martes, 13 de enero de 2026

Texto Mandrílico Enero 2026

 

EL PUSILÁNIME

 

No recuerdo el momento exacto en el que comenzaron a llamarme ñoño en el colegio. Al principio creí que tenía algo que ver con mi nombre, Antonio, pues tengo un primo con el mismo nombre al que todos llaman Mañoño, pero no, era más bien por mi personalidad, unida a este cuerpo rechoncho que la naturaleza me ha otorgado.

Como desconocía el significado de mi mote, lo busqué en el diccionario. La verdad, tampoco es que me convenciera lo que encontré. Puede que sea un tipo un poco soso e insulso, pero de timorato y de amilanado no tengo nada. Soy soso e insulso porque nunca he sido muy sociable. Me cansa la gente que siempre se hace notar, y ya no te digo los que van de simpáticos por la vida; no puedo con ellos. Ahora bien, el mismo talle que fue la causa de mi apodo me ha servido para tener confianza en mí mismo. Tanto que nunca me he cortado en darle un par de sopapos a quien se pasara de la raya con sus gracias.

No entiendo qué hago yo contándote esto a ti. Un puñetero desgraciado que ha arruinado su vida y la de su familia por dárselas de algo que nunca ha sido ni será. Mírate, ahí colgado boca abajo como un jamón, insultándome y gritando como un cerdo. Y sabes qué, que me la suda tus plegarias y tus improperios porque te he dado tantas oportunidades de redimirte que este pusilánime no va a dejarte pasar ni una más. Que no tienes dinero, lo sé; que tampoco tienes propiedades, qué me vas a contar si son todas mías; que tu familia no quiere saber nada de ti, pues normal. Si te vieran ahora con la cara ensangrentada y sin la mitad de los dientes, menos todavía. Reza, si quieres, porque, a pesar de conocernos desde que éramos unos críos, de esta nave no vas a salir con vida.

No pienso rezar, mucho menos suplicarte. Vale que aquí acaban mis días, pero que sepas que fui yo quien te puso lo de Ñoño cuando estábamos en tercero de básica. Y no fue por nada de eso que dices o te has creído durante todos estos años. Más bien fue porque nos ponías de los nervios cada vez que tenías que salir a la pizarra con esa pachorra que siempre te has gastado, que las tortugas y tú sois primas hermanas. Peor aún, cuando tenías que contestar en voz alta a algo, menuda castaña. Así que sí, has sido siempre un puto ñoño y, por mucho que ahora seas el jefe de esta panda de mafiosos cocainómanos, me voy al otro barrio dejándote en ridículo delante de todos ellos. ¡Ñoño, más ñoño!

Acabad con este miserable de una puta vez.