jueves, 7 de enero de 2016

Texto Mandrílico Enero 2016



Los Curtis eran cuatro hermanos que nacieron en el corto tramo de seis años. Por aquel tiempo las familias de jornaleros solían ser bastante numerosas, hecho que acrecentaba de manera exponencial su, ya de por sí, endémica pobreza. Cuando a este estado de indigencia le sumabas el alcohol, las cartas, los dados y las peligrosas incursiones en los barrios chinos donde, si aún te quedaban unas monedas, te esperaba una pipa y un diván anti dolores, el resultado era siempre el mismo, la desatención y el desarraigo. En este ambiente, digamos, cotidiano prosperaron los Curtis. Qué cómo se llamaban y cómo consiguieron sacar cabeza de aquel inmundo foso fecal es algo que puedo contar. Otra cosa es que lo que os cuente sea o no verdad pues al final de este relato todo os parecerá tan inverosímil que podréis llegar a creer que ciertamente pasó.

Si empezáramos por los nombres seguro que acabaríamos rápido pues directamente os diré que los desconozco. Pensaréis que es un fallo de memoria o simple ignorancia, con lo cual seguro que ya comenzaréis a dudar de estas palabras. Pues bien, para remediar este descuido mío os propondré una solución, dejémoslo en que tuvieron infinidad de nombres. Todos ellos, al final, se aunaron en el apellido más nombrado de estos lares.

Lo que sí desearon con vehemencia desde temprana edad era mirar de arriba abajo el pozo de inmundicia donde respiraron por primera vez. Comprenderéis que a este anhelo ayudaron las palizas, los abusos sexuales y algún que otro encontronazo con la mal expresada justicia de aquellos territorios. Y qué sabían hacer y conocían a la perfección estos cuatro parientes de vestimentas andrajosas y miradas pícaras. Pues ya os lo he dicho, el alcohol, el juego y las drogas. Sólo les faltaba unir esas chispas visuales con sus cuatro cerebros algo que, muy a pesar de los bolsillos y tendencias sexuales de sus víctimas, consiguieron cuando por fin abandonaron en aquel pueblucho a sus progenitores. Como veis, fueron también pioneros en esto ya que, al igual que ahora, pocos eran los hijos que se deshacían de sus padres en aquella época, más bien al revés.

Eso sí, eran una verdadera hermandad, aunque su principal regla era la acción en solitario. Con esta fórmula anidará en vuestras mentes la segunda duda. Tenéis razón que el grupo es, para bien o para mal, siempre más fuerte que el individuo, pero pasáis por alto un detalle importante en el éxito de nuestros protagonistas. Un cuerpo siempre lleva pegado a él una sombra y esta es más o menos alargada según la posición que tome aquel con respecto al faro que lo enfoca. De esta forma, los Curtis siempre tenían un cebo y alguien que recogía el hilo de la caña. Borrachos, drogadictos, jugadores empedernidos, o mejor aún, todos estos atributos reunidos en un ser, eran estafados sin remordimiento alguno allá por donde pasaban.

El modus operandi no variaba demasiado pues alguien que vivía en alguno, o algunos, de esos estados de atracción fatal era rápidamente catalogado como siguiente triunfo. No importaba ni el sexo, ni la raza, ni la edad, ni la posición social pues las adicciones, a diferencia de la pobreza, suelen ser malas compañías con bocas embaucadoras que no entienden de esas escalas. Todos y todas eran desplumados con soltura. Si buscabas sexo lo tendrías. Te podría parecer gratuito, pero para eso estaba la sombra, para que te dieses cuenta demasiado tarde de tu error. La mujer con la que te satisfacías hoy era el hombre que mañana te partiría la nariz por acusarlo de invertido y el hombre que te sacaba de tu rutina matrimonial sería la mujer que te sacaría los colores de adúltera en plena calle. Los borrachos y drogadictos eran más fáciles de embaucar, experiencia familiar tenían de sobra. Esto no quiere decir que fueran pan comido pues su necesidad de bajar al Olimpo se traducía, en muchos casos, en fuerte agresividad. Pero bien sabían los hermanos que sólo hay que esperar, o cambiar varias veces de local, para que estos seres moribundos caigan redondos en cualquier callejón. El juego era un tema más áspero al ser algo que tuvieron que aprender con los años y no con la experiencia. No lo tocaban demasiado excepto en momentos de extrema necesidad, entiéndase cuando lo tenían bien claro y el cuerpo se vestía con varias sombras.


A pesar de vuestra perplejidad, doy por hecho que os gustaría saber más de este asunto. ¡qué atrevida llega a ser la duda! Pensáis que todo esto es pura inventiva, pero, a la vez, queréis saber más y más del asunto. ¿Y por qué esta necesidad cuando sería más sencillo si me dejarais unas monedas en esta funda de violín y siguierais caminando? Os morís por saber quién era quién de los cuatro hermanos, cómo acabaron o si el orgullo o la avaricia le llevó a su perdición. Sólo os diré que de eso va esta partida, de apuestas que se inauguran a partir del trío, si es de ases, mejor que mejor. Ahora bien, cuidado con la baraja con la que jugáis pues el as de corazones me lo guardo eternamente en la manga.