viernes, 3 de febrero de 2012

Titanic: La Exposición









El pasado sábado, 28 de Enero, mi novio me invitó a ver la exposición del Titanic en Mérida. No es que yo sea un seguidor de todo lo acontecido en el gran transatlántico pero tengo que reconocer que lo que vi allí me gustó bastante. Lo peor de todo es que no te dejaban hacer fotos ni sin flash siquiera cuando he leído por ahí que en otros sitios sí que lo permitían, además de regalarte una instantánea de tu entrada por la pasarela a la exposición de la que nosotros igualmente carecemos. Supongo que será para que a la salida tengas que pagar por alguna de las postales que tienen. Al final es cuestión de pagar y pagar por todo.



La duración de la visita es de una hora y media, aproximadamente. Te pones unos auriculares que, con una voz masculina,  te van explicando tanto las imágenes que te vas encontrando como los distintos objetos y paneles. Empiezas sabiendo de la construcción de este mastodonte del mar por parte de la empresa White Star. Es en esta parte donde comienzas a conocer muchas de las cosas que hacen que te vayas interesando cada vez más por todo lo que te rodea en el pabellón de exposiciones. Aprendes alguna que otra curiosidad de la época en cuanto a construcción naval se refiere, como el uso de grandes remaches entre las planchas de metal ya que a principios del siglo XX no se conocía aún la soldadura. Parece increíble que un barco de tales dimensiones pueda flotar pero así es. Yo es que, como vivo en un sitio donde los barcos brillan por su ausencia, además de no sentirme muy atraído por ellos, me suelo hacer este tipo de preguntas que seguro que para otros suenan a estupidez.



De aquí pasas a una sala donde te explican, siempre mediante los auriculares, la distribución del barco: calderas, camarotes, os podéis imaginar la diferencia entre los de 1ª, 2ª y 3ª clase, sala de comunicaciones, desde donde se emitió el famoso S.O.S. por primera vez, cubierta y demás. Al final llegas a la conclusión de que era realmente un gran hotel flotante con la única diferencia de que sus pasajeros estaban divididos de manera radical por su poder adquisitivo. Aun así, seguro que muchos de los de 3ª clase nunca antes habían dormido en un lugar como los camarotes del Titanic, con agua corriente incluida.




Otro punto interesante de la exposición es cuando te hablan de los distintos personajes que participaron, de una manera u otra, en el destino final del barco. Entre estos se encontraban el capitán Smith, los oficiales Wilde y Murdoch; los que tuvieron la suerte de estar en el lado de uno y ser hombres pudieron salvarse mientras que, en las mismas condiciones, aquellos que se toparon con el otro tuvieron un trágico final. También te enteras de miles de historias de gente que pertenecía tanto a la tripulación como a los pasajeros, unas que sobrevivieron y otras que no. Alguna de esas historias las conocemos por parte de sus familiares y otras por documentos que dejaron escritos. Mala suerte la del matrimonio español, gallego concretamente, que decidieron seguir con su luna de miel en 1ª clase sin comunicárselo a sus padres, por ejemplo. Pero si hay dos historias que me impactaron fueron la de los trabajadores de las calderas y la de los músicos. Murieron todos los caldereros excepto alguno que estaba fuera de servicio por disfrutar de ese momento de descanso. Yo me pregunto: ¿Se salvaron porque realmente dieron su vida para que el barco siguiera funcionando hasta el final o porque los cerraron las puertas de las calderas y no les quedó otra que sucumbir allí? Esto no te lo explica con claridad el señor de los auriculares. En cuanto a los músicos, es impresionante cómo pudieron mantener la calma tocando hasta el momento de su propia muerte.



Durante el tiempo que lleva contemplar la exposición llegas a estar totalmente absorto tanto por lo que te van contando como por lo que vas viendo. Puedes disfrutar de un paseo por un pasillo de 1ª clase para pasar a momentos de angustias como cuando compruebas el frío que debieron pasar tanto los que murieron congelados como los que casi perecen en las gélidas aguas del Atlántico. Si os gusta la historia de este coloso os aseguro que no saldréis defraudados de la visita. Desde aquí os lo recomiendo y espero que no ocurran muchos desastres como este donde llegaron a perecer alrededor de 1.500 personas.