jueves, 30 de enero de 2014

Texto Mandrílico Enero 2014

“Nunca  entendí cómo puedes ser tan neutral en ciertos temas. Ahora que la mayoría de la gente se posiciona ante adversidades graves que, con toda seguridad cambiaran el futuro de nuestro Estado y, por consiguiente, el de sus habitantes, vienes tú a decir que ni a un lado ni al otro. Sinceramente, estoy bastante decepcionado contigo. Es en estos momentos cuando más se necesita saber de qué parte estamos pues, de no ser así, la única impresión que das es que estás de la del Poder establecido. Me cuesta mucho pensar que sea así.”

Mi querido amigo Antonio, si bien en tu misiva haces referencias a miles de cosas, he seleccionado este párrafo de la misma porque quizá sea el que mejor la resuma. Después de haber discutido contigo, y con otros tantos y tantas, sobre estos temas sigo recibiendo este tipo de impresiones ante mi postura. Supongo que sí, es algo que, al igual que tú, siempre he pensado, los neutrales suelen estar cerca del Poder establecido pero te puedo asegurar que no es mi caso. Jamás fui neutral ante nada. Tengo mis propias ideas y las defiendo como el primero. Entre ellas está el no posicionarme directamente de un lado ni del otro ante ciertos asuntos. Para mí, son el mismo problema con distintos signos de interrogación.

Nada es el blanco o el negro, existen mil colores en la paleta del pintor y, a pesar de ello, nadie le obliga a dibujar en esos tonos, es más, se le suele exigir colores y colores en sus pinceladas. Puede que esto te suene a escusa barata pero lo mismo puedo decir yo de los razonamientos que abanderan un bando u otro. Son sólo cortinas de humo para ocultar que en el fondo son iguales, que no van a solucionar ni los problemas de trabajo ni los de vivienda ni los del hambre en el Estado. Una vez conseguido sus objetivos, ya sea a la fuerza o mediante este método tan simpático de democracia que tenemos, se olvidarán del pueblo y vivirán como reyes, a pesar de que algunos enarbolen la República como el mejor de los sistemas.

Cuando era pequeño mi madre se trasladó al pueblo de al lado del mío por razones familiares. Durante la semana iba al colegio y vivía en esta pequeña ciudad de provincias mientras que los fines de semana y las vacaciones volvía al pueblo donde, todo sea dicho, me lo pasaba en grande. No es que en aquella ciudad estuviera mal pero siempre preferí mi pueblo. La cuestión es que esta situación duró alrededor de quince años, hasta que mi madre, ya jubilada, volvió definitivamente a su lugar de procedencia. Así pues, pasé toda mi infancia y adolescencia entre ambos sitios. Como suele pasar entre lugares cercanos, estos dos municipios se llevaban, y se llevan, a muerte. Esto, evidentemente, hacía que me tuviera que posicionar. Para los de mi lugar de residencia era de mi pueblo natal y para estos era poco más que un desertor. Te puedo jurar que me costó mucho tiempo, años de mi infancia, llegar a la conclusión, ya que mi situación me lo permitía, de que ambos, en el fondo sentían lo mismo, un odio infundado hacia el otro que no venía a cuento. Así que tomé la determinación de ignorar a aquellos que no quisieran escuchar más allá de los límites de su población. En mi vida adulta, hay cosas que no cambian, vivo en una provincia de nuestra Comunidad y nací en otra de las cuatro que la forman. Es evidente que, a pesar de no afectarme de la misma manera, me encuentro con comentarios similares a los de mi adolescencia. Hace tiempo que me posicioné en ese camino que existe entre ambos extremos de la misma cuerda, porque es la misma cuerda, por mucho que unos la llamen cuer y otros da, y te puedo asegurar que veo las cosas con la claridad que da el poder mirar a ambos lados.

¿Desarraigo, neutralidad, pasotismo? Llámalo como quieras pero lo mío también es algo que se lleva en el corazón y, a no ser que te encuentres yendo y viniendo por esa vereda que muchos ni quieren recorrer por temor a que se les relacione con esos supuestos enemigos de toda la vida, creo que no lo entenderás nunca. Un fuerte abrazo, espero que, a pesar de todo podamos seguir siendo amigos. De no ser así, te puedo asegurar que sufriré pero sé cómo curarme de esas heridas. Tengo demasiadas cicatrices de otras antiguas muy parecidas.