor aún, que la mezcla química hiciera saltar la lata lo más alto posible. Sin tener ni idea del periodo de reacción, podíamos estar mezclando esto con eso durante el tiempo que entendiésemos oportuno. Luego nos parapetábamos a la espera de la explosión o de la humareda o de las dos cosas y… Nunca pasó nada. Volvíamos frustrados y acusándonos los unos a los otros de no o sí haber echado esto o aquello en la dichosa lata. Pasados unos años descubrimos que nuestra intención se podía hacer realidad con algo que teníamos más a mano y de manera más simple. Tan solo teníamos que mezclar papel de aluminio con agua fuerte en una botella de plástico, cerrarla y esperar a que hiciese reacción. Y menuda reacción, explosión y humareda todo en uno.

La vida siguió adelante en tanto que avanzaba el tiempo. Dejamos de visitar el basurero porque aparecieron otras porquerías. La peor de todas llegó en forma de polvo cabalgando por las venas que se llevó a muchos con los que compartí visitas al vertedero. Nunca fuimos hijos de nobles ni de ricos, tampoco vivíamos en mansiones o cortijos, pero puedo afirmar con rotundidad que durante años fuimos los dueños y señores de un gran castillo de basura.


lunes, 6 de noviembre de 2023

Kike Babas & Kike Turrón: "Rosendo, Quiero Que Sueñes Conmigo"

 




Este es el segundo libro que leo de los Kikes. El primero fue el de Leño, del que también tenéis un artículo en este humilde blog, y ahora ha tocado el de Rosendo. Si bien a Leño nunca conseguí verlos, por dejadez, sobre todo, Rosendo es de esos artistas o bandas que perdí hace tiempo la cuenta de las veces que he visto en directo. Puedo hablar de la primera, en un festival en Guareña presentando el «Fuera de lugar» junto a los emeritenses Bucéfalo, de la última, en el Extremúsika, cuando era un festival de otras características, y de alguna más, en Madroñera, Villanueva de la Serena o Las Ventas, por ejemplo. Es verdad que, al igual que con otros músicos o formaciones, he tenido mis acercamientos y distanciamientos con respecto a este disco o el otro de los del de Carabanchel, pero también reconozco que siempre que he tenido la oportunidad de verle sobre las tablas no me lo he pensado dos veces.




Entrando de lleno en este libro, empezaré destacando la calidad de la encuadernación, así como de la mayoría de las fotos. Los Kikes, Babas y Turrón, han vuelto a ofrecernos una obra de muy alto nivel. Estas páginas están divididas en cuatro prólogos, de Moncho Alpuente, Nacho Novo, Josele Santiago y Kutxi Romero, respectivamente, seis capítulos y dos prólogos pertenecientes a cada uno de los autores. Pero si hay algo que destacaría de este libro es que habla. Lo digo basándome en el formato que se ha utilizado, que no es otro que el de la entrevista. De este modo, parece que tuvieras enfrente al mismísimo Rosendo contándote esto o aquello, algo que lo hace super ameno y fácil de leer.




En el primer capítulo, «Un melenudo de Carabanchel», conoceremos los primeros pinitos del guitarrista en este o aquel grupo, como Fresa, o su paso por alguna orquesta; su entrada en Ñu y todas las peripecias y aventuras que vivió en sus filas; las bandas que le atraían, musicalmente hablando, en ese momento; lo que tuvo que pasar durante la dichosa mili y su salida de la banda de José Carlos Molina.




En el segundo, «Ahora mola el R&R», asistimos al nacimiento de Leño; a su primer concierto con esta formación como teloneros de Asfalto; a sus giras por las tierras toledanas; a las idas y venidas de Chiqui Mariscal; a su firma con Chapa Discos y a la toma de contacto con Teddy Bautista, personaje esencial en la historia del grupo y a sus primeras grabaciones junto al ya nuevo bajista Tony Urbano.




Avanzamos con un tercer capítulo titulado «Maneras de vivir», donde nos topamos con todo lo relativo a los bolos y ensayos de aquella época; se hace referencia a un bar llamado El Zappa, crucial en todo lo que se cuenta de esos tiempos; conoceremos la disparidad de bandas y solistas con los que compartieron escenarios; la publicación de «Más Madera» y todo lo que supuso como cambio de dirección musical, este sigue siendo mi disco preferido de Leño, así como las sesiones de fotos para el mismo; la llegada del disco en directo y la razón de haberlo grabado en ese momento; la relación del grupo con eso que se dio por llamar «La movida madrileña»; la edición de «Corre, Corre», con su cambio de productor y el viaje a Londres para grabarlo, y la famosa gira de «El Rock de una noche de verano» junto a Luz casal y Miguel Ríos como antesala de la separación del trío.




El cuarto capítulo, «¡Maldición, un corazón salvaje!», nos pone delante todo el proceso y los sinsabores vividos hasta grabar su primer disco en solitario. Aquí hago un inciso para aclarar que, siempre que se habla de algún disco suyo o de Leño, Rosendo hace un desglose de la temática, el proceso de composición y todo lo referente a los temas que dan forma a dichos discos. Aparecen las primeras colaboraciones, además de sus primeros pinitos como productor, labor con la que nunca se ha sentido satisfecho; los problemas con su antigua compañía, que se dedicaba a sacar este o aquel recopilatorio de Leño cada vez que él editaba un disco; un paso adelante con «Fuera de lugar» y todo lo que supuso la vida de carretera del mismo; la llegada de «…A las lombrices» con la entrada del que sería su bajista, Rafa J. Vegas, hasta el final de su carrera, y ese tono un poco más oscuro que le dio a este redondo. También llegamos a la época de «Jugar al gua», con su cambio de compañía al tiempo que se nos narra esta o aquella experiencia compartiendo tablas con una larga lista de intérpretes y bandas. Aparece el primer disco en vivo, «Directo», grabado en la sala Jácara, del que se nos dan muchos más detalles, antes de dar paso a «¡Deja que les diga que no!», primero con DRO, del que conoceremos la razón del título y la procedencia de la foto de la portada, entre otros asuntos. Llega el momento de «La tortuga» con su entrada en las listas de Cadena 100, la peña que colaboró en el disco, sus gustos musicales en esos años o su relación con la nueva hornada de bandas que estaban despuntando en esos instantes. Con «Para bien o para mal» dejan Madrid para grabar en Almería, lugar que sirve para enterarnos de ciertas anécdotas junto con las nuevas colaboraciones, el asunto de la portada o su marcha a Nueva York para masterizar este trabajo. Antes de alcanzar «Listos para la reconversión», nos topamos con unas declaraciones donde Rosendo se abre de par en par en ciertos temas sin ningún tipo de pudor. La edición del octavo álbum en estudio da paso a la vuelta al formato trío con la entrada de Mariano Montero como batería después de la grabación del mismo. Y con lo relativo al disco tributo al de Carabanchel se da carpetazo a este extenso capítulo.




El capítulo quinto, «Haciendo lo propio», se inicia con el disco de 1998 «A tientas y barrancas», donde se confirma la formación de trío y se nos habla de la aportación de este trabajo a su carrera y del estado anímico del guitarrista en esos instantes. La publicación del directo en la cárcel de Carabanchel fue un punto de inflexión en su recorrido musical y aquí nos vamos a enterar de muchas de las dificultades y satisfacciones que supuso grabar este disco en un sitio tan particular, por decirlo de alguna forma. Avanzamos con lo que significó que le pusieran su nombre a una calle de Leganés hasta toparnos con «Canciones para normales y mero dementes», uno de mis preferidos, en el que empieza a trabajar con su hijo y por el cual le hacen un reportaje en «El país de las tentaciones». Se nos relata su paso por el disco homenaje a Aute, su participación en el disco del 25 aniversario de la revista El Jueves o sus portadas en la revista musical «Todas las novedades». De esta manera alcanzamos la puesta en el mercado de «Veo, veo… Mamoneo!!», con su paso por un estudio francés; el fichaje definitivo de Eugenio Muñoz como técnico de sonido, mánager y productor y el hecho de volver a conseguir el disco de oro con este trabajo. Su siguiente trabajo, «Lo malo es ni darse cuenta», es ya de 2005 y hace hincapié en la crítica social y un repaso a sus canciones favoritas de este redondo. Este tramo se cierra con todo lo referente a la salido del disco de Leño «Vivo ´83» y la entrega de la Medalla de Oro de las Bellas Artes por parte del monarca del momento.




El sexto y último capítulo, «De la mano de la verdad vencida», comienza su andadura con la publicación de uno de los trabajos más raros del de Carabanchel, «El endémico embustero y el incauto pertinaz», donde reconoce que se le fue un poco la olla, además de hablar del formato en el que se editó. La gira junto a Aurora Beltrán y Barricada que se dio por llamar «Otra noche sin dormir», en mi memoria siempre estará ese pedazo de concierto que vi en Las Ventas, se une al disco tributo a Leño, «Bajo la corteza», para dar paso a todo lo referente del siguiente disco, «A veces cuesta llegar al estribillo». Aquí vuelve a colaborar con su hijo y viaja a Londres para dar un concierto ante un público esencialmente español, aparte de grabar un vídeo de su paso por el Palau de la Música de Barcelona. Y así llegamos a otro de mis discos preferidos de su extensa carrera, «Vergüenza torera», donde disfraza su voz con algún efecto en su estudio de Burgos y de cuya gira saldrá la grabación de un nuevo directo en Las Ventas con un montón de invitados.  Antes de alcanzar su último trabajo en estudio, «De escalde y trinchera», Rosendo nos habla de su experiencia por Australia. También sabremos su opinión acerca de hacerle una estatua en Carabanchel y el significado de algunos temas que forman este disco. Y así, página tras página, álbum tras álbum, alcanzamos todo lo que supuso su última gira que llevó por nombre «Mi tiempo señorías…», las razones de dicha despedida y un montón de cosas que merece mucho la pena conocer, además de sus contadas apariciones después encima de un escenario.



Como ya indiqué, el libro se cierra con dos epílogos, uno por Kike. Si tuviera que quedarme con una o varias cosas de esta obra volvería a destacar la cercanía de su protagonista, la sinceridad con la que habla y lo agradable que es siempre saber ciertos asuntos de uno de mis músicos preferidos de siempre del panorama estatal. Él dice que no va a seguir dando conciertos, pero que, puede, que siga grabando discos. Sea como fuere, Rosendo, gracias por todo. Y si Leño es pa siempre, tú serás pal infinito y más allá.