martes, 1 de noviembre de 2011

Texto Mandrílico Pa Noviembre

Tengo que pedir disculpas a los pocos o muchos lectores de mi humilde blog por la poca dedicación que le di el pasado mes de Octubre. He tenido el ordenador estropeado y además estoy muy liao con el examen de la oposición que lo tengo el próximo 5 de Noviembre. Prometo prestarle más atención durante el presente mes y así poder haceros llegar mis inquietudes y que vosotros me hagáis llegar las vuestras. Aquí os dejo con el texto mandrílico de Noviembre, espero que os mole. Un fuerte abrazo


Fue una sorpresa ver a mi padre en mi piso después de casi ocho meses sin hablarnos. Venía con muy buenas intenciones, alentado, sin duda, por la proximidad del carnaval. Mi idea era no participar en la comparsa este año, sobre todo por las diferencias personales con el presidente, es decir, él. Con algún que otro “por favor” y perdones por ambas partes incluidos accedí a su petición. No quiso comentarme la temática de este año. “Será una sorpresa” fueron sus palabras.

Aunque nuestros itinerarios eran distintos decidimos bajar juntos a la calle. Antes tenía que cambiarme de ropa. Mientras me ponía los pantalones la puerta de la habitación se abrió de repente. El sonido del portazo se mezcló de manera instantánea con voces y preguntas acerca del origen de aquellas dos plantas que crecían en mi balcón. Por más que intentaba explicarle que tan sólo eran para consumo propio lo único que conseguí fue una lista de insultos que iban desde degenerado hasta traficante.

Asistí a la reunión de nuestra comparsa pasados quince días de este incidente , el tema elegido para este año era el desierto. Como es habitual en nuestro grupo la adjudicación de personajes se hizo mediante sorteo, empezando por el último miembro en incorporarse y acabando por el presidente. La suerte me tocó en forma de palmera. Aún tuve que esperar cómo la voz de mi padre asignaba un personaje tras otro hasta llegar al suyo propio. No fue de su agrado saber que sería el camello.

No pude parar de reír en al menos diez minutos. Mi padre vino hacia mí como un huracán. Me sacó de la sala a empujones y una vez en la calle me preguntó por el motivo de mi alegría. Le dije que me parecía muy adecuado su disfraz de este año. Al fin y al cabo él era estanquero y vivía de expender sustancias para consumo propio.

A pesar de todo han sido uno de nuestros mejores carnavales. Ganamos el concurso de comparsas. Lo peor es que ya han pasado más de seis meses y mi padre sigue sin hablarme. Espero que el próximo carnaval sea el de nuestra reconciliación definitiva.