lunes, 23 de agosto de 2010

Premio Dulce Chacón 2009 Para Meli


Con toda seguridad el nombre de Hermelinda Rodríguez Salgado (Meli) no os suene de de nada. Os diré que es la autora de la novela “El Muchacho De La Piedra Azabache”, libro que os sonará menos aún. Pues bien, esta escritora cacereña ganó con esta obra el premio de novela corta Dulce Chacón en el año 2009. A esto le sumo que hemos sido compañeros en un par de talleres de escritura en Cáceres y llego a tener entre mis manos el libro, publicado en abril del presente año, con dedicatoria.

No es la primera vez que Meli, como todos la conocemos, ha recibido un premio por su obra. En los años 2005, 2006 y 2007 fue reconocido su trabajo en distintos lugares tanto de la geografía extremeña como nacional. En este, su último libro premiado y editado, nos adentra en un tema muy propio para estas fechas, unas vacaciones de verano. Unas vacaciones en un verano de los años setenta en cualquier montaña extremeña. La novela se desarrolla en la casa de campo de la tía de la protagonista, una chica de unos 18 años.
A ella le rodean durante toda la trama unas primas suyas, alguna deseosa de abandonar el hogar familiar, un primo mayor que todas ellas, todo un Don Juan, y un primo de sus primas que es el chico que da nombre al libro, sin olvidar a la abuela de la familia. Si bien la protagonista es María muchas veces pasa a segundo plano mientras la autora desgarra una a una las personalidades, gustos y fobias de todos los personajes de la novela de una manera muy particular a la vez que amena. Aunque desde el principio puedes intuir un desenlace final dramático, es de esas novelas que te enganchan de manera brutal. Quizá sea la propia curiosidad de ese desenlace unida a los distintos problemas y situaciones que se van creando lo que hizo que me la leyera en poco más de tres días. Como siempre no os contaré más sobre el libro, mucho menos el final.

Como siempre digo, es una pena que artistas de distinta índole no sean profetas en su tierra. Extremadura está repleta de buenos escritores y escritoras, geniales dibujantes y guionistas de cómics, excelentes músicos, grandes pintores y no menos escultores pero tienen que emigrar fuera, ellos o sus obras, para tener algo de reconocimiento en nuestra región. Así desde luego no hay forma de que nuestra cultura avance. La fuga de cerebros no sólo atañe a la ciencia. Si nuestros artistas tienen que ganar certámenes en Castellón de la Plana, Madrid, Barcelona o Nueva York para que nos suenen sus nombres de algo es que seguimos pensando que estamos por debajo de las demás comunidades. Quizá el papel de víctima se nos ha metido tan dentro que se haya convertido en señal de identidad para ciertas cosas. Sigo apostando por todos estos talentos desconocidos que, quién sabe, puede que dentro de un siglo venga alguien y nos dé con sus obras en la cara.

Gracias Meli por este espléndido regalo. Espero que sigas escribiendo y editando obras tan fascinantes como esta. Te lo mereces. Guardaré el libro en un lugar especial de mi estantería. Muy bonita la dedicatoria, no podía ser menos.