Fito y sus Fitipaldis regresaron a Cáceres para, de nuevo,
volver a ofrecer un concierto de muy alto nivel. Con todas las entradas
vendidas, 18.000 almas nos reunimos en el Hípico cacereño para disfrutar de un
show que, en producción, sonido, luces y demás, poco o nada tiene que envidiar
a cualquiera de las bandas grandes de la escena rockera internacional. Él, con
esa cercanía que le caracteriza, supo conectar en todo momento con tod@s l@s
presentes. Sin demasiadas charlas entre canción y canción, recordando a Robe o
pidiéndonos que nos grabáramos para saludar a la peña que va a acudir a su
próximo concierto, después de que nosotr@s recibiéramos el saludo de la gente
de Córdoba, se nota que tiene muchas tablas a sus espaldas.
Con apenas diez minutos de retraso sobre la hora estipulada
de comienzo, comenzaron a sonar los primeros acordes de A contraluz,
dejando claro que venía a presentar su último trabajo, El monte de los
aullidos. Continuó tirando de una lista de clásicos que comenzó con Un
buen castigo y siguió con Por la boca vive el pez, Me equivocaría
otra vez, Entre la espada y la pared y A quemarropa. Con solo
esta poco más de media hora de concierto, ya se pudo comprobar que el público
estaba totalmente entregado. Todo dios cantando cada estrofa de las canciones
con unas sonrisas de oreja a oreja.
Avanzó con el tema que da nombre a su reciente disco, al que
sumó Volverá el espanto; con esta me emocioné. Personalmente, es una de
las que más me gusta de este redondo, y la interpretación de la banda, junto a
las proyecciones en la pantalla del fondo, me dio fuerte. Sí que he de reconocer que este trabajo, al
principio, no me entraba muy bien, pero después de escucharlo y escucharlo me
ha acabado gustando bastante. Y los discos con los que me ocurre esto suelen
ser pocos y muy buenos.
Bueno como la gran banda que lleva acompañándole. A estas
alturas poco se puede añadir a la trayectoria de Carlos Raya. L@s más viejun@s
del lugar le conocemos desde Sangre Azul, pero su labor como productor y
guitarrista es más que excelente. La base rítmica, con Alejandro Climent
"Boli" a las cuatro cuerdas y Eduardo Giménez "Coki" a la
batería, hace que todo suene supercompacto. A esto le añades el sonido ya
mítico del saxofón del gran Javier Alzola y la labor de los miembros de Fetén
Fetén, Diego Galaz a la guitarra y al violín; menudo solo se marcó, haciéndonos
saltar como mon@s, y Jorge Arribas, al acordeón y a los teclados, y tienes
delante a unos músicos para quitarte el sombrero y lo que haga falta.
Dicho esto, el concierto siguió sus pasos con Cielo
hermético y Cada vez cadáver, dos temas de su penúltimo trabajo que
sirvieron para ir echando más leña al fuego que prendió con Whisky barato.
Llegado el momento de la nombrada grabación de saludo, hubo un pequeño parón
por una incidencia con alguien del público. Fito no continuó hasta que esa
persona fue atendida por los servicios sanitarios, como debe ser. Y luego salió
Guille, que fue coreado por todas las gargantas presentes, con su cámara para llevar
a cabo la grabación de saludo, en este caso para Castellón. Lo, digamos, un
poco anecdótico es que le dedicara el siguiente tema, Como un ataúd, a
esa persona, pero era lo que tocaba en ese momento. Mis amig@s y yo nos echamos
unas risas con esto, todo sea dicho. Pasado el susto, Acabo de llegar fue
el comienzo de la mecha final del show. Final que fue subiendo como la espuma
con otro de sus temas clave como es La casa por el tejado antes de que
todo explotase con el clásico de sus clásicos, Soldadito marinero.
Como suele pasar en estos casos, no podían faltar los bises.
Y creo que la elección de los mismos fue bastante acertada, pues comenzaron con
una de las canciones nuevas, La noche más perfecta, para luego
recordarnos a mis queridos Platero Y Tú con Entre dos mares, y poner el
broche final con otro de sus éxitos, Antes de que cuente diez.
Después vino el jaleo para salir del recinto Hípico, con una
fila inacabable de vehículos, miles de personas andando de vuelta y un buen
cuerpo como solo te lo puede dejar un concierto como el ofrecido por el vasco.
Sí que es verdad que puede que hubiera pocos servicios a ambos lados del
recinto, pues la mayoría estaba al fondo del mismo, pero no tengo que añadir
ninguna queja más allá de esto. Como parte del cierre de esta humilde crónica,
dirigido a es@s agorer@s que andan siempre quejándose de esto y aquello, decir
que el público fue de lo más variado en cuanto a edad y procedencia. Muchas
gracias a Fito y a sus grandísimos Fitipaldis por esta nueva vista. Deseando
que volváis pronto, pues siempre se os espera con muchas, muchas ganas.
Cuesta mucho leer en ese color amarillo... Casi no se distingue las palabras.un abrazo crack.
ResponderEliminarColor cambiado. Gracias por la sugerencia. ¡Un abrazo!
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