lunes, 1 de marzo de 2010

Texto Mandrílico Marzo

EL CIRCO CORVALERE

Después de haber luchado y perdido la más gloriosa de las guerras acabé dando con mis huesos en este maldito carromato. Así es como mi país me ha pagado tener que luchar por su honor durante casi tres años. Pero ninguno de mis compatriotas puede impedir que me sienta orgulloso de poseer la ilustre medalla que me entregó el mariscal Martch. Nadie lo recuerda ya, pero maté más enemigos que nadie en la famosa batalla de Curirdtch, era el mejor francotirador de todo el regimiento. Mucha gente seguro que me odia por ello, mejor, eso es lo que realmente quiero, que todos esos infelices pacifistas me odien.

Aunque de poco me sirvió la medalla cuando tuve que buscar trabajo ya que nunca había destacado en ningún oficio excepto en la doma de caballos. No es que fuera realmente bueno en ello, pero después de andar malviviendo en una y otra ciudad con la mísera pensión de la guerra, me crucé en mi camino con este maldito circo que, por suerte, se había quedado sin domador. Les comenté que yo entendía algo del tema y aquí me encuentro metido en esta espiral de risas, saltos e indecencia.

Yo, que soy amante de todo lo militar, desde las botas y la gorra hasta esa gloriosa manera de entender la vida como una orden, ahora me tengo que poner este otro equipamiento asqueroso de montar con sus correspondientes mallas blancas y su chaqueta roja que me recuerda a esa panda de bujarrones que viven en el carromato de los acróbatas y que aquí todo el mundo aprecia. Hasta la bella Dalila habla más con ellos que conmigo. Los mataría a todos, o mejor aún, los pondría en primera fila para que fueran carne de cañón. En la guerra era donde esos se iban a enterar de lo que son hombres de verdad y no dando saltos como una mona que es lo que hacen cada noche cuando salen a escena. No sé porque ella no se fija más en mí. Yo, que soy un hombre alto, rudo y fiero, pero prefiere a esos dos maricas que no son hombres ni son nada. Encima se divierte con ellos, todo el día riéndose y bailando sin parar. Algún día le tendré que decirles realmente cuatro cosas tanto a ella como a esos dos.

Prefiero el número de los vaqueros, ellos usan armas, tiran a dianas y todo eso, pero a mí solo me dejan trabajar como domador de estos cuatro jamelgos tordos que este arruinado circo tiene. No me gusta en exceso este trabajo pero tengo que sobrevivir hasta que encuentre algo más digno de mi persona. Y no solo eso, mi compañera de actuación es la irritante y cursi, Galeana. Todo el día detrás de mí para que me case con ella y así crear nuestro propio circo. Qué idea más absurda, como si a mi me interesara esta arrastrada vida de saltimbanquis. Además yo soy un caballero de la orden de los Hansers y me merezco mucho más que una simple bailarina. Pero ella no es lo peor que me ha tocado soportar en este trabajo, Marcus, el caballo más viejo del circo no me hace ni el más mínimo caso. Cuando sale con los cowboys se comporta de manera totalmente distinta. Me tengo que esmerar a fondo con el látigo cada noche para que me obedezca. Eso me gusta, el sonido del látigo me hace sentir importante. Dar órdenes, aunque solo sea a cuatro caballos y una ridícula bailarina de pacotilla, saca lo más preciado de mí, mi espíritu marcial. Nunca debí abandonar el ejército. Tenía que haber aceptado aquella oferta como mercenario en la guerra de Gugunoa. Cada vez que lo pienso me arrepiento de ello hasta lo más profundo de mis entrañas.

Después de todos estos años lo único que realmente me sienta bien es el alcohol. Anoche me volví a emborrachar, o así debió ser porque tengo un enorme dolor de cabeza esta mañana. No me puedo ni poner en pie pero tendré que ir a desayunar al carromato de Galeana, al menos para algo me sirve la tonta del bote esa. Mi chaqueta y los pantalones están embarrados, además la camisa tiene manchas de sangre y tengo una herida detrás de la oreja. Voy a ir rápidamente a ver a Galeana y que me cuente porqué estoy así.

¡Pero bueno! Esta pandilla de hijos de la grañidísima puta me ha abandonado en medio de este páramo sin más. Se han llevado hasta al viejo mulo Ricardo, al menos ese servía para algo aunque solo fuera para tirar del carromato. Joder, qué voy a hacer ahora, bueno siempre puedo vender todos estos trastos y sacar algo de dinero para abandonar este país que no sabe cómo tratar a sus héroes de guerra ¿Qué carajo es esta nota?

“Hanser de los cojones, eres un maldito mal nacido. Ayer te volviste a emborrachar y la liaste de nuevo. Pero hasta aquí te hemos aguantado. Alguien que no respeta ni a sus compañeros de trabajo, y mucho menos a los animales que le dan de comer, no debe seguir a nuestro lado. Creemos que te hemos consentido demasiado pero lo de ayer fue la gota que colmó nuestro vaso. Que hayas intentado matar al viejo Marcus ha sido el acabóse de nuestra paciencia. Menos mal que el caballo te odia tanto como tú a él y consiguió darte un buen bocado en la oreja. Nos alegramos todos de ello, bueno todos no, Galeana quería quedarse contigo pero al final la hemos convencido para que no acabe hecha una esclava tuya. Por cierto los que te salvaron de las patas de Marcus fueron Antuan y su amado Christofer. Sabemos que esto te hará sentir fatal pero… es la realidad. Esperamos que tu úlcera sangre como nunca por su amabilidad. Te dejamos el carromato porque no queremos más domadores de caballos y para que lo puedas vender y así sacar algo que acabe de hundirte en tu miseria. Ojalá nunca más sepamos de ti. Firmado: el circo Corvalere en su totalidad.”