jueves, 8 de octubre de 2015

Texto Mandrílico Octubre 2015



JUAN SIN TENOR

La única condición que puso a la hora de concederme la entrevista fue que no apareciera ninguna foto de su rostro, algo con lo que ya contaba. Viendo que le era fácil conseguir cualquier cosa con tal de que yo sacara a la luz por primera vez quiénes eran y cómo actuaban los de su, digamos, oficio, añadió dos más. Como segunda exigencia redujo el número de preguntas a cuatro por ser su número de la suerte. ¡Vaya novedad! fue lo primero que pensé al escucharla. Accedí a regañadientes porque, con esta concesión, echaba por tierra todos estos meses de preparación, comeduras de tarro y entradas y salidas de cuestiones rebuscadas que pasaron por mi cabeza desde el momento que decidí que o conseguía una exclusiva de esta altura o mejor pasarme a las encuestas de los Ministerios. Lo que realmente me sorprendió es que me exigiera que apareciera su nombre como Juan, en relación al más famoso amante de nuestra literatura. Me sorprendió y me indignó pues con ello me puso sobre aviso de hasta donde podía llegar su cinismo y arrogancia.

-         - ¿Desde cuándo te dedicas a esto a lo que vosotros llamáis “relaciones públicas”? - Primer asalto directo a la yugular. No era cuestión de desperdiciar interrogantes.

-        - No lo recuerdo con exactitud. A veces pienso que siempre me he dedicado a esto. – Con estas palabras comenzó su periplo ante mi micrófono - De pequeño siempre me sentía atraído de manera enfermiza por las luces y los escándalos que se formaban en un lugar parecido a este que había a las afueras de mi ciudad, no lejos de donde yo vivía. Pululaba por sus alrededores las noches que mis padres no paraban de discutir, que eran casi todas, observando desde mi escondite que yo creía secreto. Todo fue bien hasta que el portero grandullón de aquel antro me pilló por la espalda y me levantó metro y medio del suelo. “Los mirones también pagan así que una de dos, o sueltas la pasta, te cobraría sólo de dos meses para acá, por si te creías que te acabo de ver ahora por primera vez, o el dinero lo generas tú”. Como ves mi entrada en este mundo es parecida a la tuya, a base de condiciones. De eso puede que hayan pasado unos quince años, si quieres puedes poner dieciséis. Te doy a elegir el número, así te devuelvo el favor que me haces tú con la cantidad de preguntas.

    Socarrón, engreído, vanidoso y no sé hasta cuantos adjetivos más, algunos dejaban a estos a la altura del betún, atravesaron mi mente antes del segundo asalto.

-       - ¿Piensas que tu trabajo es tan digno como cualquier otro? -  Con esta frunció el ceño un instante aunque supo cambiar con rapidez de aspecto.

-            - Vivimos en un mundo de consumo. No he sido yo el que ha inventado las reglas, es más, si nosotros nos realizáramos esta tarea se podría decir que sería incluso peor. Si tú me pides algo a cambio de dinero yo intentaré conseguírtelo con rapidez y calidad si quiero hacerme con ese dinero. Si a eso le sumas que durante este trayecto yo me lo paso en grande porque tengo lujos, sexo gratis y cambiante cada dos o tres semanas y conozco lugares remotos que jamás habría imaginado me alegro de dedicarme a esto. Soy bueno, estoy entre los mejores, juego en la Champion del sector. ¿Qué más puedo pedir? – Viendo que con esto no contestaba exactamente a mi pregunta se atrevió a soltarme: mi profesión es tan digna como la de cualquier hombre de negocios. Yo, al igual que esos señores, no estoy aquí para limpiar mierda, estoy para ofrecer lo que se me pide a cambio de una cantidad estipulada. ¿O tú cuando compras cierta ropa, joyas o un coche no sabes que fomentas una industria tan corrupta como la nuestra?

-           -  Perdona, aquí el número de preguntas que tú me puedes hacer aún no lo hemos negociado. Mientras la cosa siga así seré yo el que interrogue. – Esto me dio una cierta autoridad que tan solo consiguió una mirada de aprobación por mi agudeza por parte de, para vosotros, Juan - ¿En qué consiste tu misión durante ese famoso y agradable trayecto al que te refieres cuando hablas de conseguir tu parte en la transacción? - El hecho de utilizar ciertos tecnicismos no pareció poner nervioso a Juan.

-      - Yo sólo soy el intermediario entre el cliente exigente y el verdadero dueño de esta empresa. No conozco ni a uno ni a otro y, puedo asegurarte, que no me interesa conocer a ninguno de ellos. El cliente hace su pedido a mi empresario. Este me da a mí las instrucciones con el lugar, las características del producto y el tiempo de entrega y yo tengo que llevar a cabo mi cometido si quiero cobrar. Siempre hay un plus por rapidez, como en las entregas a  domicilio. – De nuevo era poco conciso y a mí, además se me agotaba la paciencia de igual manera que el número de preguntas. Seguí un momento en silencio esperando que él continuara dando detalles, algo que no sucedió.

-         - ¿Me puedes comentar alguna de esas técnicas tuyas propias que te hacen jugar en la Champions de este business? – Acorralado ante este interrogante su faz pasó de seguridad a rabia para volver a la serenidad en menos de un minuto.     

     Con lo que yo nunca conté fue con su astucia. Grave error por mi parte ante personas de este calibre. Haciendo como que pensaba con tranquilidad lo que me iba a contestar consiguió que las chicas del local fueran apareciendo tomando sus posiciones en el mismo. Se encendieron las luces, de dentro y fuera, los camareros ocuparon sus sitios sin pestañear mientras las mujeres se acicalaban unas a otras antes de comenzar su nueva jornada nocturna.

-        - Lo siento, como ves, el negocio acaba de abrir y yo tengo que empezar a trabajar al igual que mis compañeros y compañeras- Cómo alguien puede utilizar ciertos términos sin quebrarse es algo que jamás he llegado a comprender- Seguiremos con esta conversación en otro momento.

-           -  Pero tú me prometiste cuatro preguntas y esta es la última. – Protesté con altanería.

-       -  Te digo que esto va a empezar a funcionar. Tu tiempo se ha acabado. Métete tu puta pregunta por donde te quepa y mueve tu culo de esa silla en cinco minutos si no quieres que te lo pateen. ¿Cómo te gusta más con tacón de alfiler o una buena suela del 52 como la del negro de la puerta?- Con esto dejó clara su posición, si es que alguna vez hubo duda con ella. 
  
    Salí por patas de allí. Regresé todas las noches durante tres semanas. Me obligaron a consumir sus productos mientras esperaba que Juan apareciera e hiciera el pago a mi pregunta. Nunca los llegué a desembalar. Cansado y sin un duro para llegar al final de mes, no volví más por aquel lugar. A veces sueño que Juan me responde. Lo peor de todo son sus respuestas  ya que me aterroriza saber que mis sueños están muy por debajo de la realidad. Por ahora, mi entrevista sigue coja mientras el mundo de las encuestas está cada vez más cerca de mi vida.