lunes, 2 de enero de 2012

Coldplay Y Berlín










Aunque creáis que eso de los concursos nunca toca o penséis que no conocéis a nadie que haya sido premiado en un sorteo, desde el momento en que leáis esto vais a cambiar de idea. El pasado mes de diciembre mi novio fue uno de los cincuenta afortunados en ser elegidos para viajar con una de las compañías más importantes de telefonía móvil del estado para asistir al concierto de Coldplay en Berlín. El viaje fue de dos noches y tres días.


Antes de seguir quiero aclarar que yo no soy fan de la banda británica con lo cual tampoco conozco mucho sobre ella pero, claro, si alguien te paga el viaje y la estancia en una de las capitales más importantes del mundo eso como que no importa demasiado. Llegamos a Berlín sobre las ocho de la noche del pasado 20 de diciembre. Tuvimos algo de retraso por la actitud que tuvieron los señores de Aena con una de nuestras compañeras de viaje que sufre tetraplejia. A pesar de que dicha compañía alardea de asistir con eficacia a este tipo de personas con esta compañera fueron todo pegas y problemas, nada que ver con el comportamiento tanto de los organizadores del viaje como del hotel donde todo fueron facilidades. Una vez repartidas las habitaciones nos llevaron a cenar a un restaurante justo a veinte metros de la mismísima Puerta de Brandeburgo. Lo de la comida ha sido una brutalidad, no solo por la cantidad sino también por la calidad de los sitios, con decir que es en este restaurante donde celebra la presidenta alemana sus cumpleaños os lo digo todo. Después de esto algunos se quedaron por la ciudad de marcha y otros, como nosotros, nos tomamos algo por los alrededores del hotel y a dormir que al día siguiente nos esperaba una larga jornada.




El miércoles, después de un suculento desayuno, nos tenían preparado una visita guiada por la ciudad. Berlín no me resultó una ciudad realmente bonita pero hay que entender que quedó destruida casi en su totalidad al final de la segunda guerra mundial. El guía que nos iba explicando era un español afincado en la capital germana muy agradable y con conocimiento tanto de la historia de la ciudad como de la historia del país. Personalmente me entristeció bastante todo lo referente al tema del genocidio nazi, si a esto sumamos la represión sufrida por sus dirigentes comunistas durante la época del muro y las posteriores crisis económicas, entendemos perfectamente el descontento de la población con cualquier tipo de línea política o religiosa. Una vez concluida dicha visita guiada nos llevaron a comer a un restaurante situado en el Sony Center, uno de los centros comerciales mejores de la ciudad. Allí otro atracón de comida con cerveza para beber, evidentemente. Vuelta al hotel para echarnos la siesta porque, a pesar de estar en Alemania, eso nosotros no lo perdonamos. Una vez aseados nos subimos de nuevo al bus que nos llevó al concierto de Coldplay. Este se celebró en el O2 de Berlín. Increíble el sitio, muy amplio y con buen sonido. La banda tuvo de telonera a la escocesa Emeli Sande. Esta cantante de R&B y Soul fue todo un descubrimiento para mí, de hecho, me atrevo a decir que me gustó casi más que los cabeza de cartel. En sus tres cuartos de hora nos ofreció un repaso a sus mejores temas con una voz realmente espectacular. Sobre el concierto de Coldplay sólo diré que no me desagradó. Mucho espectáculo, buen sonido y puesta en escena y buena relación con el público alemán. Ya os he dicho que no conozco mucho sobre ellos pero os aclararé que a los que seáis seguidores del grupo doy por hecho que os hubiera gustado estar allí porque no se portaron nada mal. Como parte negativa sólo diría lo corto del show, si llegó a hora y media fue rabiando. Después cena suculenta en otro de los mejores restaurantes de Berlín y a dormir.


La mañana del jueves nos la dejaron para que cada uno hiciera lo que quisiera así que nosotros decidimos ir de museos además de pasear y curiosear por los distintos mercados navideños de la ciudad. Visitamos el museo de Pérgamo donde me quedé fascinado tanto con la puerta de Istar como con el templo de Zeus. De allí pasamos al museo Neues donde es visita obligada el famoso busto de Nefertitis. Después de esto comida en un restaurante normalito, que nuestra economía no nos da para otra cosa, compra de recuerdos y regalos en los mercado de Navidad y vuelta andando al hotel.


Dejamos la capital alemana sobre las cuatro de la tarde. Llegamos a Madrid sobre las siete y media y a Cáceres sobre la media noche. Este ha sido uno de los viajes que más he disfrutado tanto por su intensidad como por el buen ambiente de la gente así como por el hecho de que haya sido algo totalmente inesperado. Desde aquí os digo que echéis todos los concursos de estos que podáis porque, si al final os toca, si os tratan como nos han tratado a nosotros merece la pena y mucho. Espero que hayáis tenido un buen comienzo de año y que sigáis leyendo este blog siempre que tengáis un rato.