jueves, 8 de noviembre de 2012

Catel & Bocquet: Olympe De Gouges









Estos días, el tres de Noviembre, para ser más exactos, se cumplen casi ciento veinte años de la muerte de Olympe De Gouges. Catel y Bocquet se encargan de mostrarnos la vida de esta señora en las viñetas y textos de uno de los cómics más interesantes e instructivos que he leído en los últimos meses. Para ser sincero no sabía de la existencia de esta mujer hasta que leí esta obra, cosa de la que me alegro enormemente.





La ilustradora Catel Muller y el guionista José-Louis Bocquet reflejan en esta novela gráfica, como se llama ahora,  no sólo la vida de la creadora de la declaración de los “Derechos De La Mujer Y La Ciudadana”, también nos ponen al tanto de cómo era la Francia de los años previos y casi posteriores a la Revolución Francesa. Con toda seguridad es ahí donde radica el mayor logro de esta obra, en la gran labor de investigación que han hecho ambos autores. Cuando leemos algo sobre esa revolución acontecida a finales del siglo XVIII la mayoría de los libros de Historia nos cuentan cosas acerca de lemas un poco machacados por el paso del tiempo, se centran en biografías de grandes hombres ilustres de esa época y lo aliñan todo con cabezas cortadas por el invento del cirujano Joseph Ignace Guillotin. Sin embargo en este cómic podemos enterarnos de qué pensaban los franceses acerca de ciertos temas como la esclavitud, la corona o el teatro, por ejemplo, veremos cómo eran las calles y distritos del París de ese siglo o nos enteraremos de la gran actuación de las mujeres en aquella, ya lejana, revuelta.




Olympe De Gouges es el nombre que adoptó Marie de Gouze después de enviudar y convencerse de que nunca más se volvería a casar. La razón  que la llevó a esta decisión es algo que deberéis descubrir en esta obra. Su gran interés por el teatro y ciertos temas sociales, muy polémicos en la época, la llevó a escribir la obra titulada “La Escalvitud De Los Negros”, adaptada más tarde como “Zamore Y Mirza, O El Feliz Naufragio”. Como podéis imaginar, desde este mismo instante se encontró de frente con muchos de los sectores de la sociedad parisina y francesa de aquellos años. Pero no sólo se dedicó  a escribir para los escenarios, fueron sus panfletos políticos los que la llevaron a enemistarse tanto con defensores como con detractores de la Revolución Francesa. Su mayor obra fue, como os he dicho antes, la  “Declaración De Los derechos De la Mujer Y la Ciudadana”. Diecisiete artículos en los que se refleja aquello por lo que la mayoría de las mujeres del mundo lucharon, luchan y seguirán luchando mientras cualquiera de las sociedades mundiales sigan siendo injustas con ellas. Todo un logro, además de un paso adelante, nacido de la mente y mano de una mujer que, como suele ocurrir en estos casos, estaba muy adelantada a la época que le tocó vivir. Qué más cosas tuvo que vivir Olympe, con quién se relacionaba, cuáles eran sus gustos y fobias o la razón de su muerte son cosas que os dejo que descubráis vosotros mismos, si lo hacéis a través de esta gran obra mejor que mejor.




En los tiempos que nos está tocando vivir con gobiernos  que  nos han llevado a esta situación, ya sean de izquierda o derecha, sindicatos vendidos a estos gobiernos y un fascismo in crescendo por la vieja Europa, el hecho de leer cómics como este me llena a la vez de desesperación y energía. Desesperación por volver a comprobar cómo las distintas revoluciones llevadas a cabo a lo largo de la Historia, ya sean francesa, de los claveles, del 68 o rusa, caen en saco roto con a penas unos años de vigencia. ¿Dónde están ahora todos esos valores por los que murieron tantas mujeres y hombres? Ni siquiera se podría decir que en un saco roto más bien en memorias rotas. Pero sí es verdad que conociendo personas como Olympe De Gouges me queda un hilo de esperanza para convencerme, aunque sea un poco, de que no todo está perdido. Si mujeres como ella hicieron y tuvieron los ovarios que tuvieron para hacerlo es posible seguir haciéndolo a pesar de que tengamos que luchar contra altos muros de represión.  A pesar de todo sigo creyendo en los sueños, utopías y, sobre todo, en la revolución que, al menos para mí,  no es lo mismo que las revoluciones. La propia Historia se encarga de demostrármelo a través de sus infinitas páginas.