miércoles, 1 de junio de 2011

¡Cómo Cambia El Cuento En Junio!




Hace ya mucho tiempo, en un poblado formado por escasas cabañas al que rodeaba un frondoso bosque, vivía una joven a la que, desde niña, llamaban Caperucita por su peculiar indumentaria. Caperucita se dedicaba a ayudar a su madre, que era viuda, en las labores de la huerta, con los animales y en las tareas de casa. Otra de las cosas con las que disfrutaba la joven era yendo a visitar a su abuela, la cual vivía al otro lado del bosque en una cabaña apartada del poblado.


Caperucita, que ya no era tan niña, contaba con casi diecinueve primaveras, tenía muchos pretendientes entre los jóvenes del pueblo pero el más insistente de todos era al que llamaban Leñador, por dedicarse a ese oficio. La muchacha siempre rehusaba las proposiciones de Leñador, a veces con la escusa de su juventud, otras porque decía estar muy ocupada para pensar en el amor y algunas otras por simple despecho, actos que enfadaban en grado sumo a su pretendiente.


Durante el último invierno corrió la voz de que una extraña mujer se había establecido en el frondoso bosque. Todos pensaban en quién sería aquella señora. Leñador les sacó de duda al explicarles, según él, que la mujer era una forastera de hábitos poco comunes y salvajes que vivía sola rodeada de animales y que por su aspecto parecía más una bestia que una persona, es más, llegó a afirmar que se vestía con pieles de depredadores por lo que todos los lugareños pasaron a llamarla Loba.

Durante uno de aquellos recorridos que llevaban a la joven Caperucita a la casa de su abuela se topó con la mujer extraña que vivía sola en el bosque. Nada de lo que había escuchado sobre ella le pareció real, de hecho se sintió atraída de manera fulminante por la belleza y exotismo de la que apodaban Loba. La mujer extranjera la invitó a su morada para demostrarle que no tenía ninguna intención de dañarla cuando fuera a visitar a su abuela.


Pasó el tiempo y ambas se fueron haciendo cada vez más y más amigas. Disfrutaba tanto de las horas que Caperucita pasaba en la cabaña de Loba que algunas veces hasta no llegaba a visitar a su abuela y debía volverse a la casa de su madre mintiendo. La relación entre ambas dejó de ser algo amistoso para pasar a ser algo mucho más íntimo. Caperucita estaba realmente enamorada de Loba y esta le correspondía con todo el cariño del mundo.


Ambas mujeres pensaban que su relación estaba a salvo en el impenetrable bosque. Una tarde soleada de primavera Leñador las descubrió retozando desnudas en la orilla del pequeño riachuelo del bosque cuando se acercó acuciado por la sed. De manera inmediata empezó a urdir un plan como venganza por el desprecio con el que le trataba Caperucita y, a la vez, para deshacerse de Loba que le había robado a su amada de la forma más descarada.


Una vez que Leñador volvió al pueblo se dirigió directamente a la casa de la madre de Caperucita, seguro de que ella aún tardaría en volver, y le contó a esta lo que había descubierto en el bosque. La madre montó en cólera y lo único que deseó a partir de ese momento fue acabar con aquella relación inmunda que solo traería desgracias a ella y a toda la familia. La madre mandó un mensaje a la abuela en boca de Leñador explicándole las razones de porqué caperucita tardaba últimamente tanto en llegar a su casa para visitarla. La abuela, que era de la misma índole que la madre, se enfureció de tal modo que sin pensarlo accedió a formar parte del plan urdido por Leñador.


En una de las visitas que Caperucita hacía su abuela esta le contó que le gustaría conocer a la extraña mujer del bosque de la que tanto hablaban. La joven se hinchó de alegría y asegurando que Loba era su amiga, además de una buena mujer, le prometió a la anciana que a la tarde siguiente irían las dos a visitarla.


Esa tarde Loba y Caperucita iban felices por el sendero que conducía a la casa de la abuela. Se abrazaban, besaban y hacían carantoñas. Al llegar al hogar de la anciana abrieron la puerta y su sorpresa fue mayúscula pues allí se encontraban, no sólo la abuela sino también la madre y Leñador. Nada más entrar este último cerro la puerta para que no pudieran escapar. Tanto la madre como la abuela comenzaron a arremeter contra las jóvenes tanto por su conducta como por su miserable, según ellas, condición. Loba se sintió insultada y ultrajada y en un ataque de ira se abalanzó sobre la madre. Justo en ese momento Leñador, que se encontraba detrás de la mujer del bosque dejó caer su hacha sobre la espalda de esta dando fin a su vida.


Nadie se enteró de lo sucedido, todos en el poblado dieron por hecho que Loba se había cambiado de bosque. Como castigo impuesto por la madre y la abuela a Caperucita y como premio a Leñador la joven tuvo que acceder a casarse con aquel hombre al que despreciaba. Todo para evitar los rumores que tanto temían aquellas a las que consideraba familia.


Caperucita vive aún en el poblado, ya tiene casi cuarenta años y dos niños que son realmente la razón de su existencia pero de vez en cuando se escapa sola al bosque, visita la ya ruinosa cabaña de Loba y añora las caricias y amores de la mujer que fue la pasión de su vida.