lunes, 15 de marzo de 2010

El Sandokán De Pratt


He tardado este mes en hacer mi crítica de cómic. La única razón ha sido una mezcla de respeto, mucho respeto, y admiración. Me cuesta bastante hablar de alguien tan grande en el mundo del cómic como fue, y sigue siendo, Hugo Pratt. Puedo decir que desde siempre, crecí leyendo sus historias junto a las de Tardi o Comes, entre otros, he sentido una gran atracción por su obra. Si siempre me gustó viajar os podéis imaginar dónde se iba mi mente con su eterno Corto Maltés. A esto le sumaría mi pasión por las culturas precolombinas, así que cuando tenía entre mis manos trabajos suyos como “Fort Wheeling”, “Jesuita Joe” o “Verano Indio” junto a otro grande como Milo Manara, acrecentaba mi pasión por los cómics. Sí, creo que desde que lo conocí con las tiras de “Sargento Kirk” en aquellos Totem o Cimoc de los ochenta le debo mucho al maestro Pratt.

Por supuesto que no me voy a poner a contaros quién es Hugo Pratt, si algún aficionado aún no se ha enterado debería hacerlo cuanto antes. Sólo vengo a comentar el último cómic publicado de este ilustre autor. Por lo que veo la historia de este Sandokán, con guión de Mino Milani, es un poco compleja. El éxito de Corto Maltés le relegó a una caja de cartón hasta que fue redescubierto y publicado de manera póstuma. Desde luego para los italianos, y para la literatura universal, alguien como Salgari es de indudable relevancia, pero por lo que sé este príncipe malayo de Pratt-Milani es más una adaptación de una obra teatral de Francesco Serravalli que del original.

La obra no está acabada. Quizá sea ese su valor añadido. Como pasa con grandes de la música, la pintura o la literatura, de vez en cuando aparecen cosas de estas que nos hacen pensar si realmente se hacen con respeto hacia el difunto autor o son simplemente productos del marketing. Eso queda en la mente de cada cual. No es que sea lo mejor que haya leído de él pero me ha gustado. Esa manera tan particular de interpretar las historias, con esos trazos tan suyos y el respeto que siempre tuvo por las distintas razas humanas a la hora de reflejar sus personajes, Sandokán es, como debía ser, un príncipe malayo, nada de esas barbas y pañuelos hindúes, siempre fue un ejemplo a seguir a la hora de dibujar. El occidentalizar a los personajes no iba mucho con Pratt.

Desde luego para comenzar a conocer al autor este trabajo no está mal, pero no llega a la altura de sus clásicos o de sus obras no tan conocidas. De todas formas si podéis echarle un vistazo a ver qué opináis. A mí me ha servido para hablar de alguien del que me considero algo más que un admirador.