miércoles, 3 de junio de 2015

AC/DC Madrid 31- Mayo-2015









El pasado domingo 31 de Mayo, en compañía de mi novio, que se encargó hace meses de conseguir las entradas, y mis dos colegas Nervio y Cheli asistí por sexta vez, Barcelona, Lisboa, Madrid, Madrid, Sevilla y Madrid, a ver en directo a los australianos más famosos del planeta. Ellos son, evidentemente, AC/DC. No sé exactamente cómo tengo que definir lo que se vive en un concierto de los ACeDeCé porque es una experiencia única por muchas veces que los hayas visto. El contemplar a tanta gente unida para disfrutar de dos horas de show, más los teloneros, claro, el buen rollo antes de entrar, todo el mundo tirándose fotos o pidiendo que te tires fotos con ellos, el caso nuestro con unos valencianos, y la tremenda energía positiva que se respira es, aunque suene a tópico, algo inexplicable.





Salimos tempranito de la pensión, nos quedaba relativamente cerca del Vicente Calderón, para poder formar parte de ese reguero de gente que se acercaba al estadio. Lo primero fue comprar los míticos cuernos, este es, con toda seguridad, el negociazo del evento pues a 10€ la unidad es un pastón lo que tienen que sacar, para, seguidamente, buscar la puerta por la que teníamos que entrar, la 51 en nuestro caso. Una vez apostados enfrente de la entrada nos relajamos un poco tomando unas cervezas con otros seguidores hasta que a eso de las ocho y cuarto nos metimos pa dentro. Sube que te sube escaleras hasta encontrar el sitio que nos había tocado y primera gran y grata sorpresa de la noche, dicho sitio es un lujazo. Nada más y nada menos que apoyados en una de las balconadas de la grada izquierda del estadio sin nadie delante y con una visión más que asequible del escenario.





A eso de las nueve menos cuarto hicieron su aparición los teloneros elegidos para este tour europeo, Vintage Trouble. Tengo que reconocer que no los conocía de nada antes de esto. Los escuché y vi algunos de sus vídeos desde que los anunciaron y, la verdad, me parecía que no eran una banda apropiada para tal misión. No creo que sean malos, ni mucho menos, son bastante buenos en su estilo, pero de ahí a que abrieran para AC/DC había un trecho. Pues nada, me meto la lengua donde me quepa y, después de vivir lo del Calderón, debo reconocer que estuvieron más que bien. El cuarteto californiano se hizo con el público a los pocos minutos de comenzar su actuación gracias a la entrega de su vocalista Ty Taylor y la fuerza de los demás miembros. “Hard Times”, “Blues Hand Me Down”, esta me encantó,  fueron verdaderas declaraciones de lo que se nos venía encima. Quizá Ty debería haberse enrollado menos entre canción y canción y dedicarse a cantar pero sabe cómo solventar esto con esas carreras que se mete y ese feeling que tiene. Cuando llegaron a “Run Like The River” ya nos tenían a todos y todas las presentes en el bolsillo, más aún cuando Taylor se tiró al público nadando por encima de las cabezas de las primeras filas para desasosiego de los de seguridad que tiraban una y otra vez de él para impedírselo. Todos sus esfuerzos fueron en vano pues el frontman acabó, como dije antes, en volandas de la peña que no paraba de jalear como posesos. Cerraron con “Strike Your Light (Right On Me)” dejándonos con las palpitaciones a cien. Si lo que se pide a un telonero es que caldee el ambiente estos Vintage Troble, en concreto su cantante, lo hicieron con nota sobresaliente. Hacía tiempo que no veía a una banda tan dispuesta a todo como ellos. Soul, Rythm & Blues, Swing y energía a raudales para entrar en calor ante de los cabeza de cartel. Lo dicho, a pesar de su sonido un poco bajo, me quito el sombrero ante estos angelinos.







¡Qué larga se hace la espera cuando llevas meses aguantando para ver a tu banda favorita de todos los tiempos! No me gusta eso de banda favorita pero he de aceptar que siempre he sentido una atracción bastante especial por AC/DC. Desde donde nos encontrábamos pudimos ser testigos de primera de cómo el Calderón se iba llenando por segundos hasta completarse del todo. Con un escenario en forma de cuernos que cambió mil veces de color y cuatro pantallones, dos de ellas direccionadas expresamente a las gradas, una a izquierda y otra a la derecha, además de la del fondo del propio escenario,  para que no perdiéramos detalles, comenzaron los australianos a eso de las diez de la noche con una intro basada en imágenes espaciales y de astronautas con su característico toque de humor. Todo dios en pie al primer acorde de “Rock Or Bust” y a disfrutar que es a lo que hemos venido estas miles de almas rockeras. “Shoot To Thrill” pone las cabezas a cien y podemos contemplar, desde la grada, las primeras mareas humanas moviéndose como olas en la pista. Siempre me ha encantado esta imagen de los conciertos. “Hell Ain´t A Bad Place To Be” fue la primera que cayó de la época de Bon Scott y nos sentó como un guante. A partir de aquí, quizá fue una percepción mía, comencé a notar como si Brian Johnson tuviera algún problemilla con su voz. No es que estuviera cantando mal pero a mí me parecía que iba demasiado acelerado. Leí hace unos días que puede que fuera a causa de la manera de tocar de Chris Slade que mete demasiada marcha desde la batería. Sea como fuere, tuve esa sensación durante toda la actuación del cantante. “Back In Black” es siempre una apuesta segura que hace que nos desgañitemos hasta la saciedad. Ya para estos cuatro temas las luces del impresionante escenario habían cambiado mil veces mientras Angus hacía de las suyas sin parar. Con “Play Ball” nos dieron un pequeño respiro que se desvaneció como la espuma cuando llegó otro de sus clásicos, “Dirty Deeds Done Dirt Cheep”. Se nota que los años no pasan en balde pues Angus no se mete esos carrerones de antaño pero eso es lo de menos cuando tienes a miles de gargantas alentándote para que te sientas como lo que eres, uno de los guitarristas más queridos de la historia del Rock. “Thunderstruck” ha sido de esos temas de la época de Brian que, exceptuando los del álbum negro, no pueden faltar en su repertorio. El griterío es ensordecedor y la entrega banda-público única durante este temazo. Se me siguen poniendo los pelos como escarpias al recordarlo. Vuelta de rosca con otro clásico, “High Voltage”, para que el hígado se te salga por la boca. Si no habíamos tenido poco con las dos anteriores esta ya fue la que puso al respetable como verdaderos locos. Yo seguí apreciando la velocidad cantando de Brian. A continuación se dio un pequeño respiro, también nos lo dio a nosotros, con “Rock And Roll Train” de su anterior entrega. Una pena no poder volver a disfrutar del tren descarrilando desde el fondo del escenario pero todo, supongo, que no se puede tener.






Hasta aquí, digamos, la primera parte del concierto. Cuando vimos bajar la mítica campana, réplica de las del Big Ben londinense, fuimos conscientes de que nos iban a atacar con otra lista de temas para los que había que tomar fuerzas. Como dije antes, se notan los años y Brian ya no se recuelga de ella. La dejan flotando encima del arco de luces mientras interpretan el tema para deleite de los presentes. Personalmente hubiera elegido un tercer tema distinto a “Batism By Fire” de su último trabajo pero aquí no valen los remilgos y esto es lo que hay, las quejas en taquilla, por favor. Siempre viene bien que te dejen relajarte un poco ante el atracón que te vas a dar de aquí al final del show porque ya éramos conscientes de que se acababan las tonterías y empezaba el desmadre, ni un respiro más. “You Shook Me All Night Long” debe ser uno de los temas mas vacilones de los australianos que sirvió como entrante para lo que vendría detrás. La mítica “Sin City” fue, en mi opinión, la más entrañable de la noche. No es que Brian lo haga mal, nunca lo ha hecho, pero en ciertos temas de Bon, como este, se le echa de menos. ¿Os queda algo de cerebro? Pues sujetadlo bien porque  puede que salga ardiendo con “Shot Down In Flames” y, la dedicada a Scott, “Have A Drink On Me”. Momentazos únicos con los que cerraron la lista de cinco temas de su disco más vendido hasta la fecha. “T.N.T.” pone siempre la nota nostálgica en su setlist a la vez que nos vuelve a hacer corear el tema después de casi hora y media de actuación. Increíble el aguante del personal cuando lo estamos pasando en grande. No pudimos apreciar la aparición de Rosie al fondo del escenario desde donde nos encontrábamos pero la vimos en las pantallas, algo que siempre es un alivio. Llegados a “Let There Be Rock” presentíamos que aquello estaba finalizando pero antes teníamos que disfrutar del eterno solo de Angus y de las imágenes que proyectaron de buena parte de su carrera. No hubo striptease ni nada de lo que nos tiene acostumbrado Mr. Correcaminos pero nunca está de más escuchar como él solito tiene una rampa por recorrer mientras se revuelca por el suelo, se vuelve al escenario y se sube a lo más alto del mismo para que sigamos sus riffs a garganta limpia.





Después de un pequeño descanso, premonitor de la despedida, desde nuestra balconada pudimos apreciar cómo Angus salía de debajo del escenario envuelto en humo para interpretar el tema más conocido de la banda, “Highway To Hell”. Escenario completamente rojo para la ocasión y no una sino miles de olas en pista que hicieron del momento, al igual que otras veces, algo único. Con la aparición de los cañones todos y todas los asistentes teníamos claro que aquello se acababa pues es el tema elegido por el grupo desde hace años para dicha misión. Bombazos, adrenalina, fuegos artificiales y griterío para decir adiós a la banda que nos ha tenido en la palma de su mano durante dos horas.






Como he dicho antes, los años pasan, no sólo para ellos, para todo el mundo, incluido nosotros y nosotras, pero qué más se les puede pedir después de cuarenta años pateando escenarios del mundo entero y parte del extranjero. No entro, ni quiero, en si Stevie no está a la altura de Malcolm, no sé ni cómo pretendéis eso, pues con el simple hecho de que esté dejándose la piel, como hizo, me sobra. Ante músiquillos de tres al cuarto que andan siempre conque si tuvieron este o el otro fallo, que vosotros no lo entendéis porque no tocáis ningún instrumento, ante criticones que sólo reparan en que si el batería este no le llega a los talones a Phil, cosa con la que no estoy en nada de acuerdo, son dos formas distintas de aporrear y punto, y demás pamplinas sólo tengo que decir que se dejen de tonterías varias porque ver a los AC/DC en directo es siempre algo especial y único. Si no se dejaron llevar por la magia que se vivió, y se vive, en el concierto ellos que se lo pierden. Aceptar eso sí que es una verdadera pena.  We Salute You forever!!!