martes, 15 de diciembre de 2015

"La Ilusión Del Lejano Oeste", Exposición En El Museo Thyssen-Bornemisza











La jornada del pasado sábado la comenzamos, mi novio y yo, con la visita al museo Thysssen-Bornemisza para disfrutar de la exposición “La Ilusión Del Lejano Oeste”. Nos gustó bastante el museo a pesar de que sólo pudiéramos acceder a las salas de dicha exposición y a una pequeña estancia donde se exhibían distintos cuadros de Picasso y alguno de sus coetáneos. De lo que sí os advertiré es de tema de la cafetería, sí os apetece tomar algo hacedlo mejor en los alrededores si no queréis llegar a pagar, nosotros no lo hicimos porque nos dimos cuenta a tiempo, casi cuatro euros por un café. Por lo demás, nos quedamos con ganas de volver y ver otras partes del recinto.





Para aquellos a los que nos apasiona el tema del Oeste americano y, sobre todo, el de las tribus nativas de dicha parte del mundo, la visita a esta exposición llega a ser bastante excitante. Puede parecer que el número de obras expuestas es escaso, esa es sólo la sensación con la que te quedarás al final ya que lo único que te pedirá el cuerpo es que aquello no acabe y poder estar dos horas más en el museo. Esta es la primera vez en este Estado que se agolpan en una serie obras de distintos artistas del siglo XIX cuya única intención era representar los paisajes y las formas de vidas de los habitantes de esa zona del planeta. Con ello consiguieron crear un punto de vista, tanto de dicho territorio como de sus gentes, mezcla de salvaje, peligroso, atractivo y romántico. La civilización se encargaría posteriormente de hacer desaparecer todo resquicio de esa forma de vida por lo que estas obras pictóricas y fotográficas son de un valor etnográfico incalculable.







En la primera parte de la exposición nos encontraremos con una serie de mapas que situaban al Misisipi como frontera real y psicológica. Estos mapas tenían como fin ir recogiendo los lugares donde vivían las diferentes tribus de aquel extenso territorio, así como conocer la posible ubicación de yacimientos minerales. A esto se le sumarían los presidios, las misiones y las primeras ciudades creadas. Como suele ocurrir en estos casos, es bastante curioso pararse a echar una ojeada a los distintos puntos que aparecen en los mapas pues te encontrarás con alguna que otra sorpresa como poder conocer el emplazamiento de alguna de las tribus que desaparecieron en primera instancia, al poco tiempo de tener contacto con el hombre blanco.







Contemplando posteriormente los cuadros de artistas como Henry Lewis, Thomas Hill o Albert Bierstadt entrarás de lleno en la exposición. Sus obras son de tal calidad que poco tienen que envidiar a los grandes del momento. Curiosa la manera que tuvieron de reflejar las cataratas de San Antonio suprimiendo todo lo que la civilización había destruido ya en ese momento para dar a las obras ese punto idílico que ya habían perdido para siempre. Lo importante es que estos artistas ayudaron a que la población y sus gobernantes comenzara a sensibilizarse ante la idea de que aquellos parajes debían estar protegidos si no querían verlos desaparecer para siempre. Esto, como ya es sabido, no siempre se consiguió, pero, al menos, contribuyó a la creación del sistema de Parque Nacionales con Yellowstone como pionero del mismo.







Personalmente fue a partir de encontrarnos con las obras de Charles Wimar y, sobre todo, George Catlin cuando más disfruté de la exposición. Después de haber leído no sé cuántas veces “Vida Entre Los Indios” de este último, tener delante alguno de sus más de quinientos cuadros es algo que te pone el corazón a mil. Vuelvo a insistir en la calidad pictórica de estos autores algo que el gobierno de Estados Unidos no reconoció en su momento y que llevó a Catlin a exponer sus obras en Londres y París llegando a ser, si cabe, más famoso en esta parte del mundo que en su propia tierra. De veras os aconsejo que echéis un vistazo a la biografía de este pintor que abandonó su cómodo sillón de abogado para dedicar su vida a reflejar, a través de sus cuadros, las costumbres, vestimentas y rostros de las muchas tribus que visitó entre las que destacan los mandan, sioux y pawnees. Debido a esto la labor, tanto de Wimar como de Catlin, tiene un valor científico y etnográfico que se escapa a cualquier cifra que podamos imaginar.





En una muestra de este calibre no podía falta el fotógrafo Edward S. Curtis. Sí que es verdad que la mayoría de sus instantáneas están tomadas en las reservas indias, pero esto no le quita la importancia que realmente tienen. Siendo consciente de que la suya sería la última oportunidad de hacer ver al mundo las tradiciones y el modo de vidas de las tribus que visitó, su obra es una de las más extensas realizadas sobre este tema. Vuelvo a recordaos que algunas de sus fotos son montajes que él mismo proponía a estas gentes para que sus danzas, rituales y costumbres quedaran inmortalizados por siempre con su objetivo. Tener delante la fotografía original de alguien tan grande como el jefe Joseph de los Nez Percé, por ejemplo, hará que tus pulsaciones suban como la espuma.







¿Quién no ha visto películas de indios y vaqueros, ha jugado con los míticos fuertes Comansi y sus increíbles figuras o ha leído alguna novela o libro donde colonos e indios se disputaban la vida y el territorio? Pues bien, de esto va la siguiente parte de la exposición. En unas vitrinas podrás contemplar una colección de juguetes y de publicaciones literarias que te llevarán a tu niñez o adolescencia sin pretenderlo. A esto le sumas unos cuantos carteles de alguna de las producciones cinematográficas que han tratado, con mejor o peor resultado, esta temática y pasarás un buen rato olvidando por un momento todo lo angustioso que puede llegar a ser contemplar cómo toda una cultura desapareció en poco más de doscientos años de contacto con lo que conocemos como civilización.








Este periplo se cierra con el homenaje que el comisario de la exposición, Miguel Ángel Blanco, hace a las tierras y pobladores de estos lugares a través de una colección de libros-caja que son realmente fascinantes. En la salida pasarás por la tienda del museo donde podrás adquirir alguna de las láminas que has visto, cuidadín con los precios, y comprobar cómo muchos de los objetos que te intentan vender son burdas copias de los originales. Me refiero a tocados de plumas o vestidos. Por lo demás, toda una experiencia que volvería a repetir no con los ojos cerrados sino con las pupilas bien abiertas. Recordad que esta extinción de pueblos que tan lejana nos puede sonar sigue ocurriendo en muchos de los rincones del planeta y que, de seguir a este ritmo, sólo nos quedaremos con una ridícula parte de lo que representan, algo que queda demostrado contemplando la desaparición de muchas de las tribus que se ven representadas en las obras de esta muestra.