martes, 8 de junio de 2010

Tardi, Otro Maestro



Aquí os traigo la recomendación de otros de los grandes autores europeos, Jacques Tardi. El primer contacto que tuve con él fue a la temprana edad de doce o trece años cuando mi hermano se pilló su obra “Polonius” y desde entonces me quedé totalmente impresionado. Otro de sus personajes famosos, sino el que más, es “Adele Blanc-Sec”. Siempre ha tratado temas de intriga, asesinatos o suspense, como es el caso de su anterior obra “El Secreto Del Estrangulador”, pero si hay algo que realmente le apasiona es lo acontecido durante la I Guerra Mundial. Este tema lo ha tratado en varias ocasiones, quizá lo hizo más crudamente en “La Guerra De Las Trincheras”. Se podría decir que este “Puta Guerra” es un poco la continuación, no de la historia de aquel pero si en la temática, del mismo. A pesar de tener obras en las que él solo hace de guionista y dibujante, también tiene algunas en las que el guión no es sólo suyo, siempre se supo rodear de grandes guionistas como es el caso de Jean-Pierre Verney para esta obra.

No sé si se debe a que sea hijo de militar pero cada vez que se adentra en el mundo del conflicto que tuvo sumida a Europa por casi cinco años lo trata de una manera totalmente antimilitarista. Sus personajes principales suelen ser los soldados rasos, los desertores o los prisioneros tanto de un bando como del otro. Con este cómic vuelve a denunciar la barbarie de la guerra, de cualquier guerra, la degradación, tanto personal como de estado, que la misma acarrea o lo poco que puede llegar a aprender el ser humano que después de haber un conflicto tan brutal a principios del siglo XX se sumió en otro de mayores dimensiones a principios de la década de los 40 del mismo siglo.

Puede que lo más me haya gustado en cuanto a dibujo de esta obra sea cómo Tardi mezcla distintas técnicas en una misma viñeta, acuarelas con tintas blanco-negro para pasar a otras viñetas donde predomina el color o, incluso, impactarnos con los tonos ocres que le dan a la obra esa sensación de estar viendo viejas fotografías de la época. Realmente increíble el maestro francés, como siempre, en ese aspecto, diría que se ha superado incluso.

Pero si hay algo realmente a reseñar en esta obra es el trabajo del guionista Verney. Si la parte humana de la obra hace claramente referencias a Tardi, lo que es la parte, podríamos llamar técnica de la misma, es una labor muy bien hecha por parte del guionista. Sorprendente cómo va tratando el conflicto año a año y cómo nos va explicando el desarrollo del mismo a través de la incorporación de los distintos ejércitos, países y armas totalmente novedosas para esa época como el mortero o los tanques, importantísimos a la hora de que los aliados vencieran ya que los alemanes nunca le dieron la importancia necesaria a estos “barcos de tierra”, así es como los teutones llamaban a esta arma introducida por los ingleses en el conflicto. Además, al final de la obra Verney nos deleita con un análisis año por año de lo acontecido durante ese periodo que no tiene nada que envidiar a los mejores libros de historia. Me ha sorprendido mucho, y se lo agradezco de todo corazón, su labor de documentación. Siempre nos dijeron que la guerra había acabado en 1918 pero lo que se firmó realmente ese año fue el armisticio, la paz no se firmó hasta bien entrando el siguiente año, 1919. Datos como este sacan a la luz lo que los libros de texto suelen ocultar.

Lo peor de todo es que nos hace reflexionar por millonésima vez sobre la estupidez humana. Cómo el ser humano después de haber vivido una catástrofe como esta pudo llegar al punto de estar metido en otra guerra en menos de 30 años. En estos momentos, a pesar de tanta ONU y tanto grito por la paz, el mundo vive un momento con un índice de belicismo mayor que nunca. El tráfico de armas es mucho más lucrativo que el de droga, hay tal cantidad de conflictos abiertos en todos los continentes que es imposible saber con exactitud el número de los mismos, las guerras duran más tiempo que nunca, los desplazados se cuentan por miles de millones y seguimos sin aprender lo que supone un conflicto en cualquier parte del planeta. Una pena que el hombre sea así de violento y destructivo, por supuesto que también puede llegar a ser el ser más maravilloso del planeta, pero en este sentido es, sin duda, el más estúpido de cualquiera de los seres vivos de la Tierra. No se acaba de enterar de que la guerra nunca tendrá más sentido que el de hacer más ricos a los ricos y empobrecer aún más a los pobres, así ha sido y así sigue siendo. Me uno a Tardi y a Verney y sólo puedo deciros una cosa: “¡Puta Guerra!”.