sábado, 6 de abril de 2013

Texto Mandrílico De Abril


La memoria de la mayoría de los hombres se secó hace muchos años, demasiados. Se fue deshaciendo en el tiempo de la misma manera que las rocas acaban formando los sedimentos de los fondos marinos. Sólo unas cuantas mujeres, las menos, consiguieron que un pequeño grano de esas piedras siguiera flotando en el aire. Ellas guardan herméticamente un vital secreto por temor a represalias o exilios. Secreto que debían transmitir oralmente a alguna elegida después de que esta pasara unas duras pruebas demostrando de esta manera su compromiso tanto de discreción como de perpetuidad.

La raza humana llevaba muchos siglos sumida en una nefasta peregrinación. Azotados por terribles enfermedades, largas hambrunas, interminables periodos de sequía seguidos de otros tantos de persistentes lluvias y atosigamientos de fieras aéreas como terrestres. Así fue como un grupo de aquellos errantes consiguió llegar al borde de una frondosa e inexpugnable jungla. Dicha jungla era, desde hacía unos años, el territorio dirigido por un joven Rey Mono al que todos reverenciaban y admiraban por justo a la vez de fiero e inteligente. Los vigías de los bordes  de la selva no tardaron en hacer llegar la noticia de la presencia de aquellos extraños seres en las inmediaciones de su entorno. Esto hizo que se formara un revuelo tal que el propio Rey temió por  la posibilidad de conocer a sus visitantes antes de que estos pudieran huir presas del pánico. Acompañado exclusivamente por sus generales orangutanes, el monarca saltó de rama hasta llegar al lugar indicado para comprobar que, efectivamente, había un conjunto de individuos pertenecientes a una especie desconocida de monos. El primer impuso de los orangutanes fue intentar expulsarlos con sus brazos largos y fuertes pero la altiva orden de su Rey los frenó en seco. El aspecto de aquellos seres impregnados en miseria y desgracia hizo que el corazón del soberano se apiadara de ellos. El Rey Mono consiguió frenar el terror de los raros especímenes acercándose a ellos poco a poco y en solitario, siempre bajo la mirada atenta de sus generales. Utilizando el lenguaje universal de signos y muecas consiguió saber quién era el jefe de tal desaliñado grupo. Ambos dirigentes se separaron para hablar a solas con la intención de llegar a un acuerdo. Este consistió en que, por parte de los humanos, deberían respetar aquella selva repleta de alimentos y agua mientras que, del lado de la tribu de los monos, estos le enseñarían todos los secretos de tan magnífico lugar para que, de este modo, dejaran de tener tan deplorable aspecto. Así podrían vivir amigablemente y en armonía durante miles de años.

Eso fue lo que ocurrió durante el reinado del joven Rey Mono. Todo cambió una vez muerto este. Los hombres, sabedores ya de todos  los entresijos y lugares que guardaba aquella jungla, empezaron a ansiar el lugar solo para ellos. Olvidando todo lo aprendido de sus primos arborícolas comenzaron a acosarlos, crearon intrigas funestas que fueron diezmándolos año tras año. Se encargaron de que, con artimañas y negros regalos, cada uno de los generales orangutanes se enfrentara con cada uno de sus aliados de tal manera que estos dejaron de atender a su pueblo el cual calló en la más profunda de las desesperaciones. Fue tal el estado que lo hombres crearon que cada general orangután acabó vagabundeando solo por la jungla por temor a cruzarse con alguno de sus semejantes dejando a sus súbditos a placer en manos de las insidiosas manos humanas. Después de casi exterminarlos, los pocos que quedaron fueron acosados y obligados a dejar su territorio ancestral para siempre. Ya en el borde de la jungla, justo en el mismo lugar donde se produjo aquel ya lejano primer encuentro, mientras los hombres gritaban su victoria, un joven mono consiguió alzar la voz para maldecirlos por su propia avaricia y orgullo, cualidades que los llevarían al final de sus días y, por último, les advirtió de que volverían y matarían a la última de las descendientes del jefe humano para que, de esta manera, fuera el olvido de todo lo aprendido durante su años de convivencia lo que les daría el golpe de gracia antes de desaparecer totalmente de aquel sagrado lugar.

Esta mañana mientras la mujer del dirigente humano, la única portadora viva del antiguo secreto, lavaba la ropa en el río cercano a la aldea, mientras el jefe estaba fuera negociando la repartición de tierras con otros  hombres de ambición muy superior a la suya, la abuela del hogar se ha sobresaltado al escuchar un gran estruendo. Al entrar en el compartimento de su nieta, aquella destinada a seguir conservando la sabiduría necesaria para sobrevivir en la selva, se ha encontrado de frente con la más espeluznante de las escenas. Aquella que ni su anciana mente podría imaginar. La cuna estaba tirada por el suelo mientras el cuerpo de la niña permanecía inerte sobre la alfombra de juncos. De repente ha aparecido en escena un enorme mono con las manos y la boca ensangrentadas. Los gritos de la vieja han llamado la atención de todos. El mono, al verlos, ha huido encontrando refugio en su grupo que le esperaba al borde del poblado. Los hombres han conseguido dar muerte a algunos monos pero el Rey de estos se ha zafado de esta jauría enloquecida subiéndose a lo más alto del último árbol de la jungla. Desde allí, rodeado de un grupo de orangutanes, les ha gritado fuerte y claro a los hombres: “De aquí en adelante nunca más conseguiréis recordar cómo sobrevivir en este sitio. Nuestros pueblos están tan unidos que el mismo día que el último mono desaparezca de la faz de la Tierra será el principio del fin de vuestra estirpe”.

Los últimos monos se han escabullido entre los gritos de júbilo de los hombres que han hecho oídos sordos a las palabras del nuevo Rey Mono. Justo en ese mismo instante, por el extremo opuesto de la selva, han aparecido unos terribles animales de dientes metálicos y patas circulares  que van arrasando todo lo que esta jungla ha sido esta durante milenios.