martes, 14 de abril de 2026

Fito & Fitipaldis Volvieron A pasar Por El Hípico Cacereño

 




Fito y sus Fitipaldis regresaron a Cáceres para, de nuevo, volver a ofrecer un concierto de muy alto nivel. Con todas las entradas vendidas, 18.000 almas nos reunimos en el Hípico cacereño para disfrutar de un show que, en producción, sonido, luces y demás, poco o nada tiene que envidiar a cualquiera de las bandas grandes de la escena rockera internacional. Él, con esa cercanía que le caracteriza, supo conectar en todo momento con tod@s l@s presentes. Sin demasiadas charlas entre canción y canción, recordando a Robe o pidiéndonos que nos grabáramos para saludar a la peña que va a acudir a su próximo concierto, después de que nosotr@s recibiéramos el saludo de la gente de Córdoba, se nota que tiene muchas tablas a sus espaldas.





Con apenas diez minutos de retraso sobre la hora estipulada de comienzo, comenzaron a sonar los primeros acordes de A contraluz, dejando claro que venía a presentar su último trabajo, El monte de los aullidos. Continuó tirando de una lista de clásicos que comenzó con Un buen castigo y siguió con Por la boca vive el pez, Me equivocaría otra vez, Entre la espada y la pared y A quemarropa. Con solo esta poco más de media hora de concierto, ya se pudo comprobar que el público estaba totalmente entregado. Todo dios cantando cada estrofa de las canciones con unas sonrisas de oreja a oreja.






Avanzó con el tema que da nombre a su reciente disco, al que sumó Volverá el espanto; con esta me emocioné. Personalmente, es una de las que más me gusta de este redondo, y la interpretación de la banda, junto a las proyecciones en la pantalla del fondo, me dio fuerte.  Sí que he de reconocer que este trabajo, al principio, no me entraba muy bien, pero después de escucharlo y escucharlo me ha acabado gustando bastante. Y los discos con los que me ocurre esto suelen ser pocos y muy buenos.




Bueno como la gran banda que lleva acompañándole. A estas alturas poco se puede añadir a la trayectoria de Carlos Raya. L@s más viejun@s del lugar le conocemos desde Sangre Azul, pero su labor como productor y guitarrista es más que excelente. La base rítmica, con Alejandro Climent "Boli" a las cuatro cuerdas y Eduardo Giménez "Coki" a la batería, hace que todo suene supercompacto. A esto le añades el sonido ya mítico del saxofón del gran Javier Alzola y la labor de los miembros de Fetén Fetén, Diego Galaz a la guitarra y al violín; menudo solo se marcó, haciéndonos saltar como mon@s, y Jorge Arribas, al acordeón y a los teclados, y tienes delante a unos músicos para quitarte el sombrero y lo que haga falta.




Dicho esto, el concierto siguió sus pasos con Cielo hermético y Cada vez cadáver, dos temas de su penúltimo trabajo que sirvieron para ir echando más leña al fuego que prendió con Whisky barato. Llegado el momento de la nombrada grabación de saludo, hubo un pequeño parón por una incidencia con alguien del público. Fito no continuó hasta que esa persona fue atendida por los servicios sanitarios, como debe ser. Y luego salió Guille, que fue coreado por todas las gargantas presentes, con su cámara para llevar a cabo la grabación de saludo, en este caso para Castellón. Lo, digamos, un poco anecdótico es que le dedicara el siguiente tema, Como un ataúd, a esa persona, pero era lo que tocaba en ese momento. Mis amig@s y yo nos echamos unas risas con esto, todo sea dicho. Pasado el susto, Acabo de llegar fue el comienzo de la mecha final del show. Final que fue subiendo como la espuma con otro de sus temas clave como es La casa por el tejado antes de que todo explotase con el clásico de sus clásicos, Soldadito marinero.




Como suele pasar en estos casos, no podían faltar los bises. Y creo que la elección de los mismos fue bastante acertada, pues comenzaron con una de las canciones nuevas, La noche más perfecta, para luego recordarnos a mis queridos Platero Y Tú con Entre dos mares, y poner el broche final con otro de sus éxitos, Antes de que cuente diez.




Después vino el jaleo para salir del recinto Hípico, con una fila inacabable de vehículos, miles de personas andando de vuelta y un buen cuerpo como solo te lo puede dejar un concierto como el ofrecido por el vasco. Sí que es verdad que puede que hubiera pocos servicios a ambos lados del recinto, pues la mayoría estaba al fondo del mismo, pero no tengo que añadir ninguna queja más allá de esto. Como parte del cierre de esta humilde crónica, dirigido a es@s agorer@s que andan siempre quejándose de esto y aquello, decir que el público fue de lo más variado en cuanto a edad y procedencia. Muchas gracias a Fito y a sus grandísimos Fitipaldis por esta nueva vista. Deseando que volváis pronto, pues siempre se os espera con muchas, muchas ganas.




2 comentarios:

  1. Cuesta mucho leer en ese color amarillo... Casi no se distingue las palabras.un abrazo crack.

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