martes, 17 de agosto de 2010

Finde en Jerez de la Frontera






A pesar de haber disfrutado de 15 días de vacaciones en la segunda parte del mes de julio, debido a las obras en casa, pintura y demás, no he podido salir de la comunidad extremeña. Con esto no quiero decir que los sitios de los que disponemos dentro de Extremadura no sean lo suficientemente buenos para pasar unas buenas vacaciones pero ir a la playa como mínimo una vez al año siempre viene bien. Así pues, eso es lo que hicimos mi novio y yo el pasado fin de semana tan festivo en todo el país. Maletas al coche y pa Jerez.

Sí, ya sé que en Jerez no hay playa, pero como nos alojamos en casa de mi querida amiga Virginia, que es jerezana de buena cepa, ella siempre se encarga de llevarnos a las distintas playas de los alrededores para disfrutar de unas jornadas de baño y sol. El sábado nos fuimos a El Palmar. Una playa amplia y limpia sin dificultades para aparcar. Después de llegar allí cargados con toda la parafernalia propia de estos casos; toallas, cremita, nevera, sombrilla y demás, cuando llevábamos como dos horas se levantó el siempre chungo viento de levante. Por si alguno o alguna no lo sabéis, es una de las peores cosas que te pueden ocurrir si vas a bañarte por estas playas. Llega un momento en que la arena te azota las piernas, se mete por todos lados de tu cuerpo e inunda todos los utensilios que lleves. Con las mismas que llegamos nos fuimos. Mi novio y mi amiga al menos comieron. Yo fui más torpe y por tardar más en comer me fue imposible hacerlo, no estaba dispuesto a saborear un bocata aliñao con tierra. Antes de regresar a Jerez nos pasamos a tomar un café en Conill con Anita, una amiga que convivió con algunos amigos nuestros en Escocia y que yo, precisamente, conocí en Edimburgo. La verdad es que la muchacha estaba para pocos trotes, la marcha de la noche anterior la tenía un poco resacosa. Cosas de los marchones, jeje.

La noche del sábado salimos a cenar por Jerez no sin antes pasarnos a conocer a Lucía, la nueva sobrina de Virginia. Una niña muy guapa y simpática. Después de esto nos acercamos a una de las muchas taperías del centro de la ciudad y, la verdad, saboreamos unas cosas bastante ricas, sobre todo el pollo con miel y almendras. Como la ciudad, en cuanto a marcha, tampoco es que dé mucho de sí intentamos buscar algún sitio donde tomar algo y acabamos en un local gay nuevo llamado “La Plaza De Chueca”. El bar es totalmente recomendable. Nada de restricciones en la entrada, es el tipo de sitio que creo que debería abundar mucho más. El hecho de que tanto gays como lesbianas y héteros se mezclen de manera pacífica y cordial, divirtiéndose y viéndose abiertamente es, para mí, la única forma de que todo se normalice. Si a esto sumamos la decoración del bar y las actuaciones pues te encuentras con un sitio de lo mejorcito que he conocido en los últimos años con diferencia. A señalar también la simpatía del personal del bar, tanto camareros y camarera como dj.

El domingo, como era de preveer, nos levantamos un poco más tarde que el día anterior. Tuvimos la suerte de recibir la visita de la pequeña Lucía y su madre que nos despejaron con las típicas tonterías que se les hacen a los bebés. A veces pienso que sus pequeños cerebros deben pensar que estamos más colgaos que un higo. Como a mi novio se le dan bien los niños disfruta con su compañía como uno de ellos. A mí, la verdad, no me hacen demasiado caso. Hay algunos incluso que lloran, el pelo quizás. Una vez que se fueron madre e hija nos fuimos a Costa Ballena. Típica urbanización de chalets playeros con dificultades para aparcar y una playa que si estaba menos concurrida que la del sábado también estaba un poquito más sucia. No entenderé nunca estas cosas, el tema de la basura en la playa, que si colillas, compresas o latas, es algo que me desespera. Parece ser que sigue quedando bastante gente despreocupada por ahí, una pena. Como llegamos más tarde lo normal, casi lo primero que hicimos fue comer. Estuvimos mucho más tiempo que el sábado disfrutando de la playa hasta que ya decidimos, por diversas razones, volver a casita. Esa noche también salimos a cenar pero mi elección de un italiano no fue de lo más acertada, un poco caro y escaso, así que, después de tomarnos un helado en una terraza, fuimos los tres de nuevo al garito “La Plaza De Chueca”. Virginia estaba un poco cansada y se retiró pronto pero mi novio y yo disfrutamos de una de las mejores actuaciones que he visto en los últimos meses, sobre todo el segundo pase más en el rollo cabaret.

El lunes nos levantamos, hicimos las maletas y con la típica tristeza de “qué pronto se acaba lo bueno” nos volvimos para Cáceres. Un viaje de vuelta que se nos hizo más largo por la cantidad de peña que volvía de la playa, el lunes era festivo en Andalucía, y por la siempre obligada parada para comer, durante la cual pudimos comprobar que lo de la campaña alcohol cero al volante algunas veces nuestros agentes se la pasan por donde todos sabemos. Pero, bueno, ya nos queda menos para volver por tierras gaditanas, estamos más morenitos y encima vi a mi amiga que ya hacía más de un año que no disfrutaba de su compañía. Si a esto se le añade el ir con la persona que amas pues qué más se puede pedir.

Seguro que algunos y algunas estáis disfrutando de muchos más días de playa y sol que un simple fin de semana. Pues nada, que sigáis pasándolo todo lo bien que se pueda y que el calor os sea leve. Hasta otra mister Atlántico.