miércoles, 2 de enero de 2013

Enero: Texto Mandrílico


 Yo, el mayor e infinito de todos los dioses. Aquel que cambió de nombre cada vez que la humanidad me borraba de su memoria para bautizarme de nuevo con el nacimiento de cualquiera de sus nuevas culturas, declaro:

 Que tú y sólo tú eres el mayor de todos los monumentos que jamás he conocido. Después de contemplar las miles de atrocidades cometidas por el hombre, que le llevaron orgullosamente a llamar arte a la guerra, así como de deleitarme con toda la belleza plasmada en la infinidad de creaciones nacidas de su imaginación, ya fuese en piedra, papel, madera, barro o cualquiera que fuera el material que pusiste en sus manos… No me cabe la menor ni la mayor de las dudas, eres superior a cualquiera de ellas.

  Por lo cual solicito:

                                                              Primero

 Que todos los agentes atmosféricos, desde el huracán hasta la más suave de las brisas pasando por las tormentas, ciclones, vientos del desierto, lluvias finas y gruesas, granizo, nieve y ventiscas sean considerados como cabeza visible de la hermosa escultura que te considero.

                                                              Segundo

 Que tanto el mar como la tierra en cualquiera de sus estados, ya sea físico, químico o psicológico, formen el tronco y extremidades de dicha escultura.

                                                              Tercero

  Que la vida entera que habita esos mares y tierras, desde la más pequeña de las bacterias marinas hasta la más grande de las montañas terrestres, incluyendo tanto los conocidos como seres vivos como los mal llamados inertes, sean toda y cada una de tus entrañas.  

                                                                Cuarto

  Que al ser humano, sin distinción de raza, sexo o confesión, les sea concedido el privilegio de ser tanto tu cerebro como corazón. Siendo castigados de igual forma el uno y el otro con derrames o infartos cada vez que las demás vísceras consideren mala o nefasta cada una de sus actitudes.

                                                                Quinto

  Y último, que, con la mayor de las humildades, dejes a este, tu por siempre enamorado, disfrutar de su eterna belleza hasta el final de los tiempos.

  Es mi deseo tenga su excelencia una larga y próspera vida así como una infinita muerte. Sin más y esperando pronta contestación por parte de tan grandiosa señora se despide de usted el sin y con miles de nombres.

           El Universo, a millones de años pasados y los millones que quedan por pasar