martes, 12 de octubre de 2010

La Realidad Europea



Lo ocurrido el pasado domingo, 10 de octubre, en Belgrado no es ni algo puntual ni nada excepcional en mucho de los países del exbloque soviético durante la celebración del día del orgullo gay. En Croacia, Ucrania o, incluso, en la capital rusa, Moscú, ya se han producido incidentes de este tipo. No voy a entrar ni en cifras de agresores ni de policías ni de asistentes a la marcha del orgullo gay, para eso ya están las cadenas de televisión y la prensa escrita, pero sí en el hecho de que se produzcan altercados como este. Europa camina pavoneándose de ser una clara defensora de los derechos humanos mientras algunos de sus miembros más destacables empiezan a ser gobernados por partidos de ultraderecha. Los que no están dirigidos por ese tipo de formaciones actúan, a veces, con una intención muy cercana a esos partidos, caso de Francia o Italia. Algunos de los países que pretenden acceder el exquisito club europeo, como Serbia, nos muestran una vez más que esos derechos de cualquier ser humano no dejan de ser algo menos que papel mojado a la hora de expresarlos de manera libre, sin tener que ir protegidos por un cordón policial por miedo a que una pandilla de retrógrados puedan partirte la cabeza.

Es muy lamentable que aún haya gente que piense que dos personas del mismo sexo no puedan amarse, tener sexo libremente o tan sólo expresarse como cualquier ser humano. Al igual que ocurre con otras muchas luchas nunca dejará de haber cafres, como los reunidos en Belgrado, que no vean más allá de sus narices con respecto a este tema. Pero los gobiernos de esta Europa “liberal” deben ser los encargados de frenar a todos esos colectivos que campan a sus anchas exhibiendo actitudes en contra de cualquiera que no piense o sienta como ellos o, simplemente, tenga un color de piel distinto al suyo. No sólo esos gobiernos tendrían que hacer algo al respecto, la iglesia, y las religiones en general, deberían condenar enérgicamente todo tipo de actos como los acontecidos en la capital serbia. Me parece indignante la imagen de grupos de ortodoxos, en este caso, bendiciendo a los ultras o pidiendo la salvación eterna para gays y lesbianas. Si realmente nos quieren salvar de algo que lo hagan en esta tierra y en esta vida. Que libren, de una vez por todas, a la humanidad de las distintas pandemias, tanto físicas como ideológicas, que sufrimos.

Jamás he entendido cómo alguien puede hacer daño a otra persona por el simple hecho de ser homosexual, de ser mujer o ser de una raza distinta a la imperante en la sociedad de turno del país de turno. En todos los colectivos existen personas malas y buenas pero eso no hace que ese colectivo sea una cosa u otra por ese tipo de individuos. Cuando un grupo está basado en el odio y la agresión hacia el otro ese grupo es realmente al que habría que hacer desaparecer como a un virus altamente contagioso. Ese es el efecto de este tipo de manifestaciones, un efecto contagioso que se extiende cada vez más por la Europa de los pueblos. Un efecto votado en las democracias europeas para que lleguen al poder de sus gobiernos. Un efecto que se extiende con rapidez entre aquellos que aspiran a ser “europeos”.

Desde mi blog quiero expresar mi total rechazo a este tipo de forúnculos que nos hacen sangrar, a veces literalmente, a aquellos que buscamos una sociedad más justa para todos. También quiero apoyar con todas mis fuerzas a todos aquellos y aquellas que en estos países dan la cara y se atreven a ir allanado un camino pedregoso como es el de la libertad. Hacía nueve años que Belgrado no veía por sus calles a homosexuales defendiendo sus derechos como ciudadanos y como personas. En esta jornada se han vuelto a encontrar con los mismos que en 2001 pero serán por siempre unos personas más libres. Todos sabemos que esos derechos humanos tan defendidos por la vieja Europa se ganan con el sufrimiento y la muerte de millones de personas en el mundo. Supongo que ninguna de esas personas ha buscado ser mártires de nada pero la triste realidad es que engrosan una interminable lista de víctimas por el simple hecho de ser lo que son: seres humanos. ¿Podríamos decir lo mismo de los que lanzaban piedras en contra de los que formaban la marcha del orgullo gay, quemaron la sede del Parido Demócratico Serbio y atacaron el edificio del Partido socialista de Serbia? Difícil respuesta.