viernes, 28 de mayo de 2021

Texto Mandrílico Mayo 2021

 

UN PAPEL EN EL BOLSILLO

 

Coses sorpresa con entusiasmo; zurces ansiedad con ilusión; hilvanas preparativos con reservas y festoneas viaje con un trozo de papel en la mesita de noche. Pierdes la cuenta de las veces que cortas hilos que sobran aquí y allí hasta que el espejo te convence de la llegada del último pespunte del traje que te permite el acceso a la antesala de un acontecimiento donde tu deshilachado interior borda los hilos resplandecientes de tus mejores sentimientos.

Atraviesas la calle del momento convencido de que el tranvía que tuerce la esquina del fondo no tendrá tiempo de arrollarte. El verde del semáforo se desvanece como la gente en las calles, las luces en las tiendas o los sonidos en las tabernas. La primavera se congela cuando apenas has llegado a la mitad de la calzada. El verano es un iceberg cayendo empicado del cielo que te hace resbalar hasta que sientes como un golpe seco te incrusta en la delantera de la máquina. A toda velocidad, traspasas las hojas del otoño mecido por humos negros vomitados por la locomotora de la desesperanza y, quieras o no, te gratifican con un billete extra cuando el chirriante crujir de los frenos te lanza directamente a las nieves del invierno del naufragio.

Una vez en la estación, te sientas al borde del andén con el vestido hecho jirones y la caja de costura a miles de quilómetros de tus manos. Entre la bruma, una voz te da la oportunidad de deshacerte del contenido del sobre que guardas en el bolsillo interior. El canto de sirenas te persuade para que evites esas tres horas de evasión a la vez que empujas tu mano hacia lo más hondo de la faltriquera. Saltas a las vías que cruzan el océano de la resignación y, paso a paso, remas con la mente puesta en agujas, alfileres e hilos que retoquen por tercera vez tu indumentaria. Vas dejando atrás cientos de maletas resquebrajadas por adioses sin despedidas hasta alcanzar el punto de partida con el cuerpo plagado de moratones causados por la irresponsabilidad de aquellos que malinterpretan la libertad.

De nuevo en casa, te miras al espejo, colocas la entrada en el ángulo superior derecho del mismo, tomas asiento, arrimas el cesto de las labores, te enfundas el dedal y enhebras la aguja para volver a dar forma a ese atavío que, remiendo a remiendo, día a día vas cosiendo.


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