martes, 29 de marzo de 2011

El Muro Cayó Sobre Madrid











Lo acontecido el pasado sábado en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid permanecerá en nuestras retinas y mentes durante una larga temporada, por no decir de por vida. El otrora bajista-vocalista y cofundador de Pink Floyd, Roger Waters, trajo, después de treinta años, el espectáculo del disco “The Wall” a nuestro país. Se puede decir que asistimos a una mezcla de musical y cine en todo su esplendor.

Supongo que a estas alturas no hará falta contar nada acerca de la obra cumbre, junto con “The Dark Side Of The Moon”, de la banda británica. Una obra pensada para que fuera la banda sonora de la película de Alan Parker que lleva por título el mismo nombre que el disco. El guión de este film fue escrito por el propio Waters, de ahí que se pueda permitir el lujo de llevar este show además de poder tocar el disco íntegro. La palabra adecuada para definir todo lo sentido en este concierto es… espectacular. No se podía esperar menos. Un juego de luces impresionante, un sonido surround que te ponía los pelos de punta en varios momentos y una banda interpretando a la perfección una obra ya clásica dentro del mundo de la música, aunque los momentos orquestales venían pregrabados, eso sí, con excelente calidad. ¿Quién no conoce el tema estrella del disco “Another Brick In The Wall”? Quizá ese fuera uno de los momentos álgidos del show, la primera parte de esta canción, cuando aparecieron en escena un grupo de niños gritando aquello de “We Don´t Need No Education…”

El concierto fue transcurriendo en base a la propia película de Parker. Aunque se echarán en falta ciertas escenas de la misma. A esto le sumamos un muro que iba creciendo canción a canción hasta ocupar completamente el escenario, y que caería por completo al final del concierto, más toda esa parte de muñecos hinchables, cerdo, mantis, madre o profesor, alusivos a personajes del film.

Personalmente disfruté mucho con temas como “Mother”, “Comfortably Numb”, “Hey You” o la homónima del espectáculo. Esto no quiere decir que no merezca la pena todo el concierto en sí. Otra cosa que tengo que resaltar es que hacía mucho, pero mucho tiempo, que no asistía a un concierto tan bien acompañado. A pesar de que esto siempre es un poco lío a la hora de organizar el viaje, que si coches, pensiones, comidas y demás, ahora puedo decir que ha merecido la pena todo lo pasado en ello. A la siempre querida y deseada compañía de mi novio, vivir ciertos momentos del concierto a tu lado será algo que tendré grabado para siempre en mi corazón, tengo que añadir la de mis mejores amigos y amigas además do otros nuevos que conocí para la ocasión. Todo esto hizo que la noche fuera mucho más allá del propio show pues acabamos en el barrio madrileño de Malasaña disfrutando de sus locales, me gustó mucho el “Remember”, y su buena música.

En conclusión, un finde completo a nivel de concierto, compañía y ambiente. Lo siento por aquellos que os hayáis perdido algo como este show, no es por daros envidia pero os aseguro que tardaremos mucho en ver algo parecido por estos lares. Aún me parece mentira que después de haber escuchado esta obra miles de veces y haber visto la peli no sé cuantas otras haya tenido la oportunidad de vivir algo así. Si me lo hubieran dicho cuando tenía doce años hubiera pensado que se estaban riendo de mí. Pero sí, así es la vida, el tiempo pasa y ocurren estas cosas. Al final no pude evitar cantar todos y cada uno de los temas, normal que acabase un poco afónico. Muchos recuerdos, muchas risas y lágrimas, muchas ilusiones y, sobre todo, mucho por vivir después de esto. Gracias Roger Waters, gracias Pink Floyd y gracias a todos los que estuvimos allí esa noche por hacerme sentir una vez más que por muy grandes y agresivos que sean los muros sólo están para derribarlos.