martes, 23 de febrero de 2016

Miguel B. Núñez: "Heavy 1986"









Este artículo es el primero que hago sobre un cómic donde ni os voy a hablar del contenido del mismo ni de la trayectoria del autor en cuestión. Por ello pido disculpas a Miguel B. Núñez y a tod@s l@s protagonistas que forman “Heavy 1986”. ¿Por qué procedo de esta manera? Porque, sencillamente, he entendido a la perfección lo que Miguel y sus personajes quieren transmitirnos con sus viñetas, espero no confundirme. Lo que sí haré es utilizar las bandas centrales de cada uno de los capítulos de esta obra para desarrollar el contenido de estos párrafos.




“Th Ultimate Sin” puede que sea el disco más infravalorado de la carrera de Ozzy, pero yo, al igual que el autor de este tebeo, lo flipaba con él. Nostr@s no teníamos una Canciller donde ir cada sábado, pero sí que teníamos unos baretos como el "13" en Cáceres o "El Doblao", en mi pueblo, La Haba, donde, después, en este último, de tragarnos todo el pachangueo de la noche podíamos disfrutar de cosas como este redondo. Con este disco comienza la andadura de “Heavy 1986”. Ese año fue también el principio de mi andadura en Cáceres. A pesar de que llegué en Octubre del año anterior, ese fue el primer año que viví fuera de casa, compartiendo piso con otra gente y yendo a conciertos a Madrid solito, como fue el caso de Accept-Dokken o Judas-Warlock, en este último también tenían que haber tocado Metallica pero la muerte de Cliff Burton hizo que se anulara su actuación. Por eso, ya partiendo del propio título de estas páginas no he podido sentirme más identificado con todo lo que me he encontrado en ellas. Aquí conoceréis a l@s protagonistas de las mismas y, estoy más que seguro, que os veréis reflejados de alguna manera en ell@s.




Corría el año que nos concierne y asistí a mi primer festival Heavy. Éste no fue otro que uno que se celebró en Guareña, pueblo de Badajoz, cerca del mío, que llevaba por nombre “GuareRock”, cómo no. El cartel lo formaban principalmente Rosendo, que venía con su segundo disco, “Fuera De Lugar” y la mítica banda emeritense Bucéfalo. Sí, los mismos que aún siguen dando caña cantando en castúo allá donde pueden. Después de colarnos en el tren, nos plantamos en Guareña para sorpresa de los vecinos. Caretos de muerte por su parte, comentarios como: “¡¡Pero si también vienen tías!!” y calor humedecido en cerveza nos sirvieron para pasar una noche inolvidable. Para l@s habitantes de Guareña también debió serlo porque nunca más se celebró. Desde entonces este trabajo de Rosendo ha estado, al igual que para Miguel, dentro de mis preferidos de su carrera.




Panzer, qué puedo decir de Panzer. Fue el primer concierto de un grupo, digamos, grande, por aquella época, que vi en Cáceres, en la Plaza Mayor. Yo ya conocía a la banda madrileña antes de venirme a vivir a esta ciudad y siempre recordaré el disco al que se hace referencia en este cómic, “Toca Madera”, de 1985, el de 1986 es “Caballeros De Sangre”, que lo tengo en vinilo, porque mi madre me regaló la cinta en una edición de la Feval de Don Benito. Resulta que ella y la asociación de viudas a la que pertenecía habían montado un puesto para vender dulces caseros y financiar así sus actividades, pues bien, casualidades de la vida, a las viudas las colocaron justo al lado de otro puesto que vendía cintas de cassette. Una vez llegué con mis colegas, me fui a saludar a mi madre, con un poco de vergüenza por cómo reaccionarían mis amig@s, porque si no lo hago y ella se entera de que había estado allí y no la había saludado me hubiera caído una buena, ella, ni corta ni perezosa va y me dice: “Ven que te voy a regalar la cinta de la vieja con los cuernos parriba.” ¡Lo flipééé! Para que veáis cómo son las cosas, mis colegas acabaron alabando a mi madre como una tía enrrollá, yo con la cinta de Panzer en el bolsillo deseando llegar a casa y tod@s, en conjunto, con un dulce casero en cada mano paseando por el recinto.




Lo de Obús nunca fue lo mío, lo saben bien mis colegas de siempre. Ese macarreo de barrio nunca acabó de llenarme, ahora menos. Siempre fui más de Leño y Barón Rojo. Esto no quiere decir que no recuerde aquel famoso concierto en Villanueva de la Serena donde lo pasamos en grande o no los haya respetado siempre como banda esencial en la historia del Heavy estatal. Deciros que tengo el single de “Prepárate”, sí, antes había unas cosas físicas que se llamaban singles y que, muchas veces, no eran hits de la radio. Los aguanté hasta el disco “Pega Con Fuerza” y reconozco que “Poderoso Como El Trueno” me gusta bastante, sobre todo la canción “Estúpido Acusador” que me ponía las pilas cada vez que salía a la calle. Es normal que en estas viñetas se haga alusión a esta banda porque, independientemente de mi gusto musical hacia ellos, se lo merecen, sin lugar a dudas.




Como bien hace referencia Miguel en esta obra, por entonces existía un boletín musical que, sobre todo a l@s que no vivíamos en las grandes urbes, nos servía como respiro a la hora de adquirir música, el famoso Discoplay, luego acabó llamándose BID. Por ahí fue por donde me hice con el tercer disco de Dio en solitario, “Sacred Heart”. Último con Vivian Campbell como guitarrista y, para mi gusto, también de los grandes, junto a los dos primeros, de su carrera. Dio era la voz del Heavy, el creador de los famosos cuernos y el que en sus vídeos parecía enorme para su estatura. Sólo conseguí verle una vez y fue al final de su carrera, en Bilbao, pero tod@s alucinábamos con sus temas y no nos cansábamos de sacar los cuernos al sol que siempre venían mejor que las caras. “R&R Children” es un temazo que pocas veces se cayó de su set-list. L@s rocker@s siempre llevaremos a Dio en nuestros corazones. Algun@s también lo llevaban en parches como el de Marta, una de las protagonistas de este trabajo.




Si realmente hubo un revulsivo dentro del Heavy Metal durante esa época no fue otro que el Thrash Metal. Algo que actualmente ansiamos fue lo que pasó en aquellos años con bandas como Slayer, Megadeth, Mercyful Fate, Metallica, Anthrax o Death Angel. Miguel se centra en este capítulo en los británicos Venom. Estos, con sus primeros discos, devolvieron ese sentimiento satánico que siempre había rodeado al género y temas como “Black Metal”, “Wellcome To Hell” o, al que se hace alusión aquí, “Hellchild” pasaron a ser clásicos que nunca se han bajado del pedestal infernal del Metal Extremo. Sí que es verdad que yo, por aquel tiempo, no les presté demasiada atención, es más, quitando algunos de sus temas, ni los tuve en cuenta. Ha sido con el paso de los años, y el haberles visto ya dos veces en directo, cuando me fui interesando en ellos. A la vejez llamas y cruces invertidas que la viruela está ya mu vista.



El disco “Turbo” hizo temblar los cimientos del Heavy, no por su potencia o agresividad sino por todo lo contrario. De pronto todo el mundo comenzó a llamarles vendidos, blandos y demás lindezas que ellos se pasaron por el forro, literalmente. Este también lo tengo en cinta y también fue un regalo, de mi amiga Isa, de Villanueva de la Serena, que se adelantó un sábado de mercadillo a que yo la mangara del puesto. Nuestra pobre economía, sumada al morbo de mangar la cinta de una banda que te molara, nos llevó alguna que otra vez a este tipo de “azañas”. De esta forma llegaron a mi colección de cassettes discos tan grandes como “Piece Of Mind” o “Lick It Up”. Parecía que los Judas estaban acabados, que habían perdido el rumbo, pero yo me fui a verlos a Madrid con este disco, la primera vez que los veía, y disfruté como un enano. A ver quién es él o la guap@ que ahora no quiere que suene “Turbo Lover” en un show suyo. Judas siempre serán los dioses del Metal y Halford un referente dentro del mismo.



Ese espacio madrileño de la Casa de Campo reservado al Tenis era en aquellos años un arenal sin apenas gradas llamado Rockodrómo donde se celebraron grandes conciertos, alguno de ellos gratis. Allí fue donde vi por primera, y única, vez al guitarrista irlandés Gary Moore. Lo flipaba con este tipo. Su música, sus letras, su actitud, siempre fue algo que me atrajo. “Empty Rooms” es una de las mejores baladas del Rock. A esto le sumabas esa guitarra afilada, eso toques celtas y esos musicazos que le acompañaban, sobre todo su mano derecha, el teclista Neil Carter, y tu cabeza volaba más allá de las tierras irlandesas. Con Gary Moore, al igual que le pasa a Suso en este cómic, te podías evadir de muchos de tus problemas mientras sus canciones te recorrían cada una de las partes de tu cuerpo. Otro al que siempre echaremos de menos. “Over The Hills And Far Away”.



Recuerdo ir hablando con mi colega, con los años para mí es mucho más que una amiga, Montaña de Cáceres y preguntarle: “¿Has visto la portada del último de Metallica?” Su respuesta fue negativa, pero una vez los dos sentados en mi piso alquilado escuchando aquella cinta veía cómo su cara iba cambiando hasta llegar a un subidón que pocas veces antes había experimentado. Así fue cómo “Master Of Puppets” se plantó en nuestras vidas, dándonos de cruces con él. ¡Qué grandes Metallica! ¡Cuántos buenos ratos hemos vivido con ellos! Lo revolucionaron todo, ya fuera el Heavy, el Thrash o mismísimo mundo de las instrumentales. Ya nos daba igual que aquello lo cantara un tipo a años luz de Gillan o Plant, que los puristas los llamaran renegados o que vendieran camisetas como churros. Desde “Battery” a “Damage, Inc.”, este es un disco del que nadie se atrevería a dudar de su calidad, por algo es un clásico.



Capítulo diez, y último, dedicado a la mayor banda de Heavy que ha parido este Estado, Barón Rojo. Aquí Miguel toma como referencia uno de sus temas más representativos, “Chicos Del Rock”. Todas aquellas canciones que parecían estar dirigidas exclusivamente a ti y a tus colegas, aquellos himnos ecologistas mezclados con temas repletos de fuerza y esperanza, además de referencias a la situación política que vivíamos, muchos de estos cortes son de una inquietante actualidad, llevaron a los Barones a meterse en nuestras cabezas y corazones para no salir nunca más. Es verdad que llevan ya unos cuantos años de capa no caída sino arrastrada, pero esos cinco primeros discos suyos, incluyo el directo, forman parte de la memoria musical y vital de much@s de nosotr@s. Cada vez que nos iban las cosas mal pensábamos en “Resistiré”, cada vez que no encontrábamos nuestra identidad canturreábamos “Hijos De Caín” y cada vez que alguien te insultaba por la calle venía a tu mente “Rockero Indomable”. Barón Rojo debió ser más, mucho más, sobre todo a nivel internacional, pero una mediocre compañía discográfica y los malos rollos entre ellos los llevaron a estrellarse antes de tiempo.



Marta, Adela, Gaby, El Venom, Suso, Pepe, El Judas o Jero bien se podían llamar Cano, Isa, Quinito, Montaña, Nisupu, Chino, Rubia, Cali, Cenizo, Nervio, Gordo, Nuria, Dani, Inma, Julito o un largo etcétera de adolescentes y jóvenes que por aquellos años estábamos totalmente inmiscuidos en lo que era, para much@s aún lo sigue siendo, lo más importante de nuestras vidas, el puto Rock, y, para ser más concreto, el Heavy Metal. Sí, gente, por aquellos años las calles estaban repletas de rocker@s en sus distintas variantes, ya fueran punkis, heavys, rockabillys, thrashers o mezclas de alguna de estas. El parque o las aceras eran nuestros puntos de reunión. La peña no conocía el término piratería más allá de las pelis de ciertas islas y sus tesoros. Cada adquisición musical era un lujo que muchos no podían pagar y pedían que se las grabaran, a veces dos en una en aquellas míticas TDK de 90 minutos. Los conciertos eran lugares peligrosos, aún recuerdo cómo nos corrieron los maderos en aquella lluviosa tarde en la que se suspendió el de Deep Purple o cuando un maldito bastardo yanqui mató a un chaval en el de MSG -Scorpions, ambos eventos fueron en el campo del Rayo Vallecano. Allí la diversión se mezclaba con el macarreo y la hermandad musical de tachuelas, humos, sustancias y litronas. Ahora los parques se cierran por las noches, las aceras están llenas de chicles, también de clichés, nos acusan por utilizar una tecnología que nos han metido por los ojos y la imaginación que volaba tu cabeza escuchando un disco en directo fantaseando con estar entre la peña se disuelve con un solo click en Youtube.



Gracias, muchas gracias, a Miguel B. Núñez por estas páginas no sólo repletas de música y vivencias. Me han hecho recordar cosas tan entrañables como los videoclubs, con sus secciones de terror y pelis míticas como “El Día Después” u “Holocausto Caníbal”, los acontecimientos de aquel lejano 1986, Chernóbil o el referéndum de la OTAN, el fantasma de la heroína que se llevó a much@s antes de tiempo y a otr@s l@s dejó para el arrastre y, sobre todo, la libertad que teníamos sin leyes mordazas, antitabaco y cosas de esa índole. He tenido que cerrar más de una vez el cómic porque mi cabeza rebobinaba sin parar y eso es algo nuevo en un aficionado a las viñetas como yo. Con este cómic he empezado a darme cuenta de que l@s protagonistas comenzamos a ser nosotr@s y no nadie de hace diez siglos, sesenta años o de la época romana. Como digo, los cómics me siguen afectando y removiendo los adentros tanto que con este “Heavy 1986”  me he sentido un poco más viejo, pero, a la vez, mucho más humano. La pregunta definitiva es: “¿Dónde estabas tú?”.