miércoles, 1 de junio de 2016

"Sólo Los Muertos No Hablan", Tremenda Obra De Ángel Muñoz








Hay veces en que leer un libro, un cómic, un artículo o algo por el estilo levanta en ti esa parte que llaman curiosidad por algo que pensabas conocer. De esta forma, indagas sobre los hechos que se relatan en los párrafos de lo leído y te das cuenta de que lo que tú creías saber al respecto es tan sólo una mínima parte del tema es cuestión. Pues bien, eso es lo que me ha ocurrido con esta obra de Ángel Muñoz, “Sólo Los Muertos No Hablan”.




Ángel nació en Quart, Girona, hace ya casi cuarenta años. Dedicado al cómic y a la ilustración, consiguió cierto renombre en el mundo de las viñetas con su primer trabajo, “La Traición Sabe A Oro Negro”. Después de cuatro años de intenso trabajo saca a la luz la novela gráfica “Rapide!” basada en el viaje que el Dragon Rapide hace desde Biarritz hasta las Palmas de Gran Canaria para recoger a Franco. Con “Sólo Los Muertos No Hablan” vuelve a la palestra y lo hace de una manera apabullante.



En primer lugar, destacaría la manera tan personal que tiene de crear viñetas, con un estilo pocas veces visto con anterioridad.  La idea de separar mediante el color a los dos personajes principales de esta historia, marrón para Luís Guitart, azul para Enriqueta Martí, es de suponer que, a veces, se solapan, hace que puedas estar pendiente de las dos historias de manera, en principio, independiente, todo un acierto.
En cuanto al guion, el autor se centra en una de las épocas más convulsas y violentas de la historia de este país, en general, y de Cataluña, en particular. No está de más decir que los hechos que aquí se narran no coincidieron en la realidad, pero esa es otra de las cosas que resaltaría de este trabajo. Para no ser hechos coetáneos, todo lo narrado está tan bien superpuesto que bien podrían serlo. La única razón es que, desde finales de la primera década del siglo pasado hasta principios de los años veinte del mismo, la convulsión social fue tal que los sucesos podrían haber ocurrido a la vez sin ningún problema pues los problemas se extendieron de la misma manera y forma durante dichos años.




En este cómic nos encontramos con dos personajes principales, Luís Guitart, padre de Teresita, y Enriqueta Martí, más conocida como “La Vampira Del Raval”. El nexo de unión entre ambos es la propia Teresita, ya que ésta fue la última niña secuestrada por Enriqueta antes de que salieran a la luz todas sus fechorías entre las que se encontraban explotación sexual de menores, prostitución de l@s mism@s o asesinato, entre otros. Mientras, como trasfondo, tenemos todo lo acontecido en Barcelona durante la Semana Trágica.



Luís es un obrero como otro cualquiera de aquel tiempo al que sus condiciones laborales le impulsan a formar parte de la banda de “Los Desheredados”, con ideas cercanas al anarquismo. Se tendrá que enfrentar con los matones del Sindicato Libre, defensor, en principio, de los intereses de Don Joaquín, su patrón, y demás empresarios de la capital catalana. Todo se pone patas arriba cuando los reservistas son llamados a filas para luchar en la guerra de Marruecos para defender los intereses que gente como el Marqués de Comillas tenían en ese territorio, minas y ferrocarril, sobre todo. Durante el transcurso de todas estas revueltas su hija Teresita Guitart será raptada por Enriqueta Martí. Este suceso hará que la desconfianza de Luis en las fuerzas del orden, ya mermada de por sí por los sucesos que vive en el plano laboral, aumente de manera exponencial. Por razones exclusivas de la banda a la que pertenece acabará espiando a su patrón y éste le llevará ante Enriqueta y su propia hija.




El caso de “La Vampira Del Raval” fue algo que tuvo en ascuas a la sociedad barcelonesa entre 1909 y 1912. Esta mujer se hacía pasar por mendiga durante el día para secuestrar a niños de familias pobres y por la noche se codeaba con la alta sociedad de la ciudad condal a la que ofrecía distintos servicios procedentes de dichos infantes. La verdad es que era una mujer cruel que tenía un buen negocio montado porque tenía una clientela que pagaba bastante bien por el mismo. En el fondo, y sin quitarle culpabilidad a esta señora, nos encontramos con lo de siempre, los pobres, en este caso niñ@s, un plus de brutalidad en este asunto, “complaciendo” los vicios de los ricos. Os suena de algo, ¿verdad?



No os contaré más de la obra porque, como siempre, mi interés está en que la descubráis vosotr@s mism@s, pero, volviendo al punto de partida de este artículo, lo que sí me gustaría es comentar un poco más todos aquellos años. Por un lado, obreros luchando contra empresarios que realmente los tratan como esclavos. A esto le sumas el bombazo que debió suponer que los reservistas fueran movilizados para defender los intereses de esos empresarios dejando atrás a sus familias en la más alta pobreza. Para rematar todo esto, que sepas que toda esa alta sociedad que martiriza a miles de personas sacie sus bajos instintos con tu hij@s. Esto no se puede comparar a una bomba de relojería, es, simplemente, un obús de largo alcance que explotó porque no tenía más remedio que hacerlo.



Ahora, con el paso de los años, vemos todas estas acciones con cierto regusto romántico, no puedo con el romanticismo, me supera, pero seguro que cuando arriesgaban sus vidas sabiendo que podían acabar con un tiro en la nuca procedente del “Libre” o de la policía, cuando recibían esas terribles palizas en comisarías y prisiones, cuando veían a su descendencia pasar hambre o morir por enfermedades a cuyos remedios no podían acceder por falta de recursos, no era tan de película como nos suponemos. Su lucha tenía un solo fin, el derecho a ser tratados como personas. Se dejaron la piel, la vida, en muchos casos, sus familias, para que nosotr@s pudiéramos disfrutar de ciertos derechos que, últimamente, nos están arrebatando en nuestras propias narices. Creo que se merecen un poco más de respeto, algo que nos estamos pasando por donde tod@s sabemos. Estas personas no entendían la vida sin luchar porque sólo les quedaba eso, luchar por un salario justo, por descansar un día a la semana o por tener ciertas cosas que ahora vemos como normales y que, en aquel tiempo, eran unos lujos. Pues nada, sigamos delante de nuestras pantallas, sigamos votando a políticos corruptos que lavan la cara a los bancos y la patronal, demos más patadas a refugiados que huyen de guerras que nos proporcionan grandes beneficios y, sobre todo, sintámonos seguros con la excusa de que eso a mí no me va a pasar.




A gente como Luís Guitart le robaban la vida día tras día, ahora nos venden la vida día tras día, pero alguno de esos días nos daremos cuenta de que no tenemos con qué pagarles la vida. Entonces será cuando empezará, ya ha comenzado, a pasarnos lo que pensábamos que nunca nos pasaría.