martes, 11 de marzo de 2014

Scorpions - Steel Panther: Aguijonazo En Madrid






Después de 28 años, el pasado sábado, 8 de marzo, volví a disfrutar en directo de una de mis bandas preferidas de siempre, los alemanes Scorpions. Hacía tiempo que no me pasaba eso de ir a un concierto y, como dos horas antes del comienzo del mismo, sentir los gusanillos típicos por el cuerpo propios de las ganas de ver a algún grupo que realmente te llena. Así empezó una tarde que acabaría a altas horas de la madrugada disfrutando tanto de la música en vivo como de un montón de colegas además de la compañía de mi novio.




Después de hacer una cola inmensa para entrar en el recinto, quizá esto fuera uno de los aspectos negativos de la jornada, accedimos con la hora pegada al culo para ver a Steel Panther. Estos venían presentando su último trabajo “All You Can Eat”. Tengo que reconocer que es un grupo que nunca me ha desagradado pero no creo, ni por asomo, que fueran los teloneros adecuados para el que, se supone, es el último concierto de Scorpions en la capital del Estado. Musicalmente no están mal pero no creo que llegaran a conectar no más que con los pocos seguidores que tenían en el recinto. Por lo demás, caras de “a ver si se van estos ya” y poca atención por parte del resto. A parte de las parrafadas en inglés que se marcó el guitarra, rollo inglés para heavys fascículo 9, destacaría el momento de presentación de la banda, sobre todo del bajista Lexxi Foxx, es el que se lleva de calle todo la atención con su rollo maquillaje en escena, y la interpretación de temas como “Asian Hooker”, “Party All Day” y “Death To All But Metal” con la que cerraron. Poco que añadir sobre los angelinos, quizá verlos en una sala cambiaría totalmente la concepción de lo escuchado en Vistalegre, estoy seguro de ello.





Con puntualidad aparecieron en escena la banda más famosa del panorama teutón de todos los tiempos. Desde el primer momento no paré de botar y cantar, algo que, como siempre, acabó pasando factura a mi garganta pero imposible no inmiscuirte en esa ola humana de voces que se creaba en la plaza de toros con cada uno de sus temas. Empezaron con el corte que da título a su último redondo en estudio, “Sting In The Tail”. La peña se tiene más que oído el disco porque fue comenzar a sonar y ya estábamos todos y todas voceando cada estrofa de la canción. Continuaron con uno de mis temas preferidos de toda su discografía, “Make It Real”. Cómo se puede revelar lo que se siente cuando una canción te hace rebobinar en tu vida hasta el punto de llegar a pensar que sólo han pasado dos días. Siguieron con el que fuera single del disco “Lovedrive”, “Is There Anybody There? Momento, tengo que reconocerlo, que aproveché par ir al servicio ante el aguante que iba a tener que tener para el resto del show. Volví justo cuando las primeras notas de “The Zoo” entraban en escena y, para mí, a partir de ese momento fue un trallazo tras otro, más bien un aguijonazo tras otro. La instrumental “Coast To Coast”, coreada a pleno pulmón por el respetable, fue uno de los momentos mágicos de la noche. La excitación siguió subiendo como la espuma con “Loving You On Sunday Morning”, otro de sus temas míticos, al que unieron uno de los cortes más sonados de su último trabajo que conectó perfectamente con la audiencia, “The Best Is Yet To Come”, toda una declaración de intenciones. 






La parte acústica con “Send Me An Angel” y “Holiday” no tiene explicación posible. Por todos es sabido el éxito de las baladas de la banda pero cuando las cantan al unísono quince mil personas aquello toma otra dimensión. Vuelta a lo último publicado con “Raised On Rock” con la que pudimos tomarnos un respiro, eso sí pequeño, y de aquí de nuevo a saltar y corear con “Tease Me Please Me”. Un recuerdo al ya lejano “Crazy World” con el sencillo “Hit Between The Eyes” dio paso al largo y poco agraciado, todo sea dicho, solo del batería Kottak con el que el resto de la banda cogerían un poco de aire para regresar con uno de sus temas emblemáticos, “Blackout”, con careta de la portada  incluida  y guitarra humeante por parte de Rudolf, brutal este corte. Un pequeño solo por parte de Mattias dio paso al inconmensurable “Big City Nights”. Con este tema el recinto se viene abajo por momentos. Primera despedida y vuelta al ruedo, nunca mejor dicho, con tres nuevos aguijonazos que nos quedaron sin respiración durante el siguiente cuarto de hora. 





“Still Loving You”, sin palabras, seguida de “Wind Of Change”, tema que publicaron con respecto a la caída del muro de Berlín, cayó un muro y se construyeron veinte, y, para casi terminar, el “Rock You Like A Hurricane”. Digo para casi terminar porque, como era de esperar, añadieron un tema extra al setlist, nada más y nada menos que “When The Somoke Is Going Down”. Se les veía con ganas de seguir, razón por la que incluyeron esta canción no sin antes hacerse un poco de lío ante la elección de la misma, anécdotas del directo.






Esta sería la crónica musical del evento pero, como es normal, hubo muchas más cosas. Personalmente me quedo con la expresión de felicidad del grupo, Matthias, sobre todo, no dejó de sonreír ni un instante, que resume perfectamente la conexión entre los músicos y el público. Cuando esto ocurre se nota y mucho. Si nosotros y nosotras disfrutamos os aseguro que Scorpions estaban como niños chicos. Y, a nivel personal, el hecho de, nada más empezar el concierto, conocer a un chaval, Cristian, con el que compartimos el tiempo que duró el evento, que con tan solo 14 años asistió al que fuera su primer concierto acompañado de su padre en el Rayo Vallecano por aquel 1986, al que yo también fui, y que me contara que su progenitor ya había muerto y que para él el concierto era un homenaje al mismo te pone la carne de gallina para toda la gala.





Buen rollo en general entre toda la peña y de esta con el grupo. Gracias Scorpions por todos estos años de alegría, amor y caña. No sé si será verdad que os marcháis para siempre pero, de ser cierto, nos habéis dejado algo mucho más grande que un simple buen sabor de boca. ¡Scorpions Forever!!!!