jueves, 11 de febrero de 2016

Texto Mandrílico Febrero 2016




Así que, según su declaración judicial, usted no tiene nada que ver con el asunto que nos concierne. Curioso, sobre todo después de haber sido excomulgado y tener una petición de seis años cárcel. Al menos estará al tanto de lo que se le acusa.
Con todo el revuelo que se ha montado, imposible afirmar que desconozca toda esta trama.

¿Trama, dice usted? Peculiar manera de definir los hechos. De esta forma da a entender que hay más personas involucradas, ¿no cree? Sea como fuere, yo simplemente soy un periodista de ciudad que se ha hecho eco de lo sucedido en su pequeña localidad de provincia y me he puesto en contacto con usted para saber su interpretación actual de lo acontecido. ¿Estaría usted dispuesto a contarme su postura en estos momentos?

Después de hacer oídos sordos a los consejos de mi mujer e hijos, insisto en que ninguno de ellos, al igual que yo, tiene relación con el motivo de esta llamada, estoy dispuesto a darle mi propia y verdadera versión de lo que aconteció después de la celebración religiosa de donde parten todas mis acusaciones y posteriores infamias.

Es toda una satisfacción saber que nuestro semanal será el afortunado en publicar sus argumentos.

Esperemos que piense igual una vez finalizado mi relato y no tener que dar la razón a mis familiares que aseguran que esto no servirá para nada o, más bien, servirá para emborronar mucho más estos acontecimientos.

Acepto el reto. Adelante, ya tengo preparada mi grabadora.

Mi nombre es Casildo Pajuelo Costas. No sabría decir con exactitud cuántas generaciones de mi familia se han encargado de la importante misión que la parroquia de esta villa nos tiene encomendada. Tampoco es que tenga que mear sangre por dicho cometido, pero la importancia del ritual para el cual se nos eligió no tiene el menor resquicio de duda. El último Domingo de Ramos, una vez finalizada la procesión, como mandan los cánones, el mayor de mis hijos y yo, aquel que debería seguir con esta responsabilidad, nos dedicamos a recoger las palmas, ramas de olivos y demás utensilios vegetales utilizados en esa comitiva religiosa. ¿Es necesario que comente qué se hace con todo eso?

No, no se preocupe. Ya, si eso, lo explicaría yo detenidamente en el artículo.

Pues bien, una vez manipulado todo y guardado en los recipientes sagrados que llevan entre mi familia todas las generaciones a las que antes he hecho referencia, nos despreocupamos del asunto con igual tranquilidad que años anteriores. Cuando, como es costumbre aquí, unos diez días antes de la ceremonia que nos concierne recibimos la visita del monaguillo con la petición del párroco para que todo estuviera preparado para una jornada tan señalada en el calendario, nos acercamos a revisar los recipientes llevándonos la terrible sorpresa de que estaban completamente vacíos. El contenido había desaparecido por arte de magia. ¿Qué tipo de magia? Ahí radica el problema de todo esto.

¿Y cómo solucionó usted esta situación?

No se impaciente mi querido redactor. A ver si ahora que me he arrancado me va usted a velar y acabamos donde empezamos, o sea, en nada.

Perdone usted. Siga, por favor.

Sabiendo lo que se nos venía encima, intenté solucionarlo utilizando material vegetal parecido al usual en estos casos creyendo que no se darían cuenta del engaño. Dicho y hecho. No tardamos más de dos días en volver a rellenar los recipientes con su debida, aunque distinta, sustancia. Se hizo entrega de los mismos al párroco en la fecha indicada llevándose a cabo la santa ceremonia sin que nadie se percatara del cambio. Todo se torció cuando el sacristán, Jorge, el encargado de devolvérnoslos y al que yo creía amigo de toda la vida, se percató de que aquellos receptáculos no eran exactamente los mismos de otros años. Se lo comunicó al párroco y este, evidentemente, pasó como un ogro por mi casa acusándome de todo lo que se conoce por estos lugares.

¿Ya está? ¿Con eso queda todo dicho? ¿Y qué me dice de los hechos posteriores a la ceremonia? ¿Todos esos casos de enfermedades graves y muertes repentinas?

Está claro que si a mí me robaron tanto el contenido como el continente yo no tengo nada que ver con esos asuntos. Podré asumir la falsedad del interior, pero no del exterior de las vasijas.

¿Y cómo demuestra que no fue usted quien lo manipuló todo?

Muy señor mío, a Lucifer se le puede considerar un falso dios, pero no por ello deja de serlo. Si los caminos del Señor son inescrutables los suyos son un laberinto. “Polvo eres y en polvo te convertirás”, esa es la frase utilizada en este rito. Puede que al maligno no le interesa el polvo y sí el recipiente donde reside esa materia.

Creo que con esto que me cuenta no aclaramos nada. Deberé consultar si lo publicamos o no. Lo siento.

No se preocupe, sabía que mis familiares tendrían razón. Le permití escuchar mi versión tan sólo para convencerme de que el tipo de periodismo en el que trabaja su semanario es tan falso como cualquiera de los argumentos que planean sobre mi cabeza. Cuando las cosas salen mal, la religión, y cierto tipo de prensa no deja de ser una religión en estos días que vivimos, necesita un falso testimonio para explicar lo que no puede o no interesa, llámese Lucifer o Casildo Pajuelo Costas. ¡Qué tenga usted una buena vida! La mía, al igual que la del supuesto falso dios, estará marcada con la mentira para siempre, ¿verdad? ¡CLIC!

¿Oiga, oiga? Desde luego, esta gente de provincia tan cerrados y supersticiosos como siempre. Toda la tarde perdida. No me quedará otra que volver al asunto de los timadores de Las Ramblas que está más visto y leído que las novelas del oeste. Este mes sin comisión en el sueldo. ¡Vaya mierda!