miércoles, 20 de septiembre de 2017

Homenaje A Triana En Moraleja (Cáceres)








Pasar una jornada entera con amig@s de toda la vida siempre es algo gratificante. Si a eso le añades el hecho de que vas a conocer a un puñado de gente, buena gente, y que la razón de ese encuentro no es otra que homenajear a una de las bandas claves del Rock Estatal como es Triana, es imposible que no acabes disfrutando por completo de dicha jornada. No puedo empezar esta crónica de otra manera que agradeciendo y reconociendo la gran labor llevada a cabo por Fernando López y Diana Carrero, organizadores de este evento. Dos personas que se embarcaron en esta aventura alentadas por la pasión que sienten por la banda sevillana. Normal que ambos estuvieran todo el día de los nervios, pues era la primera vez que se metían en un embrollo de este tipo y los temores siempre están ahí. La cuestión es que todo salió a pedir de boca, incluso la asistencia. Cabe destacar que parte de la recaudación se destinaría a la Asociación ASPACE de ayuda a personas con parálisis cerebral.




Llegaríamos a Moraleja alrededor de la una de la tarde. Después de tomar algo en la pequeña tasca que Diana tiene en el Mercado de Abasto, fuimos a comer con algun@s de l@s asistentes al evento, incluido mi amigo Javier que me dio cobijo ese día y noche. Comida distendida en uno de los restaurantes del pueblo, recomendado por el organizador Fernando, y obligada siesta para tomar fuerzas ante los que se nos vendría encima. Antes de acercarnos al recinto donde se celebraría el concierto estuvimos dando un paseo por las calles del lugar atraídos por la cantidad de murales, entre los que destaca el de Triana, que hay repartidos por las mismas. Me gustó mucho esta forma de dar vida a viejos sitios del pueblo ya que les da un punto muy atractivo a todos ellos. Otro de los sitios destacables de Moraleja es toda la zona verde que se han currado en la margen derecha del río Rivera de Gata. Un lugar donde puedes disfrutar del baño tanto en el propio río como en una piscina aledaña. También hay un par de chiringuitos y un paseo para disfrute de lugareñ@s como foraster@s.






Hicimos una cena rápida en el mismo restaurante del almuerzo, no por el tipo de comida sino, más bien, por las prisas por llegar al Recinto Ferial a la hora prevista para el comienzo del concierto. Allí nos encontramos con la primera y más gratas de las sorpresas, la respuesta del público. Diana me contaba por la mañana que esperaban reunir al menos a trescientas personas para que aquello fuera rentable. Yo creo que lo consiguieron con creces. A ésto hay que sumar los precios populares de la barra y la buena organización del evento en general. Quizás lo peor fue el tema de los servicios, pero hay que aclarar que éstos estaban totalmente fuera de las competencias de los organizadores ya que eran los mismos que los que usan l@s bañistas del lugar. Por lo demás, vuelvo a repetir, todo sobresaliente, tanto en sonido como luces.





Alrededor de las once de la noche tomaron las tablas los integrantes de la banda sevillana Athriana. Comenzaron su show con un tema tan emblemático como es “En El Lago” y de ahí en adelante fueron desgranando, poco a poco, parte del repertorio de Triana. A la frialdad propia de los comienzos de algunos conciertos hubo que añadir el frío atmosférico que soportamos l@s presentes durante todo el evento. Athriana nos fue calentando con el buen hacer de sus guitarristas y demás músicos a la hora de interpretar clásicos tan potentes como “Luminosa Mañana”, “Rumor” o “Una Noche De Amor Desesperada”. A mitad de su actuación, tanto por la entrega del grupo como por el arremolinamiento del personal, parecía que el frío se había desvanecido por completo. Tuvieron algunos problemas técnicos durante la ejecución de “Hijos Del Agobio” o “Sr Troncoso”, pero supieron salir bien del atolladero. Este tipo de obstáculos son los típicos de los conciertos y ellos los solventaron echándole muchas ganas a cortes como “Quiero Contarte”, “Abre La Puerta” o “Diálogo”. Así hasta llegar a “Tu Frialdad”. Muy buenos Athriana, típica banda tributo que intenta acercarse con la mayor fidelidad posible a la banda, valga la redundancia, original, en este caso Triana. No por ellos tienen menos mérito porque la complejidad de las canciones del grupo de Jesús De La Rosa está fuera de duda y tocarlas de la manera que hicieron ellos siempre es de agradecer.





EL Callejón Del Duende, acompañados por el teclista José Carlos, ahora Alas Blancas, no tuvieron tanta suerte en su concierto como sus predecesores. Me refiero a que comenzaron con muchos problemas técnicos, que solventaron a los pocos minutos de su inicio, y gozaron de menor público durante su actuación. No es que lo hicieran mal, al revés, me encantó el toque tan fresco y novedoso que le dan los temas, pero pienso que el hecho de que la mayoría de las canciones fueran, evidentemente, las misma que habían tocado Athriana restó interés a l@s presentes. Esto, unido al frío de la noche en Moraleja, hizo que nos quedásemos allí alrededor de ochenta personas, notándose, de esta forma, el bajón de asistencia. Como se suele decir en estos casos, ell@s se lo perdieron. Lo digo bien clarito porque me pareció una banda que ajusta sonidos de clásicos como “Sé De Un Lugar” o “Recuerdos De Una Noche”, por nombrar algunos, a otros mucho más actuales sin que pierdan un ápice de fuerza. Si a esto le sumas la gran labor de sus integrantes, para mí el guitarra Francisco Arco fue lo mejor de la noche, podías sentir que temas del calibre de “Desnuda La Mañana” entraban en otra dimensión. Cayeron otros muchos clásicos, nombrados e interpretados con anterioridad, durante el show de estos granadinos, pero todos interpretados con ese toque distinto que hace de ellos lo que se conoce normalmente como buenas versiones.





Enhorabuena a ambos grupos y felicidades a l@s organizadores. El sábado, 16 de Septiembre de 2017, el espíritu de Jesús De La Rosa y sus Triana estuvo presente en Moraleja para volver a transportarnos a esas atmósferas que sólo él y sus dos acompañantes, Eduardo y “Tele”, sabían conseguir. Triana ha sido una de mis bandas preferidas de siempre. Bandas de esas que ni sabes desde cuándo la llevas escuchando y que te trae tantos recuerdos y sentimientos que sólo con oír sus canciones, más si es a través de grupos como Athriana o El Callejón Del Duende, se te remueve el alma. 


miércoles, 13 de septiembre de 2017

Texto Mandrílico Septiembre 2017



Paseas, caminas, deambulas, andas y piensas que cualquiera de estas acciones tiene un punto en común: llegar a tu destino, meta o final. Mientras recorres ese paseo, camino o andanzas sólo llevas algo en tu mente: terminar, acabar, ultimar, finalizar con buen pie tu trayecto. Empiezas con fuerza, desgana, ímpetu, furia, esfuerzo el tramo que llevas tiempo deseando, planeando, calculando, odiando, maldiciendo y todo transcurre con asquerosa, divina, aplastante, alegre normalidad.

Te incorporas a tu puesto de trabajo, vagueas como cualquier día, trapicheas una mañana más, compraste aquel regalo que siempre quisiste llevar de recuerdo o te hiciste con una cartera que sumar a tus logros. Entonces te animas, te hundes en el abismo de la rutina, reseteas el cerebro después de once meses de sobrecarga, sube tu ego de aspirante a cabeza del hampa o inundas tu alma con olores, sonidos, visiones y sabores soñados en mil noches en vela. 

Pagas por comer, sales del albergue, te timan en la cuenta, tu bolsillo no da para otra cosa que no sea una elección dentro de una carta basura, mueves las rodillas al ritmo de la mandíbula o te sientas en un banco a degustar el menú de turista low cost acarreado desde tu hogar vacacional.

Con la tripa llena, engañada, pendiente de saciar, a medio camino entre una sinfonía intestinal y las prisas por pulsar la tecla de pausa vuelves al paseo, camino o andanzas. Te apetecía una tarde de luz y encontraste un agujero negro. Perseguías al siguiente bolsillo de pantalón y chocaste con una camiseta desgarrada. Pretendías hacerte con aquel souvenir que tus compras matutinas dejaron en stock y ahora formas parte del mobiliario de la tienda. Ansiabas salir cuanto antes del curro y acabas haciendo horas extras a la fuerza y sin remunerar. Querías llegar a toda pastilla al siguiente punto de tu itinerario turístico y te frenó en seco el horror de tus obras de arte preferidas yaciendo a tus pies. Dudabas en seguir vagueando hasta el anochecer y, de repente, te conviertes en improvisado camillero. Tu castillo de traficante se derrumba al comprobar que las sustancias que vendes bajo cuerda, las mismas que sirven para paliar por momentos el dolor mental del día a día, carecen de efecto para el cuerpo destrozado de tu última cliente. 

El ir y venir de gentes inmersas en sueños del de aquí y del extranjero, el camino que va desde el dedo del señor alzado en el pedestal por su, moralmente dudoso, descubrimiento hasta el círculo a ras de tierra, mosaico mediante, ha cambiado los pitidos por sirenas, sus pregones por alaridos, las risas por ahogos, sus puestos y tiendas por repentinos hospitales y las prisas por un “se para el mundo, no tuve tiempo de bajarme y todo terminó en un minuto.”


Al día siguiente paseas, caminas, deambulas, andas machacándote la cabeza con la idea de continuar viviendo sin miedo, pero el nudo que se instaló en tu garganta la tarde de ayer será difícil de deshacer. Intentas que pase desapercibido. Te trajearás con él desde que te levantes hasta que te acuestes. Seguirás recorriendo el camino, andanzas o paseo con un único, atroz y estresante empeño: quitarte para siempre esta impuesta, maldita, forzada y perversa corbata.

martes, 5 de septiembre de 2017

Ramoncín: "Una Vida En El Filo"







Hablar de Ramoncín en este Estado es meterte en camisa de no sé cuántas varas, pero, como a mí eso nunca me ha importado, allá que voy con el tema. Creo que este artículo va a estar repleto de alguna que otra confidencia mezclada con experiencias personales y aliñada con alguna referencia a la puesta en el mercado del documental “Una Vida En El Filo”.





Ramoncín y la polémica siempre han caminado de la mano. Ya desde sus primeros conciertos, con aquel famoso rombo pintado en la cara, hizo brotar amigos y enemistades a partes iguales. En una España en la que todo era en blanco y negro él supo dar pinceladas de rebeldía extraídas de frascos de buen Rock y actitud. Lo mismo le llovían huevos y vegetales varios que le hacían entrega de flores y presentes. Ante esto nunca se achantó, es más, parece que necesitaba de esas dos caras de la moneda que había acuñado para seguir adelante con su proyecto, y vaya si siguió. Lo hizo sacando la friolera de ocho discos de estudio más un directo y algún recopilatorio en tan solo doce años. ¡Qué tiempos aquellos en los que los grupos y artistas sacaban disco cada uno o dos años! Todo un currante de la música. La mayoría de l@s rocker@s del Estado hincábamos las rodillas ante tanta producción musical y la calidad de la misma. Luego, como es normal en cualquier persona, necesitó un parón musical, hizo sus pinitos como presentador de televisión, en el cine ya había hecho alguna que otra aparición, y se metió a caballero defensor de los derechos de autor con el blasón de la SGAE como arma. Y ahí empezó a ser mal mirado, criticado, vilipendiado y no sé cuántos participios más de dudosa afectividad podría poner en esta lista. Pero esas son las cosas características de estos lares. Mientras otr@s compañer@s suyos de profesión allende de nuestras fronteras hacían, y hacen, declaraciones políticas que son para tirarse de los pelos del lugar que más te duela, presentan o forman parte del jurado de programas de igual calidad de los que nos quejamos por estas tierras o, incluso, salen ya subidos al pedestal de la fama, delirante y efímera diosa, una vez pasan por dichos platós, aquí tienes que ser “auténtico” según estrictos cánones, si no acabarás esquivando CDs afilados en uno de tus conciertos. ¡Bien por este territorio plagado en igual porcentaje de patrimonio cultural, ignorancia y ración doble de envidia!





Conocí a Ramoncín siendo un crío en el colegio de curas donde estudié tanto la EGB como el bachillerato y al famoso C.O.U.. Desde el momento que entró en mi vida, lo hizo a través de ese formato tan poco valorado como es el cassette, se quedó ahí para siempre. Flipábamos en colores con sus discos, sus letras, sus atrevimientos o sus leyendas urbanas que para nosotr@s se convertían en verdades como puños. Cuando creces y pasas de la infancia a la juventud en el periodo que va desde finales de los setenta hasta entrado los noventa del siglo pasado escuchar canciones como las de Ramoncín era todo un impulso en tu vida diaria, tanto en el plano familiar como social. Nunca negaré que había otras muchas bandas y artistas en solitario que cumplían igualmente dicha labor, pero él ya se había convertido en algo que nos mantuvo expectantes durante dicho periodo de tiempo. Cuando acababas de asimilar un disco ya tenías otro que te volaba la cabeza. Mi preferido siempre será, y esto es cuestión de gustos, “Ramocinco”. Con ello no quiero decir que no me molaran los anteriores y los que vinieron después, al revés. Como he dicho antes que alguna que otra confidencia engrosarían esta amalgama de párrafos, reconoceré que durante el tiempo “oscuro” de su carrera, aquel en el que sólo pronunciar su nombre era sinónimo de insultos y desprecio, seguí escuchando esos discos un poco a escondidas y con el volumen a la mitad de lo que solía ponerlo en años anteriores. Luego llega el momento en el que, por muchos y distintos motivos, aquello de lo que siempre te enorgullecías, eso de que le den a lo que digan l@s demás, comienzas a aplicarlo, he de reconocer que lo he aplicado siempre, al mundillo este que va de tan liberal y subversivo que no es otro que el del Rock. De este modo acabas mandando a la mierda a es@s puristas con el mismo ahínco que le sacabas la lengua a tus vecin@s por el tema del pelo largo y las pintas muchos años atrás. Ahora, con los pies ya en el umbral de los cincuenta no puedo, ni quiero, evitar seguir emocionándome con las canciones de Ramoncín. Veo cómo mi mente rebobina hasta esos parques repletos de litronas y canutos, también otras sustancias que llevaban grabado el símbolo de la muerte en sus envoltorios, me encanta  que al escuchar ciertos temas me encuentre de frente la cara nítida de algun@s colegas que hace mil que no veo y de otr@s que no volveré a ver por sus coqueteos con dichas sustancias, me veo atracado por “El Chuli”, qué coincidencia, así se llamaba un yonki enorme puesto hasta arriba de pastillas que me sacó un puñal de caza cuando tenía 16 años para robarme los putos cien duros de costo que acababa de pillar junto con las cuatro monedas sueltas que llevaba en los bolsillos, y otras miles de batallas y problemas que Ramoncín y una serie de grupos de aquella época conseguían que fuesen mucho más llevaderos. Sí, puedo decir alto y claro que Ramoncín forma parte de la banda sonora de mi vida, que sólo lo he visto una vez en el mismo pueblo donde me atracó, y por poco me mata, “El Chuli” y que estoy deseando volver a verle en directo a la mínima que tenga la oportunidad. Espero no emocionarme mucho, o sí, quién sabe.







En lo relativo al documental, os informo que forma parte de la caja que lleva por nombre: “Ramoncín, Quemando El Tiempo.” Ésta la completan tres CDs. Los dos primeros hacen un repaso a toda su carrera, desde 1978 hasta 2017, y el tercero es un set acústico al que han titulado: “En Los Huesos”. Si hay una cosa que te llama la atención desde el comienzo es el lugar desde donde el protagonista cuenta la mayoría de sus vivencias, el Auditorio del Parque de Atracciones de Madrid. Sorprende ver cómo ha cambiado este sitio desde los años setenta del siglo pasado hasta nuestros días. Ramoncín comienza aquí a hablar, conversación a la que se irán sumando algun@s de sus colegas de aquella época. Que su primera aparición televisiva fuera interpretando “Marica De Terciopelo” y que, encima, se la dedicara a l@s pres@s, fue toda una carta de presentación e intenciones. El documental avanza mientras repasa, uno a uno, sus trabajos discográficos. Así saldrán a relucir los cambios de formación, su evolución musical o su relación con las distintas discográficas por la que pasó con resultados igual de dispares y tensos. Esas anécdotas con algunos responsables de dichas empresas del disco son para enmarcar. Era imprescindible que apareciera su etapa como miembro de la SGAE y todos los sinsabores que aquello le trajo. De esta forma llegará a tus oídos la versión del artista, que te convenza o no es otro tema. Parte fundamental de este documento en imágenes son sus conciertos, apariciones televisivas como tertuliano, invitado a algún programa o las respuestas dadas, sin desperdicio alguno, en alguna de las entrevistas que le hicieron en la caja tonta. Y en esto que llegó el momento más controvertido de su paso por los escenarios. Éste no es otro que su actuación en el Festival ViñaRock. Está claro que ese poderío de echao p´adelante no se había apagado a pesar de ser consciente de lo que se le vendría, se le vino, encima. No sé cuántas veces habré vivido situaciones parecidas, aunque no tan graves como la de los CDs en forma de estrellas ninja y los pedruscos de cierto tamaño, eso es demasiado. Lo vi con bandas como Shy, Tesla o The Cult, también con Pantera, pero he de reconocer que, en este caso, el bocazas de Phil Anselmo se mereció los abucheos y demás. Estas situaciones siempre me han cabreado bastante. Si no te gusta lo que tienes en frente encima del escenario o bien te largas a la barra o te das una vuelta o te sientas en las gradas, pero eso de lanzar objetos a l@s músicos es la mayor falta de respeto que se puede tener hacia ell@s. Aquí sale a relucir la sinceridad de algunos invitados, compañeros de profesión, como son Miguel Ríos o Jorge Escobedo de Sober, que reconocen no haber apoyado a Ramoncín durante y después de este grave suceso. Otros, como Loquillo o Johnny Burning, muestran su profundo enfado ante lo ocurrido. La realidad es que ninguna de las bandas o artistas que pasaron por aquella edición del Festival dio la cara por temor a que les ocurriera lo mismo. Siguiendo con el documental escucharemos nuevas reflexiones, temas y declaraciones por parte de otros invitad@s, como Mariskal Romero o Juan Echanove, acerca del protagonista y su influencia en la música de este Estado. En conclusión, para seguidores/as de Ramoncín de toda la vida, este documental es algo que no puedes dejar pasar de largo. Recomendable cien por cien, vamos.






Cierro este extenso artículo dando mi opinión sobre el tema de la piratería e internet. Ésta ya la he expresado mil veces durante las presentaciones de la exposición “Piratas, Ayer Y Siempre”, basada en las carátulas de cassette que autodiseñabámos cada un@ de nosotr@s. En aquellos tiempos no tan lejanos en los que se vendían millones, miles o cientos de discos algun@s, con mayor o menor poder adquisitivo, grabábamos muchos de esos discos en cinta sin que afectara en exceso a la venta de copias. Nadie se llevaba las manos a la cabeza por ello ni se quejaba por este asunto, es más, quien no tenga o haya grabado una cinta que se tire por la borda del barco pirata. Ahora, yo el primero, nos descargamos tantos discos y a tal velocidad que muchos de ellos ni siquiera los escuchamos, no digamos ya enteros. No voy a ser yo el que descubra que la industria y el mercado musical ha cambiado. Ante esto l@s autores/as criminalizan sólo a l@s cosumidores/as por el hecho de descargarse sus obras de manera gratuita, razones no les falta para ello. Ahora bien, ¿qué pasa con esa industria discográfica contra la que Ramoncín y miles de artistas han luchado, y luchan, durante su carrera? Pasamos del Cassette Mono colgado como un bolso a torres de grabación, las famosas “tostaderas”, que te graban no sé cuántos CDs o DVDs en pocos minutos, segundos. Es más, puede que ya ni grabemos, lo llevamos todo en un MP3, un pen o móvil donde tenemos equis discos, de los que no conoceremos nunca ni sus portadas, y vamos tan campantes por la vida. ¿Y quién ha inventado y nos ha vendido toda esa tecnología? Pues las mismas casa y marcas que se quejan de la mala situación del cine y la música. ¡Corre a pillarte el último modelo de móvil! ¡Instálate tal o cual programa de descargas en tu ordenador hecho de componentes supermodernos que dentro de cinco meses estarán totalmente obsoletos! ¡Súbete a la nube para no tener que pisar el suelo y sentirte como un ángel, para dioses ya están ell@s! Así sólo conocemos el conflicto entre consumidores/as y artistas y centramos ahí el problema. Mientras ell@s se parten el culo de risa sacándote los cuartos cada poco tiempo y se lavan sus manos impregnadas de mierda y contaminantes. Ric@s vendiendo progreso a pobres para que se lancen CDs ninjeros entre ell@s con su marca estampada, para más recochineo. Pues eso, que ningun@ nos vamos a ir de rositas en este asunto, pero ya es hora de que saquemos a relucir las espinas que crecen en los rosales de esta mafia que nunca cuidó de l@s músicos y nos sigue metiendo como borreg@s en recintos cercanos a cuchitriles para poder disfrutar de la música que más nos gusta. Lo concerniente a la reventa y compra de entradas por internet lo dejamos para otro momento.






Hasta aquí el pesao del Mandril porque esto daría para mil artículos como éste. Sólo una cosa, a ver si Ramoncín se deja caer por estas tierras alejadas de las giras de muchos artistas y podemos disfrutar de su actual directo. Estoy deseando volver a cantar “La Chica De la Puerta 16” y todo su elenco de buenos temas. ¡Enhorabuena por la caja! ¡Nos vemos, o mejor aún, nos oímos y nos leemos!


martes, 15 de agosto de 2017

Rodrigo Ratero: "El Lugar Donde Reina La Locura"







Muchas veces que las visitas de amig@s traen consigo gratas sorpresas. Eso es lo que ha ocurrido con la última de mi amigo Javi de Rentería. En ese afán de intercambio de regalos y préstamos que nos hacemos de música, revistas, cómics y libros, este verano, además de otras cosas, él me ha pasado esta obra de Rodrigo Ratero, basada en un guion de Jabi Subversión, titulada “El Lugar Donde Reina La Locura” mientras que yo le dejé el libro de Justo Vila “La Agonía Del Búho Chico”, del que os hablaré algún día en este blog.




Rodrigo Ratero es un madrileño de nacimiento que pasó su infancia y juventud en Ciudad Rodrigo. Allí comenzó su labor como guionista de cortos que dirigía con la ayuda de colegas. Sin ser un estudiante aplicado, dedicaba su tiempo a este tipo de actividades mientras le atrapaba la música Punk. En el 2010 edita su primera novela, “El Maestro Pocero”, con la que consigue una notable repercusión y de la que existe una edición impresa limitada. A ésta le sigue la que nos concierne en este artículo que vio la luz en el 2016. Su obra literaria se complementa con el guion de “Terrario”, dirigida por Jesús Mora y protagonizada por Darío Paso Y Natalia Rodríguez.



Jabi es el guitarrista y cantante del grupo de Rock Rabioso Subversión X. “El Lugar Donde Reina La Locura” comenzó como un proyecto de disco conceptual por parte de la banda. Viendo que aquello se quedaba corto para presentarlo en los escenarios, pensaron en convertirlo en obra de teatro y de aquí salió la idea de pasarlo al cine. Así fue cómo Jabi se metió de lleno en el guion del proyecto que llegó, incluso, a rodarse durante varias jornadas antes de que los problemas con la productora y el equipo de rodaje echaran por tierra dicho propósito. Pasado el disgusto, se pone en contacto con Rodrigo con el que acuerda pasar el guion al formato novela. Así es cómo Ratero da forma a su segundo libro.




Ekix (Xabier), Santi, Gaizka, Ortan, Leire,Silvia e Izaskun son un grupo de jóvenes adolescentes que se codean desde pequeñ@s con el paro, el alcohol, la heroína y las calles negras de su Santurzi natal durante la segunda mitad de la década de los 80 y la de los 90 del siglo pasado. Todo ello bajo el sustrato de las bandas Punk que despuntaban por aquellos años en sus alrededores, Eskorbuto, Zarama o R.I.P., entre otras. Los dos ejes sobre los que gira esta increíble novela son el propio Ekix y la ciudad de Santurzi. Él abandonara pronto el hogar familiar donde, después de la muerte de su madre, comenzarán las discrepancias con su progenitor que se aferra a la botella para olvidar su presente y esperar que el futuro le ponga pronto frente a la muerte. Cansado de un trabajo convencional dejará todo atrás para okupar una casa que compartirá con su compañera desde que eran críos, Leire, y que, a la larga se convertirá en centro de operaciones de toda su pandilla.



El codearse día sí, día también, con esa plaga que se extendió por aquellos años por todo el Estado conocida como heroína hace que no tarden en sucumbir a los “placeres” de la misma. Aquí es donde realmente comienza y acaba todo lo que Rodrigo plasma en sus páginas. Desde ese primer pico, sucesor de los chinos, que le administra Niko, personaje posteriormente esencial en toda la trama, a Ekix y Leire hasta un millar de aventuras y desventuras, impulsadas por la necesidad de seguir con su adicción, ocurrirán otro tanto de cosas que os pondrán los pelos de punta gracias al lenguaje directo y sin tapujos de Ratero. Tod@s ell@s pasarán, como era de esperar, de ser un@s pringa@s a l@s que roban l@s demás yonquis a ser profesionales del atraco y el tráfico de heroína. Las calles, plazas, descampados, estaciones de trenes, vecin@s, la policía corrupta y la competencia brutal por el menudeo que les saque de tener que andar pillando a otr@s harán el resto. También está esa pasión que tod@s ell@s sienten por el Punk que se ve realzada por su acercamiento a Iousu de Eskorbuto al que consideran todo un referente y al que recordarán más de una vez entre alucinaciones, síndromes de abstinencia y subidones. Podría extenderme mucho más y desgranaros alguna que otra de las correrías de esta peña, pero sería como desvelar la propia existencia de cualquiera de ell@s y mi intención, como en otras ocasiones, es que las descubráis por vosotr@s mism@s dedicándole un rato de vuestro tiempo a la lectura de las mismas. Os aseguro que os engancharéis como Ekix y sus colegas al caballo.




Para much@s de los que crecimos en la misma época que este grupo de chic@s, el lenguaje de Rodrigo, unido a las vivencias de l@s mism@s, nos resulta totalmente cercano. ¿Quién de nostro@s puede decir que no le dio el palo algún yonqui? ¿Quién no vio cómo algún o alguna de sus amig@s de la infancia caía en esa telaraña bien urdida por ciertos poderes que es la heroína? ¿A cuántos perdimos por sobredosis, SIDA, peleas o “caricias” de los maderos? Me ha parecido todo tan próximo que sólo tenía que cambiar esas tristes, oscuras y enmarañadas calles de Santurzi por las de los grandes y pequeños pueblos de La Serena o el propio Cáceres. Cuando leía ponía caras cercanas a Leire, Niko, Ekix y tod@s l@s otr@s y veía pegada a mí esa ilusión que teníamos cuando, de la manera que fuera, llegaba a nuestras manos las cintas o los discos de las bandas que aparecen en estos párrafos. Cómo no te ibas a identificar con todo aquello que entraba por tus oídos si era lo que realmente te servía de refugio y vía de escape ante los problemas que nos surgían dentro y fuera de casa. Puede que algun@s se lleven las manos a la cabeza o vean estas correrías como algo pasado y anacrónico, incluso crean que Ratero y Jabi se han excedido en sus descripciones, pero os aseguro que así funcionaban las cosas en las calles en aquellos años que ahora nos venden a través de camisetas portadas por niñat@s que no conocen ni los grupos que llevan impresos y que ha conseguido crear una ola de bandas que se reconocen como “Sonido Ochentero”.



Ahora bien, si el tema de la política hace su aparición a través de GaizKa y sus discrepancias con l@s demás, creo que los autores de este formidable texto se quedan en el tintero dos de los grandes problemas a los que nos tuvimos que enfrentar l@s jóvenes de aquel tiempo: el ya mencionado SIDA y la llamada a filas. Es imposible que no afrontaran o se encontraran de frente con estos dos asuntos. Si el intercambio de jeringuillas, unido a las recaídas después de los desenganches, es algo que se plasma en estas páginas, me ha resultado raro que ningun@ de ell@s acabara afectado por esta enfermedad. En lo relativo al servicio militar, exceptuando unos panfletos que lleva Gaizka en uno de los capítulos relativos a la Insumisión, el trato es totalmente nulo. Si Ekix tiene doce años al principio de 1985 y acaba cercano a los treinta al final de la novela, es imposible que, por muy drogadicto que fueran, él y sus colegas, no hubieran tenido que desafiar su incorporación a filas de una manera u otra. Hago referencia a estos temas porque puede que sean, junto a la suerte que tienen después de atracar ciertos lugares y a ciertos personajes, lo que hace que el relato quede un poco cojo en su conjunto.




Por lo demás, sólo me queda provocaros para que atraveséis el umbral de ese “Lugar Donde Reina La Locura”. Lugar que pensábamos que desaparecería huyendo de él y que ha crecido hasta convertirse en el monstruo que es en estos días gracias a falsas creencias como la podrida globalización. 

Cierro este artículo con parte del tema de Parabellum “La Locura” de su disco de 1993 “Hace Falta..?”:

“La locura dijo a la razón: No existe un corazón que apague mi tortura…

  Quiero correr encima de un cristal, cortándome los pies, tratando de buscarte.


  Quiero saltar, dejándome la piel, y luego echarme sal y no tendré bastante…”