lunes, 10 de julio de 2017

Foo Fighters, Madrid 2017








¿Habéis ido alguna vez a un festival a ver a una banda solamente y luego os habéis largado? Bueno, pues en eso se puede resumir mi asistencia al Mad Cool. Lo de tener amigos hasta en el infierno es algo que se puede aplicar a cómo empezó la tarde del jueves, 6 de Julio, en la capital del Estado. Sí que es verdad que Miguel es algo más que un colega para mí, pero que dé la casualidad que sea del mismo barrio donde se celebraba el evento, San Fermín, fue algo que nos libró del tremendo chaparrón que cayó horas antes del concierto de los norteamericanos. Llegaríamos a los alrededores del recinto pasadas las seis de la tarde y, tras empaparnos casi por completo en los poco más de quinientos metros que separan la boca de metro de la casa de mi colega, pudimos hacer tiempo bajo su techo mientras nos contábamos nuestras novedades con un licor de café sobre la mesa. A eso de las ocho, y viendo que la lluvia había cesado, nos pusimos en marcha hacia la Caja Mágica. La primera sorpresa positiva de la jornada fue el encontrarnos con alguien que vendía una pulsera de acceso porque iba con su hijo menor de ocho años y, según parece ser, los menores hasta esa edad entraban gratis. Accedimos a comprarle la pulsera para Miguel y listos los tres para vivir una nueva jornada rockera.





Si la primera sorpresa fue positiva las que vendrían después hicieron caer dicha positividad hasta lo más hondo de lo negativo. No entiendo muy bien por qué tuvimos que hacer cola entre fango y vallas por el suelo, con las que buenamente impedimos hundirnos en el barro hasta las rodillas, para que nos colocaran la pulsera correspondiente a nuestra asistencia. No lo entiendo porque no servía nada más que para que la organización nos contabilizara como reses ya que una vez dentro no podías salir del espacio reservado al festival. Hubiera sido más fácil dejarnos entrar directamente con la entrada y punto, nos hubiéramos evitado una cola que, a mi parecer, era totalmente innecesaria. Una vez dentro, empezamos a darnos cuenta de qué va todo este rollo del Mad Cool. Esto no es otra cosa que una pandilla de pij@s vestidos como si fueran a una fiesta nocturna en uno de los clubes más elitistas de la ciudad.





Nada que ver con lo vivido quince días antes en el Download. Y sí, voy a comparar ambos festivales porque puedo hacerlo y, además, porque creo que merece la pena la comparación, así podéis haceros una idea de cómo cambia el cuento según que Caperucita lo protagonice. Si los puestos del Download eran los típicos de camisetas, chupas de cuero y parafernalia puramente rockera, aquí sobresalían los de gafas de  sol de marca, no creo que hicieran su Agosto con el día que salió, cremitas de maquillaje, ropa de diseño y variantes por el estilo. Sin mucha dilatación pasamos el puente que conecta esta zona de “tiendas” con el recinto en sí para dirigirnos hacia el escenario principal donde descargaría Foo Fighters. Mira que he visto excentricidades en festivales, pero lo de encontrarte una cola en el stand de una peluquería me pareció una extravagancia total. Pasarte dos horas para que te peinen mientras las bandas están dándolo todo en cualquiera de los cinco escenarios me parece hasta una falta de respeto hacia ellas, pero, bueno, hay que ser Cool para estar aquí y eso se consigue con este tipo de cosas. A esto le sumas un toro mecánico, una sección de camas elásticas, una barra exclusiva de vinos, ¿desde cuándo se sirve en cristal en un concierto?, una noria, más bien vacía, y un salón de maquillaje y tienes la oferta “alternativa” del asunto. 





Pillamos, y triunfamos, todo sea dicho, sitio con suficiente antelación para disfrutar de Grolh y compañía y llega la hora de ir al servicio. Qué queréis que os diga, puede que a l@s amantes del Rock nos lleven acusando desde hace décadas de guarros y demás lindezas, pero lo que había allí era un estercolero en toda regla. Si en el Download se respetaba a raja tabla lo del servicio de ellas y ellos, aquí eso no existía. Si en aquel teníamos seguridad para que la peña entrara por un lado de la rampa y saliera por el otro para, de este modo, agilizar el propósito de evacuar, aquí era una marabunta de gente sin control alguno p´arriba y p´abajo sin parar. Los meaderos de los tíos eran de esos tipos pesebres donde meábamos en fila de a cuatro y se llenaron hasta el borde al poco tiempo de ser utilizados. Ante esto… cuál fue la solución, evidentemente, utilizar los de ellas con el consabido problema añadido que tienen las chicas con las colas, tapas sucias de orín y demás lindezas sólidas. Y así fue cómo conseguí volver al lugar que habíamos elegido para ver a Foo Fighters, con la idea de que todo lo que me había parecido sobresaliente quince días antes, en el mismo lugar, ahora no alcanzaba ni el muy deficiente de l@s que pasamos por la E.G.B. en nuestra infancia.





El tema de que no funcionaran las pantallas, aparte de afear la actuación de Foo Fighters, se les pasa como accidente causado por la gran tormenta previa al concierto. Como música introductoria al concierto de los de Seattle sonaron los Judas Priest a todo trapo. Eso sí, viendo la reacción de la mayoría de l@s asistentes, poc@s se quedaron con ello, clara demostración del conocimiento musical de l@s mism@s. Lo primero que hizo el señor Grohl antes de ponernos a tope con “Everlong”, menudo comienzo, fue alegrarse de la buena noche que se había quedado e invitarnos a que mirásemos a la Luna. Una vez dicho esto… ¡Pum! Guitarrazo inicial de “Everlong” y tó p´adelante. Él es perro viejo y sabe que, con inicios como éste, al que sumaría “Monkey Wrench” y, la ya exitosa, “Learn To Fly”, nos tendría comiendo en sus manos. “Something From Nothing” es de esos temas que empiezan lentito y acaban haciéndote saltar por los aires. Sólo con estos cuatro cortes consiguieron que no se me quitara la sonrisa de la cara durante las dos horas que quedaban por delante. Llega el momento de otro de sus clásicos, “The Pretender”, que quedó algo deslucida con el estiramiento en tiempo que le dieron y primera parrafada de la noche a cargo de Dave, tuvo una cuantas. Después de tanta tralla, se tomaron un respiro, a nosotr@s también nos obligaron a ello, ralentizando, más aún, “Big Me” y enganchándola con uno de mis temas favoritos, “Congregation”.




“Walk”, ese tema donde parece que Dave se va a dejar la garganta, fue otro de los grandes momentos del recital con el que consiguieron que tod@s cantásemos como loc@s. A estas alturas del show te das cuenta de que el peso del mismo recae, cómo no podría ser, sobre el propio Grolh y el batería, Taylor Hawkins, un verdadero animal con las baquetas. No es que los demás miembros no pongan de su parte, pero la estoicidad del bajista Nate Mendel, cuya labor a las cuatro cuerdas es excelente, y del guitarra, que fuera cuarto integrante de Nirvana, Pat Smear, también forman parte del concierto. Eso fue lo que hizo Dave después de “Walk”, presentarnos uno a uno a los miembros de su banda. El otro guitarra, Chis Shiflett, se marcó un trocito del “Panamá” de Van Halen que pasó igual de desapercibido que la intro de Judas, mientras que, el nuevo reconocido como miembro oficial de la banda, el teclista Jami Raffee se ponía en plan bailongo recordándonos a los Bananarama y su “Venus”. Momento divertido que sirvió de antesala para “All My Life” a la que siguió “Times Like These”. El pequeño descanso que nos dieron con ésta última fue sólo un espejismo ante lo que se nos vendría encima empezando con otro de mis temas favoritos “These Days” que puso por enésima vez patas arriba la Caja Mágica. Como parece que le habían cogido el gusto a esto de ponernos a doscientos por hora, no se cortaron en continuar con otro de sus clásicos, “My Hero”, que se convertiría en advertencia sobre la ristra de cortes sin aliento que tendríamos que vivir de aquí al final del show.




“Skins And Bones” fue la encargada de poner un paréntesis ante tanta aceleración ayudada por la interpretación al acordeón del teclista, Jami Raffee. Vuelta a lo que tod@s estábamos pidiendo a gritos con nada menos que “White Limo” que, con esa tremenda y demencial entrada, movió al personal como si de uno solo se tratara, otro de los grandes momentos del concierto, sin duda. Parece que se habían quedado anclados en su trabajo “Wasting Light” con ésta y las dos siguientes, la explosiva “Arlandria” y la no menos ecléctica “Rope”, ambas con esos estribillos típicos de la banda y de ejecución más que notable. Vuelta al pasado con la baladita “Wheels” donde Dave nos pidió que encendiésemos los mecharos para acabar siendo iluminado por las miles de pantallas de otros tantos móviles. Llegó el momento de presentar su último single, antesala de su próximo redondo, “Run”, que fue bien recibido aunque, como es normal, con cierta frialdad, algo que suple fácilmente con la caña del final del mismo. Pulsamos de nuevo el botón de rebobinar con “This Is a Call”, transportándonos a los primeros tiempos del grupo, antes de despedirse, cómo no, con “Best Of You”. Supieron cerrar el círculo de igual forma que lo empezaron, creando una catarsis que sólo bandas como ellos son capaces de alcanzar. Ni bises, ni enredos, un verdadero adiós después de más cinco años sin pisar los escenarios de Madrid.





Acabado el concierto pude comprobar otra de las diferencias organizativas con respecto al Download. Al término del show de SOAD se abrió una salida en uno de los laterales del escenario principal, ubicado en el mismo sitio que el de Foo Fighters, para descongestionar la evacuación de la peña. Aquí nada de eso, tod@s como borreg@s hasta poder alcanzar el lejano puente de acceso. Hicimos tiempo viendo al grupo que actuaba en uno de los escenarios secundarios, que me parecieron la quinta reencarnación de los Joy Division con todas las diferencias que puedas añadirle, antes de dar por finalizada nuestra presencia en este Mad Cool. Al día siguiente llegó la tragedia con la muerte del acróbata Pedro Aunión y la consabida reacción de la organización.






Han pasado sólo unos días y ya se me está haciendo larga la espera para poder tenerlos delante de nuevo. Foo Fighters ya era una de mis bandas de cabecera de lo que va de siglo y, viendo y viviendo lo visto y vivido, va a seguir siéndolo. Ahora bien, me queda la duda de cómo sería verlos en un festival puramente rockero, cómo sería la reacción tanto de ellos como del público. ¿Se atreverían, tanto la organización como ellos mismos, a formar parte de un Hellfest, Resurrection o Rockfest? Estaría bien poder comprobarlo. Lo que me quedó claro después de lo poco que vi en este festival pijotera de chicas que te invitan a un trago advirtiéndote de que su mini no lleva M y cosas por el estilo, después nosotr@s somos los drogatas, pero, claro es que ell@s siempre han sido más finolis en este asunto, es que siguen pasando los años y no puedo, ni quiero, evitar gritar alto y claro: “¡¡Mi rollo es el Rock!!”