jueves, 17 de mayo de 2012

Carlos Giménez: "Todo Paracuellos"









Esta es la segunde vez que hago referencia a Carlos Giménez en mi blog. Lo hago porque es indudable que es uno de los grandes del cómic estatal y, desde luego, mundial. Supongo que esta afirmación le parecerá demasiado atrevida a muchos de vosotros pero, en serio, me da exactamente igual porque estoy convencido de ello. Esta serie que ha publicado la editorial Debolsillo recopilando sus mejores obras en tomos integrales me parece bastante acertada. Podría haber elegido el tomo “Todo Barrio”, bastante recomendable por otro lado, pero me he decidido por “Todo Paracuellos”. Preguntaréis por qué. Está claro, para mí “Paracuellos” siempre fue la obra culmen del autor madrileño. Me trae agradables recuerdos de la revista Rambla, de la que él era editor, entre otras cosas.





Paracuellos era un centro de Auxilio Social, uno de los muchos que aparecieron por toda la geografía española durante la época franquista, situado en Paracuellos del Jarama, de ahí su nombre. A estos lugares iban a parar huérfanos, desheredados, hijos de los perdedores de la guerra civil  o aquellos y aquellas que cumplían todos estos requisitos. Carlos Giménez fue uno de esos miles de niños que acabaron entrando en Parcuellos. La obra nos cuenta sus vivencias en este lugar aliñada con otra serie de recuerdos de amigos suyos que pasaron o bien por el propio Paracuellos o por otro lugar parecido. Es verdad que hay pasajes muy duros como aquel en el que el autor ahorra dinero para comprarse su tebeos, en aquellos tiempos la palabra cómic no se utilizaba en este país, a mí personalmente siempre me gustó más tebeo que cómic pero esta queda como más moderna, las peleas entre los chavales, el hambre que pasaban o los castigos por el simple hecho de hacer diablurías propias de la infancia pero todo está tratado con tanta ternura y sinceridad que muchas veces te hacen saltar las lágrimas. Es obvio que también hay sitio para las risas y la diversión, a destacar la relación que tenían con los niños de fuera del centro y cómo estos los engañan una y otra vez, por ejemplo, y, sobre todo, la imaginación propia de la edad que, a pesar de estar donde estaban, les hacía  llevar mejor sus penurias.






Debe ser bastante duro hacer una obra como esta. Supongo que hay etapas de nuestras vidas que no nos apetece mucho recordar pero muchas veces es necesario hacerlo. Lo es no por cada uno de nosotros en particular sino porque es importante no olvidar las cosas que ocurrieron en ciertas épocas pretéritas, sobre todo cuando hay una parte de la sociedad que quiere enterrarlas,  parte que suele ser siempre la que estaba detrás de la represión y la injusticia. El régimen franquista no solo arrasó una parte del país, no solo aniquiló  personas que no pensaban igual que él, que no sentían igual que él o que no se identificaban con él, también creó centros de este calibre donde se pretendía que las generaciones siguientes fueran las primeras en olvidar sus crueldades. Como este sistema fascista no sabía hacerlo de otra manera se ayudó de supuestos profesores y maestras cuyos métodos de enseñanza se basaban en el castigo físico, la competencia mal entendida, el hambre o el chivateo, todo muy propio de ellos. Ese es el trasfondo de este Paracuellos, todo aquello que el autor y sus compañeros del Auxilio Social sufrieron entre aquellos muros.





Quiero dar las gracias a Carlos Giménez por este tebeo. En estos momentos que vivimos es indispensable que esté en la calle, que sirva de referente para que sepamos hasta donde puede llegar la educación de nuestros niños y niñas cuando se deja la dirección de un país en manos de aquellos que alardean de demócratas pero su estado político por antonomasia es la dictadura. Lo dije en el otro artículo que hice sobre el autor, hay pasajes que me recuerdan a cosas que viví en el colegio de curas durante los trece años que me pasé en él pero, sin duda, lo mío no fue ni una décima parte de lo que pasaba en Paracuellos. Espero que le echéis un vistazo cuando tengáis un rato, merece mucho la pena.