El perro Cerro y la gata Bata eran buenos vecinos,
vivían en una granja
junto al gallo Tallo y a la burra Curra.
Todos eran felices cantando y tocando en las fiestas, hasta
que llegó la riada y se acabaron los hurras.
No les quedó otra que huir con lo puesto, solo con los
instrumentos, mojados, en plan clandestino.
Anduvieron y anduvieron sin rumbo, perdidos y sin casa.
Comían lo poco que encontraban, la música era su única
alegría.
Recorrieron kilómetros hasta dar con un edificio que era una
pura carcasa.
Pero les daba igual porque era lo mejor que encontrar podían.
Montaron un escenario con cuatro tablas y un telón sacado de
una vieja cortina.
Al principio, solo ensayaban repitiendo una y otra vez las
canciones que se sabían.
Los viajeros que por allí pasaban se acercaban a ver qué era
lo que allí se cocía.
Unos pagaban con aplausos, otros con agua y comida y, día
tras día, los músicos salieron de su ruina.
Abandonaron la casa y se echaron a los caminos, pararon aquí
y allá como si fueran de gira.
Su éxito crecía y su fama se agrandaba al tiempo que nuevas
canciones componían.
Una noche de verano, a la luz de las estrellas, decidieron
volver a su granja.
En su camino de regreso, iban guardando todos sus pagos en
una caja.
Para cuando llegaron a su destino, el cofre iba a lomos de Curra,
pues pesaba más de lo que suponían.
Estando en su viejo hogar, mandaron mensajes para que todos
los animales afectados por la riada por allí se pasaran.
Volvieron la gallina Paulina, el carnero Acero, el pato
Zapato y la oveja Madeja.
Entre todos restauraron la granja sin que los dolores les
achacaran.
Pasado un mes, tenían un nuevo hogar que compartir donde
contar fábulas nuevas y viejas.
Para celebrar que la obra han acabado, esta noche tienen una
gran fiesta, donde Cerro toca su violín, Bata su guitarra, Curra es la batería
y Tallo pone la garganta.
A su son, Paulina demuestra ser una gran bailarina, Acero un
gran gaitero, Zapato hace gala de su vibrato y Madeja se pasea con su traje de
lana dejando a la audiencia perpleja.
Como lo han pasado tan bien, para conmemorarlo en el
calendario la fecha se implanta.
Y todos prometen traer siempre regalos, alegría, canciones y
algún cuento sin moraleja.
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