jueves, 12 de agosto de 2010

Lisístrata En Mérida



Con el retraso que este mes es habitual últimamente en mí por la pintura, ya no me queda casi nada, hago la crítica de la obra de teatro Lisístrata en el teatro romano de Mérida. Antes de continuar con lo que fue la obra en sí, me gustaría decir que si aún no conocéis la ciudad merece mucho la pena hacerlo. Eso sí, venid, si podéis, en una época del año que no sea verano. Si os pilla una ola de calor como la que nos tocó aguantar estos días por aquí sabréis de qué estoy hablando. El teatro romano es uno de los monumentos más especiales que tiene la ciudad. Supongo que para cualquier artista, se ha representado no sólo teatro, también danza y conciertos de muchos tipos de música, el solo hecho de poder actuar en este entorno ya debe ser algo bastante mágico. Y es que si realmente tuviera que utilizar algún término para sentir lo que uno siente al ver una obra entre esas milenarias columnas sería ese, mágico.

El pasado sábado por la tarde nos plantamos mi novio y yo en la capital extremeña para asistir a la primera de las obras que este año se van a representar en el teatro romano de la ciudad. Cuando llegamos ya se veía bastante gente por los alrededores. Con una diligencia sorprendente pudimos hacernos con nuestras entradas después de canjearlas por nuestro número de reserva. Todo un detalle que nos las entregaran en un sobre cerrado con el nombre de mi novio. Después de esto fuimos a buscar un sitio para cenar y acabamos metiéndonos en uno de los restaurantes más caóticos de la zona, por algo estaba vacío cuando entramos. La cena fue de lo más insípida y del tema del postre mejor ni hablar. Con cierto cabreo nos fuimos para el teatro con la intención de entrar con antelación y poder así disfrutar un poco del sitio antes de sentarnos en las gradas. Sin saberlo con seguridad, conseguimos un sitio un tanto privilegiado, estábamos a menos de diez metros del escenario. Aunque si no hubiera sido por el cojín que nos pusieron hubiera sido imposible aguantar sentados en aquella grada más de un cuarto de hora.

A la hora prevista, sobre las once de la noche, y después de una singular batalla entre atenienses y espartanos, hizo su aparición en escena Paco León, Lisístrata, para comenzar la obra de Aristófanes. Nada más empezar arremetió contra la guerra incluyendo uno de los tantos gags que tendríamos el placer de escuchar durante los cien minutos que duro la actuación. Es una adaptación un tanto peculiar de la obra clásica, con bastantes referencias actuales, cosa que se agradece a veces. Pero a mí, en muchos momentos, me recordó, por demás, a la adaptación que hizo unos años atrás al cómic Ralf König y que luego llevarían al cine, sin demasiado éxito, con Maribel Verdú como protagonista. Con ese trasfondo tan serio como es el tema de la guerra, sus horrores, sus penurias y sus sinsentidos, lo mejor es que no paras de reírte en casi toda la representación. La obra clásica no es precisamente una comedia pero este tipo de adaptaciones merecen bastante la pena. Partiendo de que es la primera vez que en la historia del teatro las mujeres son por completo las protagonistas el mensaje feminista está más que asegurado. No sólo Paco León, todo el elenco de actores y actrices, entre los cuales había varias transexuales, consiguen llevar la obra a lo más alto. Quizá destacaría el vestuario, con esos penes empalmaos muy del cómic de König por parte de los soldados y la uniteta de Lisístrata. Muy bueno el instante de interrelación con el público por parte del personaje principal. Aunque, sin duda lo que más me gustó fue el momento de firmar la paz entre atenienses y espartanos al que suman la aparición de supuestos representantes de las distintas religiones actuales. Toda una referencia a la situación mundial y la necesidad de alcanzar, aunque sólo fuera por una semana, la ansiada paz mundial.

No os voy a contar de qué va exactamente la obra porque nunca lo hago, ni con los libros ni con los cómics, lo malo es que en este caso no sé si tendréis la oportunidad de verla porque es una producción propia del teatro romano y aún no es seguro que la vayan a representar más allá de sus ruinas. De todas formas si tenéis acceso tanto al cómic como a la obra original seguro que disfrutáis con ambos. Salimos de Mérida con una sonrisa de oreja a oreja que el portero de una discoteca perdida nos quiso amargar al intentar cobrarnos diez euros por cabeza por asistir a una más que dudosa fiesta de la espuma. Pero ese es otro tema. Espero que sigáis llevando lo mejor que podáis los calores del verano. Yo me piro mañana con mi novio a la playa que creo que nos lo merecemos. Ya os contaré como están las cosas por Jerez de la Frontera y su comarca.