lunes, 29 de octubre de 2018

La Mendinga Y Suevicha En La Sala Barroco







Lo ocurrido el sábado pasado en la sala Barroco de Cáceres es de esas cosas que se puede definir como agridulces sin reparo alguno. Esta ciudad sigue pecando de lo mismo, esto no es otra cosa que tener varios actos culturales en la misma fecha. El Irish Fleadh, Alas Blancas, banda tributo a Triana y La Mendinga, junto a las madrileñas Suevicha, era lo que coincidía y lo que te ponía en la tesitura de tener que elegir. Yo me decanté por el último concierto de los mencionados. Lo hice, en primer lugar, porque hasta ahora no había visto un show íntegro de La Mendinga, porque una parte del grupo Alas Blancas ya la había visto el año pasado en Moraleja en el festival tributo a Triana y porque no me apetecía pasar frío en Santa María durante los conciertos del festival. Os puedo asegurar que no me arrepiento de la decisión que tomé.





Suevicha son un grupo procedente de Madrid formado por cuatro chicas que practican un Desert Rock con toques de Garage bastante cañero. Dieron un concierto no muy largo, pero sí intenso. La verdad es que no tuvieron muy bien sonido hasta ya bien avanzada su actuación. Algo pasaba con la guitarra de Albita Les Paul que se acoplaba de vez en cuando y hacía que el grupo no sonase todo lo bien que debería. Salvando este incidente, hay que reconocer que pusieron mucha garra y ganas en todo momento. Susie Vicha tiene un torrente de voz espectacular y sabe cómo meterse al público en el bolsillo a la primera de cambio. Ella, junto con la batería Ruth Calypso Moya, fueron, a mi parecer, las más destacables de su show que tuvo como base de ejecución su primer trabajo discográfico, “Burning Tales”. Dieron un buen repaso a este disco del que se dejaron caer “The Wall”, “Screaming Loud”, “Don´t Tell”, además de la que da nombre al redondo. Añadieron algún tema más como “I Don´t Care” para dar color a su repertorio. Cuando nos quisimos dar cuenta, y cuando mejor estaban, se despidieron con Susie totalmente entregada e interactuando con l@s presentes. Me gustó su concierto, sería interesante verlas en uno suyo al completo. Suerte y a seguir con esos sonidos calurosos.





Como dije antes, esta ha sido la primera vez que he asistido a un show de La Mendinga y salí con una muy buena impresión en todos los sentidos. Por razones de horario, de eso y otros asuntos hablaré un poco más adelante, su concierto fue más corto de lo deseado, pero desde el primer instante se vio que aquello había cambiado bastante con respecto al concierto de las madrileñas. Sí que es verdad que en los primeros cortes la voz de Maribel no se distinguía con claridad ante el muro sonoro que tenía a sus espaldas. Una vez solventado el problema, todo empezó a sonar como un cañón. Está claro que la calidad musical de sus componentes es bastante buena. Pachi sigue siendo una máquina aporreando la batería, impresionante verle, en serio. De Manu ya he dicho mil veces el poderío que tiene cuando he hecho alguna crónica de sus conciertos con La Ira así que no voy a descubrir nada nuevo que no sepáis. Laura es una grandísima bajista que, como tal, parece aislada en su borde del escenario como la que no quiere la cosa, pero sabe perfectamente cuál es su labor y la desarrolla de manera sobresaliente. Maribel tiene un torrente de voz y un gancho con el público propio de cualquier buen cantante que se precie. En cuanto a Cristina he de decir que fue la que más me sorprendió de tod@s. Y lo hizo para bien, hacía mucho tiempo que no veía tocar a alguien la guitarra con tanto desparpajo, actitud y saber estar. Los solos que se marca junto a Manu son realmente memorables y, junto con Maribel, es, sin duda alguna, la que más se mueve y conecta con el público. Desde ya me declaro fan suyo, todo un descubrimiento esta mujer a la que no habrá que perder de vista porque estoy seguro de que tiene mucho más que ofrecer de lo visto el sábado pasado. El concierto se basó en temas propios como “Jaque Mate Al Peón” o “Abuso” además de esa tremenda versión del “Chicas Fuertes” de Tahúres Zurdos que fue uno de los temas más cañeros de la noche y uno de los mejores momentos de su actuación. Prometo no dejar pasar tanto tiempo hasta la próxima vez que tenga la oportunidad de verl@s. Mi más sincera enhorabuena por todo.





Dejando atrás lo estrictamente musical, aunque todo tiene relación, quiero pasar a comentar algunos asuntos acontecidos antes y durante el show de estas dos bandas. Todo lo referente a la coincidencia de espectáculos está dicho en la cabecera de este artículo. Ahora bien, que te digan que el concierto tiene como hora de arranque las 22.00, que llegase allí con puntualidad y que los camareros estuviesen aún rellenando las cámaras dice mucho del interés que sigue mostrando el personal de la sala. Digo todo esto porque ellos cuando dan las 00.30 ya te están echando para que entre esa caterva de peña reguetonera y sonidos adyacentes que parece que son el público que realmente les interesa. Como consecuencia de la falta de puntualidad, y el “venga, cortad que ya hay gente en la puerta esperando para entrar”, el concierto de La Mendinga se vio bastante mermado. Que l@s que formábamos el público no superáramos las tres decenas de personas es otro de los asuntos a resaltar. Por un lado bien porque tuve la oportunidad de ver a los grupos con una tranquilidad y atención que una sala a reventar no me hubiera ofrecido, pero siempre es un poco triste tanta desolación. Es más, llegó un momento que dicho público estaba compuesto más por músicos que por l@s que no lo somos. En cuanto a la actitud de los camareros dejó que desear en algún que otro momento. Joder, que éramos cuatro gatos, ellos estaban tres en la barra y tardaban una vida en ponerte una cerveza y encima con cara de te perdono la vida. En fin, me quedo con lo bueno del sábado que acabó con unas cuantas de anécdotas, desapariciones y apariciones que darían para otro artículo.



lunes, 15 de octubre de 2018

Bruce Dickinson: "¿Para Qué Sirve Este Botón?". Una Biografía De Altos Vuelos








El concepto de biografía está muy bien explicado por Dickinson en el epílogo de la que tenemos entre manos. Quizá sea por eso por lo que al leerla eches de menos todo aquello que tu mente y cuerpo de fan de Maiden te pide constantemente. Ya te digo de antemano que aquí no lo vas a encontrar. Con esto quiero dejar claro que no es el típico repaso a la vida de una estrella del Rock lo que inunda estas páginas.




El libro está estructurado de tal manera que su lectura se hace bastante amena. Esto lo consigue a través de capítulos cortos y agradables que hacen que quieras seguir leyendo, aunque se te caigan los ojos al suelo. Por otra parte, tenemos dos tandas de fotos de los más impactante de Bruce y sus bandas. También hay que decir que para aquell@s que seguimos a Maiden desde hace mil años alguna nos resulta bastante familiar. Esto no le resta importancia al asunto, al revés, es un buen ingrediente dentro de la propia obra.




Me ha gustado mucho todo lo referente a la infancia, adolescencia y primera juventud de nuestro protagonista. La razón no es otra que la que el propio Dickinson repite una y otra vez a lo largo de estos párrafos: “Lo que pasa en la infancia no es por casualidad”. Está claro que esta es una época de nuestras vidas que nos marcará para siempre, ya sea desarrollando lo que hemos vivido o deshaciéndonos de lastres que nos hayan creado esas mismas vivencias. Todo lo relacionado con sus padres, abuelos y demás familiares está comprimido en una serie de capítulos que hacen que comprendas muchas de las cosas que encontrarás en los siguientes. Hasta la propia pasión por la esgrima o la aviación tiene su razón de ser a partir de sucesos que le ocurren a Bruce durante esta etapa.





Para l@s que buscan enredos y entrañas de la carrera musical de este extraordinario cantante, uno de mis preferidos, ya estaba tardando en decirlo, el curriculum de bandas por las que pasa desde sus años escolares y universitarios hasta llegar a ser el frontman de Maiden será, sin duda, lo más interesante. Lo digo porque una vez alcanzado el puesto antes referido, no ahonda mucho más en el tema salvando los sitios donde grabaron, alguna anécdota de la gira de tal o cual disco o las salidas y entradas de alguno de los componentes de Iron Maiden. Lo que deja claro es que él quería ser a toda costa una estrella del Rock. Comenzó intentándolo con la batería, pero sus propios compañeros le empujaron a ponerse delante de un micrófono por una mezcla de necesidad, el guitarra de turno cantaba como los búhos, y por confianza en que podría hacerlo bien. Aquí Bruce empieza a darse cuenta de lo difícil que es trabajar con un instrumento tan delicado como la voz. Comienza a tomar clases, a hacer ejercicios y a cortarse de todo aquello que pueda echar su garganta a perder. Así es cómo sorprende a Paul Samson y sus secuaces que le piden que sea su cantante, algo que Bruce acepta a la primera.




Esta época de Samson está reflejada con mucho realismo y sinceridad, algo inherente en toda la obra. La pasión de los componentes de la banda por el alcohol y ciertos estupefacientes, sumado a la poca destreza de alguno con su instrumento, como la del batería Thunderstick, los hace caer en un círculo de rutina y poco progreso. A pesar de ello llegarían a tocar en el famoso Festival de Reading, donde Dickinson tendrá su primera conversación con alguien tan esencial en la historia de Maiden como es Ron Smallwood. Para cuando acabó esa actuación, a pesar de que en las filas de Maiden aún estaba Paul Di´anno, él sabía que sería el próximo cantante de la banda británica. Como dije antes, a partir de aquí comenzará a contarnos, anécdotas sí, anécdotas no, todo lo que supuso la grabación de “The Number Of The Beast” y de todos los discos que vinieron después hasta que dejó la banda en 1993. Encontrarás las típicas rencillas entre él y Steve Harris por su posición tanto en el escenario como dentro de la banda, las razones de la salida de Clive Burr y la llegada de Nicko McBrain, todo lo que supuso tocar en el mítico Rock In Rio del 85, cartelazo que ya quisiéramos en muchos de los festivales actuales, el desgaste de las continuas giras, el hecho de tocar por primera vez en sitios como Polonia, su involucración en discos esenciales como “Powerslave” o “Seventh Son Of A Seventh Son” o el pasotismo compositivo en cuanto a otros como “Somewhere In Time”. Todo esto teniendo como válvula de escape la esgrima que practicará allá donde pare Maiden y toda su maquinaria. Está será, con seguridad, la parte del libro que más entusiasmará a los fans del grupo.




Con la salida de Adrian Smith, la grabación de su primer disco en solitario junto al que a la postre acabaría sustituyendo al propio Adrian, Janick Gers, y las tensiones acumuladas dentro de la banda, Bruce toma una decisión conocida por tod@s, dejar el grupo. De esta etapa en solitario resaltaría dos cosas que él mismo hace patente en el libro. Una, la necesidad compositiva de salir del círculo cerrado de Maiden que le llevará a descubrir nuevos sonidos que quedarán plasmados, con mejor o peor resultado, en sus obras en solitario y nuevos músicos que dejarían huella en su propia vida, tanto personal como musical, como el guitarrista Roy Z. La otra cosa a resaltar sería la visita de la banda a Sarajevo en pleno conflicto balcánico. Es increíble hasta dónde puede llegar la estupidez humana cuando se trata de la mayor de las estupideces que no es otra que una guerra.






El tiempo transcurre mientras nuestro cantante se va aficionando más y más a la aviación. Puede que este sea el tema más pesado del libro, sobre todo por esa cantidad de explicaciones acerca de modelos, paneles de control o exámenes a superar que hace a partir de aquí hasta el final del mismo. Para l@s que no tenemos ni idea del asunto puede ser bastante tedioso, pero está claro que para Bruce ha sido una de sus experiencias vitales y así es como lo cuenta. Mientras su carrera en solitario daba tumbos con resultados dispares, la de Maiden iba en picado con Blaze Bayley. Él es consciente de lo que ocurre y ya sospecha que va a ser llamado para volver a encabezar la banda que le dio renombre a nivel mundial. Entra en escena, como siempre, Ron Smallwood con el resultado que tod@s conocemos. Se graba uno de los mejores álbumes del grupo, “Brave New World”, y la banda cambia de forma con tres guitarras en sus filas. Aquí entraremos, de nuevo, en una serie de anécdotas y sensaciones vividas durante las grabaciones de los siguientes trabajos. Todo aliñado con lo referente a vuelos, escalas y compañías aeronáuticas.






Cuando está a punto de salir el que hasta la fecha es el último álbum de Maiden, “The Book Of Souls”, a Bruce le detectan cáncer de garganta y cabeza. Este es el capítulo más extenso de la obra. También es el más sincero y humano de la misma. El hablar sin tapujos, y no digo a nivel de colegueo, sino en una biografía que sabes que la va a leer miles de personas, sobre algo tan fuerte como esta enfermedad es algo admirable por parte del autor. Todo lo referente al sufrimiento, los hospitales, el tratamiento y la superación resulta impactante, sobre todo por la fuerza que te puede llegar a contagiar. Luego vuelta a cantar gira tras gira hasta nuestros días.





Bruce no solo nos habla de sus proyectos musicales, con el florete o al mando de uno u otro avión, también nos cuenta sus aproximaciones al mundo de la escritura, la radio, el cine, la cerveza o las series documentales. Tampoco deja atrás sus vivencias con tal o cual profesor/a durante su época universitaria o en la escuela primaria. Lo dicho, no busquéis aquí la típica biografía de enredos matrimoniales, ya sean de pareja o de grupo musical, las rencillas entre esta o aquella banda, solo se resalta la metedura de pata del autor con Metallica y poco más, ni una crítica exhaustiva de discos o actuaciones por parte de grupos con los que compartieron escenario durante todos estos años. Puede que esa sea la gracia de esta obra, que nos cuenta muchas de las cosas que no esperábamos que nos contase. Sea como sea, a mí, personalmente, me ha gustado bastante. También he de volver a reconocer mi pasión por Iron Maiden y Bruce Dickinson, pues uno y otro forman parte de la banda sonora de mi vida.




lunes, 8 de octubre de 2018

Textos Mandrílicos Octubre 2018





¡Caliente, Caliente!

Cuando el microondas cerró con un chasquido su boca de cristal, la taza de café estrenada sintió un bochorno mezclado con un fogonazo. Todo parecía normal hasta que aquel aparato comenzó a marearla mientras subía y subía la temperatura. La taza pensó que nunca más saldría de aquel agujero infernal. De pronto la luz se apagó, la quemazón remitió, sonó un pitido y la puerta se abrió. Un alivio recorrió todo su ser a la vez que humeaba de alegría. Luego sintió una mano que la alzaba y unos labios que le secaban las entrañas. La mano colocó la taza vacía al lado del microondas mientras este le susurraba amenazante: “¡No tardarás en volver!”.



Evolución Textil

Nació de la unión de fibra sintética, tinte e hilo. La bautizaron marcándola con una estampación igual a la de muchas de sus gemelas, distinta a cualquiera de sus otras hermanas. Vivió su infancia colgada en una percha acompañada de otras de su especie o familia. Pasó a ser propiedad de una chica deslumbrada por su forma, impresión y mensaje. Convivió con otras pertenencias de su dueña, llegando, incluso, a combinar perfectamente con varias de estas. Pegada a su piel, vivió infinitas aventuras conociendo otros tantos lugares. Fue perdiendo color, textura, forma, hasta acabar sus días en el cajón geriátrico del armario. Ahora tiembla y grita desconsolada mientras las tijeras la convierten en paños para quitar el polvo.






















miércoles, 26 de septiembre de 2018

Mayorga RockFest 2018









Un año más pasé por el Mayorga RockFest placentino, y ya van cuatro. Parece que le estoy cogiendo el gusto a este festival por varias y buenas razones. La primera es ser la excusa perfecta para encontrarme con much@s de mis amig@s de la ciudad del norte de la provincia. La segunda, porque me gusta siempre el cartel que se curra la organización además de descubrir o poder ver alguna banda que me impresiona y me hace seguir creyendo que hay futuro en todo esto del Rock&Roll. Esta edición no fue para menos y después de pasar toda la mañana por la capital del Jerte nos fuimos a comer y luego hicimos tiempo en casa de la colega donde nos quedábamos a dormir, otro punto a favor de este año. Ahora bien, siendo un poco críticos, desde la positividad, cómo no, he de decir que, a mí entender y viendo lo ocurrido en el recinto donde se celebró el evento, la distribución de las bandas en cuanto a horario hizo que se desluciera el mismo. Creo que El Último Ke Zierre y Lendakaris Muertos, en ese orden, deberían haber cerrado el festival y no Hamlet y Mamá Ladilla, como ocurrió en realidad. ¿Por qué lo digo? Pues porque el público se agolpó mucho más para ver a las dos primeras bandas y cuando acabó el concierto de los navarros se largó la mitad de la peña. No tengo ni idea de cómo harán estas cosas, pero, visto lo visto, no les salió bien la jugada en ese aspecto.






Llegamos al Recinto ferial “El Berrocal” cuando Pares Sueltos estaban dando los últimos tokes a su show. Tanto que justo cuando nos pusimos delante del escenario se estaban despidiendo del personal. Bueno, al menos pudimos comprobar que los horarios se cumplían, así fue durante toda la jornada. Tenía muchísimas ganas de ver a Dead Bronco ya que son de esas bandas que no se dejan caer demasiado por estos lares. Su Blue-Grass con ramalazos punkarras hacen de ellos una de las opciones más atractivas del panorama estatal. Con Matt Horan a la guitarra y voces, los de Getxo ofrecieron un concierto que fue de menos a más, incluida la afluencia de gente. No pararon de repartir caña con momentos álgidos como cuando dejaron caer “Devil´s Road” o “Highway Blues”. Mucha intensidad por parte de Adrián López y su contrabajo que, unida a la pegada del batera Guille Peña, hacía que todo sonara de manera compacta. Cabe destacar la labor de Jowy Bruña al banjo, dándole esa pincelada sureña poco escuchada por aquí. No quiero olvidarme de Adán y su mandolina y guitarra que hace que el grupo, en conjunto, sonasen como un cañón. Muy buenos estos Dead Bronco y su “Broncobilly”. A ver si no tardamos mucho en volverlos a ver encima de un escenario.






’77, o lo que es lo mismo Seventy Seven, fue la banda que más dividió al respetable. A mí me gustaron, pero, todo sea dicho, esperaba algo más de ellos. No me refiero a que estuvieran mal ni nada de eso, al contrario, sino a que esperaba algo más de tralla en directo. Con esa eterna pasión por AC/DC que llevan arrastrando a propósito desde sus inicios, ofrecieron un concierto donde las guitarras de los hermanos Valeta llevan todo el peso del mismo. Desde el arranque con “Bread & Circus” dejaron claro que, pasara lo que pasase, ellos iban a ir a lo suyo. Lo mismo te hacían brincar con “Hardworking Liar” o “Be Cricified” que nos daban un respiro con el solo de guitarra de LG. Noté en más de una ocasión cierto ramalazos Doom, aunque basen su oferta en todo lo cercano a los australianos antes citados. De los cuatro el que más me sorprendió fue el batería Andy Cobo, alguien pequeñito pero matón. “Stay Away From Water” sirvió para cerrar la primera parte de su espectáculo a la que añadieron los bises “We´re ´77 (Promise Land)” y, por supuesto, ese pedazo de tema dedicado a laos políticos y corruptelas allá donde los haya que es “I Want My Money Back”. Puede que tenga que acercarme a verlos a un concierto suyo. Supongo que ahí me haría una idea mejor de lo que pueden llegar a ofrecer fuera del cartel de cualquier festival.






He de reconocer que no puedo ser muy objetivo con El Último Ke Zierre porque son una de las bandas que me han gustado y me siguen gustando a rabiar. Personalmente, era lo que más me atraía del cartel del Mayorga de este año y me volvieron a hacer vibrar, saltar y desgañitarme desde el principio. Los temas de sus dos últimos trabajos, “Con La Moral De Un Carnaval”, “No Hay Nada” o “La Lluvia Y El Sol”, por ejemplo, se mezclan a la perfección con clásicos de los de Burriana como “Veneno”, “Camino De Rosas”, “Tus Bragas” o “Escupiré Jodidos”. Y así, entre zarpazo y zarpazo, con ese vozarrón que el diablo le ha dado al “Feo”, esa contundencia sonora a las guitarras de Óscar y Tito, este se salió en más de una ocasión, el poder compositivo que ha demostrado con creces Pedro y sus cuatro cuerdas y la pegada de Kusio pusieron a todo el mundo a cien. Claro que ellos son conscientes de que con temazos del calibre de “No Es Amor (Adios Castigo)”, “No Tengo Miedo”, “¿A Dónde Vas?” o “Insurgente” nos tienen comiendo en sus manos durante todo el concierto. Toda una demostración de actitud y saber estar que culminaron con “La Noche, El Día, La Droga Y El Sexo”. Si hubiera sido por ellos y por nosotr@s hubieran estado encima de las tablas todavía. Les tuvieron que dar el toke para que cortaran porque, evidentemente, quedaban más bandas en el cartel. Lo dicho, los habré visto no sé cuántas veces y ya tengo ganas de volver a verlos. Me alegro de que sigan teniendo esa salud de hierro a pesar de sus continuas vueltas por el infierno.






Lo de Lendakaris Muertos fue el arrase de la noche. He de reconocer que no los he seguido mucho, pero también he de reconocer que fueron los que más movieron al personal. Su puesta en escena es sobresaliente y la conexión con el público se hace sentir desde el primer momento. Allí nos dejamos la piel con su “Centro Comercial”, “Esto No Es Punki” o “Cómeme La Franja De Gaza”. Aitor es un frontman de los que hace vibrar y saltar hasta el último gato del recinto. Tiene un poderío físico que ya lo quisieran much@s, algo clave cuando te ponen delante de las narices cortes como “Estamos EN Esto Por Las Drogas” o “Fuimos Ikastoleros”. El de las performances del grupo es Jokin con sus pasamontañas o su disfraz para “Speederman”. Más de una vez se mezclaron con el público mientras dejaban solipandi a Potxeta tras los parches. Tampoco hay que olvidarse de Joxemi y su simpatía y buen hacer que derrocha tras las seis cuerdas. Buenos, muy buenos, y lo digo porque no es que sean los mejores músicos del planeta, supongo que tampoco lo pretenden, pero saben mover y hacer disfrutar al personal con sus letras y su música y, a mi entender, de eso trata en todo este asunto del Rock. Para melancólic@s y aburrid@s ya están otr@s. Lo dicho, hacen revivir tanto a los lendakaris y como a todos sus muertos.






Y en esto que, como dije anteriormente, mucha peña empieza a desfilar para fuera y nos quedamos como la mitad del personal para ver a los madrileños Hamlet. Si no puedo ser objetivo con EUKZ con estos tampoco, pero de manera totalmente distinta. Entiendo que gusten y los respeto muchísimo por ser una de las bandas más veteranas del panorama estatal, pero a mí no me acaban de llenar y visto lo que vimos en Plasencia menos aún. Fueron los que peor sonaron desde el primer momento, aquello era como una amalgama de ruido y distorsión sin sentido alguno, llegando incluso a parar el concierto para intentar remediarlo y ni aún así. Supongo que sus seguidores lo pasarían en grande con temas como “Denuncio A Dios” o “Imperfección”, pero lo que se dice conectar con el público en general, el que quedaba, claro, no lo consiguieron en ningún momento. Quitemos “Jodido Facha” que ya es una canción más popular que la propia banda y con la cual cerraron.








Mamá Ladilla tuvieron el dudoso honor de cerrar esta edición 2018 del Mayorga. Me refiero a que hasta ellos se sorprendieron de que estuviésemos allí l@s que quedábamos. Su concierto se basa en una mezcla de temas de su último trabajo, “Quién Pudriera”, con clásicos de toda la vida. Siguen siendo esa banda que nada más abrir la boca Juan Abarca me estoy partiendo de risa y eso es muy importante en estos tiempos que corren donde la seriedad campa a sus anchas. Tanto Abel a la batería como Sergio al bajo no paran de relacionarse con l@s presentes. Es más, me atrevo a decir que Sergio fue uno de los mejores músicos que se subieron al escenario de este Mayorga. Su técnica y labor a las cuatro cuerdas es sobresaliente. Con todo ello, aún habrá gente que diga que son tres cachondos mentales que no saben tocar una mierda, pero bueno, de todo hay en la viña del Rock. Como he referido antes, combinan cortes como “Se Dice Heavy Metal” o “Cáncer de SIDA” con temazos como “Yo Prefiero A Baco”, “Jamón Beibe” y la incombustible “Sucedió En Beckelar”. Que sí, que, como con otros grupos, se echó en falta alguna que otra canción, pero tampoco es cuestión de echar de menos nada y no disfrutar de lo que te ofrecen, que es mucho. Hace mil que no los veía en directo y consiguieron clausurar el festival de muy buena manera.



Otro Mayorga, otra visita y otro finde por Plasencia. Quiero darles las gracias a tod@s l@s de la organización por su saber estar, los precios de las bebidas y lo bien que nos lo hacen pasar año tras año. A su vez, quisiera saber qué hacen ciertos uniformados dando vueltas por el recinto sabiendo que incomodan al personal. Mira que he ido a conciertos y festivales, espero seguir yendo por muchos años, pero lo del Mayorga en ese sentido es bochornoso. ¡¡Hasta el 2019 que será más y mejor!!