Siempre es un inmenso placer leer a Pilar Galán. Tal vez no
sea demasiado objetivo diciendo esto, sobre todo por el hecho de conocernos en
persona y de ser un referente literario para mí. Sea como fuere, lo bueno es
que me sigue sorprendiendo cada vez que pone en circulación un nuevo libro. Con
El peso exacto de los días me ha vuelto a ocurrir, y para muy bien. Esta
colección de microrrelatos, más algún que otro relato corto, es de una excelente
calidad.
Para aquell@s que aún no conozcan la trayectoria de Pilar
Galán, diré que es oriunda de Navalmoral de la Mata, aunque lleva residiendo en
Cáceres desde hace años. Licenciada en Filología Clásica, catedrática de Lengua
y Literatura y miembro numerario de la Real Academia de Extremadura de las Letras
y las Artes, tiene en haber premios como el Certamen nacional de la UNESCO, el
de Miguel de Unamuno, el de Helénides de Salamanca o el de San Isidoro de
Sevilla, entre otros. Además, ha sido finalista en el NH de cuentos o en el de
Ana Mª Matute. Obras suyas son, por nombrar algunas, entre cuentos, novelas y
obras de teatro, Manual de ortografía, Paraíso posible, Ni
Dios mismo, Los pasos de la piedra o Si esto fuera una novela.
De esta última tenéis también una entrada en este humilde blog. A todo esto, y
a su labor como profesora, añade una columna en un periódico regional, talleres
literarios, en uno de ellos comenzó mi andadura literaria, y ciclos de
conferencias.
Como ya he señalado, El peso exacto de los días lo
conforma un elenco de microrrelatos y relatos cortos. He de reconocer que estas
dos modalidades literarias, sobre todo el microrrelato, son algo por lo que he
sentido siempre una atracción especial. Que en unos pocos renglones se consiga
narrar toda una historia de cabo a rabo me parece algo bastante extraordinario,
sobre todo para alguien como el que escribe estos párrafos, cuya última novela
supera las setecientas páginas. Aparte de hacerte la lectura más dinámica y
amena, tanto el microrrelato como el relato corto crean una especie de
carrerilla lectora que te impulsa al siguiente con ganas de más. De esta forma,
me he visto envuelto en una galopada de páginas que he disfrutado al máximo.
No por ser cortos o no demasiado extensos, ni un formato ni
el otro pasan por alto problemas serios y de profundo calado. Y eso es lo que
hace Pilar en estos textos. A veces con humor, otras con sarcasmo y alguna más
con una seriedad que te atraviesa el pecho, asalta temas como la violencia de
género, el amor de una madre, para bien o para mal, el paso de los años, con su
buena dosis de recuerdos, el acoso escolar, la pobreza infantil, la homofobia,
el despertar sexual o la prostitución. A su vez, utilizando siempre un lenguaje
a veces mordaz, a veces irónico, además de hacer gala de sus conocimientos como
licenciada en Clásicas que es, no deja atrás cuestiones como la religión, el
adulterio, las reuniones familiares, el tren de Extremadura, el desamor o su
propio nombre. Todo con unas vueltas de guion y unos finales que hacen que
cualquiera de estos textos te impacte de manera directa a la yugular, como se
suele decir.
No me atrevería a decir que es lo mejor que he leído de Pilar
Galán, pero El peso exacto de los días ha subido directamente al pódium
de mis obras favoritas suyas. No sé si por desconocimiento o por sorpresa, pero
la autora ha vuelto a demostrar su gran capacidad escritora en cualquier
fórmula o estructura literaria que se le ponga por delante. Y esto siempre es
algo admirable. Mi más sentida enhorabuena por estas páginas que, como ya he
referido, he saboreado, masticado y engullido de manera más que exquisita.
Espero que a vosotr@s os ocurra lo mismo cuando os decidáis a tener este libro
entre vuestras manos. Algo para lo que ya estáis tardando.