martes, 7 de febrero de 2012

"Desertores, La Guerra Civil Que Nadie Quiere Contar", Gran Obra De Pedro Corral








Hace ya bastante tiempo que tenía muchas ganas de hacer este artículo. Sobre todo porque, como dice el título de la obra que comentaré a continuación, hablar de deserción durante la Guerra Civil española es hablar de algo olvidado o, peor aún, de algo que nadie contar. El autor, Pedro Corral, es guipuzcoano y ha colaborado en periódicos y revistas tales como ABC, Cambio 16, El Urogallo, El Europeo, La Razón o El Mundo. Con su obra “Si Me Quieres Escribir” se descubrió como uno de los grandes investigadores de la contienda acontecida en España a finales de los años treinta del siglo pasado. Para muchos estas referencias pueden resultar bastante escabrosas pero os puedo asegurar que el autor es de lo más objetivo en su obra tratando por igual a ambos bandos y destapando los trapos sucios, muchos y muy variados, tanto de unos como de otros, a este respecto.



La deserción ha sido, sigue siendo, el tema tabú de cualquier contienda, guerra o refriega. Está más que claro que desertores los ha habido en todo enfrentamiento bélico a lo largo de la historia. El hecho de haber sido tachados de traidores, cobardes o poco fiables es algo que los ha quedado continuamente en lo más profundo de las crónicas o estudios de cualquiera de esas absurdas guerras. Pero debe quedarnos claro que la mayoría de ellos ni eran traidores y mucho menos cobardes. Llevar a cabo un acto tan atrevido como la deserción es hacer algo repleto de valor y compromiso tanto con uno mismo como con la propia humanidad. Cuando, por las razones que sean, alguien decide arriesgar su vida para dejar de matar o que le maten en un conflicto que no entiende o no quiere entender merece el mayor de nuestro respeto.



Pedro Corral hace un repaso por lo que fue la deserción durante esos años de locura belicista. Muchos podéis pensar que la euforia primigenia que nos ponen en las típicas imágenes de archivo duró toda la guerra, nada más alejado de la realidad. A partir de finales del año 1936 la mayoría de los españoles que luchaban en uno u otro bando no estaban movidos por aspiraciones idealistas, tanto de derecha como de izquierda. Muchos de ellos fueron reclutados mediante levas durante toda la contienda. Hombres de 17 a 50 años, incluidos,  sirvieron al bando que gobernaba, por decirlo de alguna manera, en el territorio en el que eran llamados a filas sin preguntar ideología. Esta pudo ser una de las primeras razones de deserción en la mayoría de las veces que se llevó a cabo. El autor destapa casos de republicanos luchando en el lado nacional y viceversa. Nos cuenta las estrategias que ambos bandos seguían para atraer a sus filas a estos soldados fuera de lugar. Pero no solo eso, la deserción existió en cada frente, en alguno de ellos, como el de Madrid donde los propios soldados se intercambiaban tabaco y papel o jugaban al fútbol so pena de ser reprimidos con fuertes castigos, en cada pueblo y ciudad y, sobre todo, en aquellos que vinieron a apoyar tanto a Franco, Guardia Mora, Italianos o Alemanes, como a La República, Brigadas Internacionales incluidas.



Que nos cuenten que el aspirante al poder por aquellos tiempos tuviera comisarios que se encargaban de estos casos no nos sorprenderá pero que nos digan que los comisarios de La República estaban pagados, en su mayoría, por Stalin, para llevar a buen puerto los intereses de los comunistas, nos puede quedar con la boca abierta. Por cierto, el cartel de la portada del libro es del Partido Socialista. Este es otro de los temas que Pedro Corral toca en su obra. Al que añadimos las cárceles expresas para los desertores, la represión a los familiares de los mismos, las huidas y persecuciones, la miseria de los frentes o la decepción por ver cómo aquel conflicto acabó convirtiéndose más en una matanza entre hermanos que en una lucha de ideas de las que se aprovechaban algunos comiendo bien en sus salones mientras otros volaban por los aires destrozados por los cazas alemanes. Estas son las cosas que nadie nos quiere contar. Nos quieren mostrar un conflicto idealista e idealizado cuando, en realidad, fue, como cualquier guerra, un pulso entre intereses de dos facciones distintas para algunas cosas y muy similares en otras. Está claro que hubo vencedores y vencidos, estos últimos aún por encontrar enterrados en miles de fosas sin abrir, pero también deberían contarnos que hubo miles de muertos, ejecutados y encarcelados por desertar. Pienso que se merecen el mismo respeto que cualquiera que sufriera una cosa tan horrible como debe ser una guerra. Es hora de destapar, de poner las cosas en su sitio y asumir que, en alguno de los frentes las bajas por deserción superaron a las sufridas por heridas o muerte.



Desde este humilde blog quiero agradecer de todo corazón a Pedro Corral por su obra. Si algún día lee este artículo quiero que sepa que yo también conocí a uno de esos desertores. Uno que estaba cansado y horrorizado por tener que recoger con una camilla compañeros destrozados o muertos. Uno que, junto a otro compañero de su pueblo, se vino andando en plena contienda desde el frente de Teruel hasta La Haba, en la provincia de Badajoz, para acabar en el campo de concentración de Castuera. Alguien que nunca fue ni un cobarde ni un traidor. Ese alguien era mi abuelo.