viernes, 4 de marzo de 2011

Epiléptico, El Gran Mal





En este artículo os voy a hablar del cómic que ha sido uno de los regalos de mi último cumpleaños. Después de esperar algunos meses, mis amigas Montaña y María y mi amigo Cano se presentaron con este Epiléptico de un tal David B. . En cuanto al autor poco os puedo contar porque no sabía nada de él hasta que estas páginas cayeron en mis manos. Lo que sí diré es que todo, absolutamente todo, en esta obra ha sido nuevo para mí. Me parece inaudito que tengamos a veces tan poca información, aún viviendo en la era de la informática, sobre algo como este cómic. Por lo visto fue premiado en el año 2000 en el prestigioso Salón de Angouleme al mejor guión. Supongo que el hecho de que el autor sea una de las promesas galas algo tuvo que ver pero sin duda alguna se lo tiene más que merecido.

Este Epiléptico es una biografía de David B., desde su infancia hasta su primera madurez. Durante todas estas etapas su vida, tanto familiar como personal, está marcada por la enfermedad de su hermano mayor, la epilepsia. Dicha enfermedad condiciona todos los aspectos del día a día de su familia. Es increíble conocer la lucha titánica de dos padres por intentar sanar a uno de sus hijos. Este podríamos decir que es uno de los ejes sobre los que rota esta obra. Ambos progenitores en su incansable búsqueda de soluciones se adentran una y otra vez en terrenos que les venden como milagrosos arrastrando con ello a la familia entera, o sea, al protagonista, al autor y a su hermana pequeña, encargada tanto del prólogo como del epílogo. Es curioso como todos y cada uno de esos gurús, chamanes o sanadores de pacotilla pueden llegar a prometer curación para algo que en el fondo no la tiene. La familia al completo se ve inmersa desde la macrobiótica hasta los viajes astrales pasando por la más agresiva de las ciencias, al hermano mayor le intentan incluso abrir la cabeza para analizar su cerebro como solución. Nunca he dudado de que muchas de estas prácticas tengan validez en otros muchos casos pero esa falta de sinceridad ante aquello que no pueden sanar quizá sea algo que realmente se les puede reprochar.

A parte de tratar la enfermedad de su hermano, el gran mal, representado por un dragón, el autor nos explica cómo era, y sigue siendo, la relación con aquel. Este podríamos decir que es el segundo eje de la obra. Todo ese desarrollo personal pegado a alguien que sufre este tipo de ataques hace de él alguien con una fuerza y seguridad fuera de lo normal. Está muy bien reflejado el deterioro de esta relación con la edad. Cómo ambos pasan de ser dos niños totalmente cómplices en sus juegos, dibujos y travesuras a ser dos personas totalmente desconocidas el uno para el otro, llegando incluso a momentos de pura violencia física.

Por último resaltaría como tercer eje del cómic el propio crecimiento personal del autor. Cómo vive él todas esas prácticas y ciencias milagrosas, la relación con sus padres o sus relaciones amorosas. Pero dentro de todo esto cabe destacar cómo la enfermedad de su hermano le hace crear sus propios espíritus y fantasmas con los que conversa y a los que se entrega en sus mayores momentos de soledad. Interesante el pensamiento de que si alguien que está a tu lado tiene en su cabeza ese gran mal que le atormenta de ese modo ninguno de los espectros que realmente tenemos pegados a nosotros pueden ser tan malos o buenos como lo que puede llegar a tener en su mente un paciente de una enfermedad tan violenta como la epilepsia.

Si hay algo sobre lo que me ha hecho reflexionar esta obra es sobre cómo se ha tratado a todas estas personas a lo largo de la historia. Muchos hombres y mujeres que han padecido cualquier tipo de afección de este tipo han sido tomados por poseídos, locos o apestados. Han sufrido uno de los mayores rechazos sociales que jamás hemos llegado a imaginar, llegando incluso a acabar en manicomios o cárceles, cuando no en la hoguera. Lo peor de todo es que en muchos sitios del planeta, incluyendo los llamados civilizados, siguen recibiendo el mismo trato o, peor aún, siguen siendo presa fácil de todos esos estafadores que viven de falsas promesas a costa de la salud y el mal de los demás, el gran mal en este caso.