jueves, 7 de octubre de 2010

¡¿Trabajando Para U2?!









Aunque suene un poco a tópico no sé realmente cómo empezar la crónica de todo lo que nos aconteció el finde pasado en el país vecino. La idea primigenia era ir a ver a U2 con unos amigos a Coimbra. Ellos se alojarían en casa de una colega suya que vive allí, mientras que mi novio y yo hicimos una reserva en una pensión de la ciudad. A parte de eso, aprovecharíamos el viaje para conocer Aveiro el día antes del concierto, donde también teníamos una reserva en un hotel. Hasta aquí parece que todo estaba bien pero como veinte días antes del concierto nos llegó la mala noticia de que nos habíamos quedado sin entrada. No voy a contaros ni la razón ni las consecuencias de este hecho porque bastante preocupado me ha tenido, y aún me sigue teniendo, hasta el mismo día de ponernos en marcha hacia Portugal. Así que de ser, en un principio, un viaje feliz entre amigos que se van de concierto esto se convirtió en un lío y disgusto de los mayores que he sufrido en los últimos meses. La realidad es que nosotros nos fuimos solos, los dos, a Aveiro y Coimbra sin entradas para el concierto, con crisis de amistad por ello pero con la firme intención de ver a la banda irlandesa.

Llegamos a Aveiro sobre la una del mediodía, soltamos las cosas en nuestro hotel, por cierto un sitio muy recomendable, y fuimos a ver los distintos lugares de la ciudad. Lo primero que visitamos fue la, según los lugareños, catedral. Qué queréis que os diga, nos resultó insípida y excesivamente pequeña como para llamarla así. Después de este fiasco volvimos al hotel para comer en el mismo pues nos pareció que era el sitio más económico, menú a 9€. Acertamos de lleno. Con algunas dudas cuando llegó el primer plato pasamos a comer realmente bien. El bacalao en Portugal sigue siendo una delicia. Nuestra intención era, ya que la llaman “La Venecia Portuguesa", montar en alguno de sus famosos moliceiros para dar un paseo por sus canales. Nunca sabré si ese viernes estaban todos de descanso porque no había ni uno solo en funcionamiento. Segundo fiasco. Sin venirnos abajo fuimos a tomar un café y dar un paseo por otro lado de la ciudad. De esta manera descubrimos las fachadas tan vistosas de azulejos de algunas de sus casas. A mí personalmente fue lo que más me gustó de Aveiro. Decidimos ir a cenar a Costa Nova. Este lugar es bastante particular por sus casas decoradas todas a rayas de distintos colores. La cena no me gustó nada, tercer fiasco. Regresamos a nuestro punto de referencia, tomamos unas cervezas en una terraza de la ciudad y nos fuimos a dormir ya que al día siguiente nos esperaba una jornada llena de incertidumbres. En conclusión, diría que me parece excesiva la comparación de la ciudad portuguesa con la italiana, y que conste que no conozco Venecia, pero no creo que tengan mucho que ver. Por lo que he leído, estos moliceiros son simplemente barcas que antiguamente recogían algas, llamadas molico, que se han reciclado con esta actividad, dando, con su colorido, ese sobrenombre a la ciudad. Lo mejor de todo el hotel, sin duda alguna.

Nada más llegar a Coimbra nos fuimos directamente a la puerta del concierto con la intención de ver cómo estaba el ambiente por los alrededores. A pesar de ser alrededor de las doce y media ya había peña haciendo cola, con refrigerios incluso, a la espera del comienzo del evento que estaba programado para, nada menos, que ocho horas más tarde. Vimos que no era el momento de encontrar entradas y nos fuimos en busca de la pensión donde teníamos reservada una habitación. Si lo del hotel en Aveiro fue lo mejor, lo de la pensión en Coimbra está entre lo peorcito que nos pudo ocurrir. Lo de llamarse “Moderna” sería porque en su tiempo lo fue porque ahora ni por asomo llega a serlo. Nos metieron en una habitación con una cama de matrimonio y dos individuales. El dueño pensaba que íbamos a dormir cada uno en camas distintas sintiéndose muy complacido de que pudiéramos usar la tercera como armario. Su cara cambió de repente cuando le pedí una tercera almohada y darse cuenta de que las otras dos estaban en la misma cama. Creo que aún queda un largo camino para que el personal se entere que cuando dos hombres, o dos mujeres, piden una habitación con cama de matrimonio es por algo. Quizá lo mejor de la pensión era su ubicación, en el centro de la ciudad, con parking al lado y de fácil llegada en bus. Salimos para tomar contacto con el ambiente de la ciudad. Nos encontramos con una maraña de gente con camisetas de U2, muchos españoles, algunos viejos conocidos del hotel de Aveiro. Durante la comida se me ocurrió el llevar unos carteles, hechos con rotulador en un folio, para hacer ver que buscábamos entradas de reventa. Después de la siesta mi novio se puso a diseñar los mismos, fueron nuestra salvación. Pillamos el bus que nos llevó al concierto justo al lado de la pensión y al bajarnos del mismo nos dieron una especie de periódico sobre la banda irlandesa que me sirvió para ocultar el cartel cuando la policía hacía su aparición. Con el tema del cartel las ofertas nos llovían por doquier. Lo malo es que te revendían las entradas de una en una y, a pesar de la insistencia de algún que otro vendedor, nosotros, evidentemente, buscábamos dos y para el mismo lugar del estadio. Después de rechazar una no pequeña cantidad de ofertas aparecieron unos personajes con los que en mi vida podía haber contado. Se trataba de tres señores, en este caso les voy a llamar a sí por habernos dado la oportunidad de ver el concierto, con un negocio bastante distinto al de la reventa de entradas. Lo que realmente tenían para negociar eran pulseras de color violeta con las que los trabajadores, y trabajadoras, del concierto accedían al mismo sin problema. Negociamos un precio mucho más asequible que las entradas de reventa por lo que aceptamos, no sin alguna que otra reserva. A mí lo que me dio algo de seguridad fue el hecho de que con nosotros había cuatro portugueses, dos chicos y dos chicas, dispuestos también a entrar de esta manera. El problema pudo surgir cuando apareció un séptimo candidato que resultó ser u policía secreta luso. Lo increíble es que estos señores ni se inmutaron con su presencia. El policía se llevó al más grande en dimensiones de los tres que con toda tranquilidad aseguró que volvería en un momento. De los dos restantes uno nos puso las pulseras a nosotros seis. Pasamos todos los controles imaginables, tanto de policía como de seguridad, entramos por el graderío, nos bajó hasta estar al lado de la mesa de mezclas y allí le pagamos. Os puedo asegurar que hubo un momento, como unos cinco minutos, que ni mi novio ni yo sabíamos si lo que habíamos vivido en la última media hora había sido un sueño o no.

Pero sí que era real, totalmente real. De hecho al poco rato de estar dentro empezaron los teloneros, Interpol. Me pareció un grupo bueno para lo que hacen, vamos que no me desagradó. No los conocí de nada, ni el nombre siquiera, y me gustaron. En algún momento me llegaron a recordar a Joy Division, cosa que es de agradecer. Al finalizar la banda telonera apareció un enorme reloj verde en las pantallas del escenario. Todos pensábamos que aquello empezaría pronto pero no fue hasta las diez exactas cuando la banda irlandesa se puso en camino hacia el enorme y espectacular escenario. Comenzaron, después de una pequeña intro, con “A Beautiful Day”, qué mejor canción para nosotros para empezar que esa. En realidad, el día había pasado de ser un día de incertidumbre a ser un bonito día. Os diré que fue un conciertazo como la copa de un pino. Espectacular en cuanto a luces, imagen y sonido. Es de esas cosas que no las puedes explicar con palabras solamente. Lo peor quizá es que lo de los 360 grados se quedó en 180 por las dimensiones del recinto. Pero aún así me pareció algo muy grandilocuente. El set list fue de lo más apropiado. Mezclaron grandes éxitos con canciones no tan antiguas. Metieron algunas cuñas con versiones de The Beatles o Frankie Goes To Hollywood, por ejemplo. Hubo momentos realmente emocionantes como la interpretación de “Sunday Bloody Sunday” o “Elevation”. Hicieron referencia a la igualdad de los seres humanos con un discurso de Desmond Tutu, alabaron la biblioteca de Coimbra y pidieron la libertad de la activista birmana Aung San Suu Kyi en arresto domiciliario durante los últimos años. Todo muy en la onda humanitaria del grupo, aunque me pareció que el tipo de público que se encontraba en el aforo no estaba muy interesado en todos esta temas, percepción mía quizás. El concierto terminó, después de casi veintidós temas, con un “Whith O Whithout You” cantado casi íntegramente por el público seguido de “Moment Of Surrender”, canción que compusieron junto a Greenday con respecto alo acontecido en Nueva Jersey con el huracán Katrina. Salimos del concierto, nos comimos un bocata, pillamos el bus de vuelta a la pensión y llegamos a la misma con una sonrisa de oreja a oreja por todo lo vivido esa noche.

El domingo nos dedicamos a hacer turismo por la ciudad. Cayó una buena tromba de agua por la mañana que pensamos podría amenazar el concierto de ese día, en Coimbra U2 tocó dos días seguidos. Visitamos la universidad, de la destacaría su biblioteca, paseamos bajo la lluvia por el casco viejo, compramos algún recuerdo y nos fuimos a comer. Propuse a mi novio volver a intentar entrar en el concierto con la pulsera pero a él no le pareció buena idea así que nos largamos por la tarde, después de haber soportado durante la siesta una sesión de casi dos horas de música pedorra que entraba por la ventana de nuestra habitación procedente del bar de al lado, a conocer otro lugares de la ciudad. Estuvimos por la parte de la Plaza de la República. Tomando unas cervezas en uno de los locales de la plaza pudimos comprobar, tras escuchar la conversación de tres individuos que teníamos justo en la mesa de al lado, que la mayoría de las entradas de la reventa eran falsas, cosa que nos hizo alegrarnos aún más por nuestra manera tan singular de haber conseguido entrar.

En general puedo decir que ha sido toda una aventura. Que Aveiro es más de lo que dicen y que Coimbra tampoco es nada del otro mundo pero ha merecido la pena totalmente conocer estos dos enclaves de Portugal y que los recordaré durante toda mi vida sobre todo por haber visto a U2 en Coimbra y haber ”trabajado” para la banda.