miércoles, 30 de mayo de 2012

Sonisphere 2012: Viernes









El pasado fin de semana nos presentamos en Getafe para disfrutar del festival Sonisphere. Tengo que decir que nuestra intención era ir este año al Azkena pero ante la baja de Black Sabbath, por razones de sobra conocidas, nos decidimos por este festival en la ciudad madrileña. Esta era mi segunda vez en el festival. La primera fue hace un par de años con Faith No More y Rammstein como cabezas de cartel. Empezando por eso, por el cartel, diré que tampoco era para tirar cohetes. Es evidente que había grandes y buenas bandas pero no que fueran de mi particular predilección. Pero ya se sabe, es lo que tiene los festivales, que puedes ver a grupos que te sorprendan y otros que no te digan absolutamente nada.



Este año cambiaron tanto de recinto como de fecha de celebración del evento. En cuanto al recinto diré que el simple hecho de no tener que tragar polvo en cantidades astronómicas es ya todo un acierto. Quizá fuera excesivamente grande aunque visto lo acontecido el sábado no sobraba mucho espacio. A pesar de todo esto sigo pensando que en este país continúan tratándonos como borregos en feria a la hora de organizar un festival de este calibre. Cómo es posible que hubiera sólo seis o siete puestos de comida para 38.000 almas el viernes y 54.000 el sábado. Comida que se encontraba alejada tanto de los puntos de venta de tickets como de las barras de bebidas, así que si te despistabas y después de un buen rato en cola no tenía tickets suficientes pues patrás y con el hambre a otro lado, y si no llevabas nada de bebida pues a comer con la garganta seca. A esto habría que sumarle el hecho de que la comida estaba en una parte sin asfaltar con lo cual los bocatas, o aquello que pillaras, iba aliñado con una buena salsa de polvo. Pero si realmente ha habido algo este año en Sonisphere que me haya sacado de quicio es la falta de luz en todo el recinto. Es increíble las filigranas que tenías que hacer para no pisar a la peña que estaba sentada, por ejemplo. Además de esto al momento que te despistabas un poco, cosa que pasó entre nosotros el viernes, no dabas con tu gente hasta no pasado un buen rato ya que la cobertura de los móviles se iba cada vez que quería. Un poquito más de luz no hubiera venido mal, que vale que nos mole el Rock pero nos gusta vernos las caras. También diré que no vi ni un solo punto de atención sanitaria ni cosa parecida en todo el recinto, y mira que era grande, no sé qué ocurriría con aquellos y aquellas que sufrieran algún tipo de percance físico pero me gustaría que me contaran cómo hicieron en estos casos. En cuanto al mercadillo de ropa y demás los he visto mejores en cualquier rastro o mercado de cualquier ciudad. Las camisetas eran horrorosas y de una calidad pésima en la mayoría de los casos y, al igual que la comida, si había ocho puestos era rabiando. Y, por supuesto el hecho de quitar uno de los tres escenarios iniciales hizo que los conciertos se solapasen en cuanto a horario y andásemos a cojón sacao de un lado a otro para ver algo, con lo cual al final vimos parte de los grupos a medias y otros sólo un rato. Como parte positiva, que también la tiene, evidentemente, os diré que el tema de los servicios estaba bastante controlado así como el de las barras de bebidas. A pesar de las colas te servían con rapidez.






Una vez comentado esto paso a lo estrictamente musical. Llegamos al recinto cuando Sonata Artica estaba tocando su último tema así que poco puedo contar sobre ellos y las anteriores bandas. Se puede decir que el festival empezó para nosotros con la actuación de Limp Bizkit. A pesar de no ser un gran fan de este grupo tengo que decir que me sorprendieron. Comenzaron con el tema “Why Try” y siguieron descargando canción tras canción con momentos álgidos como fue “My Generation” o “Breakstuff”. Muy bueno el disfraz del guitarra Borland. Noté que la peña se divertía con ellos, al menos el tiempo que estuvimos viéndolos porque, como dije antes, el hecho de tener horarios solapados me impidió ver el final del show ya que salimos disparados a ver Kyuss Live.



Como bien sabéis esta es una escisión de Kyuss con todos esos problemas por el tema del nombre y demás. Ya que nunca llegué a ver a la banda Mater bien vino acercarme a ver a Kyuss Live. Tengo que decir que no me defraudaron en ningún momento. Sonido pesado donde los haya, con el bajista Chriss Cockrell saliéndose en cada tema mientras el batería Brant Bjork aporreaba con intensidad sus parches. Buen concierto con buena asistencia de público y buenos temas. La gente agradeció momentos como los vividos durante ”Hurricane”, “Asteroid” o “Green Machine” por mencionar algunos temas. Quizá fuera una de las bandas que más me gustaron de todo el festival, de las que vi, claro.





Lo de The Offspring fue una putada con mayúsculas. Era uno de los grupos que más ganas tenía de ver pero claro, solapándose con Paradise Lost tenía que elegir, cosa que me resultó bastante dolorosa. Estos americanos podrán ser lo mejor o lo peor para mucha gente pero de lo que no cabe duda es que tienen un sonido propio y eso siempre es algo de agradecer.  Tocaron todo su repertorio clásico al que añadieron algún que otro tema nuevo. Justo cuando más estaba disfrutando de ellos decidimos pirarnos al escenario 2 pero, aun así, tengo que reconocer que con “You´re Gonna Go Far, Kid”, “Why Don´t You Get A Job?” o “Hit That” me moví y salté como en ningún otro momento del festival. Una pena no haber visto el final del show, grr.



Tengo que reconocer que soy un gran seguidor de Paradise Lost pero esta vez me defraudaron un pelín con el show que ofrecieron en Getafe. No es que no me molaran pero sigo sin entender porqué los grupos hacen ciertas cosas. Me explico, entiendo que acabes de sacar un pedazo de disco como es “Tragic Idol” pero no entiendo cómo metes tantos temas nuevos en un show de once canciones dentro de un festival. Me parecería acertado si esto fuera así cuando vas a verlos en su gira particular, que pasará pronto por estos lares, pero en los festivales la peña lo que queremos es diversión y temas clásicos, al menos esa es mi opinión. Es indudable que el sonido de estos ingleses es algo muy particular y su puesta en escena se sale pero creo que debería haber tocado canciones con más historia que las que eligieron. A pesar de ello temas como “Honesty In Death” no se salieron del guion pero, claro, nada que ver con “Soul Cogereous”, “Say Just Words”, con la que cerraron, o, por supuesto, “One Second”. Buen show, un poco mal elegido para mi gusto, pero bueno.




No me gustaría que se me malinterpretara con respecto a Soundgarden. Nunca fui fan de la banda, al igual que sí lo soy de Nirvana, Pearl Jam o Alice In Chains, así que lo único que esperaba de ellos es que me sorprendieran, cosa que no ocurrió en ningún momento. Sé de buena tinta que los seguidores del grupo disfrutaron de su concierto, mi amigo Juanan es uno de ellos y puedo asegurar que le gustó con creces, cosa que me hace pensar que sólo fue una percepción mía, lo del aburrimiento. No voy a entrar en más detalles porque sería absurdo por mi parte dar más explicaciones.



Lo de Machine Head fue una cosa bien distinta. Deberían haber tocado mucho antes en el cartel pero el ser los últimos no le vino excesivamente bien. Este problema lo superaron con un show enérgico y potente. Os diré que fui solo a verlos porque mis compañeros y compañeras de festival se tiraron como lagartos en la zona de relax llegando incluso mi novio a dormirse por completo. Insistí en que me acompañaran pero se negaron a ello así que me largué a disfrutar de la banda americana yo solito. Empezaron fuerte con “I Am Hell” para ir desgranando temas como “Imperium”, “Locus” o “Halo”, con el cerraron su corto concierto, sólo ocho canciones. Se echó en falta el clásico “Davidian”, cosa que no gustó mucho al público, pero a mí sí me gustaron, sería porque los disfruté yo solito o porque realmente me parecieron bastante cañeros. Me cogerían así.




Hubo más anécdotas y cosas que contar, como el encontrarme con los rockeros jóvenes de mi pueblo, el compartir los conciertos con Oliver, un chico venezolano que iba solo al festival y que se unió a nuestro grupo, y las caminatas que te dabas cada vez que tenías que buscar lo que fuera. Todo ello forma parte de este tipo de acontecimientos de los cuales sigo disfrutando con más o menos intensidad. Esto es señal de que no puedo dejar el Rock, como dicen unos gallegos de sobra conocidos.