miércoles, 9 de septiembre de 2026

Gradimir Smudja: "Jeese Owens: Millas Y Millas".

 



Estamos ante una obra con un guion y unos dibujos que desembocan en un cómic de mucha calidad. Que en la trama se mezclen amigos imaginarios con la cruel realidad del protagonista, aparte de un buen aliño de Blues y alguna que otra anécdota, da lugar a una lectura amena, dinámica y muy interesante. En cuanto al color y a la distribución de las viñetas, se puede afirmar sin remilgos que son espectaculares, resaltando aquellas que ocupan doble página, plagadas de detalles y sutilezas que cuentan la historia por sí sola, sin necesidad de bocadillos.




Gradimir Smudja es un dibujante y guionista serbio afincado en la Toscana italiana. Trabajó como galerista en Suiza, después de huir de su país en 1982 por no estar de acuerdo con el gobierno del mismo. Su fascinación por Van Gogh le llevó a publicar una obra dedicada al pintor neerlandés. Otras publicaciones suyas son El burdel de las musas, inspirado en la Belle Époque parisina, El éxodo del Louvre o Mausart. He de reconocer que lo he descubierto con este cómic. Espero poder seguir su carrera de aquí en adelante, sobre todo porque los demás no suelen estar en castellano.




A través de un narrador omnisciente bastante particular, echa a andar, aunque lo más adecuado sería decir echa a correr, esta biografía de Jesse Owens en Alabama, título del primer capítulo. Conoceremos a su familia, el entorno donde creció y a alguno de los animales que le «ayudaron» a ser tan veloz. No se quedan atrás sus raíces como otra generación procedente de esclavos afroamericanos, memorias narradas por su abuelo. Tampoco se deja pasar la procedencia del Blues y su razón de ser: «Cantamos para no llorar». Otro factor clave es el río Mississippi, con sus puertos, sus barcos cargados hasta los topes sin descanso por afroamericanos y con los peligros naturales que esconde bajo sus aguas, a los que hay que sumar los que vienen del cielo, como los tornados. Uno de estos va a arrasar la rutina de nuestro protagonista y de la comunidad a la que pertenece. Una vez pasado el trámite, la unión de tod@s contribuye a su recuperación con la construcción de nuevas casas, una iglesia, una escuela y hasta un salón de música y baile. Pero los problemas parecen correr siempre a las espaldas de Jesse en forma de niños blancos, un oso o el KKK, organización que se encargará de destruir todo lo levantado por su gente.





KKK: El terror de los demonios blancos es el título del segundo capítulo, donde nos adentramos en los entresijos de tan siniestra organización, en su hipocresía, su crueldad y en la rentabilidad que obtiene de la mano de obra afroamericana esclavizada, una vez más, mediante un sistema penitenciario basado en condenas a trabajos forzados. Delitos que, en muchas ocasiones, son ficticios. Ante este panorama, y cierto conflicto entre su abuelo y estos cafres, Jesse decide huir en compañía del narrador felino, usando el ferrocarril como vía de escape. Medio por el cual descubrirá tanto las bellezas de su país como las miserias y los peligros del mismo.




Y así nos plantamos en Ohio/Clevelan, título del tercer capítulo y lugar esencial en la vida y en la trayectoria deportiva de Owens. Recorrido que inicia aplanando el terreno de juego del equipo local de fútbol americano. Es aquí, por azares del destino, donde comenzará a dejar ver sus dotes para correr más rápido que nadie. Pero la vida de vagabundo no es bien recibida por sus conciudadanos, que se quejan ante un policía que va a resultar ser alguien esencial en la introducción de Jesse en el mundo del atletismo. Las páginas dedicadas a la persecución policial son de lo mejor del cómic, sobre todo por esos dibujos a doble página sin bocadillos ya referidos. Los problemas con los uniformados continúan, aunque nuestro protagonista escapa siempre por patas. De esta forma, en una de esas persecuciones, terminará ganando una carrera y topándose definitivamente con la ayuda del entrenador Larry Snider, que será quien consiga que ingrese en el equipo de la ciudad en esta modalidad deportiva. Durante los meses siguientes, Owens sobresale muy por encima de sus compañeros, conoce a Minnie, su futura esposa, hija de un campeón de boxeo de los pesos pesados, al que tendrá que demostrar que sus intenciones son buenas y sinceras. Llegan los primeros éxitos y con ellos una cierta mejora económica que le va a permitir traer a su familia desde Alabama hasta Ohio, casarse y ser padre. Y de aquí a las Olimpiadas de un Berlín gobernado por los nazis. Eso sí, mientras los demás del equipo olímpico viajan, entrenan y se divierten en la cubierta del barco, él se verá relegado a un sucio y oscuro camarote en las entrañas de la nave sin siquiera derecho a entrenador. Rendirse nunca ha sido una opción, con lo cual él entrena por su cuenta con fuerza y disciplina durante todo el trayecto.




De este modo, pone los pies en Berlín, título del cuarto capítulo. Todo lo acontecido y bien sabido se refleja a lo largo de estas páginas, contagiándote de la euforia del momento, sobre todo por las caras y cabreos de los nazis, con Hitler al frente. Cuatro medallas conseguidas que grabarán el nombre de Jesse Owens en el Olimpo del atletismo, sumadas a una gran amistad con el malogrado atleta alemán Carl Ludwig, contrario a las ideas del Régimen, y a un pequeño guiño a Maus, de Art Spiegelman, por parte del autor, que espero descubráis.





Pero los éxitos de Jesse en El regreso del campeón, título del quinto y último capítulo, no le abren las puertas de la Casa Blanca en el recibimiento del presidente Franklin D. Roosevelt por el color de su piel. Un dirigente que ni siquiera se digna a mandar un telegrama de felicitación a la estrella más popular del momento en su país. Con la fama llegan las giras, de convención en convención, por distintos estados donde no siempre va a ser bien recibido, donde no va a poder entrar por la puerta principal de los hoteles o donde va a tener que sentarse en el espacio reservado para los afroamericanos siempre que coja un transporte público. En uno de estos sitios, un grupo de matones, siempre ocultos en un anonimato conocido a voces, acaba partiéndole una pierna. Sin rendirse, una vez más, decide que, si no puede correr, ayudará y entrenará a otr@s para que lo hagan, incluso como Embajador Vitalicio del Comité Olímpico Internacional. No es hasta pasados cuarenta años cuando recibe, de manos del presidente Gerald Ford, la Medalla de la Libertad. Algo que no deja de ser, cuanto menos curioso, sobre todo por lo de libertad. Jesse muere rodeado de su familia pocos años después en Tucson, Arizona, el 31 de marzo de 1980. También está presente su mejor amigo Essej, el gato negro narrador de sus aventuras y peripecias, que nos conduce a un final donde volverá a hacer de las suyas para otro tetracampeón afroamericano algunas décadas más tarde.





En los momentos actuales tan absurdos e incomprensibles, donde personas racializadas pertenecen a las filas de la ultraderecha, con gente LGTBIQ+ votando a aquell@s que l@s condenan, con gobiernos que vociferan el recorte de unos derechos conseguidos con décadas de lucha y sangre, con grupos como el puñetero ICE integrados por latin@s que detienen a otros de su igual procedencia o por gobernantes que venden las tierras de sus ciudadan@s a un estado genocida, se hace imprescindible y necesaria una obra como esta biografía de uno de los atletas más grandes de la historia y menos valorado por las élites de su país. Pero eso de la memoria, ya sea histórica, humana o de cualquier tipo, no es ni ha sido nunca el fuerte de dich@s dirigentes. Alguna terrible razón tendrán para ello. Mi más sincera enhorabuena a Gradimir Smudja por este cómic tan indispensable en estos tiempos oscuros que estamos viviendo.





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